INTERPRETANDO LA VIOLENCIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

por Mat Sinclair (mayo de 2004)

Uno de los temas que nos hacen sentir más incómodos en nuestra lectura de la Biblia, es el tema de la violencia. La Biblia, como la mayor parte de la literatura de su tiempo, relata episodios de genocidio y destrucción de pueblos completos, y a veces los atribuye a Dios mismo. La pregunta es ¿cómo podemos interpretar estos textos a la luz de las enseñanzas de Jesús, el Pacificador?

1.      Dos Claves de Lectura

Existen dos claves de lectura para el Antiguo Testamento que nos pueden ayudar en este tema. En primer lugar, Jesús. Él es la revelación de la plenitud de Dios y, por lo tanto, es nuestra regla de interpretación. Jesús leía e interpretaba el mismo Antiguo Testamento, que nosotros estamos intentando entender, como punto de partida para el desarrollo de su propia forma de vida y de sus enseñanzas. Podemos ver que, desde esta base, Jesús desarrolló un pacifismo fuerte y una resistencia no violenta que culminó en la cruz y la resurrección. Por lo tanto, si Jesús, leyendo el mismo Antiguo Testamento, desarrolló una interpretación así, nosotros también podemos hacerlo [1].La segunda clave es intentar entender el propósito de Dios en la historia humana. Para los judíos, el actuar de Dios en la historia representa una lucha para establecer paz y armonía en medio del caos y la muerte [2]. Esta paz y armonía forma el concepto central de “shalom” que podemos encontrar como hilo conductor en la Biblia completa. La creación nos muestra una imagen de un paraíso de paz entre los seres humanos, los animales, el mundo y Dios. La caída interrumpe esta paz y podemos ver que Jehová comienza a actuar para reconciliar a la raza humana con Él y restablecer la paz. Este plan es el centro de las promesas hechas a Abraham que resultan en la creación del pueblo de Israel. El mismo actuar de Dios culmina en Jesús, en su vida, su muerte y su resurrección y, finalmente, en el cielo nuevo y la creación nueva que los profetas y el libro de Apocalipsis nos ayudan a imaginar y esperar.

2.      Una Tendencia General

En el desarrollo del Antiguo Testamento existe una tendencia hacia la no-violencia. Decimos tendencia porque, por algunas razones que expondremos luego, existen momentos de violencia y genocidio. En general, desde Génesis hasta el final de los profetas, Jehová intenta conducir al pueblo de Israel hacia una comprensión de que ellos no necesitan recurrir a la violencia para protegerse o vencer a sus enemigos [3]. En vez de confiar en la fuerza que ellos mismos tienen, Israel se encuentra en la situación de confiar en Jehová. Frente a un peligro o una situación de opresión, Israel tiene que esperar la salvación que viene del Señor. Su confianza no puede estar en la fuerza de las armas sino en la soberanía de Jehová y su justicia para los pobres y débiles.

Por esta razón, especialmente en los libros del Pentateuco, encontramos que Jehová muestra su poder y salva al pueblo de Israel a través de episodios milagrosos. Examinemos algunos ejemplos que vienen de Éxodo.

Tomamos como primer ejemplo a Moisés porque demuestra la incapacidad de la violencia para solucionar un problema y la liberación victoriosa que viene del Señor. En Éxodo 2:11-15a, Moisés está observando a sus hermanos hebreos mientras trabajan y encuentra a un egipcio golpeando uno de los hebreos. Moisés, en un intento de parar la opresión, mata al egipcio, pero después tiene que huir del faraón. El uso de la fuerza no resulta en una situación mejor sino en un problema mayor y el exilio en el desierto. Es en el desierto donde el Señor se revela a Moisés y le enseña a depender de Él. Dios obra para liberar a su pueblo, y encontramos la tensión constante entre Dios, que pide confianza en Él, y un pueblo que quiere volver atrás o buscar otras alternativas. El relato del Mar Rojo es otro momento en que Dios rescata a su pueblo de un peligro inminente sin que el pueblo tome las armas.

Existen frases en estos textos que muestran claramente esta tendencia. Desafortunadamente, algunas de ellas han sido tomadas para justificar lo opuesto. La más conocida se encuentra en Éxodo 15:3, que grita “¡Jehová es un guerrero!” [4]. Esta frase se podría interpretar de la siguiente manera: ¡Jehová es un guerrero, nosotros no lo somos! Éxodo 14:14 es más claro cuando dice “Jehová peleará por ustedes; ustedes no se preocupen”. Deuteronomio 32:35 aplica la misma idea a la justicia, cuando Jehová dice “A mí me toca la venganza”. Estas frases no quieren decir que Jehová sea un Dios que busca ejercer violencia sobre los seres humanos, sino que buscan enfatizar que dicho rol no es para el pueblo de Dios. En otras palabras, la lucha es para un Dios soberano y, sobre todo, misericordioso para con todos los seres humanos.

En los libros proféticos encontramos un desarrollo de la misma idea. Los reyes, ancianos y estructuras de poder de Israel y Judá reciben una dura crítica porque han vuelto a ser como todos los otros países que usan la fuerza física para dominar a los indefensos y han perdido la confianza en un Dios que salva y defiende. Uno de los mensajes presentes en los profetas es un llamado a volver al modelo de una comunidad que no recurre a las armas para defenderse y a dejar las estructuras militares que los reyes han ido construyendo. En este llamado nace la esperanza de un tiempo nuevo, cuando el Mesías gobierne sobre un reino en el cual ya no habrá violencia. El profeta Isaías lo imagina de la siguiente manera:

Serán vecinos el lobo y el cordero,

y el leopardo se echará con el cabrito,
el novillo y el cachorro pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá.
La vaca y la osa pacerán,
juntas acostarán sus crías,
el león, como los bueyes, comerá paja.
Hungará el niño de pecho en el agujero del áspid,
y en la hura de la víbora
el recién destetado meterá la mano.
Nadie hará daño, nadie hará mal
en todo mi santo Monte,
Porque la tierra estará llena de conocimiento de Jehová,
como cubren las aguas el mar. [5]

Sin embargo, en el Antiguo Testamento, y especialmente en los períodos de Josué y de Jueces, encontramos momentos de espantosa violencia. ¿Cómo es posible tener estos episodios de violencia dentro de un libro como la Biblia? ¿Cómo podemos entender relatos como el de Jefté en Jueces 11 y 12, quien termina sacrificando a su única hija en agradecimiento al Señor, o el mandato que Samuel da a Saúl, de matar a una raza completa en 1 Samuel 15 y 16? Lo que sí es cierto es que el genocidio no es aceptable, sean cuales sean las circunstancias. Obviamente se hace muy difícil interpretar estos textos; pero hay algunos elementos que podemos considerar para comenzar:

a. Los textos de la Biblia fueron escritos por autores que vivían en situaciones sociales concretas. Eran personas de su tiempo, con las limitaciones culturales y los errores propios de su tiempo; y Dios, al revelarse a través de ellos, no les quita su humanidad. Muchos de ellos, gracias al Espíritu Santo, lograron ir contra la corriente; pero solamente Jesús pudo superar totalmente las actitudes y prejuicios de su tiempo. Las limitaciones de la cultura son el riesgo que tomó Dios al revelarse dentro de situaciones humanas concretas. En medio del mundo de caos y muerte que rodeaba a los autores del Antiguo Testamento, Jehová se reveló; pero, mientras este proceso no terminara, existía la posibilidad de distorsiones y malas interpretaciones como consecuencia de trabajar con seres humanos. La revelación de Dios en medio de estas sociedades resulta en una transformación de la sociedad; pero éste es un proceso gradual, por el hecho de trabajar con seres humanos libres. Nosotros debemos tener cuidado de no juzgar culturas diferentes de la nuestra sin entender su forma de pensar y de ser.

Juan Stam escribió en su artículo “La Biblia y la violencia” [6]:

“Juan Yoder sitúa este problema hermenéutico en la diferencia radical entre la mentalidad antigua y la nuestra (1985:59-61). ‘Cuando los cristianos modernos se acercan al AT preocupados por el problema de la guerra’, escribe Yoder, ‘la actitud es legalista y generalizadora” (p.59). Queremos saber si la guerra es siempre prohibida bíblicamente, o bajo cuáles circunstancias se permite. Interpretamos el texto en categorías modernas de pacifismo o de guerra justa. Pero los lectores originales no se hubieran preguntado si el texto confirmaba una y otra de los tantos principios generales, sino que lo hubieran leído como la historia de su propio pasado en que reconocen que Jehováh (con o sin violencia) ha salvado a su pueblo. Las preguntas que presuponemos nosotros acentúan las aparentes contradicciones éticas; el enfoque intuitivo de ellos acentuaba la gracia de Dios en sus gestas salvíficas a partir del éxodo. Por eso, si lo interpretamos según la intención del autor y la comprensión del lector original, dice Yoder, los relatos no tienen la intención de definir criterios morales. ‘Preguntar si quitar la vida era moralmente permitido o estaba prohibido bajo toda circunstancia, no era una pregunta culturalmente concebible en la época…’ (p.61).

Es lógico que los hebreos, como pueblo antiguo y oriental, compartían la comprensión básica de la época sobre lo que constituía ‘violencia’. Sería un error grave, y una injusticia histórica, esperar de ellos toda la definición moderna de violencia y de derechos humanos, que se ha desarrollado durante largos siglos.”

b. La auto-revelación del Señor en el Antiguo Testamento fue progresiva y gradual. En diferentes momentos históricos, Jehová mostró aspectos diferentes de su naturaleza. En la creación, mostró su poder creador; en las promesas a Abraham, su plan de restauración; en el éxodo, su compasión por su pueblo que estaba sufriendo; y en los profetas, su justicia y las promesas de la venida del Mesías. Pero es solamente con Jesús, como ser humano en medio de nosotros, que podemos ver la revelación plena de la naturaleza de Dios. Todo lo que había venido anteriormente era anticipo y, por lo tanto, cuando los autores del Antiguo Testamento escribieron, lo hicieron con una imagen parcial del carácter de Dios. Las distorsiones causadas por esta imagen parcial son corregidas en el Nuevo Testamento, y es por esta razón que interpretamos el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo.

c. Los textos bíblicos narrativos representan tres momentos históricos. Primero está el momento en que ocurre el hecho relatado. En un segundo momento, un autor toma un relato oral y le da un nuevo propósito teológico según las necesidades y desafíos de su comunidad. Finalmente, en un tercer momento, nosotros leemos el texto y lo interpretamos según la perspectiva de nuestra comunidad. Entonces, en la re-lectura de los hechos que surge en el segundo momento, encontramos que el autor no está simplemente contando un acontecimiento histórico -como nosotros lo entendemos-, sino que está contando una verdad teológica. Las palabras y el lenguaje que el autor usa son herramientas para la expresión de este mensaje teológico. Por lo tanto, si nos enfrentamos al texto esperando que éste nos cuente el hecho literal y “objetivamente” y no tomamos en cuenta el propósito de autor, terminamos con una imagen distorsionada del relato y, a veces, de la relación de Dios con el pueblo. Los hebreos no buscaban interpretar los textos de forma literal, sino que buscaban las verdades más profundas. Por lo tanto, encontramos relatos de genocidio y violencia que no necesariamente ocurrieron tal como dice el relato, sino que es el autor quien usa una herramienta bastante dramática para representar su mensaje.

A pesar de estos elementos de ayuda, entender estos textos de violencia y genocidio es una tarea muy difícil. Hay dos cosas que son esenciales. Primero, que estos relatos no están escritos para que nosotros los copiemos. No son modelos a seguir ni justificaciones para hechos de violencia cometidos por otras personas o gobiernos. La Biblia condena absolutamente el uso de la violencia para dominar e imponer la voluntad de los unos sobre los otros. La segunda cosa es que Jesús hizo una lectura del Antiguo Testamento que fue total y activamente pacificadora. Por lo tanto, si nuestra lectura no resulta en un pacifismo así, tenemos que volver a re-pensar nuestras conclusiones.

Notas

[1] Driver, Juan (2003) Una Teología Bíblica de la Paz, Ciudad de Guatemala, Semilla

[2] Birch, Bruce C, “Old Testament Foundations for Peacemaking in the Nuclear Era”, en The Christian Century, 4 diciembre 1985, pp 1115-1119

[3] Lind Millard C, citado en Byler, Dionisio (1997) Los Genocidios en la Biblia, Barcelona, Editorial CLIE

[4] Citas tomadas de la Biblia de Jerusalén, versión Latinoamericana

[5] Isaías 11:6-9

[6] Stam, Juan, “La Biblia y la Violencia”, en El Comentario Bíblico Latinoamericano, tomo 1, Buenos Aires, Verbo Divino (por publicar)

fuente: http://apologista.blogdiario.com/1210351440/la-violencia-de-dios-en-el-antiguo-testamento/


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