La Trinidad parte 1

Junio 15, 2009 |  Tagged , | 1 Comment

La Trinidad parte 1

La Trinidad. Icono de Andréi Rubliov. 1410. Galería Tretyakov. Moscú.(Wikipedia,Trinidad)

A pedido de algunos lectores que no comprenden bien la doctrina de la Trinidad, es que inicio esta serie de artículos.Espero que les ayude a comprender mejor esta importante doctrina cristiana.

Algunas citas bíblicas de la trinidad: Mat.3.16-17; Mat.28.19; 1 Co.12.4-6; 2 Co.13.14; Ef.4.4-6;  1 P.1.2.

  • 2 Corintios 13:14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión de! Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.
  • Gálatas 4:4 Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,Spara que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. 6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual dama: ¡Abba, Padre!

Tambien podemos agregar estos otros pasajes mas: Hch.2:32-36; 1 Co.12:4-6; 2 Co.1:21-22; Ef.1:3-14; Ro.8:14-17,15:15-16; etc.En el próximo capítulo de esta serie, comentaremos acerca de estos pasajes bíblicos.

Introducción:

Cuando los musulmanes triunfaron en el Medio Oriente en el séptimo siglo, destruyeron cruelmente a todos los que consideraron que no eran de una fe monoteísta. Ellos dieron al pueblo vencido la oportunidad de escoger entre convertirse en musulmanes o morir. A los judíos les fue permitido vivir y seguir su religión porque los musulmanes comprendieron que su religión era la adoración de un Dios. Todos los paganos creyentes en más de un dios fueron muertos por no convertirse al islamismo. Los cristianos fueron considerados paganos, pues no pudieron hacer comprender a los musulmanes que eran monoteístas. La creencia en la trinidad les pareció a los musulmanes que era una creencia en tres díoses.[0]

La trinidad es un misterio revelado por el Señor en la Biblia,pero sin muchas explicaciones. Aunque la doctrina de la Tinidad está revelada en la biblia, no tiene una comprensión humana completa y cualquier intento de explicarla de una manera mucho mas racional, es riesgoza. Solo sabemos que hay 3 seres divinos y una sola deidad.

Los cristianos somos monoteístas. Adoramos un solo Dios. El Shemá de Dios en el A.T no ha sido anulada.

El Shemá es una oración crucial dentro del judaísmo. Tiene una aparición sumamente controversial históricamente debido a que las demás religiones de la época eran politeístas y era importante para Israel recordar que el Dios verdadero que se estaba dando a conocer era akjád (uno, unido,primero,todo).

Los rabinos creen que recitar el Shemá varias veces al día, significa renovar tu relación con Dios, celebrando su promesa de gracia. Es por ésta razón que dentro de la religión ortodoxa judía lo hacen dos veces al día. El fragmento principal del cual esta oración consiste, se encuentra en Deuteronomio 6:4-9[1]

Pero es sumamente dificil procurar comprender como se da esta trinidad divina mas alla de lo que dice la escritura.Procuraré explicarla en esta serie de artículos. Aunque en la biblia hay bastante inrormación,pero esta hay que ir reuniéndola como un rompecabezas para entenderla mejor.

La Trinidad

El Dios que se revela al hombre con el propósito de salvarlo, es uno en tres personas. Esta Trinidad de Dios nunca puede ser abstraída de su obra redentora.”[2]

Y respondió Dios a Moisés: “YO SOY EL’ QUE SOY” Éxodo 3:14

Oscar Mraida, teologo bautista argentino, explica que La palabra trinidad no es una palabra bíblica. Sin embargo, el concepto de un Dios trinitario aparece claramente en las Escrituras, y es vivido como una experiencia diaria en la vida de la iglesia primitiva. Tertuliano fue el creador del concepto “trinidad”, y la definió como “una substancia en tres personas”. Por lo tanto, esta doctrina es el intento de explicar los conceptos adecuados, las enseñanzas bíblicas que expresan que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada uno de ellos es distinto de los otros, y sin embargo, sólo hay un Dios. [3]

DIOS ES ESPÍRITU, INFINITO Y PERFECTO, una persona que creó y sostiene el universo y todo lo que en él hay. El participa activamente en la historia, y en las personas para llevar al mundo a Su propósito final que El planeó desde el principio.

El teologo no trata de Dios en si mismo,sino de Dios en su revelación,dijo Bernard Ramm[4], y es por eso que debemos ser honestos y procurar enseñar lo que Dios nos revela en la Biblia, aunque sea parte del “escándalo a la razón del cristianismo”.(ver La doctrina de la incomprensibilidad de Dios )

  • Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad(2 Tim. 2:15).
Pues, para entender bien esto, debemos tener en cuenta y recordar que “la autorevelación de Dios es un hecho histórico que culmina con Jesucristo y, por lo tanto, llega a la culminación en elNuevo Testamento.”

La doctrina de la Trinidad “no es alguna especulación complicada que surgió de la mente de teólogos ociosos.”

“Es el intento de explicar con conceptos adecuados lo que era una experiencia diaria en la vida de la iglesia del Nuevo Testamento. “

La palabra Trinidad fue acuñada por Tertuliano en el siglo III, quien fue  el primero en usar la palabra latina “trinitas”. Él nos dice, con respecto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo:

“Los tres son uno, por el hecho de que los tres proceden de uno, por unidad de substancia”[5]
  • Y respondió Dios a Moisés: “YO SOY EL’ QUE SOY” (Éx. 3:14)

The Catholic Encyclopedia afirma que es un dogma y a la vez un misterio como sigue: “Un dogma tan misterioso presupone una revelación divina”.[6]

DIVERSIDAD DE MANIFESTACIONES. El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son reconocidos como Dios y como distintos al mismo tiempo. Cada uno de estos tres es necesario para el concepto completo de Dios. Cada uno de estos están entrelazados: El Padre envía al Hijo, el Hijo revela al Padre, y el Espíritu Santo capacita a los hombres para conocer al Padre según se revela en el Hijo.[7]

De acuerdo a esta definición vemos que:

(1) Dios es Uno (ver La unidad de Dios)

(2) Dios es Espíritu:

DIOS ES ESPÍRITU, INFINITO Y PERFECTO, una persona que creó y sostiene el universo y todo lo que en él hay. El participa activamente en la historia, y en las personas para llevar al mundo a Su propósito final que El planeó desde el principio.[8]

(3) El es una Persona (ver El error del axioma Dios no es persona)

(4) Es infinito (ver La INFINIDAD de Dios)

(5) Es perfecto ( ver De la perfección de Dios)

(6) Es el Creador

(7) Dios dirige la historia hacia el destino que El ha planeado.

Todos estos asuntos incluyen a todas las personas de la Trinidad.

¿Cuál fue esa experiencia?

La iglesia confiesa que “la Trinidad es un misterio que sobrepasa la comprensión del hombre.”

“Misterio”, según aclara el teólogo Berkhof, “no en el sentido bíblico de una verdad que antes estuvo escondida y que ahora es revelada, sino en el sentido que el hombre no puede comprenderla totalmente y hacerla inteligible. “

“Es inteligible en algunas de  sus relaciones y modos de manifestación; pero ininteligible en su naturaleza esencial”.

Oscar Mraida dice que “ES UN MISTERIO. La trinidad es un misterio que el hombre no puede comprender totalmente. La somera presentación que se hace de esta doctrina en relación con otras, es precisamente una muestra de esto.[9]

W. Turner escribió:

La doctrina de la Trinidad “es el intento de sacar las Implicaciones de la revelación bíblica de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. “

No está contenida formalmente en las Escrituras como una doctrina definida o explicada narrativamente, pero es tanto una inferencia como una construcción tomada de la Biblia.

Su punto de partida es la historia de la salvación, el hecho de Cristo encarnado, crucificado y resucitado, y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés como también su impacto continuo en la Iglesia y en el mundo.

“Dios sobre nosotros, Dios con nosotros y Dios en nosotros, y juntos agotan las posibilidades espirituales de conocer a Dios. “

La Trinidad Esencial de la teología ha demostrado ser el único marco adecuado para estos datos.’

Una Explicación de la Trinidad

La palabra trinidad no está en la Biblia. Más bien la creencia en la trinidad es una forma de entender lo que la Biblia,  enseña de Dios. Dios es revelado en la Biblia como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

  • La trinidad es una palabra teológica usada para describir esta revelación.
  • La trinidad es una doctrina difícil de explicar, aun a los cristianos.
  • Es un misterio entendido sólo por Dios, y los cristianos lo aceptan porque la Biblia lo enseña y porque no puede ser explicado.

Cuando pensamos en Dios el Padre, lo identificamos con el Dios del Antiguo Testamento y aquél a quien Jesús oró. El Padre es aquél en quien pensamos cuando describamos la naturaleza de Dios y discutimos Sus atributos. El es al que nos referimos, pues, cuando hablamos de Dios.

Aunque tradicionalmente consideramos los atributos de Dios en la persona del Padre, Padre es más concepto del Nuevo Testamento, que una idea del Antiguo Testamento. Padre es poco usado para Dios en el Antiguo Testamento y cada vez el uso es corporativo, siendo Dios el Padre de la nación o del pueblo de Israel; Padre nunca se usa en el Antiguo Testamento para referirse a una religión individual y personal.

Por otro lado, sólo los evangelios contienen más de ciento setenta referencias de Jesús a Su relación única corno el unigénito Hijo del Padre, y en las referencias a los creyentes llamando a Dios Padre en la oración modelo. Por eso la trinidad aparece más ampliamente en el Nuevo Testamento, y aunque las tres personas aparecen en el Antiguo Testamento.

La primera mención del Espíritu Santo está en Génesis 1:2:”El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Las referencias al Hijo aparecen en muchos textos mesiánicos, y el Nuevo Testamento insiste en que Jesús fue el agente de la creación (Jn. 1:3). De modo que, las tres personas existieron desde la eternidad y estuvieron presentes en la creación.

Los cristianos creyeron la doctrina, porque la Biblia lo demanda; alguna doctrina debe por lo menos, tratar de luchar con los hechos de que los tres —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son llamados Dios y que las tres personas son usadas intercambiablemente la una por la otra en varios textos.

La única doctrina de la trinidad que pasará las pruebas bíblicas es el punto de vista que Dios es uno y se ha dado a conocer como tres personas eternas. El Padre, Hijo y Espíritu son una unidad, en una sola Deidad. El concepto no puede ser completamente comprendido por la mente humana; y el uso de persona, para designar á cada uno de los tres, confunde. No obstante, ningún teólogo a lo largo de la historia cristiana ha originado un término adecuado, así que persona, ha sido aceptado como la mejor palabra.

Al referirse a cada cual —Padre, Hijo y Espíritu Santo— como persona, enfatizamos que cada uno es a la verdad una persona con atributos y características personales. Sin embargo, no debemos permitir qué nuestras mentes concluyan que siendo personas distintas, no son una Divinidad.

Los cristianos somos monoteístas. Aunque la doctrina de la trinidad está fuera de nuestra comprensión, la aceptamos como la manera en que Dios se ha revelado sí mismo a nosotros.

Afortunadamente no depende de nuestra exhaustiva comprensión de este asunto tan complicado el que oremos: “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mt. 6:9) o que amemos “sin haberle visto” (1 Pe. 1:8) a quien“mediante el Espíritu eterno se presentó a sí mismo sin mancha a Dios” (He. 9:14).

“La Trinidad, entonces,   es  inmanente  y  eterna,  no  meramente temporal  y económica”. (Conner)

Creemos que esta frase resume todo lo que hemos tratado de consignar en nuestra discusión. Afirmar esto es creer en un Dios lleno de la calidez del amor. No está en un cielo inaccesible sino que se ha hecho presente  para  remediar  nuestra  situación humana.

Vive  en nuestros corazones para asegurarnos la realidad de la experiencia futura de salvación como un anticipo de las glorias futuras que esperan al redimido.

Como todos los temas de la teología, también éste que puede aparecer muy árido y complicado, es un tema que interesa vitalmente al cristiano.

El, “nos ayuda a ver cómo Dios puede ser independiente del universo y, no obstante, ser un Dios de amor cuya misma existencia es la garantía del bienestar y de la felicidad finales de su creación“.[10]

Conclución a este primer capítulo de la doctrina de la Trinidad:

La Trinidad es la creencia central sobre la naturaleza de Dios del cristianismo católico, del cristianismo ortodoxo y de la mayoría de las denominaciones protestantes. Afirma que Dios es un ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas o hipóstasis, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El término es una palabra compuesta de “tres” y “Unidad” es decir “Tres en uno”, Tri-unidad, Trinidad.

La palabra “Trinidad” como tal, no aparece en las Escrituras (la Biblia).

La Iglesia Católica Romana dice: “La Trinidad es el término con que se designa la doctrina central de la religión cristiana [...] Así, en las palabras del Credo de Atanasio: ‘el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no hay tres Dioses, sino un solo Dios’. En esta Trinidad [...] las Personas son co-eternas y co-iguales: todas, igualmente, son increadas y omnipotentes. [...]“(The Catholic Encyclopedia).

La Iglesia Ortodoxa Griega dice de la Trinidad lo siguiente: “Dios es trino y uno. [...] El Padre es totalmente Dios. El Hijo es totalmente Dios. El Espíritu Santo es totalmente Dios” (Our Orthodox Christian Faith).

The Catholic Encyclopedia afirma que es un dogma y a la vez un misterio como sigue: “Un dogma tan misterioso presupone una revelación divina”. [11]

Una definición teologica (algo complicada quizás) es la que nos provee Daniel Asenjo[12]

“Sin la ayuda divina nos sería imposible entender la profundidad del trino Dios(1 Co,2:10-14). Por eso Dios nos habla hoy por medio de su Hijo, el vino para hacer la exégesis del Padre (Jn.1:18), mientras que el Espíritu Santo esta realizando la eiségesis Jn.16:13: hodegései: guiar por el camino, es el sinónimo) del Padre, para que podamos conocer y comprender aunque sea en forma imperfecta la dimensión de un Dios que es Trípersonal, (no unipersonal, ni tampoco impersonal).”

Tres interpretaciones:
Ya comentamos que era necesario bregar con la realidad de  lo que el texto bíblico nos presenta. Hay tres interpretaciones posibles. Las dos primeras son equivocadas, mientras que la última es la correcta.

1.EL MODALISMO. Esta herejía es la que niega la distinción personal dentro de la divinidad. Dice que Dios es una sola persona que se manifestó a sí misma en tres aspectos o modalidades.
2.EL TRITEISMO. Esta herejía es la que destruye la unidad de Dios, y que incluso por momentos pareciera como que una persona de la trinidad es colocada contra la otra.
El triteísmo enfatiza erróneamente la existencia de tres Dioses por separado, mientras que el modalismo nos dice que es un Dios se revela en diferentes maneras.
3.NATURALEZA TRINA DE DIOS. Este es la verdadera interpretación. Expresa el reconocimiento de la unidad del Ser supremo, y no obstante dentro de esa unidad de Dios hay una trinidad.

Lo que llamamos trínitarismo en base a la enseñanza bíblica es la existencia de tres personas distintas que tiene en común una sola sustancia, esencia y naturaleza. No ocurre así con el señor Jesucristo donde en una persona subsisten dos naturalezas.

Fuentes:

[0] Roy T.Edgemon, “Las doctrinas que creen los bautistas“,p.18,  Convention Press, Nashville, Tennesse

[1] http://enhabito.com/el-shema/

[2] R. Mehl.  cit en F.Ureta,Elementos de Teología Cristiana, p.67,CBP

[3] W.T.Conner, Doctrina Cristiana,p. 145 CBP, cit en Oscar Mraida, Teologia Sistemática,p. 49, Iglesia Evangelica bautista del Centro Buenos Aires,Argentina, 1997

[4] Bernard Ramm cit. por Elementos de Teología Cristiana, p.19,op. cit.

[5] (Adversus Praxeam II), cit. en Wikipedia, Tertuliano.

En el año 215 DC, Tertuliano fue el primero en usar el término Trinidad(aunque algunos autores difieren y afirman que Teófilo de Antioquía fue el primero en usar este término y Tertuliano lo acuñó.Teófilo de Antioquia, según dice el historiador del Cristianismo,Eusebio de Cesarea,fue el sexto obispo de

Escrito Y Publicado Con Amor Cristiano

¿Es María la madre de Dios?

La Iglesia Católica ha proporcionado cientos, aún miles de títulos a María la madre de Jesús. El título más común es La Madre de Dios. De hecho, algunos católicos simplemente les gusta utilizar el impresionante término sinónimo theotokos al hacer referencia a María. El título parece lógico cuando uno considera que Jesús es Dios y que María dio a luz a Jesús. En otras palabras, desde una perspectiva católica se podría construir un silogismo como el siguiente:

Jesús es Dios.

María es la madre de Jesús.

Entonces, María es la madre de Dios.

Jesús es tanto Dios como hombre

Si María no es la madre de Dios entonces dicho silogismo está de alguna manera errado, pero ¿dónde? Vayamos a las escrituras para obtener mayor información. Primero que todo, concerniente a la identidad de Jesús, aprendemos que Jesús es tanto Dios como hombre. (Debido a que la deidad de Jesús no es cuestionada entre católicos, sólo se citará evidencia de su humanidad) Por favor note las siguientes Escrituras que indican que Jesús es

  • Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5)

Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con* una multitud de transgresiones. Pues si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solohombre, Jesucristo. (Romanos 5:15-17)

También se puede comprobar fácilmente que Jesús era hombre porque tuvo hambre, sed, durmió, etc, de la misma manera que todos los hombres. La biblia enseña que Dios se hizo carne. Ponderar el siguiente pasaje:

  • En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. (Juan 1:1-4,14)

La totalidad de las Escrituras muestra que Jesús es Dios, quien se hizo hombre. Esta verdad es la respuesta sencilla al silogismo citado anteriormente. Por lo tanto, la parte inicial debería corregirse para leerse:Jesús es Dios, quien se hizo hombre. Pero al mencionarse sólo una verdad parcial sobre la identidad de Jesús las personas han llegado a tener una idea engañosa sobre María. Esto a su vez ha conducido a un título no basado en las escrituras sobre María como la madre de Dios y peor aún – confiando en ella para la salvación. Este hecho adicionalsobre Jesús siendo hombre nos ayuda a concluir que María era la madre de su humanidad o del hombreCristo Jesús. Por eso es que nunca leemos en la Biblia que ella es la madre de Dios, pero sólo que ella es la madre de Jesús, tal como se identifica en las Escrituras:

  • En eso llegaron la madre y los hermanos de Jesús. Se quedaron afuera y enviaron a alguien a llamarlo. (Marcos 3:31)
  • La madre y los hermanos de Jesús fueron a verlo, pero como había mucha gente, no lograban acercársele. (Lucas 8:19)
  • Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús ysu madre María. (Hechos 1:14)

Jesús existía antes de su nacimiento en Belén

Uno debería lógicamente rechazar el concepto católico que Dios podría o tiene una madre basado en el hecho quetal madre tendría que haber existido antes que Dios, lo cual es imposible. La Biblia indica que Dios es eterno y no tuvo principio. Dios no puede tener madre y seguir siendo Dios. Adicionalmente, no puede haber persona alguna que haya existido antes que Dios.

Todavía recuerdo, como antiguo católico, la sorpresa que tuve al aprender leyendo la Biblia que Jesús existía antes de su nacimiento en Belén. Me pregunto cuantos católicos están conscientes de esta preciosa verdad. Ponderaralgunas Escrituras que muestran esto:

  • Ciertamente les aseguro que, antes que Abraham naciera, ¡yo soy! (Juan 8,58)

Jesús existía antes que Abraham, quien fue un personaje de Génesis! Para ser más preciso, Jesús indicó su existencia eterna en Juan 8:58 utilizando las palabras Yo soy, las cuales hacen referencia a Exodo 3:14 y YHWH describiéndose a sí mismo. Otro versículo que muestra que Jesús existía antes que su nacimiento humano es Miqueas 5:2:

Pero de ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, saldrá el que gobernará a Israel; sus orígenes seremontan hasta la antigüedad, hasta tiempos inmemoriales.

Pues bien, hay problemas graves con el título exaltado dado a María como madre de Dios. Si María es la madre de Dios entonces ¿cómo podría haber existido antes que su madre? Imposible. Jesús siempre ha sido Diosdesde el principio quien se hizo hombre cuando nació en Belén. Jesús sólo obtuvo su humanidad de María y, por lo tanto, ella no puede recibir el título de Madre de Dios. El silogismo mencionado anteriormente debe ser escrito nuevamente como:

Jesús es Dios quien se hizo hombre.

Jesús se hizo hombre a través de María.

Por lo tanto, María es la madre de Jesús.

Además, dicha conclusión está de acuerdo con la Biblia, como se ha demostrado. La María del Catolicismo no es la María de la Biblia. Ellas son dos personajes totalmente distintos, aun cuando ambas comparten algunas descripciones en común. Una vez que nos damos cuenta de ésto será mucho más fácil para nosotros extender una fe de confianza y sometimiento basada 100% sólo en Jesús para la salvación de nuestra alma, como enseña la biblia para se salvo. Jesús es el todo suficiente Salvador, quien no necesita ayuda de otro para salvarnos. De hecho,creer en Jesús y Maríapara la salvación, como algunos creen, es estar en desobediencia con lo que enseña la biblia, y no traerá verdadera salvación.

Artículo obtenido de:Alcance Evangelístico  http://www.evangelicaloutreach.org/spanish.htm

Dirección: P.O. Box 265, Washington, PA 15301-0265, USA (Estados Unidos)

Dan Corner,http://www.evangelicaloutreach.org/imtmog.htm

Dios

Junio 11, 2009 | | Leave a Comment

Dios

Dios, según Miguel Ángel.

El concepto teológico, filosófico y antropológico Dios hace referencia a una suprema deidad adorada por algunas religiones, en especial las de origen abrahámico y aquellas relacionadas. Su conceptualización ha sido tema de debate en casi todas las civilizaciones humanas.

El vocablo «dios» se escribe en español con mayúscula como sustantivo propio cuando se refiere a la idea de ser supremo de las religiones monoteístas, como son el judaísmo, el cristianismo, el islam y, quizá en menor medida, el zoroastrismo o mazdeísmo.
En la tradición cristiana, desde la Edad Media, Dios es objeto de estudio de la teología. Desde tiempos de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), se asume que la existencia de Dios no es tarea comprobable por el método científico, sino que su existencia ha de demostrarse en el ámbito de la metafísica.

Filosofia vs. Teologia

Junio 11, 2009 | | 1 Comment

Filosofia vs. Teologia

Autor: Paulo Arieu

Creo que viene bien aclarar un poco la diferencia entre la filosofía y la teología.Para el grupo  de artículos relacionados con la serie ¿Se puede conocer a Dios?, es importante, querido lector/a que estos breves conceptos te queden claro; sino, seguramente no entenderás el porqué consulto la filosofía para explicar de Dios: Lo hago por un motivo intelectual, ya que la filosofía me permite conocer que han indagado ciertos pensadores de gran influencia para nuestra sociedad actual. Y la teología me permite entender mejor como Dios se ha revelado en la Escritura y como los teólogos y estudiosos de la biblia han podido interpretar a lo largo de la historia la Palabra del Señor y los misterios de nuestro Dios.

Es importante tener en cuenta esto, ya que muchos cristianos rechazan la filosofía por no considerarla de importancia para el estudio de la fe cristiana. Reconozco que es peligroso investigar en la filosofía sin bases bíblicas y doctrinales suficientes, ya que muchos de sus razonamientos son sumamente interesantes, pero no necesariamente están de acuerdo con la palabra de Dios.

Pero también es cierto que la filosofía, es una disciplina que también se encarga de estudiar los fenómenos metafísicos. Muchos grandes pensadores de la antigüedad y también de la actualidad fueron y son además de teólogos, grandes filósofos.También hay muchos cristianos que no les gusta la teología por considerarla fría, demasiado racional, pero la teología sistemática es útil a la hora de ordenar las doctrinas cristianas y definirlas correctamente para que el creyente pueda comprenderlas de una manera mas práctica y no tan pesada.

No nos olvidemos que “Dios, es el gran presupuesto de la Teología” , decía el teólogo Berkhof.

Por ejemplo Marx reconocía  que “los filósofos han intentado interpretar el mundo [1], aunque se quejaba criticando que no hacían nada para mejorarlo.

Hegel decía que “estamos obligados por Dios a ser filósofos” [2]

Ademas, la filosofía «recoge confiadamente los resultados positivos dentro de cada una, y se sirve de ellos: a veces, como punto de partida de sus razonamientos, y otras veces, como hechos comprobatorios de sus deducciones.»[3]

Y además, la filosofía tiene un fin práctico: «Conducirnos a la sabiduría, que es la acertada aplicación del propio saber, a la eficaz realización del verdadero perfeccionamiento de la vida»[4] (cf. Stgo 3:17 )

Patricio Hopkins explica que «La filosofia investiga las causas supremas de las cosas sirviéndose solamente de las capacidades cognoscitivas de la razón. La segunda indaga las mismas causas con la obra de la razón, también: pero se basa siempre en las verdades reveladas por la Divinidad» [5]

«La palabra “teología” viene de dos palabras griegas que significan “Dios” y “palabras”. Combinadas, la palabra “teología” significa “estudio de Dios”. Sistemático se refiere a algo que es puesto bajo un sistema. Teología sistemática es por lo tanto, la división de la teología bajo sistemas que explican sus diversas áreas. Por ejemplo, muchos libros de la Biblia dan información acerca de los ángeles. La teología sistemática toma toda la información sobre los ángeles de todos los libros de la Biblia, y la organiza dentro de un sistema – angelología. Eso es de lo que trata la teología sistemática – organizar las enseñanzas de la Biblia en sistemas de categorías.

La Teología Propia es el estudio de Dios el Padre. Cristología es el estudio de Dios el Hijo, el Señor Jesucristo. Pneumatología es el estudio de Dios el Espíritu Santo. Bibliología es el estudio de la Biblia. Soteriología es el estudio de la salvación. Eclesiología es el estudio de la iglesia. Escatología es el estudio del fin de los tiempos. Angelología es el estudio de los ángeles. Demonología cristiana es el estudio de los demonios desde una perspectiva cristiana. Antropología cristiana es el estudio de la humanidad. Hamartiología es el estudio del pecado.

La teología bíblica es el estudio de cierto libro (o libros) de la Biblia, enfatizando los diferentes aspectos de la teología en la que se enfoca. Por ejemplo, el Evangelio de Juan es muy Cristológico puesto que se enfoca mucho en la deidad de Cristo (Juan 1:1,14; 8:58; 10:30; 20:28). La teología Histórica es el estudio de doctrinas y cómo éstas se han desarrollado a través de los siglos de la iglesia cristiana. La teología Dogmática es un estudio de las doctrinas de ciertos grupos cristianos que tienen doctrina sistematizada, por ejemplo la teología Calvinista y la teología Dispensacional. La teología Contemporánea es el estudio de doctrinas que se han desarrollado o que han captado la atención en tiempos recientes. La teología Sistemática es una importante herramienta para ayudarnos a comprender y estudiar la Biblia de manera organizada.»[6]

La teologia basa sus premisas sobre la divinidad en la Biblia,porque  ”Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” (2 Tim. 3:16 RV 1960)

A Mahatma Ghandi  tambien le fascinaba la Biblia, aunque no le caían muy en gracia los cristianos que había conocido: «Me fascina lo que enseña la biblia, lo que no me gusta es lo que hacen sus estudiosos» [7]

Notas

[1] http://www.lafogata.org/opiniones/aiz_abordemos.htm

[2] http://www.inisoc.org/marxypos.htm

[3] Patricio Hopkins, La Filosofía, p. 10, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina

[4] Patricio Hopkins, La Filosofía, p. 13, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina

[5] Patricio Hopkins, La Filosofía, p. 15, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina

[6] http://www.gotquestions.org/Espanol/teologia-sistematica.html

[7] Comentario #57. centauro94 - Febrero 10, 2009, http://oldearth.wordpress.com/de-todo-un-poco/#comment-6459

Dios. Unidad de Dios.

1) Introducción. Unicidad es un vocablo abstracto que pertenece al lenguaje culto, poco corriente, por tanto, y generalmente oscuro. No ocurre lo mismo con el adjetivo único, que es de uso familiar y con el que se ponen de manifiesto la singularidad de una persona, de un objeto, de un acontecimiento. Técnicamente, sin embargo, tiene un vigor y una calidad de matices intraducible. En teología unicidad de D. significa que existe un solo D. verdad. D. es único, excluye la coexistencia actual de otro D. y cualquier posibilidad de coexistencia.

Tanto desde el punto de vista histórico como del especulativo, tocamos el pilar fundamental del orden religioso y moral. Existencia de D. y unicidad están comprometidas de tal manera que sólo en la mutua afirmación se sostienen. Si D. existe tiene que ser único y si no es único se destruye a D. La historia humana es una batalla continuada por esclarecer esta doctrina y sólo en el estadio de coherencia, superando los confusos planteamientos ensayados, se llegan a fijar las bases firmes de comportamiento humano como relación con D. y como convivencia, pues toda la normativa del hombre radica en esta verdad. Hablando con propiedad, tal objetivo sólo se ha logrado de forma duradera y consistente en la revelación, pues aunque es un dato asequible a la razón natural, sólo la Palabra (v.) de D. libera al hombre de sus incertidumbres y errores.

NOCIÓN DEL “SER”:

Junio 9, 2009 |  Tagged , | 1 Comment

NOCIÓN DEL “SER”:

1°) El concepto de SER tiene la máxima extensión. Es predicado esencial de todo lo que existe o puede existir.

Por tener la máxima extensión, tiene la mínima comprensión. Es el concepto más simple que tenemos. Por eso resulta imposible definir, en sentido estricto, el SER. La definición clásica, filosófica, se hace por el género próximo y la diferencia específica. El concepto de SER no admite distinción de género y de diferencia específica. Por eso no se puede definir.

2°) Al ponernos en contacto con alguna cosa, lo primero que intuimos es que se trata de un ser; vale decir, algo fuera de la nada, algo que existe de alguna manera. También llamamos ser a lo que tiene solamente capacidad para existir.

3°) Si bien no podemos definir qué es el ser, conocemos cuáles son los seres.

Son seres, según la escuela tradicional realista:

a) Todo lo que existe en él orden material.

Ejemplos: Plantas, minerales, astros, animales, hombres.

b) Los seres posibles; es decir, los que no existen en el orden real, pero los concebimos con capacidad para existir.

Ejemplos: Los hombres que habrá en los siglos venideros. Los pisos de material plástico.

c) Los entes de razón, que tienen existencia en el entendimiento, y no fuera de él.

Ejemplos: Los conceptos matemáticos. Los conceptos universales. Los conceptos de género y especie.

d) Los seres inmateriales o espirituales.

Ejemplos: Las almas humanas. Los ángeles. Dios.

I. – ESENCIA Y EXISTENCIA:

1. ESENCIA:

a) Noción de ella: Por esencia se entiende “lo que un objeto es”. Aquello por lo cual una cosa es lo que es, y no es otra cosa.

Ejemplo: La esencia de una circunferencia es aquello que hace que sea circunferencia, y no otra figura alguna.

b) Es un principio constitutivo de todos los seres, así del increado, que es Dios, como de los creados, de los seres reales, de los posibles y de los entes de razón.

c) ¿Es la esencia un principio constitutivo del ser en el orden ontológico (el orden real de las cosas) o solamente en el orden lógico (del concepto)?

En otras palabras, ¿es la esencia el contenido intelectual que constituye el concepto que tenemos del ser, o es un principio constitutivo de los seres tales como existen?

En rigor, la esencia es el concepto que la inteligenciajor-ma de lo que es una cosa. Es lo inteligible del ser; vale decir, lo que la inteligencia entiende que es un objeto. Como tal, es un ente del orden lógico, más bien que del ontológico.

Pero, según la escuela realista, el concepto mental de un objeto real corresponde a una realidad del orden ontológico. La cosa es conocida por la inteligencia como poseedora de esa esencia, porque es así en el mundo real.

De acuerdo con esta teoría, la esencia de una cosa real es también del orden ontológico.

N. B. — Quizá fuera mejor reservar el término esencia para indicar el ente lógico, y emplear otro término -por ejemplo, SUSTANCIA-, para indicar el ente ontológico. Reconozco que tal precisión de términos es casi desconocida en los tratados. Pero su adaptación significaría una distinción y una aclaración importantes.

2. EXISTENCIA:
a) En sentido amplio: Es un predicado atribuible a todos los seres: reales, posibles, o meramente mentales. Todos tienen alguna clase de existencia: unos, en el mundo real, y otros, en la mente divina o humana.
b) En sentido estricto: Es un predicado que se atribuye tan sólo a los seres del mundo real. Dice pasaje efectuado del estado de meramente posible al estado de actualización en el mundo real.

Tomás de Aquino (1225-1274). Religioso dominico. Cumbre eminente de la escuela escolástica. Teólogo y filósofo de perenne actualidad.
c} Atribuimos este predicado a la esencia, solamente cuando ha sido actualizada en algún ser concreto del mundo real. Expresa una perfección, que no compete a la esencia meramente por ser tal, sino por razón de la actuación de alguna causa eficiente, que, de ser posible, lo convirtió en cosa existente en el mundo real.
Ejemplo: El cohete interespacial de combustible sólido era una mera posibilidad hace veinte años; era un ente posible. La mente conocía que su esencia estaba exenta de toda incoherencia. Cuando se construyó el primer cohete interespacial de combustible sólido, el ente, antes solamente posible, se convirtió en existente, en el mundo real. La esencia de ese aparato se perfeccionó con la existencia.
3. DISTINCIÓN ENTRE ESENCIA Y EXISTENCIA:
a) En el orden lógico (el de los conocimientos) hay ciertamente distinción entre esencia y existencia.
b) En el orden Mitológico (el de la realidad de las cosas) algunos filósofos sostienen que hay distinción real entre esencia y existencia; pero otres lo niegan.
En cuanto a Dios, no hay de seguro diferencia entre esencia y existencia. A la esencia de Dios pertenece necesariamente el acto de ser existente. Su esencia es existir infinitamente.
II. – ACTO Y POTENCIA:
1. Por POTENCIA entendemos:
1º) La capacidad de adquirir existencia en el mundo real.
Esta potencia se llama objetiva. Es la capacidad para existir de una esencia intelectual no perfeccionada con la existencia. Supone en ella una no-repugnancia a existir.
Ejemplo: La potencia que tiene para existir la bomba atómica neutra.
2º) La capacidad de realizar operaciones.
Ejemplo: Estoy en potencia para realizar serios estudios metafísicos, y asi alcanzar conocimientos profundos en esta rama de la Filosofía.
Esta potencia se llama subjetiva activa. Es capacidad de un sujeto para obrar, para producir algo.
3º) La capacidad de recibir en sí alguna modificación, sea con adquisición de alguna perfección nueva, sea con la pérdida de alguna ya poseída.
Ejemplos: El capitán está en potencia para ser coronel y general. Estoy en potencia de perder la vista. Un accidente puede privarme de ella.
Esta clase de potencia se llama subjetiva pasiva. Se denomina así, porque la modificación es considerada posuSTé”por la actividad que puede realizar un agente distinto del sujeto.
2. EL ACTO
1º) Por ACTO se entiende el pasaje efectuado del estado de mera potencia a la condición que resulta de la realización del término de esa potenciar”
Ejemplo: Ahora estoy en el acto de existir. Exista_ Estoy en potencia para conocer el secreto de la bomba atómica. Si algún día llegase a conocer ése secreto, ya no estaré más en potencia para ese conocimiento. Estaré en acto con respecto a él. Habré adquirido ese conocimiento.
2º) Con la teoría del ACTO y de la POTENCIA quiso Aristóteles explicar las incesantes modificaciones que observamos en las cosas del mundo sensible.
3°) PARMENIDES sostuvo que los cambios que percibimos en las cosas, son meras ilusiones de los sentidos. El ser no cambia nunca. Es estático. No puede cambiar, puesto que es uno e inmutable, siempre idéntico a sí mismo.
4º) HERACLITO ya había advertido ese devenir constante de las cosas, y había adelantado una teoría al respecto. Decía: “No hay seres estáticos, sólo hay seres dinámicos”. “Nada existe; porque todo lo que existe, existe en un momento, y al instante siguiente ya no existe, sino que es otra cosa distinta la que existe en ese nuevo instante. El existir es un perpetuo cambiar, un continuo devenir, un constante fluir de ser algo a no ser eso, sino otra cosa.”
5º) ARISTÓTELES presentó otra explicación:
a) Los seres del mundo sensible existen. Éste es el testimonio espontáneo y natural de los sentidos y de la razón, como consecuencia de la experiencia.
b) Puesto que existen, ya están en acto, en cuanto a la existencia.Poseen sus propiedades sustanciales; por lo tanto, están en acto respecto a esas propiedades.
c) Pero la existencia demuestra que estas cosas existentes, sensibles, se modifican constantemente. Estas modificaciones son posibles; porque, además de lo que ya tienen en acto, tienen sus potencias, o sea su capacidad de realizar determinadas operaciones, de adquirir ciertas perfecciones o de recibir ciertas modificaciones.
d) Pueden concebirse, por lo tanto, en el objeto:
— un acto permanente e invariable: su existencia y sus propiedades sustanciales;
— una serie de potencias o capacidades de adquirir nuevos actos, que pueden ser obtenidos por la actualización de dichas potencias.
De esta manera se puede conciliar algo estático con el dinamismo y el devenir constante de las cosas.
III. – SUSTANCIA Y ACCIDENTE:
1. SUSTANCIA:
1º) En sentido relativo: Es el acto permanente e invariable de un ser, base de todas sus potencias, fundamento y receptáculo de los demás actos que en él se dan o pueden darse.
Dar existencia a un” ser significa estrictamente hacerlo pasar del estado de mera posibilidad a la actualización de su esencia en el mundo real. Su existencia, por tanto, supone un acto, la actualización de su esencia.
Ahora bien; la actualización de la esencia de un ser en el mundo real constituye la “sustancia” de ese ser. Por consiguiente, mientras existe dicho ser, conserva su sustancia. Si hubiese alguna mutación en las propiedades sustanciales, dejaría de ser lo que es, para convertirse en otro ser. Mientras es lo que es, posee la misma, invariable sustancia.
El ser existente es capaz de adquirir nuevos actos; pero siempre, sin perder el acto permanente de su sustancia.
2º) En sentido absoluto: El concepto de sustancia encierra otra nota más, que es característica de ella: la propiedad de existir en sí, o subsistir sin necesidad de sujeto de inhesión.
a) Se llama sujeto de inhesión un ser completo en su especie, que recibe, por unión intrínseca, una perfección que se suma a sus propiedades específicas, sin cambiarlo de especie. El sujeto no necesita esta perfección para existir, y ser lo que es. Puede existir igualmente sin ella.
En cambio, la perfección, que se suma a las cualidades específicas de un ser, no puede existir sin el sujeto de inhesión. No puede existir sino en el sujeto de inhesión.
Ejemplo: El hombre, completo en su especie —vale decir, que reúne en sí, en acto, todas las cualidades esenciales de hombre, y por ende, la sustancia humana—, recibe cierto perfeccionamiento de su especie, pero sin cambiar ésta en otra, por el hecho de tener dos brazos.
El hombre, completo en su especie, es sujeto de inhesión para la perfección de bímano. Puede existir y ser hombre sin tener dos brazos. Pero los dos brazos de un hombre no pueden existir como tales sino en un hombre. Dos brazos humanos separados de la unión intrínseca con el cuerpo, en rigor, ya no son brazos de hombre, sino dos trozos de sustancias orgánicas. b) Ahora bien; la sustancia puede ser sujeto de inhesión, al que vaya unida una perfección. Pero nunca puede tener sujeto de inhesión, al que se una intrínsecamente, para perfeccionarlo. Esta nota de no tener nunca sujeto de inhesión, y por consiguiente, de subsistir en sí, es algo distintivo, característico de la sustancia.

2. ACCIDENTE:
1) En sentido lógico: Accidente es todo aquello que, sin pertenecer a la esencia de una cosa, puede ser predicado de ella.
Ejemplo: Se puede decir del hombre, en ciertas circunstancias, que está alegre. Lo de estar alegre es un accidente del hombre. No pertenece a la esencia de él.
2) En sentido ontológico: El accidente es el ser que existe en otro, que le es sujeto de inhesión.
Es todo ser que, para existir, necesita o exige estar en otro, que le es sujeto de inhesión.
Ejemplo: Pedro es abogado. El hecho de ser abogado es una característica que ha adquirido Pedro. Es una cualidad que se ha unido intrínsecamente a su sustancia individual, para perfeccionarla, pero sin cambiar su especie.
La sustancia individual de Pedro es el sujeto de inhesión de la cualidad abogado. Ésta no determina a Pedro en su especie. No es una cualidad que se halla siempre en toda sustancia de hombre. Pedro sería igualmente hombre, aunque no fuera abogado. Es una cualidad que puede faltar en una sustancia humana individual, sin que ésta deje de ser íntegramente sustancia humana.
Además, es una cualidad que no puede existir sino en una sustancia, que le es sujeto de inhesión. El ser abogado no puede existir sino en un hombre.
Por lo tanto, ser abogado es un accidente.
3) Sólo mentalmente, por abstracción, podemos concebir un accidente separado de la sustancia que le es sujeto de inhesión. Sólo por milagro pueden darse, en la realidad, accidentes separados de las sustancias.
4) En lenguaje más sencillo y más comprensivo, podemos decir que accidentes son todas aquellas cualidades que puede poseer un ser, o no poseerlas, sin dejar de ser lo que es específicamente.
Ejemplo: Un gato puede ser negro, gordo, pesado, viejo… Pero aunque fuera de otro color, más liviano, más delgado, más joven, no dejaría de ser gato. Se trata de cualidades que el gato puede poseer o no, sin dejar de ser gato. Son cualidades accidentales.
PRINCIPIOS EXTRÍNSECOS DEL SER
Los principios extrínsecos de los seres son las causas que actuaron en su producción.
1. CONCEPTO DE CAUSA:
1º) Concepto tradicional: Una causa es un principio por cuyo influjo algo pasa del no – ser al ser, de la mera potencia al acto.
Ejemplo: La combustión de dos o más sustancias produce calor. La causa del calor es la combustión de las sustancias.
De acuerdo con esta concepción, la causa realiza un influjo real, del cual deriva forzosamente el efecto. Cada vez que la causa ejerce ese influjo, se debe producir dicho efecto. Hay un nexo forzoso entre la causa y e] efecto, de suerte que, sin el influjo de la causa, no se puede dar el efecto.
2º) Concepto moderno: HUME y los POSITIVISTAS negaron la posibilidad de conocer, por la experiencia, el influjo forzoso de la causa en la producción del efecto. La experiencia —dijeron— nos revela solamente que hay una relación de sucesión constante entre el fenómeno antecedente, que llamamos causa, y el fenómeno consecuente, que llamamos efecto. No nos revela cosa alguna de un nexo forzoso entre ellos.
a) ¿Por qué, entonces, solemos atribuir nexo forzoso a esa suce¬sión constante?… Los positivistas lo explican de esta manera:
Por razón de experiencias, repetidas innumerables veces, que nos muestran que tal antecedente es seguido siempre de tal consecuente; nuestro intelecto adquiere una inclinación a esperar siempre al consecuente después del antecedente. Y como esto ocurre todas las veces, acaba por atribuir necesidad a esa sucesión.
b) Demos que esta explicación del nexo forzoso, que atribuimos a ambos fenómenos, sea satisfactoria, si bien no sea de ningún modo evidente. Pero ¿cuál es la razón suficiente que explica por qué, en la práctica, el antecedente va siempre seguido del consecuente? ¿Mera casualidad?… Tantas y tan constantes repeticiones del mismo suceso, en la misma forma, nos inducen a la conclusión obvia de que no puede ser la mera casualidad. La verdad es que si no admitimos un influjo real del antecedente en la producción del consecuente, no hallamos otro modo satisfactorio de explicar la sucesión constante de los dos. Los positivistas no pudieron encontrar una razón suficiente.
c) Si negamos el principio de causalidad —y algunos filósofos, como MACH, lo hicieron en forma absoluta—, tenemos que desechar también toda esperanza de llegar al conocimiento de leyes de la naturaleza. Si no hay causalidad, no hay leyes. Las ciencias se convierten,
entonces, en investigaciones de estadísticas y en cálculos de posibilidades.
d) La admisión de la teoría de los positivistas, lejos de resolver los problemas que puede suscitar la opinión tradicional, deja en pie éstos y crea otros más, y nos coloca en la angustiosa situación racional de no hallar solución satisfactoria para asuntos de máxima importancia, como son la existencia de leyes verdaderas, la validez de los conocimientos científicos, etcétera.
3º) Otros filósofos, como KANT y MEYERSON, atribuyen la elaboRación de la relación de causa y efecto a una operación espontánea y necesaria de la razón. Nuestra mente —dicen— tiene que ver las cosas de esa manera. Tiene que percibir en la producción del consecuente un nexo necesario con el antecedente; no porque así suceda siempre en la realidad, sino porque las leyes necesarias del pensamiento lo llevan a eso.
Esta concepción de causalidad reduce nuestros conocimientos científicos a meras apariencias subjetivas de la realidad; y por ende, abre una ancha puerta al escepticismo de su verdad.
Conclusión: Por las razones mencionadas, no nos apartamos de la opinión tradicional. Juzgamos que debe de haber algún influjo real del antecedente en la producción del consecuente; si bien reconocemos que, en muchos casos, podemos ignorar la naturaleza de este influjo.
2. DIVISIÓN DE LAS CAUSAS:
1º) La CAUSA EFICIENTE: Es la que, con su acción, produce algo.
Ejemplos: Policleto esculpe una estatua. Policleto es la causa eficiente de la estatua.
Un artífice construye una máquina. El artífice es la causa eficiente de la máquina. Con su acción la produce. La causa eficiente puede ser:
a) Física: Es la que, con su propia acción física, produce el efecto. Ejemplo: Pepe coloca una bomba en una tienda. Él es la causa física de esta acción.
b) Moral: Aquello que de tal manera contribuye a la producción del efecto, que éste se le imputa.
Ejemplo: Guillermo persuadió a Pepe a poner la bomba en la tienda. Guillermo es causa moral de esa acción.
e) Intencional: Cuando el efecto producido es el que intentó el agente. Ejemplo: Policleto hace la estatua que quiso hacer.
d) Accidental: Cuando el efecto producido por la acción no fue intentado ni previsto.
Ejemplo: Pedro arroja algo por la ventana de su habitación al jardín. El objeto arrojado pega a la madre de él en la cabeza. Él no quiso pegar a su madre, ni previo que podía estar en el jardín. Es causa eficiente accidental del golpe recibido por la madre.
e) Próxima: Cuando influye inmediatamente en la producción del fenómeno consecuente.
Ejemplo: Causa próxima de la Revolución Francesa fueron los que, de hecho, la llevaron a cabo.
f) Remota: Lo que influye en la producción del efecto, pero a través de otras causas intermedias.
Ejemplo: Los filósofos de la Enciclopedia fueron causa eficiente, remota, de la Revolución Francesa. Con sus escritos sembraron las ideas que germinaron en el hecho. A esto se refiere el axioma: “La causa de la causa es causa de lo causado”.
2º) La CAUSA MATERIAL: Es aquello de lo que se hace algo. Ejemplos: El mármol con que se hace una estatua, es causa material de ésta. El acero con que se fabrica una bicicleta es la causa material de ésta.
3º) La CAUSA FORMAL: Es aquello por lo cual algo que ha sido hecho, es lo que es.
Ejemplo: La figura de Apolo, que, esculpida en el mármol, hace que la estatua sea de Apolo y no de otro, es la causa formal de esta estatua.
La especial configuración de cada una de las partes y la determinada distribución y unión de éstos en el todo, son la causa formal de la bicicleta. Ellas explican por qué es bicicleta y no carretilla.
4º) La CAUSA FINAL: Es aquello que mueve a obrar, y por cuya consecución se realiza la acción.
Ejemplo: Policleto quiere ganar un talento de oro. Por eso hace la estatua. La causa final de su acción es el talento de oro que quiere obtener. La causa final puede ser:
a) El fin intrínseco: Es el fin de la obra en sí. Es el fin al que está destinado, por su naturaleza, el objeto producido.
Ejemplo: El fin intrínseco del que hace un reloj es construir un instrumento que marca las horas.
b) El fin extrínseco: Es lo que se propone el que hace la obra.
Ejemplo: Hacer relojes para ganar dinero. La ganancia es el fin -extrínseco de su actividad.

EL PROBLEMA METAFISICO

El problema metafísico.    El ser.    Ser, existencia, realidad. Dios y el problema metafísico.

Introducción:

La metafísica

Históricamente, la metafísica ha sido rama indisociable de la filosofía, incluyendo ésta a la metafísica general u ontología y a la metafísica especial (cosmología filosófica, psicología racional o antropología especulativa , y teología racional o teodicea. Sin embargo, en el siglo XX, filósofos como Bertrand Russell, Karl Popper, Elí de Gortari y Mario Bunge se han opuesto a estas formas de filosofía. La propuesta es que, básicamente, la filosofía que propiamente puede llamarse científica consiste en la lógica, la filosofía de la ciencia (epistemología, ontología y metodología) y la filosofía del lenguaje. ¿Acaso no son científicos los trabajos de Bunge sobre epistemología? Así, según nuestra concepción contemporánea de filosofía, la teología no es filosofía, ni siquiera la teología racional; es más, hoy debemos negar la existencia de tal teología racional o teodicea, tratando de impulsar una filosofía científica que, a excepción de la lógica, se base en evidencias empíricas. Con respecto a la labor de la filosofía, Elí de Gortari plantea lo siguiente:

La filosofía se ocupa, en primer lugar, de estructurar la concepción científica del universo. Esta tarea no consiste en la mera ordenación o agrupamiento de los resultados y las consecuencias obtenidas en las investigaciones científicas, sino en su interpretación crítica, armoniosa y organizada, para construir con ellos la síntesis que representa nuestra imagen racional y objetiva del cosmos. Dicha síntesis es un conocimiento nuevo, en el cual quedan comprendidos los datos y experiencias parciales, sólo que superados y enriquecidos en virtud de su integración. Además, en el conjunto del universo se descubren propiedades que no es posible distinguir en sus partes, ya que únicamente surgen debido a su conjugación. En este sentido, la filosofía realiza la importante tarea de encontrar y poner en claro esas propiedades que sólo existen en el conjunto del universo. Por otra parte, la imagen cósmica constituida por la filosofía sirve de base y punto de partida para proseguir las investigaciones científicas, lo mismo que para ampliar el alcance y la eficacia de nuestra actividad práctica.

De manera análoga, la filosofía indaga y descubre las distintas modalidades que muestra el hombre en sus actividades, investigando su trabajo, su conciencia y su reflexión a través del desarrollo histórico de la sociedad. Al propio tiempo, trata de encontrar y determinar las leyes del desenvolvimiento del espíritu humano, como síntesis superior de la actividad racional y la actuación práctica del hombre, dentro del marco de las condiciones materiales de su vida. Con estos propósitos, la filosofía investiga las conquistas logradas por el hombre en su creciente dominio sobre la naturaleza y la sociedad, estudia las divergencias entre sus concepciones y las condiciones reales de su existencia, esclarece cuáles son las fuerzas que lo impulsan al progreso, pone al descubierto los obstáculos por vencer, planea los medios necesarios para superarlos y encuentra las maneras de  llevarlos a la práctica. En tal sentido es como, a través de la filosofía, se trata de alcanzar la universalidad del hombre basada en la humanización de la naturaleza y la sociedad. [...]

Para la realización de sus tareas, la filosofía se funda en las otras ciencias y en las consecuencias de la práctica social, desarrollándose por ellas. A la vez, las ciencias particulares y las otras actividades humanas se apoyan en la filosofía y se desenvuelven con ella. Al servir de fundamente para el trabajo científico y la actuación práctica del hombre, la filosofía se somete además a la prueba de la objetividad. [...] Entonces, la filosofía necesita estar revisando y modificando constantemente sus concepciones, procurando que se encuentren de acuerdo con los últimos resultados científicos, lo mismo que con las condiciones y tendencias objetivas del desarrollo social. Así, ejemplos de libros de filosofía científica son, por ejemplo, Filosofía de la física de Mario Bunge, y Dialéctica de la física de Elí de Gortari.

I. — CONCEPTO DE METAFÍSICA:

1.El origen de esta palabra, metafísica, parece ser el siguiente:
Andrónico de Rodas (70 a. de C.) coleccionó los escritos de Aristóteles. Después de publicar los libros que tratan del ente natural,sujeto a la experiencia sensible, y que llevan el título de ta fiska,ordenó los escritos del mismo autor que se refieren a los principios comunes y las causas primeras de las cosas, y los denominó ta meta ta fiseká, que quiere decir: los que siguen a la Física. Los latinos trasformaron la expresión en una sola palabra compuesta: metafísica.

2.  PLATÓN llamó a esta parte de la Filosofía, FILOSOFÍA REAL,porque trata de las cosas consideradas en sí mismas.

3.  ARISTÓTELES la llamó PRIMERA FILOSOFÍA.

a) porque trata de los primeros principios de todas las cosas, y conduce a conocimientos necesarios para las otras partes de la Filosofía y para todas las ciencias; b) porque tiene como objeto el ser en sí, que es la primera noción que adquirimos de todas las cosas.

II. — EL OBJETO DE LA METAFÍSICA:

¿Qué es lo que se estudia en la Metafísica?

Pareciera que después de tantos siglos de estudios filosóficos se debiera saber bien cuál es el objeto de la Metafísica. Sin embargo, no hay acuerdo general entre los filósofos al respecto.

Si intentáramos* exponer las muchas opiniones que hallamos en los distintos autores, tendríamos que llenar muchas páginas. Fuerza es que limitemos nuestra exposición a las dos opiniones más generalizadas.

1) La escuela tradicional, aristotélica y tomista: De acuerdo con las enseñanzas de esta escuela filosó fica, el objeto de la Metafísica es el estudio de los seres del tercer grado de abstracción yde los que son inmateriales por naturaleza. o) El primer grado de abstracción consiste en prescindir de toda materia sensible individual, y considerar solamente la materia sensible común.

La parte de la Filosofía que estudia la materia sensible comun se llama ahra Filosofia Natural antes se denomi naba Física.

b) El segundo grado de abstracción consiste en prescindir de toda materia sensible individual y común, y considerar solamente lo que suele llamarse la “materia inteligible”; vale decir, la pura cantidad.

De esta abstracción de segundo grado se originan los seres matemáticos; y naturalmente, su estudio corresponde a las Ciencias Matemáticas.

c) El tercer grado de abstracción consiste en prescindir de toda materia, tanto sensible como inteligible, y considerar solamente aquellas determinaciones que son comunes a los seres materiales y a los inmateriales.

Ejemplos: Por el tercer grado de abstracción formamos conceptos como éstos: ente, uno, verdadero, bueno, acto potencia, esencia y exis fecto.

Estos seres de tercer grado de abstracción constituyen el objeto de los estudios de la Metafísica General.

El estudio de los seres inmateriales por naturaleza, como Dios y los espíritus, constituye el objeto de la Metafísica Especial.

2) Una opinión más reciente, que recibió gran impulso de Cristián Wolff (1679 -1754).

Esta escuela filosófica enseña que la Metafísica tiene por objeto el estudio de las realidades que escapan por completo a las posibilidades de las ciencias empíricas. La Filosofía tuvo forzosamente que sobrepasar las  ansias de saber algo de lo que hay más allá de lo percibido por los sentidos, y su afán por encontrar algo que no estuviera sometido a las interminables variaciones del tiempo y del espacio, y sirviera de base firme y permanente a las continuas mutaciones. Estos esfuerzos de la Filosofía por estudiar las realidades suprasensibles constituyen la Metafísica.

a) Como se trata del estudio de seres reales, no tienen cabida en la Metafísica las partes de la Filosofía que son prácticas o normativas, como la Lógica y la Etica.

b) De los seres reales se estudian aquellos aspectos que no pueden ser observados por las ciencias experimentales, que requieren el ejercicio del razonamiento deductivo y la intuición intelectual.

Ejemplos: La esencia, la sustancia, los primeros principios, las re inalidad, los seres espirituales.

c) De acuerdo con esta opinión, el campo de los estudios metafísicos es mucho más amplio que en la escuela clásica. Comprende la Ontología, la Teología Natural, la Metafísica de la Naturaleza, la Metafísica del Hombre y la Metafísica del Universo.

III. - OPOSITORES DE LA METAFÍSICA:

1.Hasta el siglo xvii, esta parte de la Filosofía era considerada la más importante, y su estudio se tenía por fuente de conocimientos básicos, sobre los que se construía el edificio general de la Filosofía.

2.En el siglo xvii John Locke, y en el siguiente, David Hume, asestaron rudos golpes a esta parte de la Filosofía. Hume llegó a negar totalmente la existencia de las sustancias y de todos los demás entes metafísicos. Rechazó la doctrina metafísica tradicional por entero.
Asentó las bases del positivismo, que sólo concede legitimidad a los conocimientos adquiridospor la experiencia sensible.

3.KANT, aunque escribió obras para oponerse a las teorías del escocés Hume, concuerda con él en el rechazo de la Metafísica tradicional. No niega la existencia de un mundo de seres    Metafísicos; pero enseña que éste está constituido por el conjunto de las cosas como son en sí(Ta noúmeno), y se opone al mundo que conocemos (Ta fainómena), el mundo fenoménico formado por el conjunto de apariencias subjetivas, que constituyen los objetos mentales denuestros conocimientos. Esta noción de Metafísica es muy distinta de la tradicional.

IV. — DIVISIÓN de la METAFÍSICA (1):

1. La METAFÍSICA GENERAL u ONTOLOGIA: En ella la razón se esfuerza por hallar soluciones válidas a los siguientes problemas:

a)¿Qué es el ser? ¿Qué noción tenemos de él?

b)¿Cuáles son las propiedades trascendentales del ser? (Unidad,verdad, bondad.)

c) ¿Cuáles son los principios constitutivos del ser? (Acto y potencia, esencia y existencia.)

d) ¿Cuáles son los supremos géneros o categorías del ser? (Sustancia y accidente.)

e)¿Cuáles son las causas del ser? (Eficiente, final, ejemplar, material, formal.)

f)¿Qué división puede hacerse del ser, habida cuenta de sus perfecciones? (Infinito, finito, necesario, contingente.)

2.METAFÍSICA ESPECIAL: En ella la razón se dedica al estudio especializado de cada uno delos PRIMEROS PRINCIPIOS.

La METAFÍSICA ESPECIAL comprende estas partes:

a)La COSMOLOGÍA, que trata de averiguar el origen, la naturaza,propiedades generales ydestino de la materia, y por ende, de los seres materiales. Asimismo, investiga los principios y las condiciones de la vida en general.

b) SICOLOGÍA RACIONAL, que estudia el origen, naturaleza,propiedades generales ydestino del alma humana, su distinción del cuerpo y su modo de unión con él.

c) TEODICEA o TEOLOGÍA RACIONAL, que trata de averiguar todos los conocimientosposibles que sobre la causa primera, o Dios, es capaz de alcanzar la razón humana con sus solas luces naturales.

“La Metafísica es la madre de todas las filosofías, religiones y ciencias, siéndole común a todas ellas porque se ocupa de tres áreas básicas de estudio: El Ser, Dios, y la Ciencia del Conocimiento.

La Metafísica existe desde que el ser humano piensa. Su término fue creado por Andrónico de Rodas en el siglo I, D.C. para ordenar bajo este titulo ciertos libros de Aristóteles que trataban sobre la ética, la belleza y demás temas intangibles.

Metafísica quiere decir: “Lo que va más allá de lo físico” y actualmente, lo que la estudian, lo que buscan por medio de ella, es el arte de SER FELIZ, comprenderse a si mismos y saber sobre las leyes que rigen la vida para no seguir siendo victima de la circunstancias.

La Metafísica no va en contra de ninguna religión, ama y respeta profundamente al cristianismo.

OBJETIVOS GENERALES DE LA ENSEÑANZA METAFÍSICA

1. Que el ser humano comprenda y ejercite que la mente es creadora y es la causa de todo lo que piensa siente y sucede.

2. Facilitar el desarrollo de la conciencia crística, que es el desenvolvimiento práctico y activo de las cualidades divinas.

3.Cultivar la practica continua de la redención de todos los electrones calificadosdestructivamente, sean estos personales o no, por medio de la Actividad Transmutadora de la Llama Violeta.

4.Concientizar que el mundo se activa por el cumplimiento de Siete Principios que conociéndolos y aplicándolos se puede eliminar el conflicto.

5. Activar las siete cualidades de los Siete Rayos reconociendo los centros de energía que trabajan con cada uno de ellos.

6. Observar todo alrededor y darse cuenta de la totalidad de la vida.

7. Dar a conocer a los demás, lo que uno ha aprendido.

No permanezca más en el mundo de la ignorancia, conoce la verdad

“LA VERDAD TE HARÁ LIBRE, REINA EN LA FELICIDAD”

Un Metafísico siempre se comporta en forma compresiva, tolerante, y no entra en discusión o polémica. No censura nada, ni se cree mejor. mas inteligente, mas sabio que otros. Y respeta el Libre Albedrío.”

Solo Dios es el que puede alterar el orden del libre albedrío del ser humano, en su santa y perfecta soberanía.

Notas

(1) Siguiendo a Wolff. En la Filosofía tradicional sólo hay dos partes: Metafísica General uOntología, y Metafísica Especial, que estudia los seres espirituales

Fuentes Bibliográficas:

¿Es Posible el Conocimiento de Dios? – aproximaciones y diferencias entre Santo Tomás y San Buenaventura

Gerald Cresta
Raimundus Lullus Institut, Freiburg i. Br.

1. El punto de partida

Siempre que se habla de conocimiento entran en juego la dupla “sujeto cognoscente-objeto conocido.” En el movimiento escolástico de mediados del Siglo XIII, hablar de conocimiento implicaba asimismo adentrarse en el complejo problema de las relaciones entre razón y fe, entre filosofía y teología. Tres fueron las posibles soluciones: o bien se tomaba a la fe como un valor absoluto y se pretendía, como los seguidores del movimiento fideísta del siglo XII, abjurar de la razón y de sus logros científicos; o bien, en el lado opuesto, se jerarquizaba el valor del conocimiento científico y se buscaba una independencia total en relación al conocimiento teológico dominante (dialécticos); o bien, en último término, se intentaba alcanzar una conciliación entre razón y fe desde la perspectiva que las considera no tanto como opuestas, sino como saberes que en realidad tienden a un mismo objeto de conocimiento -Dios y la obra creatural-, y que difieren sólo en cuanto a la perspectiva en que analizan al mismo.

Esta última postura se encuentra en la base del pensamiento tanto de Santo Tomás de Aquino como de San Buenaventura, los dos grandes maestros latinos del pensamiento escolástico medieval. En efecto, ambos consideran, en tanto teólogos, a la fe como punto de partida de sus especulaciones sobre la realidad del mundo, realidad a partir de la cual el intelecto tiene acceso al conocimiento analógico de las verdades trascendentes. El conocimiento de las realidades mundanas en su propia verdad esencial es siempre considerado en última instancia como un libro compuesto de signos que nos remiten a la verdad trascendente originaria, verdad fontal que posibilita y constituye en su ser al conjunto de verdades inmanentes. Se trata pues, de la presencia de un a priori teológico que condiciona el conjunto de las reflexiones científico-filosóficas en ambos autores, tal vez de forma más notoria en el franciscano que en el dominico.

El conocimiento de las Personas divinas, en cambio, es algo que trasciende por completo la capacidad natural de la inteligencia humana. Por eso encontramos en la Summa de Santo Tomás un orden lógico que comienza por el estudio del Dios-uno, donde concurren a manera de preámbulo la revelación y razón, para remontarse luego a la consideración del Dios-trino, ante el cual la razón enmudece. Aquí vemos que el camino de conocimiento comienza metodológicamente, como diría Aristóteles, con lo primero “para nosotros” y concluye con lo primero “en sí”. El punto de partida sería, por tanto, doble: por un lado, la fe constituiría el fundamento apriorístico; por otra,el conocimiento sensible de las realidades mundanas y su posterior ordenamiento jerárquico nos permitirían recorrer metodológicamente el camino de la analogía entre el ser de la creatura y el ser del Creador.

Pero hay todavía una distinción más: en este caso, el conocimiento de lo primero en sí no es un conocimiento estríctamente filosófico de unos determinados principios metafísicos, sino el acceso a un objeto que apela a la libre disponibilidad de nuestra creencia, aunque la misma contenga elementos que se presentan como contradictorios para la razón natural. Ahora bien, ¿es posible conciliar en nuestro intelecto esta presencia de un objeto de estudio que es creído con el mismo objeto que es a su vez sabido; esta dialéctica de revelación y ocultamiento que nos deja siempre en una zona insegura compuesta a la vez de luces y de sombras? ¿Quién es, o cómo es ese Dios que se nos ha ido mostrando y escondiendo en los acontecimientos históricos? Cuestiones tales como la formulada por Buenaventura en sus Quaestiones disputatae de mysterio trinitatis acerca de si pueden coexistir la unidad de naturaleza junto con la trinidad de personas, y otras similares en Santo Tomás, nos ubican frente a un tema en el que obligadamente confluyen y se entremezclan las síntesis propias de la razón y de la fe para dar cuenta de uno de los más inquietantes problemas presentados al hombre a lo largo de toda su historia intelectual y afectiva.

La inteligibilidad que han buscado Santo Tomás y San Buenaventura en este tema no es por eso exlusivamente la necesidad lógica que caracteriza a la ciencia aristotélica, sino la percepción de la conveniencia del misterio, esto es, la búsqueda de una armonía entre los datos obtenido por la revelación y el saber adquirido por la razón natural. Hay por lo tanto un cúmulo de verdades que, aún siendo aceptadas por la fe, pueden corresponder al terreno de las adquisiciones racionales. En virtud del principio de causalidad, por ejemplo, parece evidente que las perfecciones que se hallan en las creaturas han de realizarse con mayor plenitud en el Creador, que les ha dado el ser. De esta manera, a pesar del lenguaje deficiente y limitado del hombre, y de que Dios se encuentra más allá de toda categorización terrena, es posible conocer a Dios y hablar de El.

2. Verdad indubitable y verdad creíble

Este punto de partida originario constituído por la fe es el que mueve al entendimiento a examinar el objeto creído. Se parte de la fe porque se está frente a un objeto de conocimiento al cual no es posible acceder con los sentidos, y sobretodo porque se trata de un objeto trascendente que es dado históricamente por la fe a la razón natural para que ésta última lo examine. Este examen nos indica las modalidades en las que debe realizarse adecuadamente ese acercamiento intelectual-afectivo a Dios, esto es: nos señala, tanto en el doctor Angélico como en el Seráfico, las diferencias entre la consideración del Dios-uno y la del Dios-trino.

Una primera y fundamental distinción puede encontrarse en las dos cuestiones antepuestas por Buenaventura a modo de preámbulo a su tratado sobre el misterio de la Trinidad. Una discurre sobre la certeza con que la existencia de Dios es conocida; la otra, sobre la fe con la que es creída su Trinidad. Para probar la primera cuestión, el autor aduce tres vías argumentativas: en primer lugar, el hecho de que toda verdad inpresa en todas las mentes es verdad indubitable; en segundo lugar, la certeza que debe atribuirse a toda verdad que proclama la esencia de toda creatura; y en tercer lugar, la indubitabilidad propia de toda verdad que en sí misma es evidente.Estas vías o caminos argumentativos constan a su vez de una serie más o menos extensa de “razones”, tanto tomadas de la tradición de las autoridades (santos, teólogos) como de la razón natural en sí misma (filósofos), razones que no examinamos aquí debido a la brevedad del presente trabajo.Sí en cambio no puede obviarse el hecho significativo de que en la conclusión de esta primera quaestio Buenaventura dice que, a pesar de la extensa argumentación que la precede, es posible dudar de una verdad que posea en sí la razón de evidencia. En efecto, la indubitabilidad de las verdades consideradas puede comprometerse seriamente si se tiene en cuenta la posibilidad de error de parte del que conoce (ex parte cognoscentis), ya que puede darse un error en el entendimiento a causa de las deficiencias que atañen o bien al acto de aprehensión, o bien al de comparación o bien al de resolución.

Buenaventura adhiere aquí al conocido argumento ontológico anselmiano para dar cuenta de lo que ocurre en el entendimiento cuando no toma suficiente e íntegramente el significado del nombre de Dios. Así, en cuanto a la deficiencia en la aprehensión, la duda surgiría al tomar el nombre de Dios no en el sentido pleno y recto de su significado, sino en alguno de sus elementos (secundum aliquam sui conditionem), como cuando se adoran ídolos pensando que Dios puede todo lo que el hombre no puede, por lo tanto cualquiera que sea, en este sentido, superior al hombre, es Dios. En cuanto al acto de comparación, puede aparecer la duda cuando se lleva a cabo una comparación parcial, por ejemplo, cuando se comprueba que no hay una distribución equitativa de la justicia en el mundo, por lo que se infiere que no hay en el mundo un régimen, y por ello, que no hay en él un rector primero y soberano. Final-mente, el entendimiento puede caer en el error por deficiencia en el acto de resolución cuando sólo se detiene en las cosas evidentes a los sentidos y no se eleva reso-lutivamente “hasta la substancia incorpórea y los principios primeros de la realidad”.

Ahora bien, ¿por qué Buenaventura agrega a estas certezas por las cuales la existencia de Dios es sabida, la fe por la cual la misma es creída? ¿No es superflua la necesidad de la creencia cuando un objeto determinado ya es comprendido por el intelecto? La razón de esto es doble: por un lado, si existe como hemos visto la posibilidad de error ex parte cognoscentis, la fe aparecería entonces como garantía que se basa en la verdad suprema de la revelación y que oficia de apoyo allí donde la razón historizada, abandonada a la disminución de sus propias fuerzas después de la caída, no puede evitar la posibilidad de error.De otra parte, la fe refiere al conocimiento de Dios no en cuanto substancia incorpórea trascendente, sino en cuanto trinidad personal. Y aquí es justamente donde la razón natural ya no puede tener acceso, porque se trata de un misterio al cual se adhire por dogma de fe. En este mismo sentido, las cuestiones 2-26 del De Deo Uno, el primer punto de estudio de la Summa tomista, nada tienen que ver con una Teodicea, sino por el contrario, aún antes del tratamiento de las cuestiones en torno a la distinción de Personas en Dios -De Deo Trino-, ya la visión netamente trinitaria del aquinate presupone en todo momento a la fe y construye la estructura de este primer punto en base a ella, tal como ocurre en el tratado bonaventuriano que hemos mencionado. Prueba de ello es que no hay en Santo Tomás una intención de presentar dos tratados separados, como si hubiera dos objetos de estudios distintos, sino de contemplar el mismo y único objeto de estudio desde dos ángulos de visión diferentes.

Ya desde el comienzo del texto se justifica el estudio de la teología como el camino para que la salvación de los hombres pueda alcanzarse de forma convincente y segura, a pesar de que también afirma que la doctrina sagrada, aún siendo ciencia, lo es de un modo imperfecto precisamente porque depende de la fe, que no es un principio evidente.Es decir que estamos frente a un saber que se orienta en un sentido salvífico y que por consiguiente se ordena fundamentalmente hacia la práctica (1, q.1, a.4).     Por otra parte, todo el conjunto de argumentaciones que se estructuran hacia la mejor comprensión conceptual de los nombres divinos, como por ejemplo la bondad, la unidad o la verdad, sólo alcanzan su sentido último y su plena realización en la medida en que se adhiere a tales argumentos desde la perspectiva del prisma trinitario. La Trinidad es la clave de lectura para comprender la realización total del hombre. Por un lado, es relevante la afirmación de Tomás según la cual si bien es posible conocer la Bondad en Dios, esto es: Dios en tanto Bondad suma, partiendo del reconocimiento de los efectos que observamos en el orden creatural, sólo es posible la comprensión cabal de este concepto trascendental en tanto y en cuanto es asimilado o apropiado a una de las Personas trinitarias; y lo mismo ocurre en San Buenaventura.Asimismo, es fundamental el hecho de que en el conjunto del pensamiento tomista la Trinidad constituya, junto con la Encarnación, la columna vertebral sobre la que descansa el conjunto de la fe y en donde ésta encuentra su auténtico sentido redentor. Tan importante es la funcionalidad teológica de este concepto del Dios trino, en el sentido de la total autoridad que posee la doctrina revelada, que para Santo Tomás la sola pretensión de demostrar -en el sentido científico del término- esta verdad que trasciende el ámbito de las creaturas, implica ya un conato de irreverencia religiosa y un fomento del ateísmo.Hablar de conocimiento de Dios significa, por tanto, hablar de una suerte de conocimiento sapiencial, que no reniega de los avances del saber científico, pero que debido a la notoria jerarquía y complejidad de su objeto, se encuentra conformado por la conjunción de las fuerzas naturales de las potencias cognitivas humanas y de la ilumi-nación infusa que las ideas divinas -el Logos de Dios- procuran al intelecto, no ya tan solo reflexivo, sino además y fundamentalmente en permanente disponibilidad orante.

3. Existencia de Dios

Como hemos mencionado, San Buenaventura diferencia el conocimiento de la verdad en cuanto objeto de indagación, del conocimiento de la verdad en cuanto objeto creíble.Esta determinación de un objeto de estudio común a la filosofía y a la teología, i.e.: la verdad, le permite al Seráfico desarrollar un tema clave como lo es el de la verdad de la existencia de Dios, desde la idea de una unificación del saber. En este sentido, es verdadero metafísico aquel que por medio de la razón natural no se detiene en la existencia de los primeros principios inteligibles, sino que avanza un paso más hacia la contemplación de Dios en tanto origen absoluto (fontalis plenitudo) del ser de sí mismo y del ser de las cosas por Él creadas. Pero para realizar este salto tendrá necesidad de recurrir al auxilio de la revelación. Es decir que, en última instancia, se produce una sobreposición de la Escritura sobre el saber alcanzado por la razón natural, de manera tal que ésta debe subordinarse incondicionalmente a aquella a no ser que quiera perder la posibilidad de conocer la verdad en sentido pleno, resignándose a un conocimiento de la misma de manera parcial (semiplene).

Nuestro intelecto es, por naturaleza, contingente, limitado. ¿Cómo es posible que alcance el conocimiento de lo infinito? Buenaventura resuelve esta dificultad a través de una argumentación doble. En primer lugar, hay que diferenciar entre lo que es una distancia en cuanto a entidades reales y lo que significa una distancia en cuanto al ámbito del conocimiento. En el conocimiento existe entre Dios y la inteligencia una menor diferencia que entre los sentidos y la concepción espiritual de las cosas. Es decir que el intelecto se encuentra liberado de la determinación propia de los sentidos (potentia determinata), y es por eso una potencia en cierto modo infinita, lo cual acercaría más la distancia con la infinitud propia de su objeto.En segundo lugar, hay que diferenciar entre la existencia de un infinito secundum quid, constituido por partes extensas, y un infinito propio, el cual supone la absoluta simplicidad. Nuestro intelecto no puede comprender un infinito del primer orden; pero la infinitud de Dios es absoluta y de una simplicidad perfecta; precisamente por esta razón de simplicidad es que está todo en todas partes. Y nuestro conocimiento de este segundo tipo de infinito es factible porque en la medida en que el entendimiento lo ha concebido en un punto, lo ha hecho por completo.También aquí habría que hacer la salvedad, sin embargo, de que no se trata efectivamente de una comprensión del objeto al modo có-mo comprendemos un objeto que se aparece a nuestros sentidos, sino que más bien se trata de un rozar con la mente a Dios, de un conocer con evidencia que existe sin más.

Si bien están también presentes en Buenaventura el principio de causalidad y la contingencia de los seres como posible camino que nos conduce al conocimiento de Dios, no se esfuerza sin embargo en buscar, como lo hizo Tomás, pruebas dialécticas que nos llevan al conocimiento divino.Para él éste es evidente y no se necesita más que dar un vistazo a la creación o a cualquier creatura para que en la misma estructura de su ser se nos muestre la acción creadora y providencial de la divinidad.

La evidencia surge, primariamente, a partir de la presencia de Dios en el alma humana. Mientras que Santo Tomás entiende con estas palabras la facultad congénita para el conocimiento divino, y no el conocimiento mismo, para Buenaventura, en cambio, no necesitamos más que mirarnos a nosotros mismos y encontraremos un deseo profundo de sabiduría, que tiene su  meta en la sabiduría eterna; pero, como no se puede desear sino lo que se conoce, existe en nosotros algún conocimiento de esa sabiduría, es decir, debemos conocer su existencia, Dios. Lo mismo puede afirmarse acerca del deseo de felicidad.El alma está presente a sí misma y se conoce con conocimiento inmediato. Como la presencia de Dios en el alma lo es de modo eminente, también es conocido por ésta con conocimiento congénito.

4. Conocimiento de Dios en sí mismo

El intento especulativo tanto de Santo Tomás como de San Buenaventura tiende si no a demostrar científicamente, al menos a clarificar este misterio de la divinidad, y de esta manera a hacerlo más accesible al hombre que busca la comprensión del mismo. Así, Tomás elabora una primera parte de la Summa theologiae precisamente partiendo del tratamiento de la existencia de Dios y de si la misma puede ser probada (1, q. 2, a. 1-2), a lo cual le sigue la ya conocida presentación de las así llamadas “cinco vías” (a. 3). Pero cuando el hombre sabe de algo o de alguien que existe, se siente la lógica curiosidad de saber además en qué consiste su ser, es decir, qué esquién es. Por consiguiente, el problema planteado involucraría, a la vez que la cuestión acerca de la existencia de Dios, también aquella de la posibilidad o no de un saber acerca de la esencia del objeto de conocimiento.

En la quaestio 12 de la Summa, Tomás diferencia entre lo que significa “conocer”, por un lado, y “comprender”, por el otro. Las fuentes textuales de las autoridades aludidas en las objeciones primera y tercera, reconocen de hecho que Dios es incromprensible, ya sea debido a que no se trata de un objeto que pueda alcanzarse con alguna de nuestras facultades de conocimiento, o bien debido a que, en este sentido, el entendimiento humano sólo puede conocer aquello que existe, y por lo tanto se encuentra imposibilitado de comprender a Dios, que no es un existente más sino que está por encima de la existencia (Dionisio); o bien debido a que lo que se entiende por conocimiento se refiere a una “consideración y comprensión certísima del Padre, idéntica a la que el Padre tiene del Hijo”, y en este sentido también imposible para el hombre (San Crisóstomo).Por su parte, Tomás hace girar toda su respuesta a estas objeciones en torno al tema de la “visión beatífica”. Se trata de una cuestión netamente teológica, basada en la Palabra revelada. La fe dice que la felicidad del hombre se verá colmada en la visión de Dios, lo cual viene a ser el punto de arranque y la afirmación clave que se quiere razonar. Sólo en función de la visión beatífica dedicará los dos últimos artículos al conocimiento racional (a. 12) y al conocimiento de fe (a. 13) en el curso de la vida presente. Dice Tomás:

…algunos dijeron que ningún entendimiento creado puede ver la esencia divina. Pero esto no es aceptable. Pues, como quiera que la suprema felicidad del hombre consiste en la más sublime de sus operaciones, que es la intelectual, si el entendimiento creado no puede ver nunca la esencia divina, o nunca conseguirá la felicidad, o esta se encuentra en algo que no es Dios. Esto es contrario a la fe ” (Summ. theol., 1, q. 12, a. 1).

Esta visión divina, siendo como es sobre-natural y por tanto inasequible desde el plano humano, incluye sin embargo el deseo humano innato de conocer la verdad y gozarla en plenitud. También aquí en Tomáds vemos en juego un argumento de conveniencia propiamente dicho: el deseo natural de ver a Dios, deseo que brota espontáneamente de la intimidad más profunda del corazón humano y que, por lo mismo, ha de poder ser realizado, a no ser que la naturaleza se contradiga a sí misma. Nótese que no se habla de una exigencia debida al hombre, sino de una capacidad radical de ser elevado por Dios a realizar un acto que supera la posibilidad normalen este estado de vida, pero no la capacidad natural, es decir, la capacidad que se considera haciendo abstracción del estado actual de la vida del hombre. Se trata, en lenguaje moderno, de una apertura radical al infinito: si bien nuestro entendimiento, por el hecho de existir terrenalmente en un cuerpo limitado, sólo abarca la comprensión del ser en cuanto ser limitado, finito, posee sin embargo la capacidad natural de permanecer ontológicamente receptivo al ser sin más, al ser infinito. Por consiguiente, no es imposible ni va contra su naturaleza el que la omnipotencia divina pueda ejercer su acción sobre él y ensanchar su radio de visión.

En cuanto a la vida terrena, Tomás sigue la línea del conocimiento analógico de Dios a partir de las creaturas, esto es, por medio del empleo de la razón natural, el conocimiento va de los efectos a la causa. Podemos así conocer no sólo la relación causa-efecto entre Dios y su obra creatural, sino también las diferencias entre ésta última y Aquel, es decir, que Dios no es ninguna de la creaturas que produce, sino que por su infinita excelencia las sobrepasa a todas. Y en cuanto a la pregunta de si conocemos a Dios por la gracia de un modo superior al conocimiento que obtenemos de Él por medio de la razón natural, responde Tomás afirmativamente. Prueba de ello es que la revelación de la gracia perfecciona no sólo las imágenes de las cosas divinas recibidas en la imaginación de quien conoce -como es el caso de las visiones proféticas-, sino también la luz natural de nuestra inteligencia, por cuya virtud abstraemos de la imagen el concepto inteligible, luz natural que “se vigoriza con la infusión de la luz gratuita.”

Esta capacidad natural de la razón se verifica asimismo en la conclusión al artículo primero de la segunda cuestión del De misterio trinitatis bonaventuriano, en donde el autor afirma que “la unidad de Dios es una verdad no sólo creíble, sino también inteligible” (Deum esse unum est verum non tantum credibile, sed etiam intelligibile). Esta proposición, además de ser creída por medio del “testimonio de la Sagrada Escritura y por la ilustración de la gracia suministrada por la fe”, es evidente al intelecto en un sentido doble: en sí misma, y por el testimonio de las creaturas. En cuanto a lo primero, porque lo prueba “su singular sublimidad y su sublime singularidad”, además del hecho de que todas las condiciones que se le atribuyen, como la suma perfección, alteza de naturaleza, bondad, potencia suma, etc., “atestiguan la unidad de la suma esencia.” En cuanto a lo segundo, “porque toda creatura, así como posee su bondad natural, posee también la unidad.” Esta huella de Dios en cada uno de los seres creados atestiguaría por tanto que nada puede existir si no es uno, como ya lo habían enseñado anteriormente Boecio y San Agustín, y como lo señalan asimismo los sentidos y el entendimiento.

Ahora bien, ¿puede esta unidad de naturaleza en Dios coexistir con la trinidad de personas? Desde el análisis de la razón natural, parece incompatible afirmar a la vez la posibilidad conjunta de lo primero y lo segundo. Según Buenaventura, no solamente esto es posible sino que además se da entre ambos postulados una “admirable concordia y armonía” (miram concordiam et harmoniam). No produce contracción por el hecho de que una es la definición de naturaleza, y otra la de persona. En efecto, naturaleza significa la forma misma por la que una cosa es lo que es, mientras que la persona significa el supuesto individual e incomunicable.Dicho en otros términos, un hombre es hombre y no cisne precisamente porque su esencia o naturaleza es humana; y a vez, ese mismo hombre se diferencia de cualquier otro semejante suyo porque, aun teniendo en común la especie, es un individuode la misma; Juan y Pedro comparten una naturaleza o esencia común, pero se diferencian en cuanto a su individualidad. La primera puede comunicarse, como de hecho un padre comunica su naturaleza esencial al engendrar un hijo, que será por esto hombre y no cisne; la segunda es incomunicable, porque el hijo será un individuo diferente del padre. Por eso el Padre puede engendrar al Hijo y espirar al Espíritu Santo comunicándoles una misma esencia común, pero diferenciándose personalmente de cada uno de ellos. Una vez examinada la posibilidad del concimiento de Dios en cuanto a su unidad de esencia, y aceptada la coexistencia en Él de esta unidad con la trinidad personal, la pregunta nos lleva a plantearnos la posibilidad de su conocimiento en éste último sentido.

5. Conocimiento del Dios trinitario

La quaestio 32 de la Summa tomista -De divinarum personarum cognitione- es una cuestión paralela a la número 12, donde se preguntaba por la cognoscibilidad de Dios. Aceptando por fe que Dios es tripersonal se interroga sobre la posibilidad de que la razón natural o filosfófica pueda alcanzar la Trinidad (a. 1).

Santo Tomás afirma la imposibilidad el conocimiento de la trinidad de personas divinas por medio de la razón natural. En la medida en que la creatura sólo puede tener acceso al conocimiento de Dios en cuanto principio de todos los seres, en función de la relación de causa-efecto, este conocimiento sólo abarca lo realativo a la unidad de esencia en Dios, precisamente debido a que el poder creador de Dios es común a toda la Trinidad, pero no a la distinción de personas.

Si bien algunos filósofos parecen haber hablado de la Trinidad, Tomás aclara que estos conceptos se refieren sólo a algunos atributos esenciales que se apropian a las personas, como el poder al Padre, la sabiduría al Hijo y la bondad al Espíritu Santo. Por ejemplo, la referencia de los textos platónicos a la Idea como principio creacional, que sin embargo no se refiere al hecho de que esta Idea o Verbo fuera persona engendrada en Dios, sino al concepto ideal por el que Dios concibió todas las cosas, concepto que se apropia al Hijo.

Por otra parte, Tomás explica que hay dos maneras en que la razón interviene para dar cuenta de una cosa: de un modo, para probar suficientemente alguna verdad fundamental, como es el caso de las ciencias naturales; y de otro modo, se alegan razones tales que, supuesta la verdad radical, sólo muestran su congruencia con los efectos subsiguientes. Es así que de acuerdo al primer modo, dice Tomás, “pueden darse razones para probar que Dios es uno y otras verdades semejantes; pero si de lo que se trata es de manifestar el misterio de la Trinidad, entonces las razones “pertenecen al segundo modo, es decir que, supuesta la Trinidad, son congruentes, pero no tales que por ellas se demuestre la Trinidad de personas.”

Con todo, el hecho de que no podamos demostrar con la razón natural la posibilidad de la Trinidad, no significa de plano que quede demostrada su imposibilidad, ya que tampoco esto es factible con las fuerzas de la razón natural. Lo primero es imposible porque, como hemos visto,  se requiere para ello el conocimiento de la esencia divina tal como ella es en sí, lo cual no puede darse sin la visión beatífica. Y lo segundo, porque sin conocer previamente esta conveniencia intrínseca tampoco podemos llegar al conocimiento perfecto de su imposibilidad. Tanto una cosa como la otra son ambas consecuencia necesaria de la absoluta trascendencia de la esencia divina y del misterio de la Trinidad. Para Buenaventura existen tres testimonios que le son suficientes al hombre para aceptar el dogma trinitario como verdad congruente y digna de ser creída: el libro de las creaturas, el de la Escritura y el de la vida. En el nivel que se mueve el pensamiento bonaventuriano -más contemplativo que anlítico-, las pruebas que aduce para hallar congruencias racionales al misterio trinitario son objetivas y reales, pero siempre el fundamento de ellas no es la razón en sí misma, sino una verdad supra rationem.

La idea central de toda la doctrina trinitaria bonaventuriana es la de la  primitas del Padre. A través de esta concepción que se remonta a al pensamiento neoplatónico-griego del Pseudo Dionisio e influye también en la doctrina de Ricardo de San Víctor, Buenaventura logra un desarrollo de la doctrina trinitaria que se presenta al lector como unitario e intelectualmente satisfactorio.

Toda creatura o es vestigio de Dios (vestigium Dei), o es imagen de Dios (imago Dei). El primer caso está representado por toda creatura corpórea; el segundo, por la creatura inteligente. Ambas dan testimonio de la Trinidad creadora precisamente porque todo ser creado posee en sí unidad, verdad y bondad -o bien, en términos que nos remiten a San Agustín: medida, número y peso-, lo cual corresponde por apropiación a la trinidad de Personas divinas. La creatura racional refleja de propinquo a la Trinidad, debido a que la imagen es semejanza expresa. La creatura racional tiene memoria, inteligencia y voluntad, o mente, noticia y amor. Mente como generante, noticia como generado y amor como nexo o lazo de unión entre el generante y el generado. Estas facultades, aunque diversas entre sí, radican en la misma esencia, son consubstanciales e inseparables, lo cual es testimonio expreso de la Trinidad.Este conjunto de vestigios que conforman el libro de la anturaleza, claro y abierto antes del pecado original, quedó oscurecido después de la caída, y de ahí la necesidad del libro de las Escrituras. Esta idea bonaventuriana de ver en las creaturas la imagen del Dios trino y uno, es el núcleo central de toda su doctrina. El mundo es para el doctor franciscano un sistema de símbolos que producen en el hombre pensamientos del Dios uno y trino.

Llamado también libro de la vida, el conjunto de la obra creatural mundana representa una luz (lux) proveniente de Dios que ilumina al entendimiento de dos maneras: por una parte, a los que no creen en el mensaje de los Evangelios, los ilumina a través de una luz innata (lumen inditum), por la cual la razón natural dicta “que acerca del primer principio se ha de pensar altísima y piadosísimamente: altísimamente, porque de nadie procede; piadosísimamente, porque todas las demás cosas proceden de él.”De hecho, puede afirmarse sin más, que en este punto están de acuerdo los cristianos, los judíos, los sarracenos y también los herejes, como el mismo Buenaventura expresa. Pero, por otra parte, a los creyentes los ilumina por la luz infusa (lumen infusum), que agregándose a la primera actualiza la potencia del hábito de la fe presente en todo hombre y por este intermedio le posibilita al mismo el acceso a los “argumentos para creer que Dios es trino, y por consiguiente, para creer todas las verdades que pertenecen al culto de la religión cristiana.”Las luces de las ciencias que asisten a las potencias del alma en la especulación de su principio mediante un movimiento descendente de la ley eterna a nuestra mente,se corresponde y complementa así en la forma de un movimiento ascendente que va de las ciencias a la teología y de la teología a las Escrituras.

Según los argumentos precedentes, sería vano un intento de conocimiento de Dios como si se tratara de un objeto del mundo natural, es decir, la ciencia filosófica no podría acceder a este objeto desde la sola perspectiva de la razón natural. Por eso es necesario tener en cuenta los datos de la revelación y trabajar a partir de ella, como hemos visto hasta aquí. Con todo, resulta sintomático el hecho de que tanto Tomás como Buenaventura adhieran firmemente a la concepción de la filosofía y de la teología especulativa como saberes que no representan caminos decisivos en el acceso del hombre a Dios. En efecto, más allá de ellas se encuentra la experiencia de Dios, esto es, el conocimiento “por connaturalidad.” Aquí entraría en juego, por tanto, la conjunción de los actos de conocimiento propiamente dichos y el amor, puestos ambos bajo el influjo de una donación gratuita proveniente del Padre y dirigida al hombre que se encuentra en disponibilidad creyente.



De myst. trin., q. 1, a. 1 (V, 45a): “Quaeritur ergo primo, utrum Deum esse sit verum indubitabile? Et quod sic, ostenditur triplici via. Prima est ista: omne verum omnibus mentibus impressum est verum indubitabile. Secunda est ista: omne verum, quod omnis creatura proclamat, est verum indubitabile. Tertia est ista: omne verum in se ipso certissimum et evidentisimum est verum indubitabile.”

Remitimos para ello, como así para la confrontación de las objeciones y de las soluciones a las mismas, al propio texto de Buenaventura: ibidem, q. 1, a. 1 passim (V, 45-48)

De myst. trin., q. 1, a. 1, concl. (V, 49b): “Si autem dicatur indubitabile secundo modo, secundum quod privat dubitationem, quae est per rationis defectum; sic concedi potest, quod propter defectum hominum dubitari ab aliquo potest, an Deus sit, et hoc secundum triplicem defectum intellectus cognoscentis: vel quantum ad actumapprehendendi, vel quantum ad actum conferendi, vel quantum ad actum resolvendi.”

ibidem., q. 1, a. 1, concl.: “Quantum ad actum apprehendi incidit dubitatio, quando non recte et plene accipitur significatum huius nominis Deus, sed solum secundum aliquam sui conditionem [...] Quantum ad actumconferendi dubitatio incidit, quando ex parte fit collatio, utpote cum insipiens videt, non manifestam fieri iustitiam de impio; infert ex hoc, quod non est regimen in universo, ac per hoc, quod in ipso non sit rector primus et summus, qui est Deus excelsus et gloriosus. Similiter quantum ad defectum in actu resolvendi incidit dubitatio, quando intellectus carnalis nescit resolvere nisi usque ad ea quae patent sensibus, sicut sunt ista corporalia; ex qua ratione putaverunt aliqui, solem istum visibilem, qui obtinet principatum inter creaturas corporales, esse Deum, quia nescierunt resolvere usque ad substantiam incorpoream nec usque ad rerum prima principia.”

Cfr. De donis S.S., IV, 12 (V, 476a): “Esto, quod homo habeat scientiam naturalem et metaphysicam, quae se extendit ad substantiam summas, et ibi deveniat homo, ut ibi quiescat; hoc est impossibile, quin cadat in errorem, nisi sit adiutus lumine fidei, scilicet ut credat homo Deum trinum et unum [...] Philosophica scientia via est ad alias scientias; sed qui ibi vult stare cadit in tenebras.” Esta sería la crítica que Buenaventura, siguiendo la tesis del credo ut intelligam, hace a lo que actualmente llamamos la autonomía del filosofar. La postura del Seráfico alcanza mayor vigor precisamente en función de su intención de fondo, que siempre fue la búsqueda de la unidad del saber cristiano, y de los acontecimientos del siglo, especialmente después de 1265, cuando se hizo más agresiva la polémica contra el averroísmo latino y sus tendencias radicales en separar la filosofía de la teología. En este sentido, la imagen de la “razón prostituida”, que fue tan célebre posteriormente, se encuentra ya en Buenaventura cuando llama “prostituida” a la filosofía que se independiza y se sustrae de la sabiduría cristiana. Cfr. In Hexaëm.,II, 7; A. Dempf, Metaphysik des Mittelalters, en Handbuch der Philosophie, München-Berlin 1930, p. 112; J. Ratzinger, La theologie de l’histoire de Saint Bonaventure, Paris, 1988, pp. 173-179.

Hemos tomado como texto primario sólo a estos tratados de la Summa theologiae, debido a que el conjunto de la obra se escribe alrededor de los años 1266-67 e integra mucho de lo escrito en otras obras, representando no una mera repetición sino una profunda reelaboración del propio pensamiento, como una síntesis en la que el autor se supera a sí mismo.

Summa theologiae, 1, q. 1, a. 1: “…quod necessarium fuit ad humanam salutem, esse doctrinam quandam secundum revelationem divinam, praeter philosophicas disciplinas, quae ratione humana investigantur. Primo quidem, quia homo ordinatur ad Deum sicut ad quendam finem qui comprehensionem rationis excedit [...] Finem autem oportet esse praecognitum hominibus, qui suas intentiones et actiones debent ordinare in finem. Unde necessarium fuit homini ad salutem, quod ei nota fierent quaedam per revelationem divinam, quae rationem humanam excedunt.” Ibidem, 1. q. 1, a. 2: “…principia cuiuslibet scientiae vel sunt nota per se, vel reducuntur ad notitiam superioris scientiae. Et talia sunt principia sacrae doctrinae [...] sicut musica credit principia tradita sibi ab arithmetico, ita doctrina sacra credit principia revelata sibi a Deo.”

Cfr. Brev., VI, passim.

Summa theologiae, 2-2, q. 2, a. 9 ad 3: “… ille qui credit habet sufficiens inductivum ad credendum: inducitur enim auctoritate divinae doctrinae miraculis confirmatae, et, quod plus est, interiori instinctu Dei invitantis. Unde non leviter credit. Tamen non habet sufficiens inductivum ad sciendum. Et ideo non tollitur ratio meriti.” Ibid., 2-2, q. 2, a. 8: “… mysterium Christi explicite credit non potest sine fide Trinitatis [...] summa bonitas Dei secundum modum quo nunc intelligitur per effectus, potest inetelligi absque trinitate Personarum. Sed secundum quod intelligitur in seipso, prout videtur a beatis, non potest intelligi sine trinitate Personarum. Et iterum ipsa missio Personarum divinarum perducit nos in beatitudinem.” Ibid., 1, q. 32, a. 1: “Qui autem probare nititur Trinitatem Personarum naturali ratione, fidei dupliciter derogat. Primo quidem, quantum ad dignitatem ipsius fidei, que est ut sit de rebus invisibilibus, quae rationem humanam excedunt [...] Secundo, quantum ad utilitatem trahendi alios ad fidem. Cum enim aliquis ad probandam fidem inducit rationes quae non sunt cogentes, cedit in irrisionem infidelium: credunt enim quod huiusmodi rationibus innitamur, et propter eas credamus.”

De Donis S.S., IV, 5: “Scientia philosophica nihil aliud est quam veritatis ut scrutabilis notitia certa. Scientia theologica est veritatis ut credibilis notitia pia.”

I Sent., d. 3, a. 1, q. 1 ad 2: “… distantia secundum rationem entis, et secundum rationem cognoscibilis. Primo modo est maior distantia; secundo modo non, quia utrumque est intelligibile, scilicet Deus et anima. Non sic est de intellectu et sensu; quia sensus est potentia determinata, sed intellectus non.”

I Sent., ad 3: “Et ideo non sequitur, quod si cognoscitur totus, quod comprehendatur, quia intellectus eius totalitem non includit, sicut nec creatura inmensitatem.”

Cfr. I Sent., d. 2, q. 3 in corp.

Cfr. In Hexaëm., coll. 5, 30-32.

De myst. trin., q. 1, a. 1, fund. 6-9.

De myst. trin., q. 1, a. 1, fund. 10: “… inserta est animae rationali notitia sui, eo quod anima sibi praesens est et se ipsa cognoscibilis; sed Deus praesentissimus est ipsi animae et se ipso cognoscibilis: ergo inserta est ipsi animae notitia Dei sui [...] His igitur rationibus ostenditur, quod Deum esse sit menti humanae indubitabile; tanquam sibi naturaliter insertum; nullus enim dubitat nisi de eo, de quo non habet certam notitiam.”

ibid., 1, q. 12, a. 1: “Unde praemittit Dionysius inmediate ante verba proposita, dicens: Omnibus ipse est universaliter incomprehensibilis, et nec sensus est, et caetera. Et Chrysostomus parum post verba praedicta subdit: Visionem hic dicit certissimam Patris considerationem et comprehensionem, tantam quantam Pater habet de Filio[...] Ad tertium dicendum quod Deus non sic dicitur non exsistens, quasi nullo modo sit existens: sed quia est supra omne existens, inquantum est suum esse. Unde ex hoc non sequitur quod nullo modo possit cognosci, sed quod omnem cognitionem excedat: quod est ipsum non comprehendi.”

Sum. theol., 1, q. 12, a. 13 in corp.: “Et quantum ad utrumque, invatur humana cognitio per revelationem gratiae. Nam et lumen naturae intellectus confortatur per infusionem luminis gratuiti. Et interdum etiam phantasmata mentia res divinas, quam ea quae naturaliter a sensibilibus accipimus; sicut apparet in visionibus prophetalibus.”

De myst. trin., q. 2, a. 2: “Sciendum igitur, quod, ut dicit Boethius De duabus naturis et una persona, quod “natura est unamquamque rem informans specifica differentia”; “persona vero est rationalis naturae individua substantia” sive, ut dicit Richardus, “incomunicabilis existentia”. Haec est ergo differentia: quod natura dicit ipsam formam, qua unumquodque est id quod est; persona vero dicit suppositum individuum sive incommunicabile.”

Summa theologiae, 1, q. 32, a. 1: “Virtus autem creativa Dei est communis toti Trinitati: unde pertinet ad unitatem essentiae, non ad distinctionem Personarum. Per rationem igitur naturalem cognosci possunt de Deo ea quae pertinent ad unitatem essentiae, non autem ea quae pertinent ad distinctionem Personarum.”

Summa theologiae, 1, q. 32, a. 1, ad 1: “… sed secundum quod per verbum intelligitur ratio idealis, per quam Deus omnia condidit, quae Filio appropriatur.”

Summa theologiae, 1, q. 32, a. 1, ad. 2: “Primo ergo modo potest induci ratio ad probandum Deum esse unum, et similia. Sed secundo modo se habet ratio quae inducitur ad manifestationem Trinitatis: quia scilicet, Trinitate posita, congruunt huiusmodi rationes; non tamen ita quod per has rationes sufficienter probetur Trinitas Personarum.”

I Sent., d. 3, a. 1, q. 4: “Nullo modo Trinitas personarum est cognoscibilis per creaturam rationabiliter ascendendo a creatura ad Deum.” Una vez  expuestos los argumentos por los cuales la existencia de Dios es una verdad indubitable (De myst. trin., q. 1, a. 1), Buenaventura pasa a considerar si la trinidad en Dios es una verdad creíble, entendiendo por creíble aquello “que conviene y debe creerse” (ibid. a. 2).

I Sent., d. 3, p. 2, a. 1 y 2; De myst. Trin., q. 1, a. 2; Cfr. San Agustín, De Trinitate, IX.

In Hexaëm., coll. 18, 25: “Omnis enim creaturae effantur Deum. Quid ego faciam? Cantabo cum omnibus. Grossa chorda in cithara per se non bene sonat, sed cum aliis consonantia.”

De myst. trin., q. 1, a. 2, in corp.: “Per lumen enim naturaliter homini a Deo inditum et signatum tanquam lumen divini vultus unicuique dictat ratio propria, quod de primo principio sentiendum est altissime et piissime: altissime, quia a nullo; piissime, quia cetera ab ipso.”

ibid.: “Quod autem Deus possit et velit sibi producere aequalem et consubstantialem, ut aeternalem habeat dilectum et condilectum; et quod hoc quidem de ipso Deo sentire sit sentire altissime et piissime -quia, si sentitur, quod hoc non possit, non sentitur de Deo altissime-, quia, si sentitur, quod possit et non velit, non sentitur de Deo piissime-, quod, inquam, ita sit et ita sentiatur, hoc non dictat lumen inditum per se, sed lumen infusum, ex quo cum lumine indito colligitur, quod de Deo sentiendum est, quod generet et spiret sibi coaequalem et consubstantialem, ut sentiatur de Deo altissime et piissime; et hoc de Deo sentire est Deum maxime honorificare, venerari et colere. Et ex hoc apparet, quomodo fides Trinitatis et fundamentum et radix est divini cultus et totius christianae religionis.”

Itin., III, 7: “Omnes autem hae scientiae habent regulas certas et infalibiles tanquam lumina et radios descendentes a lege aeterna in mentem nostra. Et ideo mens nostra tantis splendoribus irradiata et superfusa, nisi sit sit caeca, manuduci potest per semetipsam ad contemplandam illam lucem aeternam.”  Las características bonaventurianas de la divisio en el opúsculo De reductione artium ad theologiam. De la luz fontal parte la divisio para alcanzar a todas las ciencias y a todas las artes, otorgando de este modo a la inteligencia y a la técnica humana su nobleza, a tal punto que en este doble movimiento de descenso-ascenso radica la circularidad del saber. Cfr. H. Allard, La technic de la “reductio” chez Bonaventure, en S. Bonaventura 1274-1974 II (Grottaferrata, 1973), p. 400 ss.

Cfr. Summ. theol., 1, q. 43, a. 5 ad 2.

Fuente: http://www.hottopos.com/rih4/gerald.htm

Argumentos de la existencia de Dios III

Autor: Paulo Arieu

III— El argumento de la causa final[0]

Este argumento fue traído por Anaxágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles.

«El argumento teológico dice que desde que el universo despliega tal maravilloso diseño, debe haber habido un diseñador Divino. Por ejemplo, aún si la tierra estuviera unos pocos cientos de millas más cerca o más lejos del sol, no sería capaz de mantener mucha de la vida que en la actualidad lo hace. Si los elementos en nuestra atmósfera fueran diferentes aún en un pequeño porcentaje, cada cosa viviente sobre la tierra moriría. Las probabilidades de una simple molécula de proteína formada por casualidad es 1 en 10 elevado a la potencia 243 (es decir, 10 seguido de 243 ceros). Una simple célula consta de millones de moléculas de proteína.»[1]

«La creación, incluyendo al hombre, demuestra orden, arreglo y propósito; por lo tanto, debe haber un Diseñador inteligente. El aire es tal que el hombre puede respirar y vivir. El agua es tal que el hombre puede bebería y apagar su sed. Las estaciones indican orden (Gen. 8:20-22). Cada copo de nieve es un intricado diseño, con un núcleo y seis lados, lo cual evidencia un arreglo inteligente que fue la base para la pregunta de Dios a Job 38:22[2]

1.Existe un orden admirable en el mundo.    Esta conclusión a que llegaron  los filósofos de la antigüedad, con sus atentas, pero no muy completas observaciones de la naturaleza, ha sido confirmada ampliamente por las modernas conquistas de las Ciencias. Tanto más se comprueba la presencia de un orden sencillamente asombroso en todo el universo —ya sea en su inmenso conjunto, ya sea en sus más diminutos elementos—, cuanto más avanza la ciencia en sus meticulosas investigaciones. Basta recordar las revelaciones de la Astronomía, y los descubrimientos sorprendentes de la constitución de los átomos.

2.Ahora bien; este orden admirable no puede existir sino por obra de una causa inteligente.

En efecto, todo orden resulta de un fin conocido y perseguido como tal con una adecuada adaptación de los medios, que asegura la consecución de ese fin.

Sólo un ser inteligente puede tener conocimiento de un fin, como tal, y disponer adecuadamente los medios para su segura consecución.

Por lo tanto, el orden admirable que reina en el universo es fruto de una causa inteligente.

3. ¿Posee el universo inteligencia con que ordenar y guiar toda su actividad, en la cual resplandece tan maravilloso orden?

En rigor, no es imposible que el universo tenga inteligencia. El hombre es un ejemplo de inteligencia unida sustancialmente a la materia.

Pero nuestros conocimientos del universo, resultado de siglos de con convencen de que el universo tenga inteligencia.a) SPINOZA pensó que Dios es la sustancia universal, inmóvil y acabada del universo; y el mundo que nosotros conocernos, es la suma de los accidentes o modos de esta sustancia única. Esta teoría explica el orden del universo por la presencia de Dios en él; y Dios, por cierto, es inteligente. Spinoza explica el orden del mundo por la existencia de Dios y su presencia sustancial en el universo. Es teísta, pero panteísta. Todo existe en Dios.

b) PLOTINO pensó que el mundo es una emanación de Dios;es un efluvio de su esencia. Dios y el mundo no difieren esencialmente; son  esencialmente idénticos. El mundo no ha sido establecido por la voluntad de Dios; surge de la esencia divina.Se trata de otra opinión panteísta, pero teísta al final.

c) HEGEL y SCHELER son también panteístas. Enseñan un panteísmo evolucionista. Dios, para ellos, no es un ser infinito,perfecto, sino finito e imperfecto; pero en continuo devenir o evolución hacia la más acabada perfección. La evolución de la Divinidad se realiza en el mundo. Éstos reconocen también la presencia de la inteligencia divina en el universo, y ésta rige su incesante actividad hacia la perfección.Explican el orden del universo por la presencia inteligente de Dios en el.

d) Otros filósofos, en fin —Krause, Eucken, Paulsen, Wundt—, consideran al mundo como existente en Dios. Enseñan el panenteísmo.

El ser de Dios no se agota en el ser del mundo: lo sobrepuja inmensamente, tal que El tiene su propio ser frente al mundo.El ser de Dios abarca el ser del mundo; pero es mucho más inmenso que éste. El mundo es una parte dentro del infinito ser divino.Es un panteísmo que se esfuerza por sostener, no obstante,que Dios es persona distinta del mundo.

e} Pero la mayoría de los filósofos niegan que el universo tenga inteligencia. No hallan razones suficientes para atribuirle esa perfección.

f) La mayoría de los filósofos estiman que la causa inteligente del  orden  admirable  que reina  en el mundo  debe ser un ser distinto y superior al universo.

4. En rigor, de este argumento no se  puede deducir que la causa inteligente del orden que hay en el universo sea infinita. Sólo se de existencia de un ser superior al mundo y anterior a él.

Pero, aplicando la prueba primera de la existencia y del ser necesario, se llega a la conclución de que la causa inteligente del orden del universo es el ser necesario, infinito, único, que llamamos DIOS.

Francsico La Cueva comenta que:

«Este argumento (teleológico), llamado así porque se basa en la causalidad final («telos» en griego), procede así: El Universo presenta un orden y una exquisita adaptación progresiva de los sujetos a los objetos, de los órganos a sus funciones, de los medios para los fines. Esto supone la existencia de una inteligencia, anterior y superior al mundo, que haya programado dicho orden; de lo contrario, todo lo existen te sería un absurdo producto del azar.

Sin embargo, para un científico no creyente, este argumento carece de fuerza convincente, porque:

1.° todo el proceso evolutivo se podría explicar mediante una dialéctica de mutua adaptación entre el ser y su medio (también es cierto que «la función crea el órgano»), en determinadas circunstancias que han permitido el salto de lo inorgánico a lo orgánico, de la ma teria a la vida, de la «biosfera» a la «noósfera», etcétera;

2.°dicha finalidad a escala cósmica podría explicarse con la existencia de una causa inmanente como «alma» del mundo, sin identificación posible con el Dios verdadero. »[3]

Notas

0.Patricio Hopkins,Filosofía ,pag. 286-287,ediciones Almagro,Bs.As, Argentina , 1975

1. http://www.gotquestions.org/Espanol/Existe-Dios.html

2.A.H.Yetter, Principales doctrinas bíblicas vol. 1 Cursos por correspondencia,p. 20-21, Publicación la Biblia dice, Quito, Ecuador

3.Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, p.33-34,Curso de Formación Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

ARGUMENTOS DE LA EXISTENCIA DE DIOS II

II. — El argumento del primer motor[1]
Fue elaborado por aristóteles, y perfeccionado por Santo Tomás de Aquino. En realidad, es otro modo de exponer el argumento anterior.

1. Es un hecho evidente que todos los seres de este mundo se mueven; vale decir, cambian, pasan de continuo del estado de potencia al de acto.

Los seres pueden moverse, pueden cambiar:

a) Por pasaje del estado de potencia subjetiva, activa, a la realización de la acción.

Ejemplo: Estoy en potencia subjetiva, activa, para aprender los argumentos de la existencia de Dios. Si me pongo a estudiarlos, pasaré del estado de potencia de conocerlos al acto de conocerlos. Se producirá un movimiento en mí.

b) Por pasaje del estado de potencia objetiva a la existencia.

La potencia objetiva es la capacidad o no – repugnancia de un ente posible para existir.

Ejemplo: Hace cien años, yo era solamente un ente posible. Estaba en potencia objetiva para existir. Actualmente, existo. El pasaje de ente posible a ser existente fue un movimiento.

c) Por pasaje del estado de potencia subjetiva, pasiva, al acto.

La potencia subjetiva, pasiva, es la capacidad o aptitud de una cosa existente de recibir alguna forma o perfección.

Ejemplos: El bloque de mármol tiene potencia subjetiva, pasiva, de ser convertido en estatua de San Martín. Al recibir la forma de este procer, se produce en él un movimiento.

Un niño ciego de nacimiento por algún defecto fisiológico, que un experto cirujano puede remediar, tiene potencia subjetiva, pasiva, para adquirir uso de la vista.

2. Todos los seres de este mundo pasaron del estado de mera potencia de entes posibles, al estado de existencia. Es más: pasan a menudo del estado de potencia subjetiva, pasiva, al apto de la perfección a que se refiere dicha potencia. Los seres vivos pasan de continuo del estado de potencia subjetiva, activa, a la realización de la acción correspondiente, por la cual se mueven al estado de acto con respecto a la perfección que adquieren por dicha acción.

Eso quiere decir que todos los seres de este mundo se mueven, en el sentido que hemos explicado.

3. Si se mueven, es porque son movidos por otros seres, que llamamos motores.

Es muy probable que estos motores sean, a su vez, movidos por otros seres motores, anteriores a ellos; y así, por una serie muy larga de éstos, cada uno de los cuales recibe movimiento de un ser anterior, ya en acto, y va la vez imprime un movimiento en un ser posterior, que estaba en potencia para recibir ese movimiento.

4. Si continuáramos indefinidamente la averiguación de los sucesivos motores de una serie de movimientos eslabonados, tendríamos que llegar forzosamente, en última instancia, a un MOTOR INMÓVIL, que no experimenta jamás en sí movimiento alguno, en el sentido de que
hablamos; pero que es origen de todos los movimientos, que se dan en los demás seres del universo.

5. Este Ser, motor inmóvil, acto puro, sin mezcla alguna de potencia, motor primero de todos los movimientos, que se dan en los demás seres, es DIOS.

6. Luego, DIOS EXISTE.

Dice Francisco La Cueva:
«A posteriori, es decir, a través del mundo que vemos, creado por Dios. Así lo propone Tomás de Aquino en su vía central (de la «contingencia»): Todo lo que vemos es contingente (es decir, no tiene en sí mismo la razón de su existencia; de lo contrario, no podría dejar de existir). Por tanto, resulta necesaria, en última instancia, la existencia de un ser que tenga en sí mismo la razón de su existir y que pueda sacar a la existencia a todos los demás seres que no existen por sí mismos. A este ser necesario llamamos Dios.

A este argumento el científico objetará:

1.° que lo contingente o relativo, que surge y desaparece, no es la masa atómica o la energía constante del Universo, sino las distintas firmas que una diversa composición molecular ofrece a maestra percepción;
2.° como ya advirtió Kant, que tal argumento demostraría, a lo más, la existencia de un ser supramundano, como arquitecto del Universo, pero no precisamente la del Dios que admitimos los cristianos.»[2]

Notas

[1] Patricio Hopkins,Filosofía ,pag. 284-285,ediciones Almagro,Bs.As, Argentina , 1975

[2] Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, p.33-34,Curso de Formación Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

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Autor:Paulo Arieu

I. — El argumento de la existencia y el Ser necesario

Se trata de un argumento muy célebre, que en el curso de los siglos ha suscitado muchas discusiones. Algunos filósofos —en general, los escolásticos— lo hallan deficiente. Otros, como Descartes y Leibnitz, le reconocieron fuerza persuasiva.

¿Cuál es el argumento más fuerte que nos induce a admitir la existencia de Dios?… Es el argumento llamado de la existencia y el Ser necesario

«La forma más popular del argumento ontológico, usa básicamente el concepto de Dios para probar Su existencia. Este comienza con la definición de Dios como “Ese del cual no puede ser concebido uno más grande”. Entonces se sostiene que existir es mayor que no existir, y por tanto el mayor ser concebible debe existir. Si Dios no existió, entonces Dios no sería el mayor ser concebible – pero eso iría a contradecir la definición misma de Dios.»[0]

Helo aquí:.[1]

«1. Existen seres en este mundo.
a) Tal es la convicción de la inmensa mayoría de los hombres y de los filósofos, que son realistas; vale decir, admiten la existencia de realidades objetivas, fuera de nuestra mente, e independientes de ella.
b) Aun los idealistas, que niegan la existencia del mundo exterior, deben admitir, al menos, la existencia del “yo” de cada uno.
Es, pues, irrefutable que existe un ser, al menos: “yo”, que pienso.

2. Ahora bien; este ser que existe, o es necesario o es contingente.
a) Se llama SER NECESARIO el que de tal manera existe, que no puede no existir. La existencia pertenece a su esencia. No sería lo que es, si no existiera. Tiene en su esencia la plena razón de su existencia. Existe por sí. No depende de ningún ser para existir.

b) SER CONTINGENTE: Es todo ser que existe, pero puede muy bien no existir. La existencia no pertenece a su esencia. Por lo tanto, no tiene en su esencia la plena razón de su existencia. La razón de su existencia es la operación productiva de otro ser, causa eficiente de su existencia. Existe, pues, por obra de otro ser.

3. No hace falta mucha reflexión para reconocer que el “yo”, mi ser, no es necesario. Es contingente. No existió siempre. Debe su existencia a la actividad de otros seres.

La experiencia nos prueba la contingencia de muchos otros seres también, por no decir todos los que conocemos en el universo.

4.La existencia de un ser contingente exige la de otro ser, a cuya operación productiva debe su existencia el primero.

5. Este otro ser, a que debe su existencia, puede ser contingente también. Pero todos los seres existentes no pueden ser contingentes.
No pueden haber recibido todos la existencia de otro contingente.Si admitiéramos que todos los seres son contingentes, tendríamos que aceptar forzosamente que el primero de ellos —se entiende, en el tiempo—debería su existencia a la obra del no – ser. Sería producto del no – ser.

6. Ahora bien; atribuir al no – ser la causalidad eficiente de todos los seres contingentes, implicaría una gran contradicción. El no – ser no puede ser causa eficiente de ninguna existencia. La primera condición para obrar, es existir.

7. ¿De dónde provino esta contradicción?… De suponer que todos los seres son contingentes. Luego, debe existir, al menos, un ser necesario.

8. Este Ser necesario es Dios.»

Así lo propuso Anselmo de Canterbury:

SAN ANSELMO (1033-1109) comenta las palabras de la Sagrada Escritura: “Dijo,el necio para sí: No hay Dios; y se propone demostrar que es una verdadera necedad negar la existencia de Dios.

«Dios es el ser más perfecto que se puede concebir; luego tiene que existir;   de lo contrario, podríamos concebir algo mayor que El, es decir, algo existente. Prescindiendo del contexto en que Anselmo sitúa este razonamiento,[2] la falacia es evidente al comprobar que Anselmo da un salto indebido del orden lógico de las ideas (lo que podemos concebir) al óntico de los seres (lo que existe). En una palabra, respondemos: Si Dios existe (es lo que se pretende probar), ha de ser el más perfecto posible de los seres;pero el hecho de que lo concibamos así no le confiere, sin más, el hecho de existir.»

DESCARTES propuso el mismo argumento sustancialmente en esta forma:

«Lo que está contenido clara y distintamente en un concepto, es verdadero.Nuestro concepto de Dios es de un ser perfectísimo, que posee todas las perfecciones en grado sumo. Ahora bien; la existencia es ciertamente una perfección; y por eso, debe hallarse en Dios.

Luego, DIOS EXISTE.

Aclara su argumento de esta manera:

El ser contingente es por definición el que puede ser o no ser. La existencia no pertenece a su esencia. En ésta no está la razón de su existencia, si existe. Si le atribuimos la existencia, ha de ser por un juicio sintético, oriundo de la experiencia.

En cambio, en el ser necesario la existencia pertenece a su esencia. Toda la razón de la existencia del ser necesario está en su esencia. Por eso, el juicio con que le atribuimos la existencia, es analítico. Es tan contradictorio concebir a Dios no existente, como concebir una circunpuntos no estuviesen a igual distancia del centro.

3. LEIBNITZ, a su vez, presentó la misma prueba de otra manera.

He aquí el núcleo de su razonamiento:

El ser infinitamente perfecto, cuya esencia incluye la existencia, existe necesariamente, si es posible.

Es así que es posible, puesto que la idea de Dios no encierra ningún límite, ninguna negación, y por consiguiente, ninguna contradicción.Luego, DIOS, el ser infinitamente perfecto, EXISTE.»[3]

A este argumento el científico objetará:

1.° que lo contingente o relativo, que surge y desaparece, no es la masa atómica o la energía constante del Universo, sino las distintas firmas que una diversa composición molecular ofrece a maestra percepción;
2.° como ya advirtió Kant, que tal argumento demostraría, a lo más, la existencia de un ser supramundano, como arquitecto del Universo, pero no precisamente la del Dios que admitimos los cristianos.
» [4]

Crítica de Patricio Hopkins

«Nos parece un argumento original, muy ingenioso, pero no muy sólido. Es verdad que no podemos concebir al ser perfectísimo sino como existente. El concepto de él encierra necesariamente la nota de existencia. Pero el solo hecho de concebir un ser mentalmente, no es razón suficiente para atribuirle existencia en el orden ontológico (de los seres reales). No porque yo conciba con la mente una isla de perfecto gozo y eterna juventud, se sigue que ella existe.

Es menester dar razón suficiente del paso del orden conceptual al orden ontológico. Este argumento no nos da esa razón.»[5]

Hebe H.Vidal comenta:

«Aunque muchos autores llaman “ontologistas”  a todos  aquellos que afirman que Dios es el objeto de un conocimiento intuitivo, reservamos específicamente el nombre de “argumento ontológico”   (demostración “a simultáneo”)   al tipo de argumentación en la cual se pasa inmediatamente de la idea de Dios a la existencia de Dios. La paternidad de este famoso   argumento   corresponde   históricamente   a   San Anselmo de Cantorbery; más tarde lo volvieron a tratar Descartes (Quinta Meditación) y Leibniz (Monadología). San Anselmo escribe en su  “Proslogion”   (cap. II): “El insensato debe convencerse de que existe, al menos en el entendimiento, algo mayor que lo cual nada puede pensarse; porque cuando oye esto, lo entiende, y lo que se entiende existe en el entendimiento. Y en verdad, aquello mayor que lo cual nada puede pensarse no puede existir sólo en el entendimiento. Pues si sólo existe en el entendimiento, puede pensarse algo que exista también en la realidad, lo cual es mayor … Existe, por tanto, fuera de toda duda, algo mayor que lo cual nada puede pensarse, tanto en el entendimiento como en la realidad”. Y en el cap.  III dice: “Luego  existe verdaderamente algo mayor que lo cual nada puede pensarse, y de tal modo, que no puede, pensarse que no exista. Y eso eres Tú,  Señor Dios nuestro. Por tanto  existes verdaderamente, Señor Dios mío…”

Critica: El  argumento   anselmiano,  más  sutil  de  lo que a primera vista parece, fue refutado por Santo Tomás y más tarde por Kant. Santo Tomás sostiene que la demostración carece de valor porque hay un paso ilegitimo del orden lógico al orden óntico. Es verdad que si yo concibo a Dios como perfecto debo concebirlo también como existente; pero esto ocurre en el plano lógico de mi pensamiento; no me es lícito concluir de esto la existencia real extramental de Dios.» [6]

«N. B. — Es menester rumiar sin prisa todos los pasos de este argumento, con un esfuerzo sincero, imparcial, para captar su verdad y todo lo que implica ésta. Si se hace así, la fuerza persuasiva de este argumento impresionará al intelecto.»[7]

Pero recuerda que: Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan “(Hebreos 11:6).

Notas

[0] http://www.gotquestions.org/Espanol/Existe-Dios.html

[1] Patricio Hopkins, Filosofía,p. 283-284, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina,1975

[2] Véase J. Marías, Historia de la Filosofía (Madrid, Revista de Occidente, 1969), pp. 140-142., citado en Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, Curso de Formacion Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

[3] Patricio Hopkins, Filosofía,p. 288-289, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina,1975

[4] Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, p.33-34,Curso de Formación Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

[5] Patricio Hopkins, Filosofía,p.289, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina,1975

[6] Hebe R.Vidal, Fundamentos de Filosofia, p. 97, Librería Huemul, 1970,Buenos Aires, Argentina

[7] Patricio Hopkins, Filosofía,p. 284, ediciones Almagro, Buenos Aires, Argentina,1975

La supremacía de Dios

Junio 9, 2009 | | 1 Comment

La supremacía de Dios

En el estudio de las perfecciones de Dios resalta el hecho de que El es Soberano Supremo del universo.

El concepto teológico, filosófico y antropológico Dios hace referencia a una suprema deidad adorada por algunas religiones, en especial las de origen abrahámico y aquellas relacionadas. Su conceptualización ha sido tema de debate en casi todas las civilizaciones humanas.

El vocablo «dios» se escribe en español con mayúscula como sustantivo propio cuando se refiere a la idea de ser supremo de las religiones monoteístas, como son el judaísmo, el cristianismo, el islam y, quizá en menor medida, el zoroastrismomazdeísmo.

En la tradición cristiana, desde la Edad Media, Dios es objeto de estudio de la teología. Desde tiempos de Santo Tomás de Aquino (1225-1274), se asume que la existencia de Dios no es tarea comprobable por el método científico, sino que su existencia ha de demostrarse en el ámbito de la metafísica.

En el Islam, el Corán no discute en profundidad el tema de demostrar la existencia de Dios, ya que dice ésta es confirmada por el instinto humano puro y sano (así como por la mente no contaminada con «la impureza del politeísmo»). Más aún, la afirmación de la Unidad Divina, es algo natural e instintivo.

“Dios es el ser supremo por excelencia y el conocimiento de su existencia está innato en el alma de todos los hombres. No hay pueblo, por rudo o inculto que sea, que no se haya forjado una idea de la Divinidad aunque sea revestida de formas toscas y groseras”.

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El poder supremo de Dios

Destilad, oh cielos, desde lo alto,
y derramen justicia las nubes;
ábrase la tierra y dé fruto la salvación,
y brote la justicia con ella.
Yo, el SEÑOR, todo lo he creado.

¡Ay del que contiende con su Hacedor,
el tiesto entre los tiestos de tierra!
¿Dirá el barro al alfarero: “Qué haces”?
¿O tu obra dirá: “El no tiene manos”?

¡Ay de aquel que diga al padre: “¿Qué engendras?”
O a la mujer: “¿Qué das a luz?”

Así dice el SEÑOR, el Santo de Israel y su Hacedor:
Preguntadme acerca de las cosas venideras tocante a mis hijos,
y dejaréis a mi cuidado la obra de mis manos.

Yo hice la tierra y creé al hombre sobre ella.
Yo extendí los cielos con mis manos,
y di órdenes a todo su ejército.

Yo lo he despertado en justicia,
y todos sus caminos allanaré.
El edificará mi ciudad y dejará libres a mis desterrados
sin pago ni recompensa–dice el SEÑOR de los ejércitos.

(Isaías 45.8-13)

Alguien ha dicho, con razón, que, “ningún dominio es tan absoluto como el de la creación.”

  • Aquél que podía no haber hecho nada, tenía el derecho de hacerlo todo según su voluntad.
  • En el ejercicio de su poder soberano hizo que algunas partes de la creación fueran simple materia inanimada, de textura más o menos refinada, de muy diversas cualidades, pero inerte e inconsciente.
  • El dió a otras organismo, y las hizo susceptibles de crecimiento y expansión, pero, aún así, sin vida en el sentido propio de la palabra.
  • A otras les dio, no sólo organismo, sino también existencia consciente, órganos del sentido y movimiento propio.
  • A éstos añadió en el hombre el don de la razón y un espíritu inmortal por el cual está unido a un orden de seres elevados que habitan en las regiones superiores.
  • El agita el cetro de la omnipotencia sobre el mundo que creó.
  • “Alabe y glorifique al que vive para siempre; porque su señorío es sempiterno, y su reino por todas las edades. Y todos los moradores de la tierra por nada son contados; y en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano y le diga: ¿qué haces? “(Dan. 4:34-35).

La criatura, considerada como tal, no tiene derecho alguno. No puede exigir nada a su Creador, y como quiera que sea tratado, no tiene razón en quejarse.

No obstante, al pensar en el señorío absoluto de Dios sobre todas las cosas, no deberíamos de olvidar nunca sus perfecciones morales. Dios es justo y bueno, y siempre hace lo que es recto. Sin embargo, ejerce su soberanía según su voluntad imperial y equitativa. Asigna a cada criatura su lugar según parece bien a sus ojos. Ordena las diversas circunstancias de cada una según sus propios consejos. Moldea cada vaso según su determinación inmutable. Tiene misericordia del que quiere, y al que quiere endurece.

Dondequiera que estemos, su ojo está sobre nosotros. Quienquiera que seamos, nuestra vida y posesiones están a su disposición. Para el cristiano es un Padre tierno; para el rebelde pecador será fuego que consume.

  • “Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amen” (1 Tim. 1:17).
  • “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21)

En una de sus cartas a ErasmoLutero decía: “Vuestro concepto de Dios es demasiado humano”.

El renombrado erudito probablemente se ofendió por tal reproche que procedía del hijo de un
minero; sin embargo, lo tenía perfectamente merecido.

LA SOBERANÍA DE DIOS

Lewis Sperry Chafer explica que:

Los atributos de Dios ponen de manifiesto que Dios es lo supremo sobre todo lo existente. No queda nada sujeto a otro poder, autoridad o gloria y no está sujeto a ninguna entidad que sea superior a El. El representa la perfección hasta un grado infinito en cualquier aspecto de su Ser. El no puede jamás ser sorprendido, derrotado o disminuido. No obstante, sin sacrificar su autoridad o comprometer la realización final de su perfecta voluntad, Dios se ha complacido en dar a los hombres una medida de libertad y de elección, y para el ejercicio de esta elección Dios mantiene al hombre responsable.

A causa de estar el hombre, en su depravado estado, ciego e insensible a la obra de Dios, aparece claro en la Escritura que los hombres no deben apartarse de Dios, suprimiendo al Espíritu de sus corazones (Jn. 6:44; 16:7-11). Del lado humano, sin embargo, el hombre es responsable de su incredulidad y se le ordena que crea en el Señor Jesucristo con el objeto de que pueda ser salvado (Mar. 1.15; Hch. 16:31; 17.30-31). Es también verdad que en los asuntos de los hombres, especialmente de los cristianos, Dios actúa para que se cumpla su voluntad (Fil. 2:13). Con todo, El no fuerza a los hombres a que se entreguen a Dios, sino más bien les exhorta a que lo hagan (Ro. 12:1, 2).

El hecho de que Dios haya otorgado una cierta libertad al hombre no introduce un factor de incertidumbre en el universo, puesto que Dios se anticipa y conoce hasta el infinito todo lo que los hombres harán en respuesta a las influencias divinas y humanas y que se producen en sus vidas. Su soberanía, por tanto, se extiende infinitamente a todo acto, incluso si temporalmente ha de ser en el mal, por permitirlo, y que en última instancia todo redunda en que Dios pueda ser glorificado.[0]

El axioma teológico de E. Y. Mullins en Axiomas de Religión es “El Dios santo y amoroso tiene el derecho de ser soberano”.[1]

Su capítulo trata con la forma en que la soberanía de Dios se expresa en Sus tratos con el mundo y los hombres que Él creó y forma una base para el sacerdocio de los creyentes.

La soberanía de Dios es otra manera de afirmar que Dios está en control. Sin embargo, el concepto necesita atención, pues estar enterado de la soberanía de Dios es crucial para una comprensión correcta de Dios y la humanidad. La predestinación extrema ha llevado a muchos cristianos a tratar este concepto con cierta ligereza. Aunque algunos bautistas primitivos (particulares) han sido rígidamente calvinistas, los bautistas del sur han sido demasiado evangelizadores para permitir que un calvinismo estricto dominara su teología. Ésto debiera demostrar que creer en la soberanía de Dios no resulta en la predestinación extrema.

El sacerdocio de los creyentes es un resultado natural de la soberanía de Dios,pues reclama que Dios no ha delegado Su soberanía a ninguna persona u organización; Dios se relaciona directamente con el individuo.

La soberanía de Dios no es difícil de comprender si asumimos, que Dios es santo y amoroso; a la verdad, nosotros necesitamos un Dios así que dirija nuestras vidas. La cuestión permanece, si Dios es soberano, ¿por qué no hace este mundo como El quiere que sea y termina el asunto? ¿Por qué prolongarlo? La respuesta se encuentra en el hecho que Dios creó al hombre para ser libre. Violar esa libertad frustraría la razón de Dios para crear al hombre.

La soberanía de Dios influye en todo el universo. El es. soberano sobre Su orden creado. El es soberano sobre cada persona. El es soberano sobre toda potencia. Su soberanía es final y completa. Todo poder que existe, existe porque El lo permite. El es soberano sobre el creyente y quiere que el creyente reconozca Su soberanía en amor y obediencia.

A. Habla de la supremacía divina en todas la cosas, (“De Jehová es la tierra y su plenitud;El mundo, y los que en él habitan.” Sal.24:1 RV 1960)

B. Su accionar soberano: alcanza a  los actos creativos (“Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados.” Sal.50:10), como también a la capacidad de sustentar todo lo creado (Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;” Col.1:17 RV 1960).

C. Por lo tanto lo es en la Salvación, (“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” Ef. 1:1-5 RV 1960)

En su reinado, (“Jehová reina; se vistió de magnificencia; Jehová se vistió, se ciñó de poder. Afirmó también el mundo, y no se moverá.” Sal.93:1 RV 1960)

En su voluntad, (”Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? ” Dn.4:35 RV 1960)

  • Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere” (Is. 46:10 RV 1960)

La Soberanía de Dios puede definirse como el ejercicio de su supremacía. Dios es el Altísimo, el Señor del cielo y de la tierra está exaltado infinitamente por encima de la más eminente de las criaturas. El es absolutamente independiente; no está sujeto a nadie, ni es influido por nadie. Dios actúa siempre y únicamente como le agrada.

Nadie puede frustrar ni detener sus propósitos. Su propia Palabra lo declara explícitamente: “En el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, hace según su voluntad: ni hay quien estorbe su mano” (Dan. 4:35 RV 1960). La soberanía divina significa que Dios lo es de hecho, así como de nombre, y que está en el Trono del universo dirigiendo y actuando en todas las cosas “según el consejo de su voluntad” (Efe. 1:11 RV 1960).

Con gran razón decía el predicador bautista del siglo pasado Carlos Spurgeon, en un sermón sobre Mat. 20:15, que:

“No hay atributo más confortador para Sus hijos que el de la Soberanía de Dios. Bajo las más adversas circunstancias y las pruebas más severas, creen que la Soberanía los gobierna y que los santificará a todos.Para ellos, no debería haber nada por lo que luchar más celosamente que la doctrina del Señorío de Dios sobre toda la creación -el reino de Dios sobre todas la obras de sus manos- El trono de Dios, y su derecho a sentarse en el mismo. Por otro lado, no hay doctrina más odiada por la persona mundana, ni verdad que haya sido más maltratada, que la grande y maravillosa, pero real, doctrina de la Soberanía del infinito Jehová. Los hombres permitirán que Dios esté en todas partes, menos en su trono. Le permitirán formar mundos y hacer estrellas, dispensar favores, conceder dones, sostener la tierra y soportar los pilares de la misma, iluminar las luces del cielo, y gobernar las incesantes olas del océano; pero cuando Dios asciende a su Trono sus criaturas rechinan los dientes. Pero nosotros proclamamos un Dios entronizado y su derecho a hacer su propia voluntad con lo que le pertenece, a disponer de sus criaturas como a él le place, sin necesidad de consultarlas. Entonces se nos maldice y los hombres hacen oídos sordos a lo que les decimos, ya que no aman a un Dios que está sentado en su Trono. Pero es a Dios en su Trono que nosotros queremos predicar. Es en Dios, en su Trono en quien confiamos”.

Sí, tal es la Autoridad revelada en las Sagradas Escrituras. Sin rival en Majestad, sin límite en Poder, sin nada, fuera de sí misma, que le pueda afectar. “Todo lo que quiso Jehová, ha hecho en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos” (Sal. 135:6 RV 1960).

No obstante, vivimos en unos días en los que incluso los más “ortodoxos” parecen temer el admitir la verdadera divinidad de Dios. Dicen que reconocer la soberanía de Dios significa excluir la responsabilidad humana; cuando la verdad es que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina, y es el resultado de la misma. “Y nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Sal. 115:3 RV 1960).

En su soberanía escogió colocar a cada una de sus criaturas en la condición que pareció bien a sus ojos. Creó ángeles: a algunos los colocó en un estado condicional, a otros les dio una posición inmutable delante de él (“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad.” 1 Tim. 5:21 RV 1960), poniendo a Cristo como su cabeza (Col. 2:10). No olvidemos que los ángeles que pecaron (“Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;” 2 Pe. 2:4 RV 1960). Con todo, Dios previó que caerían y, sin embargo, los colocó en un estado alterable y condicional, y les permitió caer, aunque El no fuera el autor de su pecado.

Asimismo, Dios, en su soberanía colocó a Adán en el jardín del Edén en un estado condicional. Si lo hubiera deseado podía haberle colocado en un estado incondicional, en un estado tan firme como el de los ángeles que jamás han pecado, en uno tan seguro e inmutable como el de los santos en Cristo.

En cambio, escogió colocarle sobre la base de la responsabilidad como criatura, para que se mantuviera o cayera según se ajustase o no a su responsabilidad: la de obedecer a su Creador. Adán era responsable ante Dios (Dios es ley en sí mismo) por el mandamiento que le había sido dado y la advertencia que le había sido hecha. Esa era una responsabilidad sin menoscabo y puesta a prueba en las condiciones más favorables.

Dios no colocó a Adán en un estado condicional y de criatura responsable porque fuera justo que así lo hiciera. No, era justo porque Dios lo hizo. Ni siquiera dio el ser a las criaturas porque eso fuera lo justo, es decir, porque estuviera obligado a crearlas; sino que era justo porque El lo hizo así.

Dios es soberano. Su voluntad es suprema. Dios, lejos de estar bajo una ley, es ley en sí mismo, así es que cualquier cosa que él haga, es justa. Y ¡ay del rebelde que pone su soberanía en entredicho! “Ay del que pleitea con su Hacedor, siendo nada mas un pedazo de tiesto entre los tiestos de la tierra! ¿Dirá el barro al que lo labra: Qué haces?” (Isa. 45:9 RV 1960).

Además, Dios es Señor, como soberano, colocó a Israel sobre una base condicional. Los capítulos 19, 20 y 24 de Éxodo ofrecen pruebas claras y abundantes de ello. Estaban bajo el
pacto de las obras. Dios les dio ciertas leyes e hizo que las bendiciones sobre ellos, como nación,
dependieran de la observancia de las tales.

Pero Israel era obstinado y de corazón incircunciso. Se rebelaron contra Jehová, desecharon su ley, se volvieron a los dioses falsos y apostataron. En consecuencia, el juicio divino cayó sobre ellos y fueron entregados en las manos de sus enemigos, dispersados por toda la tierra, y hasta el día de hoy, permanecen bajo el peso del disfavor de Dios.

Fue Dios, quien en el ejercicio de su soberanía, puso a Satanás y a sus ángeles, a Adán y a Israel en sus respectivas posiciones de responsabilidad. Pero, en el ejercicio de su soberanía, lejos de quitar la responsabilidad de la criatura, la puso en esta posición condicional, bajo las responsabilidades que él creyó oportunas; y, en virtud de esta soberanía, El es Dios sobre todos. De este modo, existe una armonía perfecta entre la soberanía de Dios y la responsabilidad de la criatura. Muchos han sostenido equivocadamente que es imposible mostrar donde termina la soberanía de Dios y empieza la responsabilidad de la criatura. He aquí donde empieza la responsabilidad de la criatura: en la ordenación soberana del creador. En cuanto a su soberanía, ¡no tiene ni tendrá jamás “terminación”!

Vamos aprobar aún más, que la responsabilidad de la criatura se basa en la soberanía de Dios. ¿Cuántas cosas están registradas en la Escritura que eran justas porque Dios las mandó, y que no lo hubieran sido si no las hubiera mandado?

¿Qué derecho tenía Adán de comer de los árboles del jardín del Edén? ¡El permiso de su Creador (“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; ” Gén. 2:16 RV 1960), sin el cual hubiera sido un ladrón! ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a demandar de los egipcios joyas y vestidos (“E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, pidiendo de los egipcios alhajas de plata, y de oro, y vestidos.” Ex. 12:35 RV 1960)? Ninguno, sólo que Jehová lo había autorizado (“sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto ” Ex. 3:22 RV 1960).

¿Qué derecho tenía Israel a matar tantos corderos para el sacrificio? Ninguno, pero Dios así lo mandó. ¿Qué derecho tenía el pueblo de Israel a matar a todos los cananeos? Ninguno, sino que Dios les habían mandado hacerlo. ¿Qué derecho tenía el marido a demandar sumisión por parte de su esposa? Ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. ¿Qué derecho tuviera la esposa de recibir amor, atención y cuidados, ninguno, si Dios no lo hubiera establecido. Podríamos citar muchos más ejemplos para demostrar que la responsabilidad humana se basa en la Soberanía Divina.

He aquí otro ejemplo del ejercicio de la absoluta soberanía de Dios: colocó a sus elegidos en un estado diferente al de Adán o Israel. Los puso en un estado incondicional. En un pacto eterno, Jesucristo fue hecho su cabeza, tomó sobre sí sus responsabilidades y actuó para ellos con justicia perfecta, irrevocable y eterna.

Cristo fue colocado en un estado condicional, ya que fue “hecho súbdito a la ley, para que
redimiese a los que estaban debajo de la ley” (Gál. 4:4,5 RV 1960),
sólo que con esta diferencia infinita: los hombres fracasaron, pero él no fracasó ni podía hacerlo. Y, ¿quién puso a Cristo en este estado condicional? El Dios Trino. Fue ordenado por la voluntad soberana, enviado por el amor soberano y su obra le fue asignada por la autoridad soberana.

El mediador tuvo que cumplir ciertas condiciones. Había de ser hecho en semejanza de carne de pecado; había de magnificar y honrar la ley; tenía que llevar todos los pecados del pueblo de Dios en su propio cuerpo sobre el madero; tenía que hacer expiación completa por ellos; tenía que sufrir la ira de Dios, morir y ser sepultado.

Por el cumplimiento de todas esas condiciones, le fue ofrecida una recompensa: (“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” Is.53:10-12 RV 1960).

Había de ser el primogénito de muchos hermanos; había de tener un pueblo que participaría de su gloria. Bendito sea su nombre para siempre porque cumplió todas esas condiciones; y porque las cumplió, el Padre está comprometido en juramento solemne a preservar para siempre y bendecir por toda la eternidad a cada uno de aquellos por los cuales hizo mediación su Hijo Encarnado. Porque El tomó su lugar, ellos ahora participan del Suyo. Su justicia es la Suya, su posición delante de Dios es la Suya, y su vida es la Suya. No hay ni una sola condición que ellos tengan que cumplir, ni una sola responsabilidad con la que tengan que cargar para alcanza r la gloria eterna.“Porque con una sola ofrenda hizo Perfectos para siempre a los santificados” (Heb. 10:14 RV 1960).

He aquí pues que la soberanía de Dios expuesta claramente ante todos en las distintas formas en que él se ha relacionado con sus criaturas. Algunos de los ángeles, Adán e Israel fueron colocados en una posición condicional en la que la bendición dependía de su obediencia y fidelidad de Dios. Pero, en marcado contraste con estos, a la “manada pequeña” (Luc. 12:32 RV 1960) le ha sido dada una posición incondicional e inmutable en el pacto de Dios, en sus consejos y en su Hijo; su bendición depende de lo que Cristo Hizo Por ellos. “El fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: conoce el Señor a los que son suyos” (2 Tim. 2:19).

El fundamento sobre el cual descansan los elegidos de Dios es perfecto: nada puede serle añadido, ni nada puede serle quitado (“He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.”,Ecl. 3:14 RV 1960). He aquí, pues, el más alto y grande exponente de la absoluta soberanía de Dios. En verdad, El “del que quiere tiene misericordia; y al que quiere endurece” (Rom 9:18 RV 1960).

Dios tiene absoluto derecho de gobernar, y disponer de sus criaturas segúnm voluntad. (Cf. Daniel 4:35; Mateo 20:15; Romanos 9:21.) Posee este derecho en virtud de su infinita superioridad, de su propiedad absoluta de , y de la absoluta dependencia que todas las cosas tienen de él para su luación. Por lo tanto, no es sólo necio sino también malvado criticar su conducta.

El señor D. S. Clarke nos dice lo siguiente:

La doctrina de la soberanía de Dios es muy provechosa y estimulante. Si se nos diera a elegir, ¿qué elegiríamos: ser gobernados por el destino ciego, o la suerte caprichosa, o la ley natural irrevocable, o nuestro criterio miope y pervertido, o por un Dios infinitamente sabio, santo, amoroso y poderoso? El que rechaza la soberanía de Dios, puede elegir entre lo que queda.

Notas

[0] http://www.seminarioabierto.com/doctrina105.htm

1 E. Y. Mullins, Axiomas de la Religión (Philadelphia: American Baprist Publication Society, 1908), 73.

Fuentes:

  • Roy T.Edgemon, “Las doctrinas que creen los bautistas”,Convention Press Nashvlle,Tennessee
  • Daniel Asenja, “Teología propia”,Instituto Biblico Jorge Muller
  • A.W. Pink Los Atributos de Dios Editorial: FELIRE
  • Myer Pearlman,teologia biblica y sistemática, p. 45, ed. vida 1992
  • www.seminarioabierto.com

De la perfección de Dios

Después de haber examinado la simplicidad de Dios, es preciso hablar del mismo Dios. Y, como en todo ser la perfección es la medida de la bondad, trataremos en primer lugar de la perfección divina, y en segundo de su bondad. En lo relativo a la perfección de Dios se presentan tres cuestiones: 1º ¿Dios es perfecto? 2º ¿Es universalmente perfecto, es decir, tiene en sí la perfección de todos los seres? 3º ¿Se puede decir que las criaturas son semejantes a Dios?

¿Dios es perfecto?
1º Parece que el ser perfecto no conviene a Dios, porque se dice perfecto como que está hecho completamente. Dios no puede decirse que ha sido hecho, luego tampoco puede decirse que es perfecto.
2º Dios es el primer principio de las cosas. Pero los principios de las cosas parecen ser imperfectos, porque la semilla es el principio de los animales y de las plantas; luego Dios es imperfecto.
3º Se ha probado S.Th. I c. 3 a. 4 que la esencia de Dios es su ser mismo. Pero parece que éste sea muy imperfecto, puesto que es lo más común y susceptible de toda clase de adiciones; luego Dios es imperfecto.
Por el contrario: se dice en San Mateo  Math. 5, 48: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.
Responderemos que, según refiere Aristóteles  Met. 12, text. 40, hubo algunos filósofos antiguos, tales como los pitagóricos y Leucipo o Speusipo, que no han atribuido al primer principio lo más excelente y perfecto. La razón de esto consiste en que estos filósofos antiguos no han considerado más que el principio material, que efectivamente es muy imperfecto. En efecto, existiendo la materia, en cuanto tal, en potencia, es necesario que el primer principio material sea absolutamente potencial, y por consiguiente lo más imperfecto. Pero Dios es el primer principio, no material, sino en el género de la causa eficiente; y éste es necesario que sea lo más perfecto, porque, así como la materia, en cuanto tal, está en potencia, del mismo modo el agente, en cuanto tal, existe en acto. De donde se deduce que el primer principio activo debe existir absolutamente en acto; y por consiguiente debe ser absolutamente perfecto, pues un ser es perfecto en cuanto está en acto. En efecto se llama perfecto a aquello, a que nada falta según su modo de perfección.
Al argumento 1º diremos que, según San Gregorio  Mor. l.5, c.29, ¡no hacemos más que balbucear, hablando de las grandezas de Dios!, porque lo que no ha sido hecho, no puede decirse propiamente que es perfecto. Mas, como en las cosas que son hechas, se llama perfecto a lo que pasa de la potencia al acto, se usa igualmente la misma palabra perfecto para expresar todo aquello a que no falta el ser en acto, ya sea por modo de perfección, ya de otra manera.
Al 2º, que el principio material, que es imperfecto para nosotros, no puede ser absolutamente primer principio, sino que es precedido por algún otro perfecto, porque la semilla, por más que sea el principio del animal producido por ella, tiene sin embargo por antecedente al animal o a la planta de donde dimana, toda vez que es preciso que, antes que algo exista en potencia, haya alguna cosa que exista en acto. En efecto, el ser en potencia no puede ser reducido a acto, sino por un ente en acto.
Al 3º, que el ser mismo es lo más perfecto de todo, porque se le considera, respecto a todas las cosas que existen, como un acto; ningún ser tiene actualidad, sino en tanto que es. De donde se deduce que el ser mismo es la actualidad de todas las cosas, inclusas aun las formas. He aquí por qué no está respecto de las demás cosas en la razón de recipiente a recibido, sino más bien de recibido a recipiente. De este modo, cuando digo ser de hombre, o de caballo, o de cualquier otro animal, se considera el mismo ser como formal y recibido, y no como aquello a lo cual conviene el ser.
Por el contrario, dice Dionisio  De div. Nom. C.5, que Dios precontiene en una sola existencia todas las cosas.
Responderemos que en Dios existen las perfecciones de todas las cosas. Por esto se dice que es universalmente perfecto, porque no le falta nobleza alguna, que se encuentre en un género cualquiera, como lo dice el comentador de Aristóteles Met. l.5, text. 21. Lo cual puede comprobarse por dos razones: 1º porque todo lo que un efecto contiene de perfección debe encontrarse en su causa efectiva, ya bajo el mismo concepto, si el agente es unívoco, como el hombre engendra al hombre, ya de un modo más eminente, cuando el agente es equívoco. Así es como en el sol se encuentra una semejanza de lo que es engendrado por su virtud, porque es evidente que el efecto preexiste virtualmente en la causa, que la ha producido. Ahora bien, preexistir virtualmente en una causa agente no es preexistir de una manera más imperfecta, sino más perfecta, por más que lo que preexiste en la potencia de una causa material preexiste más imperfectamente: porque la materia, en cuanto tal, es imperfecta de suyo; mientras que el agente, como tal agente, es de suyo perfecto. Luego, siendo Dios la primera causa efectiva de las cosas, es preciso que las perfecciones de todos los seres preexistan en Él de un modo más eminente. Dionisio insinúa esta razón, cuando dice de Dios De div. Nom. C. 5: No digamos esto es, y aquello no es, sino que es todas las cosas, en el sentido de que es la causa de todas.
2º Siendo Dios, como se ha demostrado S.Th. I c. 3 a. 4, el subsistente por sí mismo, es forzoso que contenga en sí la perfección completa del ser. Es evidente pues que, si un objeto cálido no contiene en sí toda la perfección del calórico, consiste únicamente en que su calor no le ha sido comunicado sino en cierta medida, porque, si fuese el mismo calórico subsistente por sí mismo, no le faltaría ningún grado de calor. Así pues, siendo Dios el ser subsistente por sí mismo, nada puede faltarle de la perfección del ser. Mas esta perfección del ser abarca las perfecciones de todas las criaturas, porque estas no son perfectas sino en razón del ser que han recibido. De donde se deduce que Dios no carece de ninguna de las perfecciones que tienen los demás seres. Dionisio expresa también esta razón, cuando dice De div. Nom. C.5 que Dios no es existente de un modo cualquiera, sino que existe, preconteniendo en sí mismo bajo una forma ejemplar todo el ser, de un modo absoluto e ilimitado; y después añade que Él mismo es el ser para todo lo subsistente.
Al argumento 1º diremos que, como el sol, según las comparación de que se vale Dionisio  De div. Nom. C.5, contiene en sí de antemano y uniformemente muchas y diferentes sustancias y cualidades de cosas sensibles, existiendo y siendo uno mismo y brillante con su propia luz de un modo constante; así con mayor razón es necesario que en la causa universal preexistan todas las cosas por unión natural. Y por esto mismo, las cosas que son diversas y opuestas entre sí preexisten en Dios, como una misma cosa con él, sin prejuicio de una misma simplicidad. Esta consideración hace evidente la solución del segundo argumento.
Esta consideración hace evidente la solución del segundo argumento.
Al 3º, que, como dice Dionisio  De div. Nom. C. 5, aunque el ser mismo sea más perfecto que la vida, y ésta más perfecta que la sabiduría, si se consideran cada una de estas cosas según su distinción racional; sin embargo el que vive es más perfecto que el simple ente, porque el que vive es también ente, y el que es sabio es ente y viviente. Por lo tanto, aunque el ente no contiene en sí la vida y la sabiduría, porque no es necesario que el que recibe el ser por participación le reciba con todos los modos del ser; no obstante el ser de Dios contiene en sí mismo la vida y la sabiduría, siendo, como es, el ser que subsiste por sí mismo, no puede carecer de ninguna de las perfecciones del ser.
¿Puede alguna criatura ser semejante a Dios?
1º Parece que ninguna criatura puede ser semejante a Dios; porque el Salmista dice Ps. 85, 8: Entre los dioses de las naciones no hay ninguno, que os sea semejante, ¡oh, Señor! Entre todas las criaturas las más excelentes son las que se designan con el nombre de dioses por participación. Luego mucho menos se pueden asimilar a Dios las otras criaturas.
2º La semejanza es una comparación. No se puede establecer comparación entre cosas que son de distintos géneros. Por lo tanto no puede haber semejanza entre ellas; así no decimos que la dulzura se parece a la blancura. Como no hay criatura, que sea del mismo género que Dios, puesto que Dios no está incluido en ningún género, como queda demostrado anteriormente S.Th. I c. 3 a. 5. No hay por consiguiente criatura semejante a Dios.
3º Se llaman semejantes las cosas que tienen la misma forma. Pero nada hay, que pueda tener la misma forma que Dios, puesto que no hay más que Él, cuya esencia sea su misma existencia. Por lo tanto no hay criatura, que sea semejante a Dios.
4º Entre las cosas semejantes, la semejanza es recíproca, porque todo es semejante a su semejante. Si pues alguna criatura fuese semejante a Dios, Dios a su vez sería semejante a alguna criatura; esto es contrario a lo que dice Isaías  Is. 40, 18: ¿A quién habéis asemejado a Dios?
Por el contrario: Se lee en el Génesis Gen. 1, 26: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y San Juan añade I Ioann. 3, 2: Cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él.
Conclusión (Abad de Aparicio)

Conclusión. Siendo Dios el agente universal, y el principio de todo ser, y no estando contenido en ningún género, ni en ninguna especie, las criaturas se le parecen, no bajo el concepto del género y de la especie, sino según cierta analogía.
Responderemos que, consistiendo la semejanza en la conveniencia o comunicación de forma, hay muchas clases de semejanzas, porque hay muchos modos de convenir en la forma. Se llaman semejantes los seres que tienen la misma forma, bajo el mismo concepto y modo; y en este caso no son sólo semejantes, sino que su semejanza llega hasta la igualdad, al modo que se dice de dos objetos igualmente blancos que son semejantes en blancura: esta semejanza es la más perfecta. En otro sentido se dicen semejantes las cosas que tienen la misma forma y bajo el mismo concepto, mas no según el mismo modo, sino atendiendo al más o al menos; así es como un objeto menos blanco se parece a otro más blanco: esta semejanza es imperfecta. En tercer lugar se llaman semejantes las cosas que tienen la misma forma, pero no bajo el mismo concepto; como se ve en los agentes que no son unívocos con sus efectos. Porque todo lo que hace un agente es semejante a él, como tal agente; pero, como cada una de sus obras tiene su forma, se debe necesariamente volver a encontrar en el efecto la imagen de la forma del agente. Así, cuando el agente pertenece a la misma especie que el efecto, se parecen entre sí bajo el concepto de la especie misma, como el hombre engendra al hombre. Pero, si el agente no es de la misma especie que el efecto, habrá semejanza entre ellos, pero no bajo el punto de vista de la especie. Así lo que es producido por la virtud del sol, refleja bajo algún concepto la imagen de este astro; pero no recibe su forma: se le parece en cuanto al género, mas no en cuanto a la especie. En consecuencia, cuando se trata de un agente que no pertenece a ningún género, sus efectos están mucho más distantes de reproducir su imagen; no participan de su semejanza ni bajo el concepto de la especie, ni bajo el del género, sino únicamente según cierta analogía, como el ser mismo es común a todos los seres. En este sentido todas las obras de Dios se le asemejan, en cuanto son entes, como al primero y universal principio de todo ser
Al argumento 1º contestaremos que, según Dionisio  De div. nom. c. 9, cuando la Escritura Sagrada dice que algo no es semejante a Dios, esto no quiere decir que no pueda asemejársele en nada; porque las mismas cosas son a la vez semejantes y desemejantes a Dios; semejantes en cuanto le imitan, como se puede imitar al que no es perfectamente imitable, y desemejantes en cuanto se separan de su causa, no solamente en grado de intensidad y disminución, como lo más o lo menos en los colores, sino porque nada hay de común entre él y ellas, ni en cuanto a la especie, ni en cuanto al género.
Al 2º, que Dios no está en relación con sus criaturas, como cosas de diversos géneros, sino como aquello que está fuera de todo género, y que es el principio de todos los géneros.
Al 3º, que no se dice que exista entre Dios y las criaturas una semejanza de forma, basada en la comunidad del género o de la especie, sino únicamente en la analogía, es decir, en cuanto Dios es ente por esencia y las criaturas entes por participación.
Al 4º que, aun admitiendo que la criatura se asemeje a Dios en algún modo, sin embargo nunca se puede decir que Dios se asemeje a la criatura: Dionisio  De div. nom. c. 9: cuando se trata de cosas del mismo orden, la semejanza es recíproca, pero no lo es entre la causa y el efecto; así decimos que la imagen se parece al hombre, y no al contrario. Del mismo modo puede decirse que la criatura se parece a Dios en algún modo, mas no que Dios se asemeje a la criatura.

http://www.e-aquinas.net/summa/html.php?p=1&q=4

LA PRESCIENCIA DE DIOS

  • “Pedro, apóstol de Jesucristo; a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos conforme al previo conocimiento de Dios Padre por la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Gracia y paz os sean multiplicadas”. (1Ped. 1,2).

Muchas controversias ha engendrado este tema en el pasado. Pero, ¿qué verdad hay en la Santa Escritura que no haya sido tomada como ocasión de batallas teológicas y eclesiásticas? La Deidad de Cristo, su nacimiento virginal, su muerte expiatoria, su segunda venida; la justificación del creyente por la fe, su santificación, su seguridad; la iglesia, su organización, oficiales y disciplina; el bautismo, la cena del Señor, y muchísimas otras verdades preciosas que podríamos mencionar.

Con todo, las controversias sostenidas en torno a estas no cerraron la boca de los siervos fieles a Dios. Hay dos cosas, acerca de la presciencia de Dios, que muchos ignoran: el significado del término, y su alcance bíblico. Debido a que esta ignorancia está tan extendida, le resultará fácil a un predicador o maestro el defraudar con perversiones de este tema aun al pueblo de Dios.

Sólo hay una salvaguardia contra el error; estar confirmados en la fe; y para ello ha de haber estudio diligente y oración, y una recepción humilde de la asimilación de la Palabra de Dios, ya que algunos falsos maestros de la Biblia pervierten su presciencia con el fin de desechar su absoluta elección para vida eterna Sólo entonces seremos fortalecidos contra los ataques de aquellos que nos asaltan.

Cuando se expone el tema bendito y solemne de la predestinación, y el de la eterna elección por parte de Dios de ciertas personas para ser hechas conformes a la imagen de su Hijo, el enemigo envía algún hombre a contradecir que la elección se basa en la presciencia de Dios y esta “presciencia” se interpreta significando que previo que algunos serían más dóciles que otros, que responderían más prontamente a los esfuerzos del Espíritu, y que, debido a que Dios sabía que creerían, El, en consecuencia, los predestinó para salvación.

Pero tal declaración es radicalmente errónea. Repudia la verdad de la depravación total, ya que argumenta que hay algo bueno en algunos hombres. Quita a Dios su independencia, ya que hace que sus decretos descansen en lo que El descubre en la criatura. Trastorna las cosas completamente, ya que decir que Dios previo que ciertos pecadores creerían en Cristo, y que, en consecuencia, El los predestinó para salvación, es lo contrario a la verdad.

La Escritura afirma que Dios, en su absoluta soberanía, separó a algunos para que fueran recipientes de sus favores distintivos “Al oír esto, los gentiles se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron cuantos estaban designados para la vida eterna”. (Hech. 13:48), y, por tanto, determinó otorgarles el don de la fe.

La falsa teología hace del conocimiento previo que Dios tiene de nuestra fe la causa de su elección para salvación; mientras que la elección de Dios es la causa, y nuestra fe en Cristo es el efecto. Antes de seguir debatiendo este tema, hagamos una pausa y definamos los términos.

¿Qué quiere decir la palabra “presciencia”? “Conocer de antemano”, es la pronta respuesta de muchos. Pero no debemos juzgar precipitadamente, ni tampoco aceptar como definitiva la definición del diccionario, ya que esto no es un asunto de etimología del término empleado.

El uso que el Espíritu Santo hace de una expresión define siempre su significado y alcance. Lo que causa tanta confusión y error es el dejar de aplicar esta regla tan sencilla. Hay muchas personas que piensan conocer el significado de una palabra determinada usada en la escritura, pero que son reacias a poner a prueba sus suposiciones por medio de una concordancia.

Ampliemos este punto.
Tomemos la palabra “carne”. Su significado parece ser tan obvio que muchos considerarán que el examinar sus varias conexiones en la Escritura es una pérdida de tiempo. Se supone precipitadamente que la palabra es un sinónimo del cuerpo físico, y no se procura indagar más. Pero, en realidad, la “carne” en la Escritura frecuentemente incluye mucho más de lo que es corporal. Sólo por medio de la comparación atenta de cada caso, y el estudio de cada contexto por separado, puede descubrirse todo lo que el término abarca.

Tomemos la palabra “mundo”. El lector de la Biblia imagina frecuentemente que esta palabra equivale a la raza humana, y, en consecuencias interpreta equivocadamente los pasajes en los que la misma aparece. Tomen la palabra “inmortalidad”. ¡Sin duda alguna, ésta no requiere estudio! Es obvio que hace referencia a la indestructibilidad del alma.

Cuando se trata de la Palabra de Dios, el dar por sentado algo sin comprobarlo es locura y error. Si ustedes se toman la molestia de examinar cuidadosamente cada pasaje en el que se encuentran las palabras “mortal” e “inmortal”, se dará cuenta que estas nunca se aplican al alma, sino al cuerpo.

Todo lo dicho acerca de “carne”, “mundo”, o “inmortalidad”, es aplicable con igual fuerza a los términos “conocer” y “preconocer” (conocer desde antes). Lejos de bastar con la simple suposición de que estas palabras no significan otra cosa que simple conocimiento, veremos que los diferentes pasajes en los que se encuentran requieren ser considerados cuidadosamente.

La palabra “preconocimiento” (traducida en la versión española por “conocer de antes”) no se encuentra en el A.T., pero si que se da frecuentemente el término “conocer”. Cuando éste es usado en relación con Dios significa a menudo mirar con favor, comunicando, no un simple conocimiento, sino un afecto por el objeto mirado. “Te he conocido por tu nombre” (Exo. 33:17).

“Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Deut. 9:24). “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2). En estos pasajes “conocer” significa amar o bien designar.

Asimismo en el N.T., se usa frecuentemente la palabra “conocer” en el mismo sentido que en el Antiguo.

  • “Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!” (Mat. 7:23).
  • “Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. (Juan 10:14).
  • “Pero si alguien ama a Dios, tal persona es conocida por él”. (1Cor. 8:3).
  • “Conoce el Señor a los que son suyos” (2Tim. 2:19).

El término “Preconocer”, o “presciencia”, tal como se usa en el Nuevo testamento, es menos ambiguo que en su simple forma “conocer”. Si todos los pasajes en los que aparece son estudiados cuidadosamente, se descubrirá que es muy discutible que el término haga referencia a una simple percepción de eventos que han de tener lugar. En realidad, este término nunca es usado en la Escritura en relación con sucesos o acciones, sino que, por el contrario, siempre se refiere a personas. Dios “conoció por anticipado” a las personas, no a sus acciones. Para demostrarlo, citaremos los pasajes en los que se encuentra esta expresión.

El primero es hechos 2:23, donde leemos de Jesús: “Entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendísteis y matásteis por manos de inicuos, crucificándole”. Si nos fijamos con atención en las palabras de este versículo, veremos que el apóstol no estaba hablando del conocimiento anticipado de Dios del acto de la crucifixión, sino de la Persona crucificada: “este, entregado por…”, etc.

El segundo es en Rom. 8:29,30. “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a estos también llamó.” Fíjense bien en el pronombre que se usa aquí. No es lo que, sino los que antes conoció. Lo que se nos muestra no es la sumisión de la voluntad, ni la fe del corazón, sino las personas mismas. “No ha desechado Dios a su pueblo, el cual antes conoció” (Rom. 11:22). Una vez más, la referencia es claramente a personas solamente.

La última cita es 1Ped. 1:2: “Elegidos según la presciencia de Dios Padre” ¿Quienes son ellos? El versículo anterior nos lo dice: la referencia es a los “extranjeros esparcidos”, es decir, la Diáspora, los judíos creyentes de la dispersión. Aquí, también, la referencia es a personas, no a sus hechos previstos. En vista de estos pasajes ¿qué base bíblica hay para decir que Dios “Previo” los hechos de algunos, a saber, su “arrepentimiento y fe”, y que, a causa de los mismos, los eligió para salvación? Absolutamente ninguna.

La Escritura jamás habla del arrepentimiento y la fe como algo previsto o preconocido por Dios. Es verdad que Dios conocía desde toda la eternidad que algunos se arrepentirían y creerían, pero la Escritura no se refiere a esto como objeto de la “presciencia” de Dios. El término se refiere invariablemente a Dios preconociendo a personas; así pues, “retengamos la forma de las sanas palabras” (2Tim. 1:13).

Otra cosa sobre la que deseamos llamar particularmente la atención es que los dos primeros pasajes citados, muestran de manera clara, y enseñan implícitamente, que la presciencia de Dios no es cautiva, sino que, detrás de ella precediéndola, hay algo más: su propio decreto soberano. Cristo fue “entregado por el (1) determinado consejo y (2) anticipado conocimiento de Dios” (Hech. 2:23). Su “consejo” o decreto fue la base de su anticipado conocimiento.

Asimismo en Romanos 8:29. Este versículo empieza con la palabra “porque”, lo cual nos habla de lo que precede inmediatamente. ¿Qué es, entonces, lo que dice el versículo anterior?
“Todas las cosas les ayudan a bien… a los que conforme al propósito son llamados” Así pues, “el anticipado conocimiento” de Dios se basa en su “propósito” o decreto (véase Salmo 2:7)
Dios conoce por anticipado lo que será, porque él ha decretado que sea. Afirmar, por lo tanto que Dios elige porque preconoce es invertir el orden de la Escritura, es como poner el carro delante del caballo. La verdad es que preconoce porque ha elegido. Esto elimina la base o causa de la elección como algo de la criatura, y la coloca en la soberana voluntad de Dios.
Dios se propuso elegir a ciertas personas, no porque hubiera algo bueno en ellas, ni porque previera algo bueno en las mismas, sino solamente, a causa de su pura buena voluntad. El por qué escogió a éstos no lo sabemos; lo único que podemos decir es: “Así, Padre, porque así te agradó”. La verdad clara de Romanos 8:29, es que Dios, antes de la fundación del mundo, separó a ciertos pecadores y los escogió para salvación (2Tes. 2:13).

Esto se ve claro en las últimas palabras del versículo: los “predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo”, etc. Dios no predestinó a aquellos que él preveía que “eran hechos conformes…”, sino que, por el contrario, predestinó a aquellos a los que “antes conoció” (es decir, amó y eligió) “para que fuesen hechos conformes…”. Su conformidad a Cristo no es la causa, sino el efecto de la presciencia y predestinación de Dios.
Dios no eligió a ningún pecador porque viera que creería, por la razón sencilla pero suficiente, de que ningún pecador cree jamás hasta que Dios le da fe; de la misma manera que ningún hombre puede ver antes de que Dios le de la vista. Ya que la vista es el don de Dios, y ver es la consecuencia del uso de su don.

Asimismo, la fe es el don de Dios “Porque por gracia sois salvos, por medio de la fe y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8), y creer es la consecuencia del uso de este don. Si fuera cierto que Dios eligió a algunos para ser salvos porque a su debido tiempo éstos creerían, eso convertiría el creer en un acto meritorio, y, en este caso, el pecador tendría razón de jactarse, lo cual la Escritura niega enfáticamente, (Efe.2:9).

En verdad la Palabra de Dios es suficientemente clara al enseñar que creer no es un acto meritorio. Afirma que los cristianos son aquellos que “por la gracia han creído” (Hech. 18:27).
Por lo tanto, si han creído “por gracia”, no hay absolutamente nada meritorio, el mérito no puede ser la base o causa que movió a Dios a escogerlos.

No, la elección de Dios no procede de nada que haya en nosotros, o de nada que proceda de nosotros, sino únicamente de su propia y soberana buena voluntad. Una vez más, en Romanos 11:5, leemos de “un remanente escogido por gracia”. Ahí está suficientemente claro; la misma elección es por gracia, y gracia es favor inmerecido, algo a lo que no tenemos derecho alguno.

Precisamente, se ve la importancia para nosotros, de tener ideas claras y bíblicas sobre la presciencia de Dios. Quien no solamente conoció el final desde el principio, sino que planeó, fijó y predestinó todo desde el principio. Ya que, si ustedes son cristianos verdaderos, lo son porque Dios los escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, (Efe. 1:4), y lo hizo, no porque previo que creería, sino porque, simplemente, así le agradó hacerlo; te escogió a pesar de tu incredulidad natural.

Siendo así, toda la gloria y la alabanza le pertenece solo a El. No tienes base alguna para atribuirte ningún mérito. Has creído “por la gracia”, y eso porque tu misma elección fue “de gracia” (Rom. 11:5).

LA SANTIDAD DE DIOS

Junio 9, 2009 | | 1 Comment

LA SANTIDAD DE DIOS

  • “¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre? Porque tú sólo eres santo” (Apoc. 15:4).

Sólo El es infinita, independientemente e inmutablemente santo. Con frecuencia Dios es llamado “El Santo” en la Escritura; y lo es porque en él se halla la suma de todas las excelencias morales.

Es pureza absoluta, sin la más leve sombra de pecado. “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1Juan. 1:5).

La santidad es la misma excelencia de la naturaleza divina: el gran Dios es “magnífico en santidad” (Ex. 15:11). Por eso leemos: “muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio” (Hab. 1:13). De la misma manera que el poder de Dios es lo opuesto a debilidad natural de la criatura, y su sabiduría contrasta completamente con el menor defecto de entendimiento, su santidad es la antítesis de todo defecto o imperfección moral.

En la antigüedad, Dios instituyó algunos “que cantasen a Jehová y alabasen en la hermosura de su santidad”. (2 Crón. 20:21). El poder es la mano y el brazo de Dios, la omnisciencia sus ojos, la misericordia su entraña, la eternidad su duración, pero “la santidad es su hermosura”. Es esta hermosura lo que le hace deleitoso para aquellos que han sido liberados del dominio del pecado.

A esta perfección divina se le da un énfasis especial. “Se llama santo a Dios más veces que todopoderoso, y se presenta esta parte de su dignidad más que ninguna otra. Esta cualidad va como calificativo junto a su nombre más que ninguna otra. Nunca se nos habla de Su poderoso nombre, o su sabio nombre, sino su grande nombre, y, sobre todo, su santo nombre. Este es su mayor título de honor; en ésta resalta toda la majestad y respetabilidad de su nombre.” Esta perfección, como ninguna otra, es celebrada ante el trono del cielo por los serafines que claman: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos” (Isa. 6:3).

Dios mismo destaca esta perfección: “Una vez he jurado por mi santidad” (Sal. 89:35).
Dios jura por su santidad porque ésta es la expresión más plena de sí mismo. Por ella nos exhorta: “Cantad a Jehová, vosotros sus santos, y celebrad la memoria de su santidad” (Sal. 30:4). “Podemos llamar a éste un atributo trascendental; es como si penetrara en los demás atributos y les diera lustre” (J. Howe 1670). Por ello leemos de la “hermosura del Señor” (Sal. 27:4), la cual no es otra que la “hermosura de su santidad” (Sal. 110:3).

“Esta excelencia destacada por encima de sus otras perfecciones, es la gloria de éstas; es cada una de las perfecciones de la deidad; así como su poder es el vigor de sus otras perfecciones, su santidad es la hermosura de las mismas; de la manera que sin omnipotencia todo sería débil, sin santidad todo sería desagradable. Si ésta fuera manchada, el resto perdería su honra.

Esto sería como si el sol perdiera su luz: perdería al instante su calor, su poder y sus virtudes generadoras y vivificadoras. Así como en el cristiano la sinceridad es el brillo de todas las gracias, la pureza en Dios es el resplandor de todos los atributos de la divinidad. Su justicia es santa, su sabiduría santa, su brazo poderoso es un santo brazo (Sal. 98:1). Su verdad o palabra es una Santa Palabra (Sal. 105:42). Su nombre, que expresa todos sus atributos juntos, es un Santo Nombre (Sal. 103:1)”

La santidad de Dios se manifiesta en sus obras. Nada que no sea excelente puede proceder de El. La santidad es regla de todas sus acciones. En el principio declaró todo lo que había hecho “bueno en gran manera” (Gen. 1:31), lo cual no hubiera podido hacer si hubiera habido algo imperfecto o impuro.

Al hombre lo hizo “recto” (Ecl. 7:29), a imagen y semejanza de su creador. Los ángeles que cayeron fueron creados santos, ya que, según leemos, “dejaron su habitación” (Judas. 6). De Satanás está escrito: “perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado hasta que se halló en ti maldad” (Eze. 28:15).

La santidad de Dios se manifiesta en su ley. Esa ley prohíbe el pecado en todas sus variantes: en las formas más refinadas así como en las más groseras, la intención de la mente como la de contaminación del cuerpo, el deseo secreto como el acto abierto.

Por ello leemos: “la ley a la verdad es santa y el mandamiento santo y justo, y bueno” (Rom. 7:12). Sí, “el precepto de Jehová es puro que alumbra a los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Sal. 19:8,9).

La santidad de Dios que se manifiesta en la cruz. La expiación pone de manifiesto de la manera más admirable, y a la vez solemne la santidad infinita de Dios y su odio al pecado. ¡Cuán detestable había de serle este cuando lo castigó hasta el límite de su culpabilidad al imputarlo a su hijo! “los juicios que han sido o que serán vertidos sobre el mundo impío, la llama ardiente de la concienc ia pecadora, la sentencia irrevocable dictada contra los demonios rebeldes, y los gemidos de las criaturas condenadas, nos demuestran tan palpablemente el odio de Dios hacia el pecado como la ira del Padre desatada sobre el Hijo.

La santidad divina jamás apareció más atractiva y hermosa que cuando la faz del salvador estaba más desfigurada por los gemidos de la muerte. El mismo lo declara en el Salmo 22.

Cuando Dios esconde de Cristo su faz sonriente y le hunde su afilado cuchillo en el corazón haciéndole exclamar Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?, Cristo adora esa perfección divina: “pero tu eres santo, v. 3”.

Dios odia todo pecado porque El es santo. El ama todo lo que es conforme a sus leyes y aborrece todo lo que es contrario a las mismas. Su palabra lo expresa claramente: “el perverso es abominado de Jehová” (Prov. 3:32). Y otra vez: “abominación son a Jehová los pensamientos del malo” (Prov. 15:26). De ello se desprende que él, necesariamente ha de castigar el pecado.

El pecado no puede escapar a su castigo porque Dios lo aborrece. Dios ha perdonado a menudo a los pecadores, pero jamás perdona el pecado; el pecador sólo puede ser perdonado a causa de que otro ha llevado su castigo, porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22). Por eso se nos dice que “Jehová se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos” (Nah. 1:2).

A causa de un pecado Dios desterró a nuestros primeros padres del Edén. Por un pecado toda la descendencia de Cam cayó bajo una maldición que todavía perdura. Moisés fue excluido de Canaán a causa de un pecado. Y por un pecado el criado de Eliseo fue castigado con lepra y Ananías y Safira fueron separados de la tierra de los vivientes.

En eso tenemos pruebas de la inspiración divina de las Escrituras. El alma no regenerada no cree realmente en la santidad de Dios el concepto que de su carácter tiene es parcial. Espera que su misericordia superará todo lo demás. “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Sal. 50:21), es la acusación de Dios a los tales.

Piensan en un dios cortado según el patrón de sus propios corazones malos. De ahí su persistencia en una carrera de locura. La santidad atribuida en las Escrituras a la naturaleza y carácter divinos es tal, que demuestra claramente el origen sobrenatural de estas. El carácter atribuido a los “dioses” del paganismo antiguo y moderno es todo lo contrario de la pureza inmaculada que pertenece al verdadero Dios.

¡Los descendientes caídos de Adán jamás podían idear un Dios de santidad inenarrable que aborrece totalmente todo pecado! En realidad, nada pone más de manifiesto la terrible depravación del corazón humano y su enemistad con el Dios viviente que la presencia del que es infinita e inmutablemente sabio.

La idea humana del pecado está prácticamente limitada a lo que el mundo llama “crimen”. Lo que no llega a tal gravedad, el hombre lo llama “defectos”, “equivocaciones”, “enfermedad”, etc. E incluso cuando se reconoce la existencia del pecado, se buscan excusas y atenuantes.

El “dios” que la inmensa mayoría de los que profesan ser cristianos “aman” es como un anciano indulgente, quien, aunque no las comparta disimula benignamente las “imprudencias” juveniles. Pero la Palabra de Dios dice: “Aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Sal. 5:5),“Dios está airado todos los días contra el impío” (Sal. 7:11).

Pero los hombres se niegan a creer en este Dios, y rechinan los dientes cuando se les habla fielmente de como odia al pecado. No, el hombre pecaminoso no podía imaginar un Dios santo, como tampoco crear el lago de fuego en el que será atormentado para siempre.

Porque Dios es santo, es completamente imposible que acepte a las criaturas sobre la base de sus propias obras. Una criatura caída podría más fácilmente crear un mundo que hacer algo que mereciera la aprobación del que es infinitamente puro. ¿Pueden las tinieblas habitar con la luz? ¿Puede el inmaculado deleitarse con los “trapos de inmundicia”? (Isa. 64:6). Lo mejor que el hombre pecador puede presentar está contaminado. Un árbol corrompido no puede producir buen fruto, si Dios considerara justo y santo aquello que no lo es, se negaría a sí mismo y envilecería sus perfecciones; y no hay nada justo ni santo si tiene la menor mancha contraria a la naturaleza de Dios. Pero bendito sea su nombre, porque lo que su santidad exigió, lo proveyó su gracia en Cristo Jesús, Señor nuestro cada pobre pecador que se haya refugiado en él es “acepto en el amado” (Efe. 1:6). ¡Aleluya!.

Porque Dios es santo, debemos acercarnos a él con la máxima reverencia. “Dios terrible en la grande congregación de los santos y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo” (Sal. 89:7). “Ensalzad a Jehová nuestro Dios, e inclinaos al estrado de sus pies: él es santo” (Sal. 99:5). Sí, “Al estrado”, en la postura más humilde, postrados ante él. Cuando Moisés se acercaba a la zarza ardiendo, Dios le dijo: “quita tus zapatos de tus pies” (Exo. 3:5).

A él hay que servirle “con temor” (Sal. 2:11). Al pueblo de Israel dijo: “En mis allegados me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado” (Lev. 10:3). Cuando más temerosos nos sintamos ante su santidad inefable, más aceptables seremos al acercarnos a él.

Porque Dios es santo, deberíamos desear ser hechos conformes a él. Su mandamiento es: “Sed santos, porque yo soy santo” (1Ped. 1:16). No se nos manda ser omnipotentes u omniscientes como Dios, sino santos, y eso “en toda conversación” (1Ped. 1:15). este es el mejor medio para agradarle. No glorificamos a Dios tanto con nuestra admiración ni con expresiones elocuentes o servicio ostentoso, como con nuestra aspiración a conversar con El con espíritu limpio, y a vivir para El viviendo como El”.

Así pues, por cuanto solo Dios es la fuente y manantial de la santidad, busquemos la santidad en él; que nuestra oración diaria sea que “El Dios de paz os santifique en todo; para que vuestro espíritu y alma y cuerpo sea guardado entero sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo” ( 1Tes. 5:23).

EL AMOR DE DIOS

Junio 9, 2009 |  Tagged | 1 Comment

EL AMOR DE DIOS

En las Sagradas Escrituras se nos dicen tres cosas acerca de la naturaleza de Dios. Primero, que “Dios es Espíritu” (Juan 4:24). En el griego no hay artículo indeterminado, por lo que decir “Dios es un espíritu» sería en extremo censurable, puesto que le igualaría a otros seres. Dios es “Espíritu” en el sentido más elevado.

Por ser “Espíritu” no tiene sustancia visible, es incorpóreo. Si Dios tuviera un cuerpo tangible, no sería omnipresente, y estaría limitado a un lugar; al ser “Espíritu” llena los cielos y la tierra. Segundo, que “Dios es luz” (1Juan 1:5) lo cual es lo opuesto a las tinieblas.

Las tinieblas, en las Escrituras, representan el pecado, el mal, la muerte; la luz representa la santidad, la bondad, la vida. Que “Dios es luz” significa que es la suma de todas las excelencias. Tercero, que “Dios es amor” (1Juan 4:5). No es simplemente que Dios “ama”, sino que es el Amor mismo. El amor no es simplemente uno de sus atributos, es su misma naturaleza.

Muchos hoy en día hablan del amor de Dios, pero son ajenos por completo al Dios de amor. El amor divino es considerado comúnmente como una especie de debilidad afectuosa, una cierta indulgencia cariñosa; es reducido a un simple sentimiento enfermizo, copiado de las emociones humanas. Sin embargo, la verdad es que en esto, como en todo lo demás, nuestras ideas han de ser reguladas de acuerdo con lo que las Sagradas Escrituras nos revelan.

Esta es una urgente necesidad que se hace evidente, no sólo por la ignorancia general que prevalece, sino también por el estado tan bajo de espiritualidad que, triste es decirlo, es característica general de muchos de los que profesan ser cristianos.

¡Qué poco amor genuino hay hacia Dios! Una de las razones principales es que nuestros corazones se ocupan muy poco de su maravilloso amor hacia los suyos. Cuanto mejor conozcamos su amor -su carácter, plenitud, bienaventuranza más fuerte será el impulso de nuestros corazones en amor hacia él.

1. El amor de Dios es inherente. Queremos decir que no hay nada en los objetos de su amor que pueda provocarlo, ni nada en la criatura que pueda atraerlo o impulsarlo. El amor que una criatura siente por otra es producido por algo que hay en ésta; pero el amor de Dios es gratuito, espontáneo, inmotivado. La única razón de que Dios ame a alguien reside en su voluntad soberana.

  • “no por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros erais los más pocos de todos los pueblos; sino porque Jehová os amó” (Deut. 7:7,8).

Dios ha amado a los suyos desde la eternidad, y, por lo tanto, nada que sea de la criatura puede ser la causa de lo que se halla en Dios desde la eternidad. El ama por sí mismo “según el intento suyo” (2 Tim. 1:9).

  • “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19).

Dios no nos amó porque nosotros le amábamos, sino que nos amó antes de que tuviésemos una sola partícula de amor hacia él. Si Dios nos hubiera amado correspondiendo a nuestro amor, no hubiera sido espontáneo; pero, porque nos amó cuando no había amor en nosotros, es evidente que nada influyó en su amor. Si Dios ha de ser adorado, y el corazón de sus hijos probado, es importante que tengamos ideas claras acerca de esta verdad preciosa.

El amor de Dios hacia cada uno de “los suyos» no fue movido en absoluto por nada que hubiera en ellos. ¿Qué había en mí que atrajera al corazón de Dios? Nada absolutamente. Al contrario, todo lo que le repele, todo lo que le haría aborrecerme -pecado, depravación, corrupción estaba en mi corazón; en mí no había ninguna cosa buena.

2. Es eterno. Necesariamente ha de ser así. Dios mismo es eterno, y Dios es amor; por tanto, como él no tuvo principio, tampoco su amor lo tiene. Es cierto que este concepto trasciende el alcance de nuestra mente finita; sin embargo, cuando no podemos comprender, podemos adorar.

¡Qué claro es el testimonio de Jeremías 31:3 “Con amor eterno te he amado; por tanto te soporté con misericordia!”

¡Qué bendito conocimiento el saber que el Dios grande y santo amó a sus hijos antes de que el cielo y la tierra fuesen creados, y que había puesto su corazón en ellos desde la eternidad!
Esto es prueba clara de que su amor es espontáneo, porque él les amó innumerables siglos antes de que tuviesen el ser.

La misma maravillosa verdad queda expuesta en Efesios 1:4,5: “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor;habiéndonos predestinado”. ¡Qué de alabanzas debería producir el corazón al pensar que si el amor de Dios no tuvo principio tampoco puede tener fin! Si es verdad que “desde el siglo hasta el siglo” El es Dios y es “amor” entonces es igualmente verdad que ama a su pueblo “desde el siglo y hasta el siglo”.

3. Es soberano. Esto, también, es evidente en sí mismo. Dios es soberano, no está obligado para con nadie; Dios es su propia ley, actúa siempre de acuerdo con su propia voluntad real. Así, pues, si Dios es soberano, y es amor, se desprende necesariamente que su amor es soberano. Porque Dios es Dios, actúa como le agrada; porque es amor, ama a quien quiere. Tal es su propia explícita afirmación: “A Jacob amé, ma s a Esaú aborrecí” (Rom. 9:13). No había más objeto de amor en Jacob que en Esaú. Ambos habían tenido los mismos padres, habían nacido al mismo tiempo, puesto que eran gemelos; con todo, ¡Dios amó al uno y aborreció al otro! ¿Por qué? Porque le agradó hacerlo así.

La soberanía del amor de Dios se desprende necesariamente del hecho de que no es influido por nada que haya en la criatura. De ahí que el afirmar que la causa de su amor reside en El mismo es sólo otra manera de decir que ama a quien quiere. Supongamos, por un momento, lo contrario. Supongamos que el amor de Dios fuera regulado por algo externo a su voluntad.

En tal caso su amor se regiría por unas reglas, y, siendo así, El estaría bajo una regla de amor, de manera que, lejos de ser libre, sería gobernado por una ley. “En amor; habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo a sí mismo, según” -¿qué? ¿Algún mérito que vio en nosotros? No; sino, “según el puro afecto de su voluntad” (Efe. 1:4,5).

4. Es infinito. Todo lo referente a Dios es infinito. Su sustancia llena los cielos y la tierra. Su sabiduría es ilimitada, porque él conoce todo el pasado, el presente y el futuro. Su poder es inmenso, porque no hay nada difícil para él. Asimismo, su amor no tiene límite. Tiene una profundidad que nadie puede sondear; una altura que nadie puede escalar; una longitud y una anchura que están más allá de toda medida humana.
Esto se nos indica en Efe. 2:4: “Sin embargo, Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó”; la palabra “mucho” aquí es sinónima de “de tal manera amó Dios” en Juan 3:16. Nos habla de un amor tan sobresaliente que no puede ser calculado.

“Ninguna lengua puede expresar fielmente la infinitud del amor de Dios, ni ninguna mente comprenderla: “excede a todo conocimiento” (Efe. 3:19). Las más vastas ideas que la mente finita puede formarse del amor divino están muy por debajo de su verdadera naturaleza.

5. Es inmutable. Del mismo modo que en Dios “no hay mudanza, ni sombra de variación” (Stg. 1:17), tampoco su amor conoce cambio o disminución. El indigno Jacob ofrece un ejemplo poderoso de esta verdad: “A Jacob amé”, declaró Jehová, y, a pesar de toda su incredulidad y desobediencia, El nunca dejó de amarle.
En Juan 13:1 se nos da otra hermosa ilustración. Aquella misma noche, uno de los apóstoles diría: “Muéstranos al Padre”; otro le negaría con juramentos, todos iban a ser escandalizados y le abandonarían. Así y todo, “como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. El amor divino no está sujeto a vicisitudes de ninguna clase. El amor divino “fuerte es como la muerte… las muchas aguas no podrán apagarlo” (Cant. 5:6,7). Nada puede apartarnos del mismo (Rom. 8:35-39).

6. Es santo. El amor de Dios no lo regula el capricho, ni la pasión, ni el sentimiento, sino un principio. Del mismo modo que su gracia no reina a expensas de la misma, sino “por la justicia” (Ro. 5:21), así su amor nunca choca con su santidad. “Dios es luz” (1 Jn. 1:3) se encuentra antes que “Dios es amor” (1 Jn. 4:5). El amor de Dios no es una simple debilidad afectuosa, ni una especie de muelle ternura.

La Escritura declara que “el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo” (Heb. 12:6). Dios no cerrará los ojos al pecado, ni siquiera al de sus hijos. Su amor es puro, sin mezcla de sentimentalismo sensiblero.

7. Es benigno.El amor y el favor de Dios son inseparables. Esto se pone de relieve en Romanos 8:32-39. Por la idea y alcance del contexto se percibe claramente que es este amor, el cual no puede haber separación: es la buena voluntad y la gracia de Dios que le determinaron a dar a su Hijo por los pecadores. Ese amor fue el poder impulsor de la encarnación de Cristo: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16), Cristo no murió para hacer que Dios nos amara, sino porque amaba a su pueblo. El Calvario es la demostración suprema del amor divino. Siempre, que seamos tentados a dudar del amor de Dios, recordemos el Calvario. He aquí, abundante motivo para confiar en Dios, y para soportar con paciencia las aflicción que envía, Cristo era el amado del Padre, y aun así no estuvo exento de pobreza, afrenta y persecución. Sufrió hambre y sed. De ahí que, al permitir que los hombres le escupieran y le hirieran, el amor de Dios hacia Cristo no sufrió menoscabo.

Así pues, que ningún cristiano dude del amor de Dios al ser sometido a pruebas y aflicciones dolorosas. Dios no enriqueció a Cristo con prosperidad temporal en este mundo, ya que “no tenía donde recostar su cabeza”. Pero sí le dio el Espíritu sin medida. Siendo así, aprendamos que las bendiciones espirituales son los dones principales del amor divino. ¡Qué bendición es el saber que, aunque el mundo nos odie, Dios nos ama!

LA FIDELIDAD DE DIOS

  • “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel” (Deut. 7:9).

La infidelidad es uno de los pecados más predominantes de estos días malos. En el mundo de los negocios, salvo excepciones cada vez más raras, los hombres no se sienten ligados ya a la palabra empeñada. En la esfera social, la infidelidad conyugal abunda por todos lados; los sagrados lazos del matrimonio son quebrantados con la misma facilidad con que se desecha una prenda vieja.

En el reino eclesiástico, miles que prometieron solemnemente predicar la verdad, la atacan y niegan sin escrúpulo alguno. Ningún lector o escritor puede pretender ser inmune a este terrible pecado; ¡de cuántas maneras diferentes hemos sido infieles a Cristo y a la luz y privilegios que Dios nos ha confiado!

Esta cualidad es esencial a su ser, sin ella no sería Dios. Para Dios, ser infiel sería obrar en contra de su naturaleza, lo cual es imposible: “Si fuéremos infieles él permanece fiel: no se puede negar a sí mismo” (2 Tim. 2:13). La fidelidad es una de las gloriosas perfecciones de su ser.

Es como si estuviera vestido de ella: “Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu verdad está en torno de ti” (Sal. 89:8). Asimismo, cuando Dios fue encarnado, fue dicho: “La justicia será el cinturón de sus lomos, y la fidelidad lo será de su cintura.” (Isa. 11:5).
¡Qué palabra la del Salmo 36:5: “Jehová, hasta los cielos es tu misericordia ; tu verdad hasta las nubes!” La fidelidad inmutable de Dios está muy por encima de la comprensión finita.

Todo lo concerniente a Dios es vasto, grande, incomparable. El nunca olvida, ni falta a su Palabra; nunca la pronuncia con vacilación, nunca renuncia a ella. El Señor se ha comprometido a cumplir cada promesa y profecía, cada pacto establecido y cada amenaza, porque “Dios no es hombre, para que mienta; ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, “¿y no lo hará?;habló ¿y no lo ejecutará?” (Núm. 23:19). Por ello exclama el creyente: “Nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” (Lam. 3:22,23).

Las ilustraciones sobre la fidelidad de Dios son muy abundantes en las Escrituras. Hace más de cuatro mil años, El dijo: “Mientras exista la tierra, no cesarán la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche” (Gén. 8:22). Cada año que pasa es una nueva prueba del cumplimiento de esta promesa por parte de Dios.

En Génesis 15 leemos que Jehová declaró a Abraham: “Entonces Dios dijo a Abram: “Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no será suya, y los esclavizarán y los oprimirán 400 años. Pero yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de esto saldrán con grandes riquezas. Pero tú irás a tus padres en paz y serás sepultado en buena vejez. En la cuarta generación volverán acá,” (vs. 13-16).

Los siglos siguieron su curso, y los descendientes de Abraham gemían mientras cocían ladrillos en Egipto. ¿Había olvidado Dios su promesa? No, por cierto. Leamos (Exo. 12:41):Pasados los 430 años, en el mismo día salieron de la tierra de Egipto todos los escuadrones de Jehová. Dios, hablando por el profeta Isaías, declaró: “Por tanto, el mismo Señor os dará la señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel” (Isa.7:14). De nuevo Pasaron los siglos, “pero venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer” (Gál. 4:4).

Dios es veraz. Su palabra de promesa es segura. En todas sus relaciones con su pueblo Dios es fiel. En El, él hombre puede confiar. Nadie ha confiado jamás en Dios en vano. Esta verdad preciosa la encontramos expresada en cualquier lugar de la Escritura, porque su pueblo necesita saber que la fidelidad es una parte esencial del carácter divino.

Este es el fundamento de nuestra confianza. Pero una cosa es aceptar la fidelidad de Dios como una verdad divina, y otra muy distinta actuar de acuerdo con ella. Dios nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, pero ¿contamos realmente con su cumplimiento? ¿Esperamos, en realidad, que haga por nosotros todo lo que ha dicho? ¿Descansamos con seguridad absoluta en las palabras: “Fiel es el que prometió”? (Heb. 10:23).
Hay épocas en la vida de todos los hombres, incluso en la de los cristianos, cuando no es fácil creer que Dios es fiel. Nuestra fe es penosamente probada, nuestros ojos oscurecidos por las lágrimas, y no podemos acertar a ver la obra de su amor. Los ruidos del mundo aturden nuestros oídos perturbados por los susurros ateos de Satanás, que nos impiden oír los acentos dulces de su tierna y queda voz.

Los planes que acariciábamos han sido desbaratados, algunos amigos en los cuales confiábamos nos han abandonado, alguien que profesaba ser nuestro hermano en Cristo nos ha traicionado. Nos tambaleamos. Intentamos ser fieles a Dios, pero una oscura nube le esconde de nosotros. Encontramos que, para el entendimiento carnal, es difícil, mejor dicho, imposible armonizar los reveses de la providencia con sus gratas promesas.

  • “¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová, y oye la voz de su siervo? El que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios” (Isa. 50:10).

Cuando seamos tentados a dudar de la fidelidad de Dios gritemos: “¡Vete, Satanás!.

Aunque no podamos armonizar el proceder misterioso de Dios con las declaraciones de su amor, espera en él, y pídele más luz. El te lo mostrará a su debido tiempo. “Lo que yo hago, tú no entiendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan. 13:79)

Los resultados mostrarán que Dios no ha olvidado ni defraudado a los suyos. “Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto será ensalzado teniendo de nosotros misericordia: porque Jehová es Dios de juicio; bienaventurados todos los que le esperan” (Isa. 30:18). “Tus testimonios, que has recomendado, son rectos y muy fieles” (Sal. 129:36). Dios no sólo ha hecho saber lo mejor, sino que no nos ha escondido lo peor. Nos ha descrito fielmente la ruina que la caída trajo consigo.

Ha diagnosticado fielmente el estado terrible que ha producido el pecado. Nos ha hecho conocer su oído arraigado hacia el mal, y que éste debe ser castigado. Nos ha prevenido fielmente que El es “fuego consumidor” (Heb. 12:29). Su palabra no sólo abunda en ilustraciones de su fidelidad en el cumplimiento de sus promesas, sino que también registra numerosos ejemplos de su fidelidad en el cumplimiento de sus amenazas. Cada etapa de la historia de Israel ejemplifica este hecho solemne.

Lo mismo sucede en lo referente a los individuos: Faraón, Acán y otros muchos son otras tantas pruebas; a menos que hayamos acudido ya, o que acudamos a Cristo en busca de refugio, el tormento eterno del lago de fuego será el que nos espere. Dios es fiel. Dios es fiel al proteger a su pueblo. “Fiel es Dios, por el cual sois llamados a la participación de su Hijo” (1 Cor. 1:9). En el versículo precedente se promete que Dios confirmará a los suyos hasta el fin. La fe del apóstol en la absoluta seguridad de la salvación de los creyentes se basaba, no en el poder de sus resoluciones ni en su capacidad para perseverar, sino en la veracidad de Aquel que no puede mentir.

Dios no permitirá que perezca ninguno de los que forman parte de la herencia que ha dado a su Hijo, sino que ha prometido librarles del pecado y la condenación, y hacerles participes de la vida eterna en gloria. Dios es fiel al disciplinar a los suyos. Es tan fiel en lo que retiene como en lo que da. Fiel al enviar penas, tanto como al dar alegrías. La fidelidad de Dios es una verdad que debemos reconocer, no sólo cuando estamos en paz, sino también cuando sufrimos la más severa reprensión.

Este reconocimiento debe estar en nuestro corazón, no debe ser de labios solamente. Es la fidelidad de Dios la que maneja la vara con la que nos hiere. Reconocerlo así equivale a humillarnos delante de El y confesar que merecemos su corrección, y, en lugar de murmurar, darle gracias. Dios nunca aflige sin razón: “Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros” (1 Cor. 11:30), ilustra este principio. Cuando su vara cae sobre nosotros digamos con Daniel: “Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro” (Dan. 9:7).

  • “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justicia, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” (Sal. 119:75).

La pena y la aflicción son no sólo compatibles con el amor prometido en el pacto eterno, sino partes de la administración del mismo. Dios es fiel, no solamente a pesar de las aflicciones, sino también al enviarlas.

  • “Entonces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, ni falsearé mi verdad” (Sal. 89:32,33).

El castigo es, no sólo reconciliable con su misericordia, sino el efecto y la expresión de la misma. ¡Cuánta más paz de espíritu tendría el pueblo de Dios si cada uno recordara que su pacto de amor le obliga a enviar corrección cuando es conveniente! Las aflicciones nos son necesarias:“En su angustia madrugarán a mí” (Oseas 5:15). Dios es fiel al glorificar a sus hijos. “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará” (1Tes. 5:24). Aquí se refiere a los santos que son guardados enteros sin reprensión para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Dios no nos trata según nuestros méritos (pues no tenemos ninguno), sino según su propio gran nombre.

Dios es fiel a sí mismo y a su propio propósito de gracia: “A los que llamó… a estos también glorificó” (Rom. 5:30). Dios da una demostración plena de la permanencia de su bondad eterna hacia sus escogidos al llamarlos eficazmente de las tinieblas a su luz admirable; y esto debería asegurarles plenamente de la certeza de su perseverancia. “El fundamento de Dios está firme” (2 Tim. 2:19). Pablo descansaba en la fidelidad de Dios cuando dijo: “Yo sé a quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Tim. 1:12).

La comprensión de esta bendita verdad nos librará de la inquietud. Cuando estamos llenos de ansiedad, cuando vemos nuestra situación con temor, cuando miramos al mañana con pesimismo, estamos rechazando la fidelidad de Dios. El que ha cuidado de su hijo a través de los años no lo abandonará cuando sea viejo. El que ha oído tus oraciones en el pasado, no dejará de suplir tus necesidades en el momento de apuro. Descansa en Job 5:19: “En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal”.

La comprensión de esta bendita verdad refrenará nuestra murmuración. El Señor sabe qué es lo mejor para cada uno de nosotros, y el descansar en esta verdad acallará nuestras quejas impacientes. Dios será grandemente honrado si, cuando pasamos por la prueba y la reprensión, tenemos buena memoria de El, vindicamos su sabiduría y justicia, y reconocemos su amor incluso en la misma reprobación.

La comprensión de esta bendita verdad aumentará nuestra confianza en Dios. “Por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como fiel Creador, haciendo bien” (1Ped. 4:19). Cuando depositemos confiadamente nuestras vidas y nuestras cosas en las manos de Dios, plenamente persuadidos de su amor y fidelidad, pronto nos contentaremos con sus provisiones, y nos daremos cuenta que “Dios lo hace todo bien”.

LA MISERICORDIA DE DIOS

  • “Alabad a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia” (Sal. 136:1).

Dios merece ser muy alabado por esta perfección de su divino carácter. El salmista exhorta a los santos, tres veces en otros tantos versículos, a dar gracias a Dios por este adorable atributo. Y, en verdad, esto es lo menos que puede pedirse a los que se han beneficiado tan grandemente del mismo.

Cuando consideramos las características de esta excelencia divina, no podemos dejar de bendecir a Dios. Su misericordia es “grande” (1Reyes 3:6), “mucha” (Sal. 119:156), “desde el siglo y hasta el siglo sobre los que le temen” (Sal. 103:17). bien podemos decir con el salmista: “Loaré de mañana tu misericordia” (Sal. 59:16).

  • “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente” (Exo. 33:19).

¿En qué se diferencian la “misericordia” y la “gracia” de Dios? La misericordia nace de la bondad de Dios.

La primera consecuencia de la bondad de Dios es su benignidad o merced, por la cual da libremente a sus criaturas como tales; por eso ha dado el ser y la vida a todas las cosas. La segunda consecuencia de la bondad de Dios es su misericordia, la cual denota la pronta inclinación de Dios a aliviar la miseria de las criaturas caídas. Así, pues, la, “misericordia” presupone la existencia del pecado.

Aunque no pueda ser fácil a primera vista percibir una diferencia real entre la gracia y misericordia de Dios, nos ayudará a ello el estudio detenido de su proceder con los ángeles. El nunca ha ejercido misericordia en éstos, porque nunca han tenido necesidad de ella al no haber pecado ni caído bajo los efectos de la maldición. Aun así, son objeto de la gracia soberana y gratuita de Dios. En primer lugar porque los escogió de entre la raza entera angélica (1 Tim. 5:21). En segundo lugar, y a consecuencia de su elección, porque Dios los preservó de la apostasía cuando Satanás se rebeló y se llevó consigo una tercera parte de las huestes celestiales (Apoc. 12:4).

En tercer lugar, al hacer de Cristo su Cabeza (Col. 2:10 y 1Ped. 3:22), por lo que están asegurados eternamente en la condición santa en la que fueron creados. en Cuarto lugar, debido a la elevada presencia inmediata de Dios (Dan. 7:10), servirle constantemente en el templo celestial, y recibir cometidos honorables de él (Heb. 1:14). Esto representa gracia abundante hacia ellos, pero no “misericordia”.

Al tratar de estudiar la misericordia de Dios según se nos presenta en las Escrituras, necesitamos hacer una distinción triple para “trazar bien la palabra de verdad”. Primeramente, hay una misericordia general de Dios, que se extiende, no sólo a todos los hombres, creyentes y no creyentes, sino también a la creación entera: “Sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal. 145:9). “El da a todos vida, y respiración, y todas las cosas” (Hech. 17:25).

Dios tiene compasión de la creación irracional en sus necesidades y las suple con la provisión apropiada. Segundo, hay una misericordia especial que Dios ejerce en los hijos de los hombres, ayudándoles y socorriéndoles a pesar de sus pecados. A éstos, también, Dios da lo que necesitan: “hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueva sobre justos e injustos” (Mat. 5:45). Tercero, hay una misericordia soberana que está reservada para los herederos de la salvación, y que les es comunicada por el camino del pacto, a través del Mediador.

Si nos fijamos un poco más en la diferencia entre las distinciones segunda y tercera que hemos mencionado, notaremos que las misericordias que Dios otorga a los impíos son de naturaleza puramente temporal; es decir, se limitan estrictamente a la vida presente. La misericordia no se extenderá, para ellos, más allá de la tumba: “Aquél no es pueblo de entendimiento; por tanto su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó” (Isa. 27:11). Pero, en este punto, puede presentarse una dificultad a algunos, a saber: ¿No dice la Escritura que “para siempre es su misericordia”? (Sal. 136:1).

Hay dos cosas a tener en cuenta con referencia a esto. Dios no puede dejar jamás de ser misericordioso porque ésta es una cualidad de la esencia divina (Sal. 116:5); pero el ejercicio de su misericordia es regulado por su voluntad soberana. Esto ha de ser así, porque no hay nada ajeno a sí mismo que le obligue a actuar de una forma u otra; si hubiese algo, ese “algo” sería supremo, y Dios dejaría de ser Dios.

Es sólo la gracia soberana la que determina el ejercicio de la misericordia divina. Dios lo afirma categóricamente en Romanos 9:15: “Mas a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia”. No es la desdicha de la criatura la causa de la misericordia de Dios, ya que nada ajeno a sí mismo puede influir en él. Si Dios fue se influido por la degradante miseria de los pecadores leprosos, los limpiaría y salvaría a todos.

Pero no lo hace así. ¿Por qué? Simplemente, porque no es su agrado y propósito el hacerlo. menos aún pueden ser los méritos de la criatura los que hagan que él conceda sus misericordias sobre ella, porque el hablar de ‘misericordias’ merecidas sería una contradicción.

“No por obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia nos salvó” (Tito 3:5); una es directamente opuesta a la otra.

Ni son tampoco los méritos de Cristo los que mueven a Dios a otorgar sus misericordias sobre los elegidos: “a través” o a causa de la tierna misericordia de Dios, que Cristo fue enviado a su pueblo (Lucas 1:78). Los méritos de Cristo hicieron posible que Dios, justamente, concediera misericordias espirituales a sus escogidos, al haber sido satisfecha plenamente la justicia por el Fiador. No, la misericordia proviene solamente de la propia voluntad soberana de Dios. Por otra parte, aunque sea verdad, bendita y gloriosa verdad, que la misericordia de Dios “permanece para siempre”,

Debemos observar detenidamente a quienes es mostrada su misericordia. Aun el arrojar a los reprobados al lago de fuego es un acto de misericordia. Debemos considerar el castigo de los impíos desde tres puntos de vista.

Desde el punto de vista de Dios, es un acto de justicia, que vindica su honor. La misericordia de Dios nunca se muestra en perjuicio de su santidad y justicia. Para los impíos, será un acto de equidad el hacerles sufrir el castigo debido a sus iniquidades. Pero, desde el punto de vista de los redimidos, el castigo de los impíos es un acto de misericordia indecible.

¡Qué terrible sería si el presente estado de cosas continuara para siempre; si los hijos de Dios tuvieran que vivir rodeados de los hijos del diablo! Si los oídos de los santos tuvieran que escuchar el lenguaje sucio y blasfemo de los reprobados, el cielo dejaría de ser cielo al momento.

¡Qué misericordia muestra el hecho de que en la Nueva Jerusalén no entrará “ninguna cosa sucia,o que hace abominación y mentira” (Apoc. 21.27).

Para quien escuche, no piense que en lo dicho al último hemos dejado volar nuestra imaginación, apelemos a las Sagradas Escrituras como prueba de lo que hemos dicho. En el Salmo 143:12 encontramos a David orando así: “Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma: porque yo soy tu siervo”.

También en el Salmo 136:15 leemos que Dios “arrojó a Faraón y a su ejército en el mar Rojo, porque para siempre es su misericordia”. Fue un acto de venganza sobre Faraón y los suyos, pero, para los Israelitas, fue un acto de “misericordia”. Y otra vez, en Apoc. 19:1-3,leemos: “Oí una gran voz de gran compañía en el cielo, que decía: Aleluya; Salvación y honra y gloria y potencia al Señor Dios nuestro. Porque sus juicios son verdaderos y justos; porque él ha juzgado a la grande ramera, que ha corrompido la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Y otra vez dijeron: Aleluya. Y su humo subió para siempre jamás”.

Por lo que acabamos de ver, notemos qué vana es la esperanza presuntuosa de los impíos, quienes, a pesar de su constante desafío a Dios, cue ntan con que El será misericordioso. Cuántos de éstos hay que dicen: “No creo que Dios me eche jamás al infierno; es demasiado misericordioso”. Tal esperanza es como una víbora que, se anida en el pecho, les causará la muerte.

Dios es un Dios de justicia tanto como de misericordia, que ha declarado de forma categórica que “de ningún modo justificará al malvado” (Exo. 34:7). Sí, él ha dicho que “los malos serán trasladados al infierno, todas las gentes que se olvidan de Dios” (Sal. 9:17). No importa que los hombres digan: No creo. Es igualmente cierto que los que descuidan las leyes de la salud espiritual sufrirán para siempre la segunda muerte.

Es muy grave ver cuántos hay que abusan de esta perfección divina. Continúan despreciando la autoridad de Dios, pisoteando sus leyes, viviendo en pecado, y, así y todo, se precian de su misericordia. Sin embargo, Dios no será injusto para consigo mismo. El muestra misericordia para el impenitente (Luc. 13:3). Es diabólico seguir en pecado, y, aun así, contar con que la misericordia divina perdona el castigo sin arrepentimiento.

Es como decir: “Hagamos males para que vengan bienes”; de los que así hablan, está escrito: “La condenación de los cuales es justa” (Rom. 3:6). Tal presunción será frustrada; leamos cuidadosamente Deut. 29:18-20. Cristo es el propiciador espiritual, y todos los que desprecian y rechazan su autoridad perecerán “en el camino, cuando se encendiere un poco su furor” (Sal. 2:12).

Sea nuestro último pensamiento el de las misericordias espirituales de Dios para su propio pueblo. “Grande es hasta los cielos tu misericordia” (Sal. 57:10). Las riquezas de la misma trascienden nuestros pensamientos más sublimes. “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen” (Sal. 103:11). Nadie puede medirla.

Los elegidos son llamados “vasos de misericordia” (Rom. 9:23). Fue la misericordia la que los vivificó cuando estaban muertos en pecado (Efe. 2:4,5). La misericordia los salvó (Tito. 3:5). Su grande misericordia los regeneró para una herencia eterna (1Ped. 1:3). Y, por último, el tiempo nos faltaría para hablar de la misericordia que conserva, sostiene, perdona y provee. Para los suyos, “Dios es el Padre de misericordias” (2Cor. 1:3).

LA GRACIA DE DIOS

Junio 9, 2009 | | 3 Comments

LA GRACIA DE DIOS

  • “Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. (Rom. 11:6)

Esta perfección del carácter divino es ejercida sólo para con los elegidos. Ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento se menciona jamás la gracia de Dios en relación con el género humano en general, y mucho menos en relación con otras de sus criaturas. En esto se distingue de la “misericordia”, porque ésta es “sobre todas sus obras” (Sal. 145:9).

La gracia es la única fuente de la cual fluye la buena voluntad, el amor y la salvación de Dios para sus escogidos. Abraham Booth, en su libro “El Reino de la Gracia”, describe así este atributo del carácter divino: “Es el favor eterno y totalmente gratuito de Dios, manifestado en la concesión de bendiciones espirituales y eternas a las criaturas culpables e indignas”.

La gracia divina es el favor soberano y salvador de Dios, ejercido en la concesión de bendiciones a los que no tienen mérito propio, y por las cuales no se les exige compensación alguna. Más aún; es el favor que Dios muestra a aquellos que, no sólo no tienen méritos en sí mismos, sino que, además, merecen el mal y el infierno.

Es completamente inmerecida, y nada que pueda haber en aquellos a quienes se otorga puede lograrla. La gracia no puede ser comprada, lograda ni ganada por la criatura. Si lo pudiera ser, dejaría de ser gracia. Cuando se dice de una cosa que es de “gracia”, se quiere decir que el que la recibe no tiene derecho alguno sobre ella, que no se le adeudaba. Le llega como simple caridad, y, al principio, no la pidió ni la deseó.

La exposición más completa que existe de la asombrosa gracia de Dios se halla en las epístolas del apóstol Pablo. En sus escritos, la gracia se muestra en directo contraste con las obras y méritos, todas las obras y méritos, de cualquier clase o grado que sean. Esto aparece claro y concluyente en Rom. 11:6: “Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”.

La gracia y las obras no pueden mezclarse, como tampoco pueden la luz con las tinieblas “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efe. 2:8,9). El favor absoluto de Dios no es compatible con el mérito humano; ello sería tan imposible como mezclar el agua y el aceite: veamos Rom. 4:4,5.

“Al que obra, no se le considera el salario como gracia, sino como obligación. Pero al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, se considera su fe como justicia.” La gracia divina tiene tres características principales.

En primer lugar, es eterna. Fue ideada antes de ser empleada, propuesta antes de ser impartida: “Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme a nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2Tim. 11:9).

En segundo lugar, es gratuita, ya que nadie jamás la adquirió: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia” (Rom. 3:4).

En tercer lugar es soberana, puesto que Dios la ejerce y la otorga a quien él quiere: “Para que… la gracia reine” (Rom. 5:21). Si la gracia “reina”, es que está en el trono, y el que ocupa el trono es soberano. De ahí “el trono de gracia” (Heb. 4:16).

La gracia, al ser un favor inmerecido, ha de ser concedida de una manera soberana. Por ello declara el Señor: “Tendré misericordia del que tendré misericordia” (Efe. 33:19). Si Dios mostrara su gracia para con todos los descendientes de Adán, éstos llegarían en seguida a la conclusión de que Dios estaba obligado a llevarles al cielo como compensación por haber permitido que la raza humana cayera en pecado. Pero el gran Dios no está obligado para con ninguna de sus criaturas, y mucho menos hacia las que le son rebeldes.

La vida eterna es una dádiva, y por, lo tanto, no puede conseguirse por las obras, ni reclamarse como un derecho. Si, pues, la salvación es una dádiva, ¿quién tiene derecho alguno para decir a Dios a quien debería concederla? Y no es que el bendito Dador niegue este don a quien lo busca con todo el corazón, y según las reglas que él ha prescrito. No, él no rechaza a nadie que vaya con manos vacías y por el camino que ha establecido.

Pero si Dios decide ejercer su derecho soberano de escoger de entre un mundo lleno de pecadores e incrédulos un número limitado para salvación, ¿quién puede sentirse perjudicado?
¿Está obligado Dios a dar por la fuerza su dádiva a aquellos que no la aprecian? ¿Está obligado a salvar a los que han resuelto seguir sus propios caminos?

Así y todo, nada hay que ponga más furioso al hombre natural y que más saque a la superficie su enemistad innata arraigada contra Dios, que el hacerle ver que su gracia es eterna, gratuita y absolutamente soberana. Para el corazón no quebrantado es demasiado humillante el aceptar que Dios formó su propósito desde la eternidad, sin consultar para nada a la criatura. Para el que se cree recto es demasiado duro el creer que la gracia no puede conseguirse ni ganarse por el propio esfuerzo.

Y el hecho de que la gracia separa a los que quiere para hacerles objeto de sus favores provoca las protestas acaloradas de los rebeldes orgullosos. El barro se levanta contra el Alfarero y pregunta: “¿Por qué me has hecho tal?” El rebelde desaforado se atreve a disputar la justicia de la soberanía divina.

La gracia distintiva de Dios se muestra al salvar a los que él, en su soberanía, ha separado para ser sus predilectos. Por “distintiva” entendemos la gracia que distingue, que hace diferencia, que escoge a algunos y pasa por alto a otros. Fue esta gracia la que sacó a Abraham de entre sus vecinos idólatras, e hizo de él “el amigo de Dios”.

Fue esta gracia la que salvó a “publicanos y pecadores”, y dijo de los fariseos religiosos “dejadlos” (Mat. 15:14). La gloria de la gracia gratuita y soberana de Dios brilla de manera visible más que en ninguna otra parte, en la indignidad y diversidad de los que la reciben. “La ley entró para agrandar la ofensa, pero en cuanto se agrandó el pecado, sobreabundó la gracia” Rom 5:20.

Manases fue un monstruo de crueldad porque pasó a su hijo por fuego y llenó a Jerusalén de sangre inocente, fue un maestro de iniquidad porque, no sólo multiplicó, y hasta extremos extravagantes, sus impiedades sacrílegas, sino que corrompió los principios y pervirtió las costumbres de sus súbditos, haciéndoles obrar peor que los idólatras paganos más detestables;véase 2Crónicas 33. Con todo, por esta gracia superabundante, fue humillado, fue regenerado, y vino a ser un hijo perdonado por amor, un heredero de la gloria inmortal.

“Consideremos el caso de Saulo, el perseguidor cruel y encarnizado que vomita amenazas, dispuesto a hacer una carnicería, acosando a las ovejas y matando a los discípulos de Jesús. La desolación que había causado y las familias que había arruinado no eran suficientes para calmar su espíritu vengativo.

Eran sólo como un sorbo que, lejos de saciar al sabueso, le hacía seguir el rastro más de cerca y suspirar más ardientemente por la destrucción. Estaba sediento de violencia y muerte.
Tan ávida e insaciable era su sed que incluso respiraba amenazas y muerte (Hech. 9:1). Sus palabras eran como lanzas y flechas, y su lengua como espada afilada. Amenazar a los cristianos era para él natural como el respirar. En los propósitos de su corazón rencoroso no había sino deseo de exterminio. Y sólo la falta de más poder impedía que cada sílaba y cada aliento que salía de su boca no esparcieran más muerte, y no hiciera caer más discípulos inocentes. ¿Quién, según los principios de justicia humana, no le hubiera declarado vaso de ira preparado para una condenación inevitable?

Más aun: ¿quién no hubiera llegado a la conclusión de que, para este enemigo implacable de la verdadera santidad, estaban reservadas forzosamente las cadenas más pesadas y la mazmorra más oscura y angustiosa? Con todo, admiremos y adoremos los tesoros insondables de la gracia; este Saulo fue admitido en la compañía bendita de los profetas, fue contado entre el noble ejército de los mártires, y llegó a ser figura destacada entre la gloriosa comunión de los apóstoles.

Veamos otro ejemplo: “La maldad de los corintios era proverbial. Algunos de ellos se revolcaban en el cieno de vicio s tan abominables, y estaban acostumbrados a actos de injusticia tan violentos, que eran reprochables incluso para la naturaleza humana. Con todo, aun estos hijos de violencia, estos esclavos de la sensualidad, fueron lavados, santificados y justificados (1Cor. 6:9-11). “Lavados” en la preciosa sangre del Redentor; “santificados” por la operación poderosa del Espíritu bendito; “justificados” por las misericordias infinitas y tiernas del buen Dios. Los que en otro tiempo eran aflicción de la tierra, fueron hechos la gloria del cielo, la delicia de los ángeles.”

La gracia de Dios se manifiesta en el Señor Jesucristo, por él y a través de él. “Porque la ley por Moisés fue dada; más la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha” (Juan 1:17). Ello no quiere decir que Dios hubiera actuado sin gracia para con nadie antes de que su Hijo se encarnara; Génesis 6:8, Éxodo 33:19, etc., muestran claramente lo contrario. Pero la gracia y la verdad fueron reveladas plenamente y declaradas perfectamente cuando el Redentor vino a esta tierra, y murió por los suyos en la cruz.

La gracia de Dios fluye para sus elegidos sólo a través de Cristo el Mediador. “Mucho más abundó la gracia de Dios a los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo…mucho más reinarán en vida por Jesucristo los que reciben la abundancia de la gracia, y del don de la justicia… la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesucristo Señor nuestro” (Rom. 5:15-17,21).

La gracia de Dios es proclamada en el Evangelio (Hech. 20:24), que es “piedra de tropiezo” para el judío que se cree justo, y “locura” para el griego vano y filósofo. ¿Cuál es la razón? La de que en el Evangelio no hay nada en absoluto que halague el orgullo del hombre.
Anuncia que no podemos ser salvos si no es por gracia. Declara que, fuera de Cristo, don inefable de la gracia de Dios, la situación de todo hombre es terrible, irremediable, sin esperanza.

El evangelio habla a los hombres como a criminales culpables, condenados y muertos.Declara que el más honesto de los moralistas está en la misma terrible condición que el más voluptuoso libertino; que el religioso más vehemente, con todas sus obras, no está en mejor situación que el infiel más profano.

El Evangelio considera a todo descendiente de Adán como pecador caído, contaminado,merecedor del infierno y desamparado. La gracia que anuncia es su única esperanza. Todos aparecen delante de Dios convictos de trasgresión de su santa ley, y, por lo tanto, como criminales culpables y condenados; no esperando a que se dicte la sentencia, sino aguardando la ejecución de la sentencia dictada ya contra ellos (Juan 3:18).

Quejarse de la parcialidad de la gracia es suicida. Si el pecador persiste en valerse de su propia justicia, su porción eterna será en el lago de fuego. Su única esperanza consiste en inclinarse a la sentencia que la justicia divina ha dictado contra él, reconocer la absoluta rectitud de la misma, abandonarse a la misericordia de Dios, y presentar las manos vacías para asirse de la gracia de Dios que el Evangelio le presenta. La tercera Persona de la divinidad es el comunicador de la gracia, por lo cual se le denomina el “Espíritu de gracia” (Zac. 12:10).

Dios Padre es la fuente de toda gracia, porque designó el pacto eterno de redención. Dios Hijo es el único canal de la gracia. El Evangelio es el promulgador de la gracia. El Espíritu es dador o aplicador. El es quien aplica el Evangelio con poder salvador al alma: vivificando a los

elegidos cuando todavía están muertos, conquistando sus voluntades rebeldes, ablandando sus corazones duros, abriendo sus ojos enceguecidos, limpiándoles de la lepra del pecado.

De ahí que podamos decir, como G.S. Bishop: “La gracia es la provisión para hombres que están tan caídos que no pueden levantar el hacha de justicia, tan corrompidos que no pueden cambiar sus propias naturalezas, tan opuestos a Dios que no pueden volverse a él, tan ciegos que no le pueden ver, tan sordos que no le pueden oír, tan muertos que él mismo ha de abrir sus tumbas y levantarlos a la resurrección”.