¿Vencerán los fundamentalistas?
¿Vencerán los fundamentalistas?
Posted in Octubre 3rd, 2007
by admin in Temas teológicos
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Este es el título que el pastor Harry Emerson Fosdick dio a uno de sus sermones el 21 de Mayo de 1922. En los años 1920s muchos norteamericanos llenaban las iglesias fundamentalistas. Al mismo tiempo muchos protestantes buscaban reconciliar la fe con la ciencia e intentaban tranquilizar las tendencias reaccionarias del fundamentalismo. Este sermón predicado en 1922 llamaba a los cristianos a formar una comunidad de mente abierta, intelectual y tolerante. A pesar de que dicho sermón le costó su puesto en la Primera Iglesia Presbiteriana de Nueva York, sus ideas y visión reflejaban la postura de una cierta minoría dentro del Cristianismo. A continuación entrego una traducción propia de este sermón para que sea analizada y cuestionada… Aún me sorprende que este sermón pudiera costar el puesto a alguien…
“Esta mañana vamos a pensar acerca de la controversia Fundamentalista que amenaza con dividir nuestras iglesias americanas, como si no estuvieran ya suficientemente divididas. Hay una escena un tanto sugerente al hablar sobre este tema en el libro de los Hechos, donde los líderes judíos arrastran a Pedro y otros apóstoles porque han estado predicando a Jesús como el Mesías. Además, estos líderes proponen matarlos en el momento en que Gamaliel se levanta y dice, ‘Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios’…
La mayoría de nosotros hemos oído hablar de aquellas personas que se hacen llamar los Fundamentalistas. Su intención aparente es sacar de las iglesias evangélicas a todos los hombres y mujeres que tienen opiniones liberales. Puedo hablar de esta polémica con libertad ya que no hay dos iglesias más afectadas por este tema que la Bautista y la Presbiteriana. No deberíamos identificar a los Fundamentalistas con los conservadores. Todos los Fundamentalistas son conservadores, pero no todos los conservadores son Fundamentalistas. Los mejores conservadores pueden a menudo dar lecciones a los liberales acerca de la verdadera libertad de Espíritu; sin embargo la agenda Fundamentalista es anti-liberal e intolerante.
Los Fundamentalistas ven, y ven con razón, que en estos últimos tiempos ha habido movimientos extraños en el pensamiento cristiano. Una gran cantidad de nuevo conocimiento ha caído en manos de los seres humanos – nuevo conocimiento sobre el universo físico, su origen, sus fuerzas, sus leyes; nuevo conocimiento acerca de la historia de la humanidad y en particular acerca de las maneras en las que las antiguas gentes pensaban sobre asuntos de religión y los términos que usaban para explicar sus experiencias espirituales; y nuevo conocimiento, también, acerca de otras religiones y las formas tan extrañamente parecidas en que dichas creencias y religiones se han desarrollado en todos los lugares…
Hoy día existen muchos cristianos reverentes que no han sido capaces de mantener todo este nuevo conocimiento en un compartimiento de sus mentes y la fe cristiana en otro. Estos cristianos creen que toda la verdad viene del único Dios y de su revelación. Por tanto, es a partir de esta integridad intelectual y espiritual – y no a partir de irreverencia, capricho o celo destructivo – que pretenden amar al Señor su Dios, no solo con su corazón y su alma y su fuerza sino también con toda su mente, y que intentan ver todo este nuevo conocimiento en términos de la fe cristiana, así como ver la fe cristiana en términos de este nuevo conocimiento.
Es verdad que han cometido errores. Es verdad que entre ellos ha habido personas radicales de gran ingenuidad intelectual y con una gran falta de profundidad espiritual. Pero aún así, estas personas siguen considerando esta empresa como indispensable para la Iglesia cristiana. El nuevo conocimiento y la antigua fe no pueden permanecer enfrentadas como enemigos, como si una persona pudiera utilizar el sábado un conjunto de reglas para su vida y el domingo cambiar a otro conjunto totalmente distinto. Debemos ser capaces de pensar acerca de nuestra vida moderna en términos cristianos, y para conseguir eso hemos de ser capaces igualmente de pensar nuestra fe cristiana en términos modernos.
Harry Emerson Fosdick en la portada de la revista Time (1930).
No hay nada nuevo acerca de esta situación. Ha ocurrido una y otra vez a través de la historia, como por ejemplo cuando una Tierra estacionaria comenzó a moverse de repente y todo el universo cuyo centro había sido este planeta encontró un nuevo centro en el Sol, alrededor del cual los planetas giraban. Cuando situaciones así han sucedido solo ha habido una salida: el nuevo conocimiento y la antigua fe han tenido que formar una nueva combinación. Ahora, las personas en nuestra generación que están intentando hacer esto mismo son los liberales, y los Fundamentalistas han formado una campaña para cerrarles las puertas de la comunidad cristiana. ¿Se les debe permitir que venzan?
Es interesante notar los énfasis particulares que los Fundamentalistas están utilizando para marcar los límites de la doctrina alrededor de la Iglesia, a través de los cuales nadie ha de poder pasar excepto en términos de completo acuerdo. Están insistiendo en que todos hemos de creer en la historicidad de ciertos milagros especiales, preeminentemente el nacimiento virginal del Señor; en que todos debemos creer en la teoría de la inspiración – que los documentos originales de las Escrituras, que por supuesto no poseemos, eran inerrantes dictados de la misma manera que los seres humanos pueden dictar algo a alguien; que debemos creer en una teoría determinada acerca de la expiación – que la sangre de nuestro Señor, derramada en una muerte sustitutoria, sirve para aplacar a una deidad alienada y hace posible la bienvenida del pecador; y que debemos creer en la segunda venida de nuestro Señor sobre las nubes del cielo para instaurar un milenio aquí, como si esa fuera la única manera en la que Dios pudiera ser capaz de traer la historia a una culminación adecuada. Estos son algunos énfasis que pretenden marcar los límites doctrinales alrededor de la Iglesia.
Si una persona es genuinamente liberal, su protesta principal no es contra ninguno de estos énfasis, aunque es posible que también proteste contra su posicionamiento como si fuesen los puntos fundamentales del Cristianismo. Este es un país libre y todos tenemos el derecho de mantener estas opiniones o cualquier otra si es que estamos convencidos sinceramente de ella. La pregunta es: ¿tiene alguien el derecho de denegar el nombre de cristiano a aquellos que no están de acuerdo con él en algunos de estos puntos y de cerrarles las puertas de la comunidad cristiana? Los Fundamentalistas dicen que eso es lo que se debe hacer, y así lo están intentando tanto en este país como en el extranjero. Incluso están intentando insertar en los estatutos de algunos estados leyes en contra de la enseñanza de biología moderna. Si consiguieran hacer todo esto en medio de nuestra Iglesia, estarían creando dentro del Protestantismo un tribunal doctrinal más rígido que el del papa.
En tiempos como estos, delicados y peligrosos, donde las emociones están subiendo a la superficie, quiero intentar argumentar en esta mañana el caso a favor de la magnanimidad, libertad y tolerancia. Lo que haría, si pudiera alcanzar sus oídos, es decir a los Fundamentalistas acerca de los liberales lo que Gamaliel dijo a los judíos, ‘Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios’…
Con la intención de ser concretos y no perdernos en la niebla de las generalidades, tomemos en esta mañana dos o tres de estos temas Fundamentalistas y veamos cuál es la situación en las iglesias cristianas con respecto a ellos. Muy a menudo nosotros, los predicadores, no hemos sabido hablar con franqueza acerca de las diferencias de opinión que existen entre los cristianos evangélicos, aunque todo el mundo sabe que dichas diferencias existen. Atrevámonos en esta mañana a considerar algunas de estas diferencias con las que tarde o temprano hemos de tratar.
Podríamos empezar con la cuestión del nacimiento virginal de nuestro Señor. Conozco personas en las iglesias cristianas, ministros, misioneros, u otros cristianos devotos amantes del Señor y siervos del evangelio, quienes aunque similares a la hora de adorar a su Maestro, mantienen distintos puntos de vista acerca de este tema. Uno de estos puntos de vista, por ejemplo, es que el nacimiento virginal de Jesús ha de ser aceptado como un hecho histórico, como si hubiera pasado de verdad, como si no hubiera habido otra forma posible por la que el Maestro pudiera haber venido a este mundo que por medio de un milagro biológico especial. Este es un punto de vista, y son muchas las preciosas almas que lo mantienen. Pero junto a ellos hay también en las iglesias evangélicas otros grupos de igual lealtad y reverencia que opinan que el nacimiento virginal no ha de ser considerado como un hecho histórico… Lejos de pensar estas personas que han abandonado una parte vital de la actitud que requiere el Nuevo Testamento para con Jesús, lo que hacen estos cristianos es recordarnos que los dos hombres que más contribuyeron al pensamiento de la Iglesia acerca del significado divino del Cristo fueron Pablo y Juan, y ninguno de ellos alude en absoluto al nacimiento virginal.
Aquí en nuestras iglesias cristianas existen estas dos opiniones, estos dos grupos de personas, y la pregunta que los Fundamentalistas provocan en todos nosotros es: ¿debe uno de estos grupos tener la autoridad de echar al otro? ¿Debe la intolerancia tener algo que decir ante esta situación? ¿Acaso no es la Iglesia lo suficientemente grande como para mantener en su comunidad a aquellas personas que difieren en sus puntos de vista y que deciden diferir hasta que la verdad plena sea revelada? Los Fundamentalistas responden que no. Dicen que los liberales deben marcharse. Sin embargo, si los Fundamentalistas consiguieran lo que pretenden, lo que tendríamos es una Iglesia que ha perdido a una buena parte de la mejor vida cristiana y consagrada de esta generación – multitudes de hombres y mujeres, devotos y reverentes cristianos, que necesitan a la Iglesia y a quién la Iglesia necesita.
Consideremos otro de estos temas en los que hay sinceras diferencias de opinión entre los cristianos evangélicos: la inspiración de la Biblia. Un punto de vista es que los documentos originales de las Escrituras fueron inerrantemente dictados por Dios a los hombres. Sea que tratemos con la historia de la creación o con las listas de reyes o con las narrativas del reinado de Salomón o con el sermón del monte o con el capítulo 13 de primera de Corintios, todos estos textos llegaron a nosotros de la misma manera, y todos ellos llegaron a nosotros como ningún otro libro lo ha hecho; todos fueron inerrantemente dictados. Así, todo lo que aparece en ellos – opiniones científicas, teorías médicas, juicios históricos, e ideas espirituales – es infalible. Esta es una de las opiniones acerca de la inspiración de la Biblia. Pero junto a estos que lo mantienen, existen otras personas tan amantes de este libro como los primeros que no piensan acerca de la Biblia de la misma manera. De hecho, esa teoría estática y mecánica de la inspiración les parece a ellos un grave peligro para la vida espiritual…
Hoy podemos encontrar estos dos grupos en nuestras iglesias cristianas, y la pregunta que los Fundamentalistas provocan es: ¿debe un grupo poder echar al otro? ¿Es posible que la causa de Jesucristo sea beneficiada al hacer eso? Si fuésemos capaces de imaginarle a El esta mañana caminando entre esta congregación, ¿podríamos imaginar que su forma de actuar fuera llamar suyos a aquellos que tienen esa opinión acerca de la inspiración de las Escrituras y que mandaría a los otros a la oscuridad lejos de El? No es posible encajar al Señor Cristo en el molde de los Fundamentalistas. En occidente hemos escuchado cómo algunos Fundamentalistas han conseguido lo que buscaban en algunas comunidades y los ministros cristianos nos cuentan las consecuencias de esos actos: la gente educada está buscando la religión fuera de las iglesias.
Consideremos otro de estos temas donde hay serias y sinceras diferencias de opinión entre cristianos evangélicos: la segunda venida de nuestro Señor. La segunda venida fue la frase que la Iglesia cristiana primitiva utilizaba para referirse a la esperanza. Nadie en el mundo antiguo pensaba, como hacemos nosotros hoy, acerca del desarrollo, del progreso, del cambio gradual como el camino que Dios puede utilizar para cumplir Su voluntad en la vida humana y sus instituciones. Ellos pensaban en la historia humana como una serie de etapas que se sucedían unas a otras de golpe. El mundo greco-romano dio nombres de metales a estas etapas – oro, plata, bronce, hierro. Los hebreos tenían sus etapas también – el paraíso original en el que el ser humano comenzó, el mundo maldito en el que el hombre vive hoy, el reino mesiánico bendito que un día aparecerá de repente entre las nubes del cielo. Esa era la manera hebrea de expresar la esperanza en la victoria de Dios y Su justicia. Cuando los cristianos llegaron tomaron estas frases de esperanza, como vemos en el Nuevo Testamento. La predicación de los apóstoles muestra el alegre anuncio de que ‘Cristo viene’.
En las iglesias evangélicas hoy día hay diferentes puntos de vista acerca de esto. Unos piensan que Cristo viene de manera literal, externamente, en las nubes del cielo, para establecer su reino. Yo nunca escuché esa enseñanza en mi juventud. En mi caso siempre se ha referido a una nueva resurrección cuando las circunstancias han llegado a un punto desesperado y la única esperanza del hombre es la intervención divina. Por tanto, no es extraño que durante estos años de caos y catástrofe haya habido un nuevo renacer de estas frases de esperanza. ‘Cristo viene’ resuena para muchos cristianos como el mensaje central del evangelio. En él encuentran energía para seguir adelante sirviendo al mundo. Pero desafortunadamente muchos también lo enfatizan tanto que superan con mucho cualquier significado que los hebreos o los antiguos cristianos pudieran haber dado a este mensaje. Se sientan tranquilos y no hacen nada esperando que el mundo vaya empeorando poco a poco hasta que venga Cristo.
Junto a estos que opinan que la segunda venida es una esperanza literal, existe otro grupo en nuestras iglesias evangélicas. Ellos también dicen, ‘Cristo viene’. Lo dicen en sus corazones; pero no están pensando en una venida externa en las nubes. Ellos han asimilado como parte de la revelación divina el pensamiento que estas recientes generaciones han traído hasta nosotros, que el desarrollo es la manera que Dios está utilizando para llevar a cabo Su voluntad…
Y estos cristianos, cuando dicen que Cristo viene, quieren decir que, aunque lento pero seguro, Su voluntad y los principios de Su reino van a ser poco a poco instaurados por la gracia de Dios en la vida humana y sus instituciones, hasta que ‘verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho’.
Estos dos grupos existen en nuestras congregaciones cristianas y la pregunta que provocan los Fundamentalistas es: ¿ha de conseguir un grupo echar al otro? Muchos hombres y mujeres jóvenes se van a graduar este año en nuestras escuelas de aprendizaje, miles de ellos cristianos de cuya sincera devoción a Dios nosotros, ya mayores, tenemos mucho que aprender. Ellos no están pensando en términos antiguos y dejando las ideas de progreso a un lado. Ellos no pueden pensar en esos términos. No podría haber mayor tragedia que los Fundamentalistas cerraran la puerta de la comunidad cristiana a estas personas.
No creo ni por un momento que los Fundamentalistas vayan a conseguir lo que se proponen. Ningún tipo de intolerancia puede ayudar a resolver la situación que acabo de describir. Por tanto, si los Fundamentalistas no tienen ninguna solución con que contribuir a esta situación, ¿dónde podemos encontrarla? Para terminar paso a considerar la respuesta a esta pregunta.
El primer elemento que es necesario es un espíritu de tolerancia y libertad cristiana. ¿Cuándo va el mundo a aprender que la intolerancia no resuelve ningún problema? Esta es una lección que no solo tienen que aprender los Fundamentalistas; los liberales también deben aprenderla. Hablando desde el punto de vista liberal, dejadme que diga que si conociera a una persona joven, con una mente fresca y con nuevas ideas, que hubiera luchado intelectual y espiritualmente, pero que estuviera siendo tentado a volverse intolerante acerca de sus opiniones, para volverse ofensivamente condescendiente hacia las opiniones de otros y convertirse en un juez cruel hacia esas personas, haría bien en recordar que muchas de esas personas que está pensando en atacar han dado al mundo algunos de los más nobles caracteres y servicios. La mejor manera que tienen las nuevas generaciones de mostrar sus argumentos no es por medio de intolerancia controvertida, sino por medio de la utilización de esas nuevas opiniones para producir algo de esa fuerza y profundidad, nobleza y belleza de carácter que en otros tiempos eran asociados con otros tipos de pensamiento. De hecho, no fue otro que un sabio liberal, el hombre más aventurero de su tiempo – el apóstol Pablo – que dijo, ‘el conocimiento envanece, pero el amor edifica’.
Sin embargo, también es cierto que ahora los Fundamentalistas nos están dando una de las peores exhibiciones de intolerancia amarga que hemos visto jamás en nuestras iglesias. Al escucharles y ver lo que hacen uno recuerda la frase que dijo el general Armstrong del Instituto Hampton, ‘alguien enfadado y raro es peor que alguien heterodoxo’. Hay muchas opiniones controvertidas hoy día las cuáles no sé si son buenas o malas, pero hay una cosa de la que estoy seguro: cortesía y bondad y tolerancia y humildad y justicia son buenas. Las opiniones pueden estar equivocadas; el amor nunca lo está.
Por tanto, al pedir una iglesia intelectualmente hospitalaria, tolerante y amante de la libertad estoy pensando, por supuesto, acerca de esta nueva generación. Todos tenemos niños y niñas creciendo en nuestras casas y escuelas y debido a que les amamos nos preguntamos qué tipo de iglesia será la que les reciba. El peor tipo de iglesia que puede ser ofrecida a esta nueva generación es una iglesia intolerante. Los ministros a menudo se quejan de que los jóvenes dejen la religión y acepten la ciencia cuando se trata de tomar decisiones acerca de la vida. Hay una sencilla explicación: la ciencia trata la mente de una persona joven como si fuese realmente importante. Un científico dice a una persona joven, ‘Aquí está el universo retando nuestra investigación. Aquí están las verdades que hemos encontrado hasta ahora. ¡Ven y estudia con nosotros! Ve lo que nosotros también hemos visto y luego mira más allá, porque la ciencia es una aventura intelectual en busca de la verdad’. ¿Podéis imaginar que alguien que vale la pena reciba con los brazos abiertos el llamamiento de una iglesia que le diga: ‘Ven, y alimentaremos tus opiniones con una cuchara. No está permitido pensar a menos que dichos pensamientos te convenzan de ciertas conclusiones predeterminadas. Estas conclusiones te las iremos dando a su tiempo; piensa, pero solo para llegar a estos resultados’.
Queridos amigos, no hay nada en el mundo que valga más la pena que pensar acerca de Dios, Cristo, la Biblia, el pecado y la salvación, los propósitos divinos para la humanidad, y la vida eterna. Pero no podemos limitar los pensamientos de esta generación acerca de estos sublimes temas por medio de los términos que intenta imponer una iglesia intolerante.
El segundo elemento necesario si es que vamos a alcanzar una solución satisfactoria a este problema es la capacidad de profundizar en los asuntos que caracterizan al Cristianismo moderno así como un sentimiento de vergüenza penitente ante la imagen de una iglesia cristiana que continúa peleando acerca de asuntos tan pequeños en comparación con los problemas reales de un mundo en sufrimiento. Si, durante la guerra, cuando las naciones estaban luchando al borde del mismísimo infierno y a veces parecía que todo estaba perdido, hubiésemos encontrado a dos personas discutiendo sobre un tema menor relacionado con el sectarismo denominacional, ¿habrías podido contener tu indignación? Habrías dicho: ‘¿Qué se puede hacer con personas como estas que, frente a estos colosales problemas deciden jugar con los pecadillos de la religión?’ Igualmente ha de ocurrir ahora cuando se nos saca de este mundo lleno de preguntas serias, importantes y profundas para escuchar el ruido de la controversia Fundamentalista, cuando el mundo muere por falta de atención a temas de leyes, justicia, misericordia, y fe…
Y es ahora precisamente cuando los Fundamentalistas proponen sacar de las iglesias cristianas a todas esas consagradas personas que no están de acuerdo con su teoría de la inspiración. ¡Qué gran tontería! Bueno, no lo van a conseguir; al menos no en estos vecindarios. Ni siquiera sé si en esta congregación alguien ha sido tentado en absoluto para hacerse Fundamentalista. Nunca hasta ahora he encontrado en esta iglesia una muestra de intolerancia. Que Dios nos mantenga así, agrandando nuestra comunidad cristiana: intelectualmente hospitalaria, abierta de mente, amante de la libertad, justa, tolerante, no con la tolerancia de la indiferencia, como si no nos importara lo que tiene que ver con la fe, pero sí porque nuestro énfasis siempre cae sobre los asuntos más importantes de la ley.