Análisis de la Tentación de Cristo de acuerdo a la Cristología de Justino Mártir (1)

San Justino Mártir (c. 100/114 - 162/168) fue uno de los primeros apologistascristianos.

«El diablo escuchó la voz del Padre en el Jordán: tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy (Sal 2:7); y, de resultas, se acercó a tentar a Jesús’. Es el misterio que ahora abordamos: un análisis de la escena (2:1) precederá a su colocación en el conjunto de la vida del Salvador (2.2).

“En aquel tiempo el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto. Allí estuvo cuarenta días, viviendo entre las fieras y siendo tentado por Satanás, y los ángeles le servían. Y después de haber sido Juan llevado a la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. Decía: “Ya se cumplió el plazo señalado, y el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mar. 1:12-15).

Jesus es tentado

Acuarela de William Hole

1. Análisis del relato de las tentaciones

Justino comenta las tentaciones en dos momentos del Diálogo (D 103, 5-6 y D 125, 3 - 5). Se da una curiosa circunstancia que pone estos lugares en relación, aunque por el sitio donde se enclavan parecen independientes entre si, Resulta que ambos se introducen para explicar la etimología de un nombre, Satanás en un caso, Israel en otro. Significa el primero “serpiente apóstata”; el segundo, “hombre que vence a la fuerza”. Y la etimología no es meramente anecdótica: a ella se subordina la narración de la escena. En efecto, en el primer caso D 103, 5ss), en que las tentaciones ilustran el nombre de Satanás, el relato insiste sobre todo en la acción del diablo, sin contar prácticamente su derrota a manos de Jesús. Por su parte la otra escena (D 125, 3ss), que presenta el nombre de Israel, insiste no tanto en la acción del diablo cuanto en la victoria de Cristo sobre el tentador.

Tenemos así que los dos relatos se completan: lo que uno apenas trata. lo detalla el otro. Se centra el primero en el diablo tentador; el segundo en Cristo que le vence. De ahí que permitan escribir la historia de las tentaciones como exposición contigua de dos nombres: Satanás, Israel. Este paralelismo, ¿es sólo casualidad o responde a una intención de Justino?” Dejemos de momento abierto este interesante, y empecemos a analizar la historia. Comenzaremos con la tentación que formula el diablo, vendrá después La respuesta de Jesús; se abordará, por último, la consiguiente derrota sufrida por Satanás.

Moisés y las Tablas de la Ley

La escena se condensa en torno a una sola tentación.

Vayamos a las palabras con que el diablo se dirige a Jesús Enseguida notamos que Justino simplifica la escena evangélica de la tres tentaciones de Lucas y Mateo nos conserva solo una: el diablo pide a Jesús adoración: acercándosele y tentándole hasta llegar a decirle: adórame (D 103. 6).

La escena se condensa en torno a una sola tentación. Nótese: no es que se hayan olvidado las demás. Justino supone un proceso de tentación in crescendo del que narra el punto álgido: le tentaba hasta el punto de pedir adoración. Como si el descaro del diablo desembocase en este último imperativo, La tentación concentrada, esencia y objetivo de su argucia.

¿Qué intención hay detrás de estas líneas? Justino mismo relaciona las tentaciones con el engaño de la serpiente en el Paraíso. Este trasfondo explica bien la narración del mártir. Pide el diabloJesús lo mismo que requirió de Adán para apartarlo de Dios: La adoración. Ambas escenas la de Jesús en el desierto, la del primer hombre en el Edén se aclaran mutuamente. El diablo se presentó ante Adán corno dios ofreciéndole la inmortalidad, invitándole a desobedecer al Creador y a asemejarse a él. Así provocó la desobediencia, que remediaría Cristo con su obediencia al Padre’’.

En consecuencia: el paralelismo Eva-María que Justino habla planteado poco antes, se completa ahora con este otro: Adán-Cristo, El Salvador viene a deshacer, por el mismo camino, la obra de la serpiente.


La respuesta de Jesús:

Pasemos ahora a la réplica del Salvador. Sigue, con alguna variante


“Entonces fue llevado Jesús por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, al fin tuvo hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Pero él respondió, diciendo: Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Llevóle entonces el diablo a la Ciudad Santa, y, poniéndole sobre el pináculo del Templo, le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, pues escrito está: “A sus ángeles encargará que te tomen en sus manos para que no tropiece tu pie contra una piedra.” Díjole Jesús: También está escrito: “No tentarás al Señor tu Dios.” De nuevo le llevó el diablo a un monte muy alto, y mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, le dijo: Todo esto te daré si de hinojos me adorares. Díjole entonces Jesús: Apártate, Satanás, porque escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás y a El solo darás culto.” Entonces el diablo le dejó, y llegaron ángeles y le servían.” [Mat. 4:1-11, Mat. 26.32; Mar. 14.28]

Nótese cómo esta frase se parece a otra respuesta evangélica. La dará Jesús al escriba que pregunta por el mandamiento principal de la Ley. Loa tres sinópticos traen la escena (Mat.22: 37-39; Mar 12:30-31: Luc 10:27), de que también Justino se hace eco en dos ocasiones (l 16.6 y D 93,2). En el Diálogo (D 93,2) sigue a los evangelistas: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu fuerza y al prójimo como a ti mismo. Es curioso, sin embargo, que el texto de la Apología contenga precisamente las palabras de Jesús al tentador

Y sobre que a solo Dioshay que adorar, nos lo persuadió diciendo así: “El más grande mandamiento es este: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás de todo tu corazón y de toda tu fuerza, al Señor Dios que te ha creado” (Mat. 22:38 + Mat. 4:10) Y una vez que se le acercó uno y le dijo: “Maestro bueno”, Él respondió diciendo: Nadie es bueno sino solo Dios, que lo hizo todo” (Mat. 19:16 , Mar 10:17-18, cf. Luc 18:18-19)) (I 16.6-7).

En los dos textos evangélicos de esta última cita introduce Justino de su mano sendas alusiones a la creación “al Señor Dios que te ha creado” , “Nadie es bueno sino sólo Dios, que lo hizo todo”

Las añadiduras delatan una preocupación antimarcionita o antignóstica. El rechazo del Creador, de que hacen gala los herejes, es el máximo exponente de La apostasía diabólica que Satanás intenta. La referencia a la creación acerca de nuevo nuestra escena a la del Paraíso, donde la serpiente engañó a Adán, como seduce ahora a los herejes, siempre con la intención de blasfemar contra el Hacedor.

En esta misma línea va otro elemento de la respuesta de Jesús. En efecto, al Salvador le basta la Escntura para vencer al diablo (cf. D 125.4). Se muestra así la continuidad de la historia de salvación El mismo Creador del mundo actué en el Testamento Antiguo. Justino explica que el Tentador quena ser adorado como Dios, en contra de lo enseñado por la Escritura (cf. D 125,4). En conclusión: la respuesta de Jesús al diablopone de relieve la conexión entre Jesús y Adán, y la continuidad de la historia de la Salvación.

Huida del diablo derrotado

Con su respuesta vence Jesús al diablo. Episodio culminante de una larga historia de enemistad, interesa observar más en detalle el combate, descrito sobre todo en D 125, 3ss:

Así, pues, el nombre de Israel significa “el hombre que vence a la fuerza”. Porque “Israel quiere decir “hombre que vence” y “el”, “fuerza”. Lo cual fue profetizado que haría Cristo, hecho hombre, por el misterio de aquella lucha que Jacob sostuvo con el que se le apareció por cumplir el designio del Padre, pero que era Dios, por ser el Hijo primogénito anterior a todas las criaturas. Y fue así que cuando se hizo hombre, como antes dije, se Le acercó el diablo, es decir, aquella fuerza que se Llama serpiente y Satanás, para tentarle, pugnando por derribarle, pues le exigió que le adorara. Pero fue El quien le destruyó y derribó, arguyéndole de perverso, pues exigía contra las Escrituras ser adorado corno Dios, convertido en apóstata de la voluntad divina. Respóndele Jesús, efectivamente: “Escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás y a Él solo servirás”. Y vencido y confundido se retira por entonces el diablo… (D 125, 3-4).

Todo se pone bajo el signo de una lucha que termina en victoria de Cristo. De él se acaba de decir, en el párrafo anterior (D 125, 2), que es fuerte y poderoso Se refuerza una idea que apuntábamos al hablar de los magos: el posible trasfondo de la parábola del hombre fuerte que es vencido por el más fuerte, quien viene a recobrar su posesión Detengámonos en los verbos que muestran la derrota del diablo.

Tentando a Jesús, Satanás quiere derribarle Pero será él quien caiga al suelo por obra del Salvador. En D 124,4 ya se habló de cómo el diablo hizo caer a Eva. Con esta caída de los primeros hombres cayó también él. Ahora le ocurre lo mismo, pero esta vez se despeña en solitario’’.

Precisemos ahora la acción de Jesús, además de derribar al diablo, lo destruye El término se halla casi siempre en el mismo contexto: el destino del diablo derrotado por Dios En un pasaje importante, el que trae la comparación Eva-Maria. el sustantivo indica el fin de la serpiente para que por el mismo camino que tuvo principio la desobediencia de la serpiente, por ese también fuera destruida (D 100,6).

En ese mismo contexto se dice que, a través de Cristo, Dios cumple la promesa del protoevangelio destruyendo al diablo (D 100, 6: cf. D 94, 2, a través de la cruz). Lo mismo se dice de la destrucción final de los demonios en la segunda parusía empleando idéntico verbo’’.

[…] En los demás casos en que se habla de la destrucción del diablo: se trataría de lo mismo, de deshacer o desanudar su obra. Pienso que podría estar aquí la base para la comparación que desarrollará Ireneo: el lazo del pecado ha de ser desatado en el mismo sentido en que se anudó. Justino mismo habla de destruir a la serpiente “por el mismo camino”.

‘Cf. la misma idea en Ireneo. Epid. 16 (FP 2, 93): “El ángel lo sedujo [...] Y al persuadirle la desobediencia al mandato divino, provoco su propia ruina al mismo tiempo que hacia al hombre pecador”. (2)

Y todos los datos que estamos analizando apuntan a esta contraposición entre el diablo y Jesús en el contexto de la recapitulación.

Conclusión:

Tras este análisis, una conclusión se impone. Hay un dato constante tanto en el ofrecimiento diabólico como en la respuesta de Jesús y en la consiguiente derrota del enemigo. Todo se orienta a presentar las tentaciones como contrapuestas al engaño del Paraíso. Se engloban así claramente en la perspectiva de la recapitulación. Por el camino por el que el diabloengañó al primer hombre, por ese mismo camino vence Jesús hecho hombre.

Así, el episodio se presenta, por un lado, en el marco amplio de otros misterios, en continuidad con el conjunto de la obra redentora. Ya sabemos que cuando niño arrancó Jesús a los magos del poder satánico.

Notemos que, en D 103, 4-9, la escena de las tentaciones se encuadra en el comentario al S 21, referido todo él a la Pasión. El contexto próximo es un comentario al salmo 21, 12: el león que ruge contra Cristo en la Pasión es el diablo. Así se da a entender una conexión entre ambos momentos. En efecto. Justino volverá sobre ello, en el otro relato sobre las tentaciones, y será entonces más explicito (cf. D 125, 5).

Y más adelante combatirá desde la cruz y expandirá por el mundo su dominio sobre el diablo hasta su destrucción total y definitiva al término de la historia. Por otro lado, se trata de un momento singular. Justino le otorga un lugar destacado: en él se dice que el diablo fue destruido y su obra deshecha derrotado y convicto, desenmascarada su maldad.

Justino describe cómo el diablo se aleja de Jesús. Por el vocabulario está enmarcando la escena en el amplio contexto de la redención.Satanás se marcha “derrotado” y “convicto”. El mismo verbo “derrotar” sirve para indicar la calda de Amalec en lucha con Israel. Amalec es símbolo del diablo (cf. D 49, 8) y la victoria de Israel por la fuerza de la cruz y el nombre de Jesús es el paradigma de la victoria del Crucificado sobre los demonios. La otra palabra, “convicto”, está de acuerdo con la acción de Jesús. Jesús desenmascara al diablo, haciendo inútil el engaño que éste buscaba. Acudiendo a la Escritura muestra a Satanás contrario a ella, apóstata por tanto del Dios que la dio. Si Adán, ante quien Dios puso el bien y el mal (D 62,3; Gen 3: 22a), fue engañado para que escogiera el mal ahora Jesús pone a la luz la maldad y apostasía deltentador. La misma palabra se usa para indicar cómo Jesús recrimina en su predicación la doctrina de escribas y fariseos (cf. D 102.5; D 103. 9). No es de extrañar, pues éstos se presentan como hijos del diablo (cf. infra, cap. VI, apdo. 1.2, p. 339) (3)

Significado de las tentaciones en la vida de Jesús

Nos preguntamos ahora, precisamente por qué otorga Justino importancia a este momento. ¿Son las tentaciones sólo un símbolo de lo que fue su lucha contra el diablo o tienen sentido preciso por su posición en la vida de Jesús? ¿Qué diferencia la derrota de Satanás en el desierto con la que tuvo lugar en Belén?

Si queremos responder hemos de fijarnos en algunas características del relato. Partiremos del hecho siguiente; a juzgar por la narración del mártir parecería que las tentaciones tienen lugar en el mismo sitio del Bautismo, nada más escucharse la voz del Padre, que llama a Jesús su hijo (cf D 103, 6). El detalle ha sido notado ya por algún intérprete de Justino; se ha buscado una solución aportando paralelos de otros autores: al unir bautismo y tentaciones se estaría diciendo a los neófitos que no bajen la guardia tras recibir la iniciación cristiana, pues es precisamente entonces, justo tras el Bautismo cuando se acrecienta el combate

Esta respuesta, sin embargo, no encuentra apoyo en los textos del mártir ¿Será posible indicar una razón que parta de las líneas mismas deJustino? Creo que sí, aunque para ello habremos de dar un cierto rodeo.

El contexto en que se sitúan las tentaciones (D 123, 9 - D 129)

Veamos en qué contexto sitúa Justino el segundo pasaje sobre las tentaciones. En esta parte del Diálogo está tratando de La Iglesia como verdadero Israel. ¿Por qué se arrogan los cristianos la posesión de este nombre? La razón es sencilla. El nombre se hereda de aquel que lo posee, y que lo dona a los hijos que engendra. Ahora bien, Israel es nombre de Cristo, y fue Él quien lo donó al patriarca. Pertenecen al nuevo pueblo nacido de El los cristianos.

Así pues, como de aquel solo Jacob, que fue también llamado Israel toda vuestra raza ha tomado los nombres de Jacob y de Israel, así nosotros, por Cristo, que nos ha engendrado para Dios, nos llamamos y somos verdaderos hijos de Jacob, y de Israel, y de Judá y de David, y de Dios, nosotros los que guardamos los mandamientos de Cristo (D 123, 9).

El pasaje, que ya conocemos, desvela la intención última de Justino: más allá del nombre de Jacob interesa otro superior, el de Hijo de Dios. Cristo transmite la propiedad suya más preciada: la filiación divina. En frase que recoge ecos de Jn 3:1-2, Justino ha dicho que nos llamamos y somos hijos de Dios : “Nos llamamos y somos verdaderos hijos de Dios” (D 123. 9)., “para llamamos hijos de Dios, pues lo somos “(I Jn 3:1).

¿Qué diferencia ve Justino entre “Ilamarse” y “ser” hijos de Dios ? El contexto ayuda a establecerla. Habla el mártir precisamente de los nombres que Cristo transmite al cristiano. “Llamarse hijo” indica una dependencia de quien dio el nombre, un ser que se ha recibido por participación. El cristiano “se llama” hijo pues su filiación depende de Cristo: es El quien le ha engendrado para Dios. Desde aquí habrá que interpretar las líneas que siguen.

Justino prevé que la frase ha de despertar recelo en los judíos. De ahí que se adelante a probar por la Escritura tal atrevimiento, acudirá al salmo 81: “Yo dije: sois dioses, e hijos todos del Altísimo”.

Nos interesan algunos aspectos de este número del Diálogo (D 124).

Notemos que, si hasta el momento Justino hablaba de la promesa hecha a Abraham y heredada por la Iglesia, ahora se remonta más allá. Lo que Dios prometió al patriarca tiene raíces más profundas, en la creación misma. Es ahí donde sitúa Justino una promesa de Dios a los primeros padres: hacerse semejantes a Dios e hijos suyos (cf. D 124, 4).

Si el hombre es llamado hijo de Dios , no se puede desconocer aquí la mediación de Cristo, el Hijo en sentido propio. Dígase lo mismo de la semejanza con Dios, que el mártir menciona de pasada (cf. D 124, 4).

“D 124 supone que Cristo da la filiación (Sal 81.8 habla de una herencia; la herencia del Cristo son las naciones) y la divinidad (es llamado Dios, y los cristianos son llamados dioses; es el Dios en medio de la asamblea de los dioses). En oposición se presenta La semejanza que los hombres se adquirieron con Adán y Eva (cf. D 124,6), imitadores del diablo y no deDios.” (4)

En ambos casos, aunque no se diga expresamente que tal promesa se realice por medio de Cristo, el contexto anterior nos invita a sobreentenderlo, como acabamos de señalar el nombre indica dependencia de quien lo dona.

Esto se puede deducir, además, del mismo salmo 81, que presenta a Cristo como Dios que se levanta en la asamblea de los dioses para juzgar:

Justino no deja de ponerlo de relieve ¿Por qué es Cristo juez de todos los hombres? Porque la vocación a que Dios los destina pasa por El”.

“Lo que vendrá a reclamar de ellos el último día es algo que hay en todo hombre y pertenece a Cristo. Es un elemento sembrado por Él al crear el mundo y que tiende a la semejanza con el Hijo de Dios, imitando concretamente su vida en La tierra. Estas fueron nuestras conclusiones sobre las semillas del Logos. Cf. también infra, cap VII, apdo. 3,2 p. 499”(5)

Ciertamente, Justino no insiste demasiado en la semejanza del hombre con Dios , ni dice que ésta se realice por medio del Hijo, imagen del Padre. El planteamiento será frecuente en otros escritores eclesiásticos, y Justino no lo desconocía. Pienso que, si se leen con atención las líneas del mártir, aparece este mismo tema, el de la semejanza, pero orquestado en una clave original: precisamente la donación del nombre.

En efecto, el esquema del nombre donado y recibido sustenta la presentación de Justino. Con él se significa, en primer lugar, la transmisión de las propiedades personales; de ahí que se dé una similitud entre quien da y recibe el nombre. Además, hay un nexo claro con la filiación: el nombre se transmite por generación (cf. D 123, 9); y más en nuestro caso, pues se habla ahora precisamente del nombre de “hijo”. Por último, estudiamos ya el vínculo que existe entre la donación del nombre y la participación del Espíritu Estamos, por tanto, ante un esquema muy versátil para dar cuenta de la vocación cristiana. En torno a la donación del nombre se incluyen la filiación divina, la semejanza conDios y el don del Espíritu; y se pone claramente de relieve que tales dones se consiguen por medio de Cristo, Hijo de Dios.

Justino pasa entonces a narrar la caída del hombre. En su mano estaba adquirir definitivamente la filiación que Dios le concedía, pero sucumbió al engaño de la serpiente y, hecho semejante a ella, como hijo suyo, se adquirió la muerte. El pasaje muestra que la Escritura dice a los hombres hijos de Dios , pero hace ver también su caída en el engaito del diablo La pregunta queda entonces abierta: […] Presentando la obra de Cristo en contraposición a la del diablo, se podrá mostrar que el camino de la filiación ha vuelto a quedar expedito (D l25)

Antes (D 125,1-2) se detiene Justino a justificar por qué va a explicar el nombre de Israel: haciéndolo sigue el encargo recibido de Cristo, que vendrá a pedir cuentas a sus servidores, corno indica la parábola de los talentos. En su explicación se ve gran continuidad con lo dicho anteriormente: Justino habla del Señor fuerte y poderoso”, del Señor que viene con poder para juzgar a todos los hombres y reclamar lo que le pertenece. Estas expresiones, que no se encuentran en el relato evangélico, se explican por el contexto: Cristo como hombre fuerte, derrota al diablo, según el significado del nombre de Israel que se va a explicar. Cristo es juez de todos, pues según él fue creado el hombre, con el mismo nombre de hijo de Dios.

D124-125 puede dividirse en tres secciones:

(a) D 124, que habla del nombre de hijo de Dios dado al hombre;

(b) D 125,1- 2, en que, en torno a la parábola de los talentos, Justino dice por qué se molesta en comunicar a los judíos sus conocimientos;

(c) D 125, 3ss, en que se cuenta la historia de las tentaciones.

La repetición de términos e ideas que tienen en común estas tres secciones muestra su unidad: se presenta a Cristo como juez del hombre (D 124), y como juez al final del tiempo (D 125, 2); se dice que Cristo es fuerte y poderoso (D 125, 2) y que vence a la fuerza a Satanás(D 125, 3ss). Véase la relación entre el nombre de hijo de Dios y el de Israel Venciendo a la fuerza se restablece la posibilidad de ser hijos.” (6)

El amplio panorama que acabamos de esbozar se continúa después de la historia de las tentaciones (D 125). Los números siguientes (D 126-129) hablan de la preexistencia del Hijo, y muchos los consideran una repetición de los números 55 a 62 del Diálogo. Mostramos ya, sin embargo, que el interés de Justino es en esta ocasión distinto”. Se trata ahora de fundar la filiación divina del pueblo de los cristianos asegurando la verdad de la atrevida frase formulada un poco antes, en D 123,9: “por Cristo [...] nos llamamos y somos verdaderos hijos de Jacob, y de Israel, y de Judá y de David, y de Dios …” Esto es posible porque Cristo es el Hijo de Dios en sentido propio, como se prueba en D 126-129.

La historia de las tentaciones (D 125 3-5)

Con esto tenemos el marco en que se inserta la historia de las tentaciones. A la luz de todo el contexto es claro, en primer lugar, que el combate entre el diablo y Jesús no les afecta sólo a ellos. La idea del nombre que se hereda y transmite subyace a la lucha que ambos establecen. Está presente de nuevo la doble filiación: la del diablo, imitación de sus obras malvadas, conduce a la muerte; la que da Jesús es verdadera filiación divina: comunica al cristiano, junto al nombre de Israel, el de hijo de Dios”. Vayamos entonces a nuestro texto:

Así, pues, el nombre de Israel significa “el hombre que vence a la fuerza” [..].

Lo cual fue poetizado que haría Cristo, hecho hombre, por el misterio de aquella lucha que Jacob sostuvo con el que se le apareció por cumplir el designio del Padre (pero que era Dios por ser el Hijo primogénito anterior a todas las criaturas (D 125,3).

La frase final presenta una contraposición de dos términos. El primero muestra a Cristo sirviendo a la voluntad del Padre a lo largo de la historia, en sus apariciones diversas entre los hombres; su actividad desemboca en la Encamación. El segundo miembro hace ver que Cristo es Dios, por ser Hijo de Dios. Hemos visto la importancia en todo el contexto de esta idea de filiación. Fijémonos ahora en una particularidad de nuestro pasaje. En muchos sitios del Diálogo llama Justino a Cristo “primogénito”. Pero solamente aquí se dice “hijo primogénito”

[…] La temática de D 124 se hace presente ahora: se unen aquí el combate con el diablo y la transmisión de la filiación divina al hombre.

«Sobre todo en la parte final del Diálogo, que es el contexto donde se sitúa nuestro pasaje sobre las tentaciones. […] Justino está siguiendo en este punto la terminología de Juan […] para indicar la filiación divina de los cristianos. De hecho parece haberse inspirado en 1 Jn 2-3 para estas páginas del Diálogo. En efecto, no sólo aparece la frase que hemos citado, Jn 1: 3 en D 123:9 (“nos llamamos y somos hijos de Dios’), sino otras ideas que Justino desarrolla en el contexto. I Jn 2:29 habla de ser engendrados de Cristo por cumplir la justicia, tal como dice Justino en D 123:9: Cristo ha engendrado a los que guardan sus mandamientos; en I Jn 3:8 hay una referencia al pecado del diablo en el principio, terna que desarrolla Justino en D 124; y en l Jn. 3.10 se habla también de una doble filiación. la de hijos de Dios y la de hijos del diablo: conocemos que es el trasfondo de la historia de las tentaciones en Justino; en fin, l Jn 3:8 dice que el Hijo del hombre apareció pera destruir la obra del diablo: corresponde a la escena de las tentaciones tal como la encontrarnos en D 125, 3ss.

Así se explica que, en ese contexto, aparezca la transmisión de la promesa a la Iglesia, nuevo Israel: cf. D 125,5: “somos el Israel bendito”.»(7)

Es interesante hacer ahora una observación. Casi todas las veces queJustino; llama a los cristianos “ύίσί”, está citando o comentando el Antiguo Testamento. Pero cuando habla él mismo de la filiación de los cristianos prefiere usar τέκνοί Este último término aparece con frecuencia en tomo a la descendencia de Abraham, tanto para hablar de los judíos, hijos según la carne, como de los cristianos. Parece indicar con predilección el nuevo linaje de hijos de la Iglesia, según la promesa hecha al Patriarca.

He aquí la razón de que Justino llame a Cristo τέκνοί πρωτστοκον presenta así su filiación orientada hacia el linaje de los cristianos, como aquel que los engendra para Dios. El que viene a luchar con el diablo es el Hijo que donará la filiación a los otros hijos La temática de D 124 se hace presente ahora: se unen aquí el combate con el diablo y la transmisión de la filiación divina al hombre.

Antes de seguir, es el momento de recordar un dato que pusimos de relieve al empezar a tratar las tentaciones. Resulta que los dos relatos que trae Justino se enmarcan en torno a dos nombres: Israel y Satanás, y se completan así mutuamente, narrando la tentación del diablo apóstata (Satanás) y la derrota que Cristo le inflige (Israel). A la luz de nuestro estudio este marco hace perfecto sentido, pues coincide con el contenido teológico de la escena, que se sitúa en torno a una doble filiación, de signo opuesto. Dos nombres, dos comportamientos, dos herencias; Satanás e Israel; el apóstata y el que vence al apóstata por su obediencia y sumisión al Padre’”.

‘“La palabra “apóstata” se usa referida a Satán en D 103. 5 y D 125, 4. Se ve que indica, no sólo su primer pecado, sino toda la obra que realiza por su tentación. Será propio suyo apartar al hombre del querer de Dios haciéndole apostatar. De los magos (D 78,9) se dice que se apartaron del demonio para acercarse a Cristo. (8)

Antes de seguir, es el momento de recordar un dato que pusimos de relieve al empezar a tratar las tentaciones. Resulta que los dos relatos que trae Justino se enmarcan en torno a dos nombres: Israel y Satanás, y se completan así mutuamente, narrando la tentación del diablo apóstata (Satanás) y la derrota que Cristo le inflige (Israel). A la luz de nuestro estudio este marco hace perfecto sentido, pues coincide con el contenido teológico de la escena, que se sitúa en torno a una doble filiación, de signo opuesto. Dos nombres, dos comportamientos, dos herencias;Satanás e Israel; el apóstata y el que vence al apóstata por su obediencia y sumisión al Padre’”. En este marco se emplaza la historia de las tentaciones. Esto confirma que la lucha tendrá significado amplio para toda la humanidad, y no solo para los dos combatientes.

El relato de las tentaciones pone así de relieve que Jesús lucha como primogénito, en cuanto capaz de transmitir al hombre la filiación y de deshacer la derrota de Adán. Se hace hincapié en su condición divina, y también en la Encamación. Ambos títulos son necesarios para su obra. Por ser el Hijo, nos hará hijos de Dios ; pero sólo gracias a la Encarnación, pues toma entonces la misma carne que pecó en Adán. He aquí dos elementos fundamentales para que Cristo lleve a cabo su misión. ¿Falta todavía alguno?

Moisés y la serpiente en el desierto

Para obtener la respuesta hemos de volver a otra pregunta, la que formulamos mis arriba y dio origen a este análisis: ¿qué relación une el bautismo y las tentaciones? Escuchemos de nuevo el enlace que resaltaba Justino: apenas Jesús salió del río Jordán y se había oído la voz que le decía: ‘Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy” (Sal 2, 7), se escribe en los Recuerdos de los Apóstoles que el diablo, acercándosele, le tentó hasta decirte: ‘Adórame” (D 103,6).

A la vista del estudio que hemos hecho se abre camino una explicación. Por un lado el combate con el diablo gira en torno a una filiación que Jesús transmite como primogénito de un nuevo linaje. La contraposición entre los dos nombres (Israel y Satanás) hace ver que la derrota deldiablo tendrá consecuencias que superan las de un combate singular. Por otro lado es precisamente en la frase del Padre: “Tú eres mi Hijo” (Sal 2, 7) donde Justino parece ver la conexión entre Bautismo y tentaciones’. Sólo tras escuchar estas palabras se acerca el diablo a El tratando de obrar lo que obré en Adán. Téngase ahora en cuenta lo que se concluyó al hablar del Bautismo. La frase de Sal 2, 7 se refiere a la filiación de Cristo en su vertiente soteriológica (para los hombres, en cuanto cabeza de los hombres). El Padre dice a Jesús “hijo” porque, a partir del Bautismo, por la recepción del Espíritu, tiene Jesús una filiación que puede transmitir al hombre.

Tenemos, pues, dos esquemas muy cercanos. En el Bautismo: elEspíritu (principio participativo) donado a Jesús para que engendre nuevos hijos. En las tentaciones: la oposición de dos nombres, que conllevan dos herencias y filiaciones opuestas. De aquí es fácil ver por qué Justino los relaciona. En efecto, Satanás es coherente en su proceder. No tenía sentido que el diablo se acercara a Jesús antes de que éste recibiera el Espíritu. Sólo ahora, si consigue hacerle caer, se hará dueño de todos los hombres, atendiendo a la capitalidad del Salvador. Ya puede abordarle como a otro Adán, es decir, como a alguien cuyos actos tienen consecuencias sobre todo un linaje de hombres. Oído que viene el hijo, portador de nueva filiación, se acerca a combatirle, pues lo que obró en Adán (en cuanto cabeza de todos, por generación según la carne) piensa obrarlo en Cristo (también en cuanto cabeza, generador en el Espíritu de un nuevo linaje).

Completamos así nuestro recorrido. Pertenece al plan del Padre comunicar al hombre la filiación divina a través de su Hijo.

Tal designio se apoya en sólidas bases:

(a) la generación del Hijo de Dios, anterior al tiempo;

(b) su generación humana como Hijo de Dios, en la misma carne de Adán;

(c) la recepción del Espíritu en el Bautismo.

Carecería de interés para el diablo tentar al Hijo de Dios en cuanto Dios.Pero sí interesa combatirle bajo los dos últimos títulos. Primero, en cuanto hombre, plasmado del mismo barro que Adán, Segundo, en cuanto poseedor de un nuevo germen desde el Bautismo, capaz de obrar nueva descendencia comunicando al hombre la filiación.»

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Fuente:

1. Los misterios de la vida de Cristo en Justino Mártir, pág. 270-282, Autor José Granados, Publicado en 2005, Editrice Pontificia Università Gregoriana)

2. Nota Nº 134 de pág 274, Ibid

3. Nota Nº 141 de pag 275, Ibid

4. Nota Nº 139 de pág. 275, Ibid

5. Nota Nº 145 de pág. 277, Ibid

6. Nota Nº 147 de pág. 278, Ibid

7. Notas Nº 150,152 de págs. 278-279, Ibid

8. http://www.middletownbiblechurch.org/spanish/manchrist/c6.htm


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