ARGUMENTOS DE LA EXISTENCIA DE DIOS II

II. — El argumento del primer motor[1]
Fue elaborado por aristóteles, y perfeccionado por Santo Tomás de Aquino. En realidad, es otro modo de exponer el argumento anterior.

1. Es un hecho evidente que todos los seres de este mundo se mueven; vale decir, cambian, pasan de continuo del estado de potencia al de acto.

Los seres pueden moverse, pueden cambiar:

a) Por pasaje del estado de potencia subjetiva, activa, a la realización de la acción.

Ejemplo: Estoy en potencia subjetiva, activa, para aprender los argumentos de la existencia de Dios. Si me pongo a estudiarlos, pasaré del estado de potencia de conocerlos al acto de conocerlos. Se producirá un movimiento en mí.

b) Por pasaje del estado de potencia objetiva a la existencia.

La potencia objetiva es la capacidad o no – repugnancia de un ente posible para existir.

Ejemplo: Hace cien años, yo era solamente un ente posible. Estaba en potencia objetiva para existir. Actualmente, existo. El pasaje de ente posible a ser existente fue un movimiento.

c) Por pasaje del estado de potencia subjetiva, pasiva, al acto.

La potencia subjetiva, pasiva, es la capacidad o aptitud de una cosa existente de recibir alguna forma o perfección.

Ejemplos: El bloque de mármol tiene potencia subjetiva, pasiva, de ser convertido en estatua de San Martín. Al recibir la forma de este procer, se produce en él un movimiento.

Un niño ciego de nacimiento por algún defecto fisiológico, que un experto cirujano puede remediar, tiene potencia subjetiva, pasiva, para adquirir uso de la vista.

2. Todos los seres de este mundo pasaron del estado de mera potencia de entes posibles, al estado de existencia. Es más: pasan a menudo del estado de potencia subjetiva, pasiva, al apto de la perfección a que se refiere dicha potencia. Los seres vivos pasan de continuo del estado de potencia subjetiva, activa, a la realización de la acción correspondiente, por la cual se mueven al estado de acto con respecto a la perfección que adquieren por dicha acción.

Eso quiere decir que todos los seres de este mundo se mueven, en el sentido que hemos explicado.

3. Si se mueven, es porque son movidos por otros seres, que llamamos motores.

Es muy probable que estos motores sean, a su vez, movidos por otros seres motores, anteriores a ellos; y así, por una serie muy larga de éstos, cada uno de los cuales recibe movimiento de un ser anterior, ya en acto, y va la vez imprime un movimiento en un ser posterior, que estaba en potencia para recibir ese movimiento.

4. Si continuáramos indefinidamente la averiguación de los sucesivos motores de una serie de movimientos eslabonados, tendríamos que llegar forzosamente, en última instancia, a un MOTOR INMÓVIL, que no experimenta jamás en sí movimiento alguno, en el sentido de que
hablamos; pero que es origen de todos los movimientos, que se dan en los demás seres del universo.

5. Este Ser, motor inmóvil, acto puro, sin mezcla alguna de potencia, motor primero de todos los movimientos, que se dan en los demás seres, es DIOS.

6. Luego, DIOS EXISTE.

Dice Francisco La Cueva:
«A posteriori, es decir, a través del mundo que vemos, creado por Dios. Así lo propone Tomás de Aquino en su vía central (de la «contingencia»): Todo lo que vemos es contingente (es decir, no tiene en sí mismo la razón de su existencia; de lo contrario, no podría dejar de existir). Por tanto, resulta necesaria, en última instancia, la existencia de un ser que tenga en sí mismo la razón de su existir y que pueda sacar a la existencia a todos los demás seres que no existen por sí mismos. A este ser necesario llamamos Dios.

A este argumento el científico objetará:

1.° que lo contingente o relativo, que surge y desaparece, no es la masa atómica o la energía constante del Universo, sino las distintas firmas que una diversa composición molecular ofrece a maestra percepción;
2.° como ya advirtió Kant, que tal argumento demostraría, a lo más, la existencia de un ser supramundano, como arquitecto del Universo, pero no precisamente la del Dios que admitimos los cristianos.»[2]

Notas

[1] Patricio Hopkins,Filosofía ,pag. 284-285,ediciones Almagro,Bs.As, Argentina , 1975

[2] Francisco La Cueva, Un Dios en Tres personas, p.33-34,Curso de Formación Teológica evangélica tomo II, Ed. Clie.

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