SÁBADO

Febrero 28, 2010 | |

SÁBADO

(heb.heb. hebreo sûabbaµt_, de la raíz sûaµb_at_, ‘cesar’, ‘desistir’). En la Biblia se establece el principio de que debe observarse un día de cada siete como día sagrado para Dios. Tomando como base la razón que nos dan los Diez Mandamientos para la observancia del sábado, vemos que Dios mismo había dado el ejemplo para el descanso sabático en relación con la creación. Por lo tanto, el sábado es una ordenanza que emana de la creación (Ex. 20.8–11).

En el relato de la creación no encontramos el término “sábado”, pero sí la raíz de la cual se deriva (Gn. 2.2). La obra de la creación había ocupado seis días, y Dios descansó (lit.lit. literalmente “cesó”) de sus trabajos en el séptimo. De este modo aparece la distinción entre los seis días de labor y el séptimo de descanso. Esto es válido aun cuando entendamos los seis días de trabajo como períodos de tiempo mayores que de 24 horas. El lenguaje es antropomórfico, desde el momento en que Dios no es un obrero que se cansa y necesita descanso. Pero se estableció el modelo para que fuese adoptado y puesto en práctica por el hombre. Ex. 20.11 afirma que Dios “reposó” (heb.heb. hebreo wayyaµnah) el séptimo día, y Ex. 31.17 dice que cesó en su trabajo y “retomó aliento” (°lpd°lpd A. J. Levoratti y A. B. Trusso, El libro del pueblo de Dios, la Biblia, 1980; “tomó respiro”, °bj°bj Biblia de Jerusalén, totalmente revisada, 1981) (wayyinaµfasû). Expresamente se usa un lenguaje fuerte para que el hombre comprenda la necesidad de considerar el sábado como un día en el que debe descansar de sus labores diarias.

Se ha dicho, por oposición a lo anteriormente expresado, que la institución del sábado deriva de Babilonia. Es cierto que la voz babilónica sûabbatum tiene relación con el término heb.heb. hebreo correspondiente, pero la fuerza de ambas es bastante diferente. Para empezar, los babilonios tenían una semana de cinco días. El examen de tablillas que contenían contratos revela que los días designados sûabbatum no eran días de cesación del trabajo. Hay contratos de Mari (Tell el-Hariri) que indican que se trabajaba, a veces durante un período de varios días, sin interrupción alguna el séptimo día. La Biblia claramente atribuye el origen del sábado al ejemplo divino.

En el cuarto mandamiento encontramos la obligación de observar el día de reposo. No hay mención del sábado en Génesis aparte del relato de la creación. Se hace mención, sin embargo, de períodos de siete días (cf.cf. confer (lat.), compárese Gn. 7.4, 10; 8.10, 12; 29.27ss). También podemos notar en la narración en Job que cada uno de los siete hijos hacía fiesta en su día, a lo que seguían las oraciones y los sacrificios de Job por sus hijos (Job 1.4–5). No se trataba de una ocasión aislada, sino que se practicaba regularmente. Puede ser que haya aquí una insinuación de un culto en el primer día del ciclo. Por lo menos parecería que se reconoce aquí el principio de que un día de cada siete es santo para el Señor.

En Ex. 16.21–30 se hace mención explícita del sábado en relación con la obtención del maná. El sábado aparece aquí como don de Dios (v.v. versículo(s) 29), destinado al descanso para beneficio del pueblo (v.v. versículo(s) 30). No era necesario trabajar el sábado (e. d.e. d. es decir recoger el maná) porque el sexto día se obtenía una doble porción.

Israel, por lo tanto, conocía el sábado, y seguramente comprendía el mandato de que era necesario recordarlo. En el Decálogo se deja claramente indicado que el sábado pertenece al Señor. Por lo tanto, es en primer lugar su día, y la razón básica por la cual debemos observarlo es que se trata de un día que pertenece a él. Es el día que él ha bendecido y apartado para que sea observado. Este punto no encuentra contradicción en el Decálogo que aparece en Dt. 5.12ss. En este último pasaje se ordena al pueblo que guarde el sábado en la forma en que el Señor ya a establecido (la referencia es a Ex. 20.8–11), y nuevamente se hace resaltar el hecho de que el sábado pertenece a Dios (v.v. versículo(s) 14). Además, se nos da allí una razón adicional para guardar el sábado. Es una razón simplemente adicional, y no entra en conflicto con las anteriores. Israel debe observar el día sábado a fin de que “descanse tu siervo y tu sierva como tú”. Aquí el énfasis es humanitario, pero también recae sobre el hecho de que el sábado fue creado para el hombre. Israel ha sido esclava en Egipto y ha sido liberada; de modo que Israel debe ahora mostrar la misericordia del sábado a aquellos que son esclavos en su propio medio.

En todo el resto del Pentateuco encontramos la legislación sobre el sábado. Es interesante notar que hay una referencia al sábado en cada uno de los cuatro últimos libros del Pentateuco. Génesis presenta el descanso divino, y los cuatro libros restantes recalcan la legislación sabática. Esto muestra la importancia de la institución. Podemos decir que la legislación sabática forma parte integral y esencial de la ley básica del ATAT Antiguo Testamento y el Pentateuco (cf.cf. confer (lat.), compárese Ex. 31.13–16; 34.21; 35.2ss; Lv. 19.3, 30; 23.3, 38).

A este respecto, la significación de la legislación sabática puede verse en el severo castigo que se administra al que viola el sábado. Un hombre recogía leña el sábado, acto por el cual una revelación especial de Dios decretó que tenía que ser muerto (cf.cf. confer (lat.), compárese J. Weingreen, From Bible to Mishna, 1976, pp.pp. página(s) 83ss). Este hombre había ignorado el principio básico del sábado, o sea que ese día pertenecía al Señor, por lo que debía observarse solamente en la forma en que Dios había instituido (cf.cf. confer (lat.), compárese Nm. 15.32–36).

Los profetas elaboran el tema sobre la base de la legislación del Pentateuco; sus declaraciones concuerdan con lo que estaba revelado en el Pentateuco. A menudo se relaciona el “día de reposo” con la “nueva luna” (2 R. 4.23; Am. 8.5; Os. 2.11; Is. 1.13; Ez. 46.3). Cuando profetas como Oseas (2.11) pronunciaban juicio divino sobre las lunas nuevas, los sábados, y otras fiestas indicadas, no condenaban el sábado en sí sino el mal uso del sábado y las otras instituciones mosaicas.

Por otra parte, los profetas mencionan las bendiciones que provendrían de una correcta observancia del sábado. Había quienes profesaban el sábado y obraban el mal en ese día (Is. 56.2–4), y era necesario abandonar esas malas prácticas. En un pasaje clásico (Is. 58.13) Isaías enuncia las bendiciones que trae aparejada la verdadera observancia de ese día. No se trata de un día en el que el hombre puede hacer según su voluntad, sino que debe cumplir la voluntad de Dios. Es Dios, y no el hombre, quien debe determinar cómo debe observarse el sábado. El que reconoce que el día es santo para el Señor obtendrá el verdadero disfrute de sus promesas.

Durante el período persa nuevamente se destacó la observancia del sábado. Nehemías (Neh. 10.31; 13.15–22) reforzó la prohibición preexílica de llevar cargas (Jer. 17.21s) o de llevar a cabo transacciones comerciales (Am. 8.5) en el día de reposo. Durante el período intertestamentario, sin embargo, gradualmente se fue modificando lo que se entendía como el propósito del sábado. En las sinagogas se estudiaba la ley el sábado. Gradualmente creció la tradición oral entre los judíos, y la atención se dirigió hacia las minucias de la observancia. Dos tratados de la Misná, Shabbath y >Erubin, se dedican a considerar en detalle cómo debía observarse el sábado. Nuestro Señor atacó esta práctica de recargar los mandamientos divinos con la tradición humana. Sus observaciones no se dirigían contra la institución del sábado en sí, ni contra las enseñanzas veterotestamentarias. Pero se opuso a los fariseos, que quitaban eficacia a la Palabra de Dios con sus tradiciones. Cristo se identificó como el Señor del día de reposo (Mr. 2.28). Con esas palabras no disminuyó la importancia y significación del sábado, ni de manera alguna contravino la legislación veterotestamentaria. Simplemente hizo resaltar la verdadera significación del sábado con respecto al hombre, e indicó que tenía derecho a hablar así dado que él mismo era Señor del día de reposo.

Como Señor del día de reposo, Jesús fue a la sinagoga en sábado, como era su costumbre (Lc. 4.16). Su observancia del sábado concordaba con la prescripción veterotestamentaria de considerar ese día santo para el Señor.

En su desacuerdo con los fariseos (Mt. 12.1–14; Mr. 2.23–28; Lc. 6.1–11) nuestro Señor hizo ver a los judíos que lo que ellos entendían acerca del cumplimiento de los mandamientos veterotestamentarios estaba completamente equivocado. Habían tratado de hacer más rigurosa la observancia del sábado que lo que Dios había mandado. No estaba prohibido comer el sábado, aun cuando fuera necesario cortar espigas para ello. Tampoco estaba prohibido hacer el bien el sábado. Curar era una obra de misericordia, y aquel que es Señor del sábado es misericordioso (cf.cf. confer (lat.), compárese tamb.tamb. también Jn. 5.1–18; Lc. 13.10–17; 14.1–6).

El Señor se levantó de los muertos el primer día de la semana, por lo cual desde épocas primitivas dicho día comenzó a convertirse crecientemente en el más importante de la semana—“día del *Señor” (Ap. 1.10)—y en el cual los creyentes se reunían para el culto de adoración (cf.cf. confer (lat.), compárese Hch. 20.7; tamb.tamb. también Didajé 14.1; Justino, Primera apología 67.3).

Bibliografía. A. J. Heschel, Sabat y el hombre moderno, 1964; R. Mayer, B. Schaller, “Fiesta”, °DTNT°DTNT L. Coenen, E. Beyreuther, H. Bietenhard, Diccionario teológico del Nuevo Testamento, en 4 t(t). (título original en alemán theologisches Regriffslexicon zum Neuen Testament, 1971), edición preparada por M. Sala y A. Herrera, 1980–85, t(t).t(t). tomo(s) II, pp.pp. página(s) 187–196; H. Oster, “Domingo”, Sacramentum mundi, 1976, t(t).t(t). tomo(s) II, cols. 413–417; M. de Tuya, J. Salguero, Introducción a la Biblia, 1967, t(t).t(t). tomo(s) II, pp.pp. página(s) 511–514; R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, 1985, pp.pp. página(s) 599–610.

J. Orr, The Sabbath Scripturally and Practically Considered, 1886; N. H. Snaith, The Jewish New Year Festival, 1947; J. Murray, Principles of Conduct, 1957, pp.pp. página(s) 30–35; W. Rordorff, Sunday, 1968; F. N. Lee, The Covenantal Sabbath, 1972; R. T. Beckwith y W. Stott, This is the Day, 1978; W. Stott, NIDNTTNIDNTT C. Brown (eds.), The New International Dictionary of New Testamento Theology, 3 t(t)., 1975–8 3, pp.pp. página(s) 405–415; A. Lamaire, RBRB Revue Biblique 80, 1973, pp.pp. página(s) 161–185; S. Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday: An Historical Investigation of the Rise of Sunday Observance in Early Christianity, 1977.

E.J.Y.E.J.Y. E. J. Young, B.A., Th.M., Ph.D., ex Profesor de Antiguo Testamento, Westminster Theological Seminary, Filadelfia, Pensilvania, EE.UU., F.F.B.F.F.B. F. F. Bruce, M.A., D.D., F.B.A., Profesor emérito de Crítica y Exégesis Bíblicas en la cátedra Rylands de la Universidad de Manchester, Inglaterra.

SABADO,Dicc. Bib. ed. Certeza


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