Repercucion de la muerte de San Pablo

Septiembre 22, 2009 |  Tagged |

Repercusión de la muerte de San Pablo

Según comentan algunas tradiciones seguramente no muy objetivas, Nerón, al enterarse de esto, se asustó extraordinariamente y empezó a cambiar impresiones sobre este asunto con sus amigos y con algunos filósofos, y, cuando estaba comentando con ellos estas cosas en un salón de palacio, a puertas cerradas, sin que nadie las abriera, presentóse Pablo ante los reunidos, se encaró con el emperador y le dijo:

-César, aquí me tienes; aquí está Pablo, soldado del Rey eterno e invisto. Supongo que ahora creerás lo que antes de que decapitaran te anuncié. Ya ves que no soy un muerto, sino que estoy vivo. Escucha, pues, ahora, lo que tengo que decirte: con mi muerte he entrado en la verdadera vida; tú, en cambio, cuando mueras, no vivirás, sino que serás absorbido por el abismo de la muerte eterna por estar matando inicuamente a los siervos de Dios.

Dicho esto, Pablo, renpetinamente, desapareció. Tan grande fue el miedo que se apoderó de Nerón, que parecía haberse vuelto loco; no sabía qué hacer; pero, al fin, convencido por los consejos de algunos de sus amigos, puso en libertad a Bernabé, a Potroclo- que hablare más tarde- y a otros, y les permitió que se marcharan a donde quisieran.

Los tres soldados que habían conducido a Pablo al lugar del suplicio, y los otros dos que se les unieron por el camino, y que se llamaban Longinos y Acesto, al día siguiente, muy de mañana, acudieron al sitio en que el apóstol había sido enterrado y, al acercarse al sepulcro, vieron a Pablo de pie, acompañado de Titos y Lucas, que estaban a su lado y oraban conjuntamente; pero Tito y Lucas, al ver que se acercaban esos cinco soldados, huyeron asustados y Pablo desapareció. Los soldados comenzaron a correr en pos de los fugitivos diciéndoles a voces:

-No huyáis; no somos perseguidores vuestros; hemos venido aquí por orden de Pablo para que nos bauticéis y hemos visto como ahora mismo estaba con vosotros rezando.

Al oír esto, Tito y Lucas regresaron hasta donde estaban los soldados y con mucha alegría y de muy buena gana los bautizaron.

Como la cabeza de Pablo había sido arrojada a un barranco en el que había otras muchísimas más de cristianos martirizados, resultaba naturalmente imposible identificarla. En la carta de Dionisio a Timoteo se oye que algún tiempo después, como motivo de sanear aquella sima llena de malezas, de calaveras y de osamentas, todos aquellos restos humanos fueron sacados de allí y esparcidos por diferentes lugares del campo; pero un día un pastor, al ver en el suelo un cráneo, lo alzó con la punta de su cayado, se lo llevo consigo y lo colgó de uno de los postes de la corrañiza en que encerraba el ganado. Aquella noche y las dos siguientes, tanto él como el amo de las ovejas, quedaron sorprendidos al ver como aquella calavera brillaba una luz misteriosa. La noticia de este fenómeno se extendió rápidamente por la comarca y llegó a los oídos de los cristianos y del obispo, quienes comentaron entre sí: “Seguramente se trata de la cabeza de san Pablo”.En consecuencia, el obispo y toda la comunidad de fieles se trasladaron al aprisco, recogieron la calavera, la llevaron a Roma y la colocaron sobre una mesa en la que habían extendido el cuerpo del apóstol; pero antes de tratar de acoplarla el Patriarca dijo:

-Hermanos, todos sabemos que por distintos sitios del campo hay desperdigadas infinidad de calaveras procedentes de muchos fieles que han sido martirizados. Para no exponernos a unir al cuerpo de san Pablo una cabeza que acaso no sea la suya vamos a hacer lo siguiente: Pongamos este cráneo que hemos traído del aprisco a los pies del cuerpo del apóstol y pidamos al Señor que, si es verdaderamente el del san Pablo, avance por sí solo, sin ayuda ni industria nuestra, hasta acoplarse al cuerpo en el lugar correspondiente.

Aprobada la idea por todos, pusieron la cabeza a los pies del cuerpo de san Pablo, oraron, y con gran estupefacción vieron cómo la cabeza avanzaba por sí misma sobre la mesa, llegaba al lugar correspondiente del cuerpo del santo apóstol y dieron gracias a Dios por haberla recuperado.

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