Análisis teológico de la cosmovisión reflejada en los medios de comunicación

Artículo escrito por: Mario Rodrigo Mejía

Ciertos valores posmodernos, pecaminosos y seculares han colmado los medios de comunicación, lo cual ha creado un mundo en el que Dios no tiene mucho que decir, que está centrado en criterios culturales occidentales, que no cree en absolutos morales, que está propenso a los intereses de los patrocinadores y donde se busca ocupar el tiempo libre de manera divertida e intrascendente. Por lo anterior, es obvio que la fe cristiana pone bajo escrutinio los mensajes y las motivaciones de aquellos que utilizan los medios de comunicación. Ante ello, ¿cómo puede influir para bien la cosmovisión cristiana? Esta pregunta tratará de ser respondida en la siguiente sección.

CONVICCIONES TEOLÓGICAS QUE PUEDEN IMPACTAR LOS MEDIOS

Existe cierto trasfondo teológico que determina las acciones de todo ser humano. No se trata, en la mayoría de los casos, de una preparación teológica formal, sino de aquellos temas que funcionan como lentes y así influyen en la cosmovisión y decisiones de las personas.

Hablamos aquí de la relación entre la doctrina y la práctica, entre la teología y la vida, entre el pensar y el actuar. En relación con el tema de los medios de comunicación, existen ciertas ideas teológicas que deben influir en la manera en la que el creyente los percibe, analiza, interpreta y utiliza para el bien del prójimo y la gloria de Dios.

El Dios comunicador

Uno de los puntos de partida de la fe cristiana es el hecho de que Dios se ha comunicado con la humanidad. El primer personaje que habla en la Biblia es Dios, cuando dijo: “Sea la luz” (Gn. 1:3). También el primer personaje que habla con los seres humanos es Dios, y el contenido de la primera comunicación es una bendición (Gn. 1:28). Después del pecado humano, es Dios quien toma la iniciativa para restaurar la comunión con sus criaturas (Gn. 3:8-9).

De ahí en adelante, el Señor se comunicó “muchas veces y de muchas maneras” por medio de sus siervos los profetas para revelar su voluntad, hasta culminar con la máxima revelación en su Hijo (Heb. 1:1; Jn. 1:18).

De la misma forma en la que Dios busca establecer contacto con los seres humanos, así sus discípulos deben utilizar las herramientas a su disposición para alcanzar a otros con el mensaje transformador y perdonador de Cristo Jesús. Esta verdad, aunque obvia, debe ser recordada en medio de iglesias cristianas que tienden a rechazar todo lo novedoso y perder oportunidades valiosas de influir positivamente en la cultura.

Una auténtica interacción humana como meta Como dice Hugo Assmann, “lo fundamental es la comunicación real entre las personas Los medios de comunicación (El correo electrónico, los salones virtuales de chat, deberían estar al servicio de esa comunicación real”. La televisión y la Internet pierden su sentido de existencia cuando se convierten en el fin del trabajo de aquellos que los manejan. Como su nombre lo indica, estos son medios que pretenden contactar a las personas para que interactúen e intercambien ideas sobre diversos temas.

En ese sentido, la fe cristiana lamenta que estos puentes entre personas se hayan convertido en una industria productora, no de ideas, sino de dinero y pecado. En el involucramiento cristiano en los medios debe haber un serio compromiso con la comunicación real entre los seres humanos. En ese sentido, los medios usados deben ser determinados no tanto por la capacidad técnica o económica de tal o cual iglesia o ministerio, sino por el alcance y la capacidad de comprensión de las personas a las que se desea alcanzar.

Por ejemplo, se debe estar consciente de que la Internet o los proyectores digitales tienen limitaciones—al menos en países pobres como los latinoamericanos—en cuanto al alcance popular y los costos del equipo complejo y delicado. Lejos de abandonar la tarea comunicativa, la iglesia debe, por un lado, ajustar el mensaje a un medio más accesible, como la radio o el material escrito y, por otro, educar para el uso de medios más modernos y eficaces.

ALTERNATIVAS DE ACCIÓN PARA LA IGLESIA

Ante los conceptos y alternativas que los medios ofrecen, la iglesia ha manifestado una actitud defensiva, de crítica, sensacionalista, denunciando conspiraciones ocultas y mensajes subliminales. En este artículo se propone que, en lugar de ello, el pueblo del Señor adopte una postura profética y, de propuesta y acción positivas. Para ello, es necesaria la participación de los individuos, familias, líderes y comunidades cristianas. En esta última sección se plantean algunas alternativas prácticas con ese fin.

Una actitud profética de análisis

Las sociedad de hoy está perdiendo su capacidad de análisis y crítica de lo que sucede a su alrededor. La cultura actual incita a “dejar de pensar y dejarse llevar” por experiencias subjetivas e intensas al gusto del cliente dispuesto a pagar por el momento de bienestar. Los medios de comunicación se han convertido en verdaderos evangelistas de esa actitud posmoderna, llenando los receptores con una dieta constante de emociones impetuosas y situaciones extremas.

Así, un comercial de bebida gaseosa hace énfasis en dejarse llevar por los sentidos al invitar al consumidor: “Obedece tu sed”. Hay que reconocer que muchas iglesias evangélicas han seguido ese mismo patrón, ofreciendo de manera casi exclusiva un sinfín de emociones, euforia y triunfalismo fácil. Ante esa realidad, las iglesias deben recobrar el énfasis bíblico en el análisis y el discernimiento.

En el Antiguo Testamento, hay amonestaciones, sobre todo en los Proverbios, a “escuchar” los consejos y “guardar en el corazón” las enseñanzas. En el Nuevo Testamento, Pablo afirma que los creyentes deben transformarse por medio de una mente renovada (Ro. 12:2), además de invitar a examinarlo todo y retener lo bueno (1 Ts. 5:21). Judas exhorta a los lectores a “convencer” a los que dudan (Jud. 22).

Como puede verse, el tono general de la Escritura es que, después de considerar y analizar, el creyente debe ajustar su conducta de acuerdo con sus convicciones. Este principio es fundamental para una actitud cristiana ante los medios de comunicación. Después de indicar la necesidad de ser analíticos, es necesario reconocer que el discernimiento de la iglesia en relación con los medios ha sido parcial. En general, se ha censurado casi solamente los valores morales que provienen de una perspectiva liberal ante la vida.

Así, por ejemplo, se denuncia la ligereza con que se tratan temas sexuales y matrimoniales. Se ataca la conexión creciente entre música y pornografía, o se condena el avance cada vez más evidente de las ideas a favor de la homosexualidad, el uso de drogas o el aborto.

Por supuesto, estos temas deben ser incluidos en el análisis responsable que los cristianos deben hacer de los medios. Sin embargo, para que el examen sea completo, se debe tomar en cuenta lo que tienen que ver con la economía, la cultura, lo puramente artístico y, sobre todo, los conceptos que mueven tal o cual programa.

En este sentido, la crítica cristiana de los medios debe ser profética, en el sentido bíblico-teológico del término, por un lado denunciando los conceptos pecaminosos que se comunican en los medios y, por otro, anunciando alternativas correctas, beneficiosas y sanas.

Uso de los medios como canal para dignificar a las personas

Ante una filosofía diabólica que trata a las personas como consumidores, reduciéndolas a meras fuentes de dinero, la fe cristiana proclama la dignidad de los usuarios. Es necesario recuperar el sentido de los “medios de comunicación” como eso: medios para lograr otros fines.

En este caso, cuando los hijos de Dios hacen uso de los medios masivos, deben hacerlo con el fin de comunicar los valores del reino de Dios; no como un camino para obtener dinero o fama para sí mismos o para determinada congregación o ministerio; sino con el fin de establecer puentes de diálogo entre los seres humanos. En la práctica, todo esto indica que lo que debe motivar la producción de una página Web, de una revista cristiana, de un programa de radio o de una obra de teatro debe ser la dignidad de las personas, sus necesidades y opiniones como miembros de la raza humana.

El motor de la comunicación no debe ser un anhelo egoísta o codicioso, sino la interacción personal y el enriquecedor intercambio de ideas y datos que lleven a las sociedades a establecer y afirmar sus valores positivos. Por otra parte, la comunicación cristiana procura dar espacio a aquellos que no tienen oportunidades de exponer sus ideas públicamente. Por supuesto, ello significa escuchar con honestidad opiniones equivocadas y estimarlas como una oportunidad de orientar a los que las expresan y a toda la sociedad.

En este escrito se ha propuesto que la iglesia abandone su aislamiento en cuanto al tema de los medios y lo enfrente con una actitud profética y, pastoral, de evaluación y de involucramiento, de sospecha y de ingenio creativo. La capacidad de análisis y crítica, servirán para rechazar todo aquello que de pecaminoso y dañino tienen los medios en esta época. La creatividad, ofrecerá un alud de ideas necesarias para que la iglesia haga propuestas concretas de un uso correcto.

Por supuesto, para hacerlo se necesita la visión de que tal cosa es posible, el llamado de parte del Señor para realizar ese propósito, el compromiso serio para dar los pasos necesarios, la preparación espiritual y técnica para producir obras dignas del Dios de los cielos y la humildad que permita que el Espíritu Santo sea quien actúe por medio del pueblo del Señor. Se necesita, en pocas palabras, una nueva generación de cristianos que, en esta época informática, proclamen con dignidad y calidad que Jesucristo es Señor aun de los medios masivos de comunicación.

Seamos fieles a Dios utilizando los medios de comunicación para su gloria,

Autor:

Scott Yingling

Director General de ObreroFiel.com


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