En escritor y periodista Martín Caparrós hizo un interesante y polémico análisis sobre la ecología y algunos debates urgentes. Lo publicó el diario La Nación.

“La ecología no sólo me parece un tema light en relación con el tema de fondo, que sigue siendo la obscenidad de un mundo organizado en torno de la miseria y la desigualdad extremas, sino que, además, no estoy seguro de que sea una bandera de la izquierda o una causa progresista. Me parece que, al contrario, la ecología es la forma más cool del conservadurismo. Se basa en el concepto de inmovilización del mundo, y la idea de que el futuro siempre depara cosas peores. Y eso es lo contrario del progresismo, que sostiene, en cambio, una confianza en que el futuro va a traer algo mejor. Por otro lado, estos supuestos ecologistas, como Al Gore, están en favor de la energía nuclear, capaz de concentrar más poder que la Casa Blanca. Lo que seguramente hay en marcha es un cambio de paradigma del uso de la energía, que supone dejar de depender de los combustibles fósiles, que están en manos de revoltosos difíciles de controlar, como venezolanos y árabes. Por otra parte, el mercado que se deriva del miedo al calentamiento global es uno de los grandes negocios del futuro.”
“Lo más que puedo decir yo es que, dado que la ecología es una rama de la biología, una ciencia, no encuentro predicable de ella decir que es conservadora o progresista. Es como decir que una mesa maúlla. No está en el campo de los predicados que puede tener una oración cuyo sujeto sea “mesa”. Lo que se haga con las conclusiones científicas de la ecología como ciencia podrá encuadrarse más en una u otra tipología política, pero no la ecología en sí, me parece. Y en cuanto a que el miedo al calentamiento global es uno de los grandes negocios del futuro, me da la impresión que lo dice como poniendo bajo sospecha la existencia del fenómeno. Pero que algo sea negocio no necesariamente implica que no apunte a necesidades reales existentes. Por ejemplo, vender estatinas es negocio para las farmacéuticas, pero las obstrucciones arteriales existen realmente, así que no hay nada objetable en su comercialización. Otra cosa es inventar supuestas enfermedades como el “colon irritable”, de existencia más bien dudosa, y vender miopropan para tratarlo”.


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