Cómo agradar a Dios

Septiembre 23, 2009 | |

Cómo agradar a Dios
“Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros como os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por medio del Señor Jesús; porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación;” (1 Tesalonicenses 4:1-2).

En esta primera carta, el apóstol Pablo, después de saludarles y expresar su gratitud a Dios por el testimonio de aquellos hermanos, reconociéndoles su dedicación a Dios desde el principio (cap.1), les refiere lo que fue su labor ministerial entre ellos, su trabajo y fatiga, su entera dedicación por el bien espiritual de ellos, encargándoles solemnemente que anduviesen como es digno de Dios, quien los llamó a su reino y gloria (cap.2). Él continúa dando gracias a Dios porque su labor entre ellos fue fructífera, pues recibieron las palabras que les habló, no como palabras de hombres, sino según es en verdad la Palabra de Dios.

Ellos habían dado testimonio de su fe sufriendo por el evangelio, como también las iglesias de Dios en Cristo Jesús que estaban en Judea, padeciendo de los de su propia nación igualmente que ellos. No faltaría quien dijera cosas falsas del apóstol: Como que no tenía intenciones de visitarles nuevamente. Él se disculpa por la tardanza, y a la vez enfatiza su gran anhelo por ver el rostro de aquellos que son su gloria y corona; atribuye su imposibilidad de haberles visitado al estorbo obrado por Satanás. ¿Cómo fue eso? No lo sabemos, pero sabemos que es cierto.

Al no poder ir -y con el objeto de afianzarles y exhortarles en la fe, para que ninguno se inquietara por sus tribulaciones, les envió a Timoteo, su fiel colaborador, el cual regresó de ellos con buenas noticias que produjeron gran gozo en el apóstol, por lo cual da gracias a Dios y ora ferviente y constantemente con el deseo y la intención de volver a visitarles y completar así lo que faltare a su fe. Él confía que Dios mismo dirigirá su camino; mientras tanto, les desea que el Señor les haga crecer y abundar en amor y que sus corazones sean afianzados, para que sean irreprensibles en santidad delante de Dios y en la venida de Cristo (cap.3).

Notamos que, aunque ha habido exhortación de manera incidental en los tres primeros capítulos de esta carta, es a partir del cap.4 cuando el apóstol empieza a dirigir exhortaciones a la práctica de una vida piadosa, como hace en todas sus cartas. Notamos, por las palabras del apóstol en el 4:1 que hay una transición aquí, se está pasando de una cosa a otra. El les ha estado refiriendo todas aquellas cosas, importantes por cierto, pero ahora tiene algo más que agregar. Su carta no estaría completa si faltara la parte exhortativa. Se da la instrucción y entonces se pasa a reclamar la obediencia a la misma. Se emite la ley y entonces se espera el cumplimiento. No es correcto reclamar obediencia a un mandamiento no declarado. El apóstol les ha enseñado cómo vivir la vida que agrada a Dios, por eso les dice:

A) LA MANERA DE EXHORTAR

(:1)”Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más”. Por las palabras: “por lo demás, hermanos”, Pablo está señalando a esas otras cosas importantes que debían ser cuidadas. [Ilust. A veces, cuando nos saludamos se nos pregunta u ofrecemos cortésmente información sobre nuestros asuntos: familia, negocios, iglesia, etc., puede ser que acerca de algunas cosas digamos: "esto está así, aquello asáo", pero sobre otros asuntos, no menos importantes, podemos decir: "lo demás está bien".] En este caso, “lo demás” que el apóstol señala, es un llamado a la conducta consecuente en virtud de las instrucciones recibidas, es un reclamo a la obediencia. Son sus exhortaciones -de orden- a la conveniente práctica de la conducta enseñada por el apóstol a fin de agradar a Dios.

El conocimiento intelectual no basta, no es suficiente; es más, dice la Escritura que el conocimiento envanece; obviamente, se refiere a esa clase de conocimiento que sólo se halla en la cabeza, pero que no ha bajado al corazón. Un dicho popular, dice; “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. ¡Es verdadero el dicho! “La fe sin obras es muerta”. Puede haber conocimiento intelectual, puede haberse observado el testimonio de un ministro fiel como el apóstol Pablo, y aún así, necesitaremos una continuada amonestación y exhortación a conducirnos como es digno de nuestro santo llamamiento. Ciertamente, el buen testimonio y la instrucción apostólica comunicada por los ministros del Señor a Su iglesia son parte integral de su disciplina instructiva. Somos instruidos en la conducta santa por los preceptos y ejemplos bíblicos.

De paso, el apóstol Pablo enseña una vez más, por vía de su propio ejemplo, la manera de ejercer el ministerio como siervo de Cristo, como quien está llamado a ejercer autoridad, a amonestar, exhortar, reprender, aconsejar, etc. a la iglesia del Señor, como quien ha de dar cuenta ante el Señor. En nada favorecen a la iglesia aquellos supuestos ministros que se la pasan gritando, imponiendo sus criterios, ejerciendo dominio o señorío sobre los hermanos, obligándolos o forzándolos en alguna manera a hacer cuanto se les antoje. El apóstol Pedro ruega con mucha humildad a los ancianos -como él- a pastorear la grey de Dios, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente, no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (1 Pedro 5:1-3). El mayor entre nosotros es el siervo.

Una buena forma de gobernar la grey del Señor es la manera mansa y humilde de presentarles la palabra del Señor, de amonestarles y exhortarles, lo cual el apóstol Pablo hace -lo mismo que los demás apóstoles- rogando y exhortando en el Señor Jesús. Esto es, en la esfera de Su reino: la iglesia, y por la autoridad conferida por el Señor. Pudiera ser que, ante la manera suave y mansa de hablar de un ministro de Jesucristo, que se dirige a sus consiervos con ruegos y exhortaciones, aparezcan quienes opinan que tal hombre no tiene autoridad, que de esa manera no llegará a ninguna parte, porque el concepto que tienen respecto al ministro o predicador del evangelio, es que debe ser un hombre que lanza rayos y centellas desde el púlpito y hace que todos tiemblen, y así conseguir algún resultado en sus oyentes; pero eso no fue la práctica ni la enseñanza de los apóstoles ni del Señor Jesús.

El ministro de Jesucristo predica la Palabra, da el consejo de Dios con mansedumbre, ruega que dicha Palabra sea obedecida y no desechada, que sea puesta en alto, valorada, como Palabra de Dios y no de hombres, porque sabe las funestas consecuencias de rechazar la palabra (:8) “…el que desecha esto (refiriéndose, por supuesto, a su exhortación en los versículos anteriores), no desecha a hombre sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo”. Téngase en cuenta que estas palabras del apóstol se las está dirigiendo a aquellos que habían recibido la palabra en medio de gran tribulación con gozo del Espíritu Santo.

Esto nos indica claramente que no basta con haberla recibido en alguna ocasión anterior o al principio en ese espíritu de mansedumbre, sino que debe ser una constante. Cada vez que se les hable o se les dirija la predicación o el consejo, como dice Santiago: “…recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas” (Santiago 1:21). Pero algunos ponen sus ojos en el predicador, y al menospreciar al predicador menosprecian a Dios y a su Palabra.

Es el mismo Espíritu Santo quien ha puesto a hombres falibles, a unos de entre otros, según le ha parecido, a cuidar del rebaño del Señor; después de todo, quien verdaderamente cuida y edifica su iglesia es el Señor, pero él usa a aquellos que ha llamado para este ministerio, capacitándoles además para eso mismo. Pablo dijo a los ancianos de Efeso que cuidaran del rebaño del Señor, sobre el cual el Espíritu Santo los había puesto como supervisores, y al recordarles que se trata de la iglesia que el Señor compró con su sangre, les está diciendo implícitamente con cuánto amor, ternura y entrega la deben cuidar. Y el apóstol Pablo lo sabe y lo practica muy bien, es, por tanto, un ejemplo digno de imitar.

Ahora bien, hermanos, la Palabra del Señor comunicada por sus ministros jamás será desechada sin atraer graves consecuencias a quienes se rebelan, pues, como dice el apóstol en el (:6) “…el Señor es vengador de todo esto”. Los ruegos, amonestaciones, exhortaciones, reprensiones, consejos, etc. que son comuni-cados a la iglesia en general y a cada miembro de la iglesia en particular por los ministros del Señor no son cosa de juego, no son palabras que se lleva el viento. Deséchese la labor de los ministros y ¿qué tendremos? No la iglesia del Señor, sino una sinagoga de Satanás. Los pastores son siervos de Cristo, ocupados en cumplir la voluntad del Señor en la iglesia. Es Cristo mismo quien los ha colocado en su lugar o posición de servicio, ellos mismos no se consideran dignos de tal distinción. Pablo dice: “Doy gracias al que me revistió de poder, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Timoteo 1:12). Hermanos, no es sabio menospreciar la labor de los siervos del Señor, el equipo humano que el Señor de la iglesia está empleando para apacentar su grey .

Ellos comunican la Palabra por vía de ruegos y amonestaciones amorosas. Esto no quiere decir que a veces no pierdan los estribos, sobre todo cuando a causa de la falta de sometimiento hacen la obra del Señor entristecidos, con quejas. Pero estas cosas no se imponen por la fuerza, ese no es el método de Dios, aquí no se trata de la ley del más fuerte, ya sea física o temperamentalmente, no es asunto de astucia humana; porque la fuente de las palabras usadas es Dios mismo. Así que, no es de sabios ignorar de dónde proceden estas palabras.

Cualquiera pudiera decir, luego de la predicación o del consejo pastoral: “Eso dice ese hombre”, y no sentir -por el momento- ningún remordimiento, pero si “ese hombre” es un ministro de Cristo, fiel a Su Palabra, aunque no suba la voz, aunque no golpee en el púlpito, aunque no se imponga mediante algún artificio humano, tarde o temprano se dará cuenta de que fue un error desechar su consejo, despreciar la amonestación o la exhortación pastoral. Recuerde: Su problema no es con el siervo sino con el Señor del siervo. “…porque el Señor es vengador de todo esto”. Sí que podemos descansar, el Señor nos deja a nosotros la parte de hacer el bien, de hacer misericordia, de bendecir; si nos tratan mal, la venganza es de él. La ira es de El, de nosotros la intercesión, la misericordia.

Un caso del A.T. ilustra el punto. Tomó Moisés mujer cusita, y sus hermanos, María y Aarón murmuraron contra él y se sublevaron. Dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová?¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Dios” (Números 12). Y si sólo lo hubieran pensado, de igual manera los hubiera oído el Señor. No sólo hay que cuidarse de la murmuración, sino también de los malos pensamientos. Ni se le ocurra hacer algo así, o acariciar malos pensamientos, pero si lo va a hacer, por lo menos hágalo en donde Dios no lo pueda oír; pero tal cosa es imposible, porque Él todo lo oye, todo lo sabe.

Esta historia de la murmuración de María y Aarón la hemos leído una y otra vez y conocemos las funestas consecuencias que le sobrevinieron, especialmente a María, a causa de esta rebeldía. Jehová les preguntó luego: “¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?” Como castigo, María quedó leprosa. La parte de Moisés: Orar por misericordia a favor de sus hermanos. Hermanos, no son sin culpa quienes se rebelan contra los siervos de Dios, mansos como Moisés, tampoco lo son quienes no se acojan a los consejos de los ministros que el mismo Señor ha puesto en sus lugares de servicio.

B) LA INSTRUCCIÓN APOSTÓLICA

¿Cuál es el ruego o exhortación específica que el apóstol hace a los hermanos tesalonicenses? En una palabra: Obediencia. Que den una respuesta obediente a las instrucciones apostólicas que les han sido comunicadas en nombre del Señor Jesús. Lo cual, el apóstol hizo, no sólo en palabras sino también por medio del ejemplo (ver. Filipenses 4:9), les dice:

“Que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (:1b). Aquellos hermanos gozaron del ministerio personal del apóstol Pablo y sus compañeros. Aunque Pablo no esté entre nosotros no tenemos menos, porque tenemos la Palabra que el Espíritu Santo ha inspirado y que ha sido escrita para enseñarnos, redargüirnos, corregirnos, instruirnos en justicia, a fin de que seamos enteramente preparados para toda buena obra. La iglesia se sobreedifica sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (Efesios 2:20).

La Palabra de Dios es la espada del Espíritu; y los verdaderos ministros del Señor bajo el control del Espíritu se ocupan en trazarla bien, procuran no oscurecer el consejo, no agregarle ni quitarle, sino enseñar como el apóstol Pablo “todo el consejo de Dios”, predicando a tiempo y fuera de tiempo. El apóstol cumplió en parte su labor entre ellos, les enseñó “cómo les conviene conducirse y agradar a Dios”. Y desea volver a verles para completar lo que falte a su fe. Habiendo sido comprados por la sangre de Cristo para Dios su Padre, nuestra vida no debe tener otro objetivo que no sea conducirnos santamente para agradar a Dios.

C) EL OBJETIVO CRISTIANO - CONDUCIRSE SANTAMENTE PARA AGRADAR A DIOS

Ya que estamos hablando de esto, conviene examinar: ¿Cuánto esfuerzo hacemos por conocer la voluntad de Dios y para cumplirla a fin de agradarle a El? Tú piensas la respuesta y de inmediato surge la excusa: “Es que no tengo tiempo, tengo mucho trabajo”. Como siervos del Señor, libertados del pecado, nos hallamos bajo su autoridad, la cual deseamos cumplir de manera gozosa, agradecidos por su amor y bondad hacia nosotros, y sus mandamientos -que no son gravosos- nos han sido dados en Su Palabra, la cual debemos escudriñar con el objeto de conocer más profundamente su voluntad para con nosotros.

¿Quiénes pueden efectivamente agradar a Dios? Proverbios 11:20b nos dice que “los de camino intachable le son agradables”. David dijo en 1 Crónicas 29:17 “Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada”. Aún siendo salvos nos acecha el peligro de desviar nuestro sometimiento, y en lugar de servir a Dios y agradarle nos hacemos esclavos de los hombres procurando agradar a los hombres. El apóstol escribió a estos hermanos de su firme determinación de agradar a Dios al cumplir su ministerio entre ellos, les dijo en (1 Tesalonicenses 2:3,4) léase. Esta es, sin lugar a duda, una característica del verdadero ministro de Jesucristo, porque como Pablo les dice a los Gálatas ” (Gálatas 1:10).

¿Quiénes no puede agradar a Dios? Romamnos 8:8 nos dice: “y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. ¿Y cuál es el problema del que vive en la carne? Que “la mentalidad de la carne es enemistad contra Dios; porque no se somete a la ley de Dios, ya que ni siquiera puede”. El hombre carnal no agrada a Dios, es un enemigo de Dios, porque no quiere ni puede someterse a Dios. Vemos nuevamente la relación que existe entre agradar a Dios y someterse a El en obediencia.

No pueden agradar a Dios, son enemigos de Dios, no quieren ni pueden someterse a Dios porque no tienen fe, como nos dice Hebreos.11:6 “Y sin fe es imposible agradar a Dios”. En el versículo anterior nos dice que Enoc fue trasladado para no ver muerte, que Dios lo trasladó; y que antes de ser trasladado, “tuvo testimonio de haber agradado a Dios”. El mismo escritor a los Hebreos citó al profeta Habacuc y el mensaje que Dios le dio: “Mas el justo vivirá por fe”, y agrega: “Y si retrocediere no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38).

¿Cuáles beneficios o resultados acarrea el agradar a Dios? Aunque nuestra entrega y servicio al Señor en gratitud a El deberían ser incondicionales (ya se nos ha enriquecido), el mismo Dios nos estimula por medio de promesas de premios y recompensas o buenos resultados, los beneficios que se hallan ligados a nuestra vida de obediencia a El. Vivimos en un mundo lleno de enemigos (gratuitos), no es fácil vivir en paz con los hombres impíos. Si nos ocupamos en agradar a Dios, él se ocupara en hacer que nuestros enemigos estén en paz con nosotros. Proverbios 16:7 nos dice: “Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aún a sus enemigos hace estar en paz con él”. Otros beneficios (Eclesiastés 7:26; Juan 8:29).

El apóstol les refresca la memoria, ellos habían sido instruidos, pero tienen necesidad de que se les recuerde lo ya enseñado, pues se les ha instruido con el evangelio eterno, no con doctrinas que cambian con el tiempo, que procuran adecuarse a la época, muchos tuercen así las Escrituras, pero nuestro Señor ha dicho: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Les dice el apóstol:

(:2) “Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por medio del Señor Jesús”, y entonces pasa -por decirlo así- a darles un repaso que comprende los versículos 3-7. Todo el repaso se halla bajo el titulo, y enmarcado por la declaración de que la voluntad de Dios es nuestra santificación (:3 y :7). Sean las palabras de este mensaje motivo de meditación a fin de asegurarnos de estar correctos en la actitud que tenemos frente a la Palabra del Señor predicada y frente al ministro del Señor.

Por: Félix M. Paulino C.

Fuente:

http://www.siguiendosuspisadas.com.ar/estudio068.htm


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