En honor del R. P. Leonardo Castellani y a modo de agradecimiento por todo lo que le debemos, presentamos este completo trabajo del P. Juan Carlos Ceriani.

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN ACTUAL Y SU SOLUCIÓN

(a la luz del magisterio del Rvdo. Padre Leonardo Castellani)

INDICE

I) PLANTEO DE LA SITUACIÓN

A) En general en el mundo

B) En particular en la Argentina

II) SOLUCIÓN DE ESTA CRISIS

A) En general en el mundo

B) En particular en la Argentina

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFIA

(Por orden de aparición, e indicada entre paréntesis antes de cada texto.

Lo que va entre corchetes es nuestro)


Hacia la HispanidadCabildo, 23 de abril de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Las Canciones de Militis, 3ª edición, Biblioteca Dictio, 1977, página 175.

El derecho de gentesCabildo, 11 de agosto de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 141.

Super – EstadoCabildo, 7 de septiembre de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 167.

A modo de Prólogo, 24 de febrero de 1945, Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 17.

Visión religiosa de la crisis actualDinámica Social, septiembre-octubre de 1951. Citamos tal como fuera publicado en Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, 2ª edición, Editorial Dictio, 1976, página 284.

El Problema Argentino, Directorial de Jauja No 11, noviembre de 1967. Un país de Jauja, Ediciones Jauja, 1999, página 135. 

Super – Estadover más arriba.

A modo de Prólogo, ver más arriba.

El Problema Argentino, ver más arriba. 

Respuesta a Aguirre Cámara, 10 de mayo de 1945, Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 357.

A modo de Prólogo, ver más arriba.

Visión religiosa de la crisis actual, ver más arriba. 

San Agustín y Nosotros, marzo de 1954,
Ediciones Jauja, abril de 2000.
Prólogo, página 10, Capítulo V, La destrucción de la Tradición, páginas 91-107.

Una religión y una moral de repuestoDinámica Social, noviembre-diciembre de 1957. Citamos tal como fuera publicado en Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, 2ª edición, Biblioteca Dictio, 1976, página 278. Hacia la Hispanidad, ver más arriba. 

El derecho de gentes, ver más arriba.

¿Cómo salir?,
Cabildo, 9 de mayo de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Las Canciones de Militis, 3ª edición, Biblioteca Dictio, 1977, página 179.

Teoría y Práctica,
Cabildo, 28 de mayo de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Las Canciones de Militis, 3ª edición, Biblioteca Dictio, 1977, página 201.

Recuperación Económica, Cabildo, 6 de noviembre de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 229. 

Elegía en un Desierto, Cabildo, 27 de octubre de 1944. Citamos tal como fuera publicado en Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 223. 

¿Qué tenemos que hacer?, Ensayos Religiosos, 1945.
Cristo, ¿vuelve o no vuelve?, 2ª edición, Biblioteca Dictio, 1976, página 212. 

Primero Política, Las Ideas de mi Tío el Cura,
Editorial Excalibur, 1984, página 133.

Una Actividad Noble: La Vocación Política, Directorial de Jauja No 32, agosto de 1969. Un país de Jauja, Ediciones Jauja, 1999, página 362. 

Los Cuerpos Intermedios,
Directorial de Jauja No 6, junio de 1967. Un país de Jauja, Ediciones Jauja, 1999, página 63. 

A Dios rogando y con el mazo dando (o La Restauración será religiosa o no será), Directorial de Jauja No 12, diciembre de 1967. Un país de Jauja,Ediciones Jauja, 1999, página 145. 

A modo de Prólogo, ver más arriba.

El Problema Argentino, ver más arriba. 

Habla el Vigía, Decíamos ayer, Editorial Sudestada, 1968, página 395.

PLANTEO DE LA SITUACIÓN

A) En general en el mundo

(HACIA LA HISPANIDAD – 1944)

Estamos al fin de la Contrarreforma: se cierra un período histórico determinado esencialmente por la disolución de la Cristiandad europea a causa de esa gran convulsión religiosa, política y social que se llamó Reforma, o mejor Protestantismo.

La reforma tuvo tres etapas:

1º) En la primera, el estado de malestar y anquilosamiento de la Iglesia Medieval revienta con ocasión de la rebelión de Lutero en una lucha religiosa intestina. Las naciones europeas se dividen en dos partes ortodoxia y herejía.

2º) La segunda etapa la constituye la lucha armada entre los dos fragmentos de la antigua Cristiandad, que termina prácticamente con el triunfo de los protestantes; triunfo económico y político, adueñándose las naciones del Norte de las nuevas fuerzas económicas y técnicas, despertadas a costa de grandes destrucciones morales, fuerzas que invadían el mundo con ímpetu irresistible.

3º) La tercera etapa ve florecer dos fenómenos contrarios comenzados en la segunda, y en cuyo fondo se puede ver la acción del espíritu judío, liberado del ghetto:

a) la degeneración interna del protestantismo, que engendra monstruos peores que él mismo, pero libera enérgicas minorías católicas.

b) la infumación lenta del espíritu protestante en los países católicos, con el nombre de liberalismo, respaldado por el prestigio de las naciones heréticas, que siembra en los católicos una división sutil, la cual con el tiempo se había de revelar inconciliable.

Por lo tanto, la actual división del mundo, en el fondo no es sólo política, sino más bien religiosa.

(EL DERECHO DE GENTES – 1944)

Dos ideas nuevas se han abierto paso entre el follaje ilusorio o amañado del pacifismo liberal, y habiéndose formulado como metas de la época que viene, ya no las para nadie, ni se ve la posibilidad de esquivar la opción entre ellas.

De una parte, el Super-Estado judaicomasónico que completaría política y militarmente la superestructura económica ya existente del capitalismo internacional.

De otra parte, las alianzas libres pero totales entre grupos de naciones espiritualmente afines, a la manera de la Cristiandad Medieval o del siempre soñado Imperio Católico, realizado parcialmente por España en América, como antes por Carlomagno o Carlos Quinto.

(SUPER – ESTADO – 1944)

El proyecto de Federación Europea es simplemente la sombra del Imperio Romano; la que han escamoteado y adulterado, y están parasitando estos vivillos masones.

Cuando Europa sueña en la Federación, sueña en una cosa que es natural y que ha existido. Cuando los masones hablan del Superestado [Nuevo Orden Mundial o Globalización], fraguan una cosa que es antinatural y que nunca ha existido. Todo parece indicar que no se va a detener y que, tarde o temprano, será realizado, con Cristo o contra Cristo. Es uno de los ideales del mundo moderno.

El rigor y la crueldad de las modernas guerras totales hacen gemir al mundo por un substituto de la antigua Cristiandad, especie de federación natural y religiosa de la Europa Medieval, rota definitivamente por la llamada Reforma.

Pero esta nueva cristiandad, que se nos quiere imponer en nombre de la diosa protestante Democracia, tiene todas las apariencias de una Contra-Cristiandad, es decir, se parece a su madre, la pseudo-Reforma.

(A MODO DE PRÓLOGO – 1945)

“En la presente edad no será la Iglesia, mediante un triunfo del espíritu del Evangelio, sino Satanás, mediante un triunfo del espíritu apostático, quien ha de llegar a la pacificación total (aunque perversa, aparente y breve) y a un Reino que abarcará todas las naciones; pues el Reino mesiánico de Cristo será precedido del reino apóstata del Anticristo”.

La gran apostasía parece que comienza a perfilarse en el mundo, porque las impulsiones de la herejía han adquirido por fin volumen cósmico.

(VISIÓN RELIGIOSA DE LA CRISIS ACTUAL – 1951)

El Superhombre está al nacer, junto con la Superfederación de las naciones del orbe en una sola, y la palingenesia total del Universo visible, por obra de la Ciencia Moderna.

Esta imagen de la Unidad, es decir de UN y de la UNESCO, tiene ya vigencia religiosa. Tiene ya incluso su gran teorizante religioso, su teólogo o profeta: el Padre Teilhard de Chardin.

El punto focal de su especulación no es otro que esa unificación triunfal del Universo, a la cual corren infaliblemente, según él, las naciones bajo la atracción formidable de un “Cristo Universal” que absorbe hacia sí al Universo inmanentemente, ya que está encarnado en él desde su creación y es su propio elanvital.

Teilhard está seguro de la gran fusión de los pueblos en uno y del advenimiento natural de la Restauración Ecuménica.

Todo lo que es internacional es de esencia religiosa. Decir ésto es decir que todo lo que hoy día es internacional, o es católico o es judaico. Son las dos únicas religiones universales. La masonería es una invención judaica, el islamismo es una herejía judaica.

La unión de las naciones en grandes grupos, primero, y después en un solo Imperio Mundial (sueño potente y gran movimiento del mundo de hoy) no puede hacerse sinopor Cristo o contra Cristo.

Lo que sólo puede hacer Dios (y que hará al final, según creemos, conforme está prometido), el mundo moderno intenta febrilmente construirlo sin Dios; apostatando de Cristo [luego de haber apostatado de su Iglesia], abominando del antiguo boceto de unidad que se llamó la Cristiandad y oprimiendo férreamente incluso la naturaleza humana, con la supresión pretendida de la familia y de las patrias.

B) En particular en la Argentina

(EL PROBLEMA ARGENTINO – 1967)

Argentina se independizó de España y se convirtió en una factoría de otra nación. La metrópoli dejaba a la “clase dirigente” un décimo de lo que se llevaba. El país parecía marchar espléndido. Luego de dos guerras mundiales, el metropolazgo pasó a otra nación de la misma raza, que dejó caer a la Argentina, y el país cayó en insoluble crisis económica.

Los grupos secretos que gobiernan a EEUU (masonería-sionismo) la mantienen es estado colonial, al mismo tiempo que la “ayudan” por medio de siniestros préstamos usurarios.

Eso está condicionado al mantenimiento de la democracia: es el liberalismo podrido, galvanizado por toda clase de trucos raros, como golpes de Estado, fraudes electorales y dictaduras fallutas.

(SUPER – ESTADO – 1944)

Cuando Europa sueña en la Federación, sueña en una cosa que es natural y que ha existido. Cuando los masones hablan del Superestado [Nuevo Orden Mundial o Globalización], fraguan una cosa que es antinatural y que nunca ha existido.

Para nosotros, este ideal se formula positivamente en un dilema: Hispanidad o Panamericanismo; Etnarquía Hispánica o Superestado Yanqui.

(A MODO DE PRÓLOGO – 1945)

La firma de las Actas de Chapultepec, o sea el tratado con Panamérica, que pretende fundar en el continente una especie de Superestado intitulado PanaméricaUnión Americana, es una desgracia nacional, equivalente a una guerra perdida; y quizá peor. Es la ruptura con nuestra tradición hispánica. Es la consumación de la apostasía nacional de 1889. Es el emprendamiento del albedrío nacional a una nación lejana, protestante y atea. Es una claudicación.

Nos han atado al carro de los que hoy edifican una babélica y falaz Paz Universal, basada no en Dios y su Iglesia, sino en las solas fuerzas del Hombre descristianizado.

(EL PROBLEMA ARGENTINO – 1967)

Se logró hacer creer a los semicultos que lo importante para una nación es la Economía y que todo lo demás se daba por añadidura.

Quien ésto dice, oculta o ignora que sólo una gran Política de una gran Economía; y que sólo una nación fuerte puede librarse de ser reducida a subnación por otras naciones fuertes.

(RESPUESTA A AGUIRRE CÁMARA – 1945)

Una de las cosas que yo quisiera saber con seguridad es si la Argentina es o no una nación católica.

He respondido como pude para uso mío a la pregunta, a la cual vulgarmente se suele responder por la afirmativa, aunque ahora salen muchísimas gentes respondiendo por la negativa, y algunos tan encarnizadamente que niegan hasta la misma pregunta y su presupuesto, es decir, que la Argentina sea una nación.

Mi respuesta es sencilla, y no la voy a mezquinar ni adornar: el pueblo argentino es católico, el Estado argentino no es católico hace ya mucho tiempo.

Esta respuesta supone una posible separación entre pueblo y Estado. En esto no hay dificultad ninguna. De modo que la situación de la Iglesia Católica y el Estado argentino es la de dos caballos que galopan más o menos parejo, a veces pegados y a veces a los tirones, siempre estorbándose, pero sin que hasta ahora se hayan roto los tiros. O por mejor decir, la de un paralelogramo de fuerzas, cuya resultante ni es católica del todo ni deja del todo de serlo, lo cual ha hecho creer a muchos que el actual Estado, es un estado clerical, mientras que otros piensan, al mismo tiempo, que es un estado anticlerical.

Todo lo que es informe, es peligroso o dañino. Una nación católica con un Estado no católico es una cosa informe, y una Iglesia que juega sobre esa ambigüedad es peligrosa. Lo curioso del caso es que esa ambigüedad ya semisecular no daña sólo a la Iglesia, sino también al Estado.

SOLUCIÓN DE ESTA CRISIS

A) En general en el mundo

(A MODO DE PRÓLOGO – 1945)

“El filósofo, como el médico, no tiene remedio para todas las enfermedades… A veces, todo lo que puede dar como solución es oponerse a las falsas soluciones… Puede, con el pensamiento, poner obstáculos para retardar una catástrofe; pero en muchos casos no puede sino prever la catástrofe; y a veces debe callarse la boca, y lo van a castigar encima…”

La gran apostasía parece que comienza a perfilarse en el mundo, porque las impulsiones de la herejía han adquirido por fin volumen cósmico.

Hay que despertar pues y cargar las armas; el “peto de la fe, la espada de la Palabra de Dios, el yelmo de la buena voluntad”, y ojalá que esta prueba de Dios sirva para depurar y encender nuestro adormilado catolicismo.

La respuesta del teólogo es que si lo único que uno puede hacer en un momento dado es malo, dañoso o perverso, no hay que hacer nada y marcharse del lugar que uno ocupa antes de violar la ley moral, aunque sea por omisión.

- Yo no puedo hacer más. Ninguno está obligado a hacer más de lo que puede.

- Pero todo hombre está obligado a PODER LO QUE DEBE.

Mis amigos, mientras quede algo por salvar; con calma, con paz, con prudencia, con reflexión, con firmeza, con imploración de la luz divina, hay que hacer lo que se pueda por salvarlo. Cuando ya no quede nada por salvar, siempre y todavía hay que salvar el alma.

Es muy posible que bajo la presión de las plagas que están cayendo sobre el mundo, y de esa nueva falsificación del catolicismo que aludí más arriba, la contextura de la cristiandad occidental se siga deshaciendo en tal forma que dentro de poco no haya nada que hacer, para un verdadero cristiano, en el orden de la cosa pública.

Ahora, la voz de orden es atenerse al mensaje esencial del cristianismo: huir del mundo, creer en Cristo, hacer todo el bien que se pueda, desapegarse de las cosas criadas, guardarse de los falsos profetas, recordar la muerte. En una palabra, dar con la vida testimonio de la Verdad y desear la vuelta de Cristo.

En medio de este batifondo, tenemos que hacer nuestra salvación cuidadosamente.

Los primeros cristianos no soñaban con reformar el sistema judicial del Imperio Romano, sino con todas sus fuerzas en ser capaces de enfrentarse a las fieras; y en contemplar con horror en el emperador Nerón el monstruoso poder del diablo sobre el hombre.

Ni con juicio oral, ni con el juicio político, ni con la Suprema Corte van a curar nada, mientras los argentinos de hoy seamos lo que somos, esencialmente descangallados, mientras perdure el desorden y el histerismo actual y la gran maquinaria invisible de ese desorden y ese histerismo, vigilada celosamente por el Ángel de las Tinieblas.

Pero eso sí, que no pongan sobre esa maquinaria, ni sobre lo que es puramente terreno, que todo es mortal y contaminado, ni a la Persona de Cristo, ni su Nombre, ni su Corazón, ni la imagen inviolable de la Mujer que fue su Madre. Con esto sí que no hay reconciliación. Contra esto hay guerra perpetua. Mientras yo tenga vida, mi función es luchar contra el error religioso, la mentira en el plano de lo sacro y el Padre de la Mentira. Sin eso, no puedo salvar mi alma, ni me es lícito dormir, ni comer siquiera.

Yo no sé de cierto si estamos o no cerca del fin del siglo. Pero lo sospecho. Y lo deseo. El fin del siglo es el retorno de Cristo. Para ver el retorno de Cristo vale la pena pagar la entrada.

Cristo anunció que esa entrada no sería barata. Pero que valía la pena.

Veni, Domine Jesu

(VISIÓN RELIGIOSA DE LA CRISIS ACTUAL – 1951)

Hay que trabajar como si el mundo hubiera de durar siempre; pero hay que saber que el mundo no va a durar siempre.

Esta actitud, aparentemente contradictoria o imposible, ha sido siempre la consigna de los espíritus religiosos en todas las grandes crisis de la historia.

Los dos términos parecen inconciliables; y lo serían si no fuera por el misterioso catalítico que es la fe.

Los espíritus religiosos, como buenos médicos, huelen la muerte, pero siguen medicando.

Es la actitud paradojal de la fe. La fe asegura al cristiano que este ciclo de la Creación tiene su fin; que el fin será precedido por una tremenda agonía y seguido de una espléndida reconstrucción.

Por una paradoja de psicología profunda, esta literatura pesimista ha sostenido el optimismo constructivo del Cristianismo. Es pesimismo constructivo.

Cuando las inmensas vicisitudes del drama de la Historia, que están por encima del hombre y su mezquino racionalismo, llegan a un punto que excede a su poder de medicación e incluso a su poder de comprensión -como es el caso en nuestros días-, sólo el creyente posee el talismán de ponerse tranquilo para seguir trabajando.

La consideración de la visión religiosa de la crisis actual es el primer motor del movimiento político y económico. Si el hombre no tiene una idea de a dónde va, no se mueve; o, si se sigue moviendo, llega un momento en que su movimiento deja de ser humano y se vuelve una convulsión.

Perdido en gran parte en la masa occidental el fermento de la verdad cristiana y, peor aún, falsificado en parte y convertido en fermento farisaico, el pensamiento moderno y el hombre de hoy han disociado e invertido los dos términos de la consigna cristiana; y dos posiciones heterodoxas y entre sí opuestas dominan hoy vastamente, una eufórica y otra agorera:

1ª) Sabemos que el mundo no puede acabar.

2ª) Todo es inútil, no se puede hacer absolutamente nada.

La posición que proclama el ocaso de Occidente (posición) y por lo tanto que nuestra civilización ha llegado al fin de su ciclo, al agotamiento senil y al cáncer, contra el cual no hay nada… La posición de los que sostienen la crisis de Occidente, al cual desahucian fríos e implacables, señalando la caquexia total de las fuerzas conservativas y vitales, incluso de las fuerzas religiosas… es un papel de médico que se equivoca y extiende el certificado de defunción en vez de la receta que intentaba.

La posición de euforia desatinada y pueril (posición), es más frecuente, como que es más cobarde: es el espejismo del Progreso Indefinido del siglo XIX.

Por lo tanto, todo esto que nos pasa no puede ser más que una gripe, que necesariamente sanará y eso para dejar al organismo más sano, robusto y maravilloso que antes. Estos no son dolores de agonía, sino de parto.

Lo que sólo puede hacer Dios (y que hará al final, según creemos, conforme está prometido), el mundo moderno intenta febrilmente construirlo sin Dios; apostatando de Cristo [luego de haber apostatado de su Iglesia], abominando del antiguo boceto de unidad que se llamó la Cristiandad y oprimiendo férreamente incluso la naturaleza humana, con la supresión pretendida de la familia y de las patrias.

Mas nosotros, defenderemos hasta el final esos parcelamientos naturales de la humanidad, esos núcleos primigenios; con la consigna no de vencer sino de no ser vencidos. Es decir, sabiendo que si somos vencidos en esta lucha, ése es el mayor triunfo; porque si el mundo se acaba, entonces Cristo dijo verdad. Y entonces el acabamiento es prenda de resurrección.

(SAN AGUSTÍN Y NOSOTROS1954)

¿Cuál es la característica de nuestra época sino un inmenso movimiento por destruir hasta la raíz la tradición occidental y una heroica decisión de conservarla y revivificarla? (Prólogo, página 10).

Es desagradable ser profeta de desgracias, y paga mucho más ser profeta de venturas; y yo pido a Dios me haga mal profeta de desgracias. Pero la destrucción de la tradición en Occidente es una cosa que está allí delante, y cerrar los ojos ante ella es como cerrar los ojos andando por la calle. Abrir los ojos puede ser un remedio en todo caso, por aquello de que «La primera medicina es saber la enfermedad» (…) ¿Existe pues una «antitradición», es decir una tradición mala y otra buena? No existe propiamente hablando una «antitradición»; lo que existe en la historia son ataques continuos a la tradición vigente, que no forman entre sí un todo, porque son diferentes y hasta opuestos entre ellos (…) La Humanidad camina hacia la resolución del gran drama de la Historia, drama que tiene un protagonista y muchos antagonistas (…) La situación actual del mundo, eso que llaman la «crisis contemporánea», es la de una destrucción progresiva de la tradición occidental y de una defensa de ella. La Iglesia Católica, que es tradicionalista por excelencia, no hace nada nuevo desde el Concilio de Trento: se limita a defender lo que hay: «confirma cetera, quæ moritura erant»; y las sucesivas rupturas, de la tradición religiosa (Lutero), de la tradición filosófica (Descartes), de la tradición política (Rousseau), y consiguientemente de la tradición social, e incluso de la tradición artística, se producen desde diferentes sectores y con diferentes motivos. Una casa es una casa: los que asaltan una casa pueden venir de diferentes partes, pero los que la defienden responden desde el centro (…) ¿Qué podemos hacer nosotros, si todo esto depende de una serie de destrucciones sucesivas y forma parte de una destrucción que avanza? «Conserva las cosas que han quedado, las cuales son perecederas», le manda decir Jesucristo al Ángel de la Iglesia de Sardes, la quinta Iglesia del Apokalipsis; lo cual quiere decir «atente a la tradición», que es lo que ha hecho la Iglesia desde el Concilio de Trento. Pero el texto griego dice un poco diferente y más enérgico: «robustece lo que ha quedado, que de todas maneras ha de perecer». Pero esto es inhumano, se nos manda luchar por una cosa que va a perecer, luchar sin esperanza de victoria, lo cual es imposible al hombre. Es imposible al hombre que está en el plano ético, cuyo signo es la lucha y la victoria; pero no al hombre que está en el plano religioso, el cual lucha por Dios, y sabe que la victoria de Dios es segura, y que él ha nacido para ser usado, quizá para ser derrotado, ¿qué importa? ¡Hemos nacido para ser usados! ¿Por quién? ¡No por el Estado, por el Padre que está en los cielos! «Porque sabes que no llegarás, por eso eres grande», dijo un poeta, que por cierto no se puso nunca en este plano, nunca fue grande. Tenemos que luchar por todas las cosas buenas que han quedado hasta el último reducto, prescindiendo de si esas cosas serán todas «integradas de nuevo en Cristo», como decía San Pío X, por nuestras propias fuerzas o por la fuerza incontrolable de la Segunda Venida de Cristo. «La Verdad es eterna, y ha de prevalecer, sea que yo la haga prevalecer o no». Por eso debemos oponernos a la ley del divorcio, debemos oponernos a la nueva esclavitud y a la guerra social, y debemos oponernos a la filosofía idealista, y eso sin saber si vamos a vencer o no. «Dios no nos dice que venzamos, Dios nos pide que no seamos vencidos». ¡La Iglesia es eterna!, dicen los democristianos. La Iglesia es eterna en le sentido que Jesucristo habló; pero la organización externa de la Iglesia, digamos el Vaticano, no es eterna: esa organización ha sido quebrada y reformada muchas veces. Y la Iglesia será quebrada al fin del mundo. Lo que es eterno es el alma del hombre unida a Dios… unida a Dios para ser usada. (Capítulo V: La destrucción de la Tradición, páginas 91-107).

(UNA RELIGIÓN Y UNA MORAL DE REPUESTO – 1957)

Conforme al dogma cristiano, si es que la humanidad debiera morir pronto, el democratismo liberal debe seguir viviendo e incluso reforzarse nefastamente.

Pero eso no será sino respaldado por una religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí, y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía quizás, preñada del Anticristo.

Es para llorar el espectáculo que presenta el país [y el mundo], mirado espiritualmente. El liberalismo ha suministrado a los que no aman bastante la verdad una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas; un simulacro vano de las cosas, envuelto a veces en palabras sacras. Una vida artificial, discorde con la realidad, les devora la vida.

Ellos saben que detrás de su “fe democrática” y de su “moral cívica” se esconde -para ellos solos- el poder y el dinero.

La verdad aquí es una mercadería despreciada; tanto que ni gratis la quieren e incluso pagan para que los engañen.

El hombre que no adora a Dios, adora por fuerza otra cosa; y en primer lugar al Estado, que es la obra más grande de las manos del hombre.

Las “ideologías” han ingresado a las facciones políticas dividiendo a los hombres en lo profundo, dando un cariz religioso la “contienda cívica” e incubando verdaderas guerras civiles, que tienen el implacable rigor de las guerras religiosas: se lucha por una concepción total de la vida humana, o sea por una idea religiosa.

Una parte del clero “hace política”; medio al vuelo sin directivas claras, sin tino ni inteligencia. No está jugando bien al hacer política electoralista y no percibir la gran política, que es la suya: la política de la Verdad. Va a ayudar al tercer triunfo del liberalismo y de la masonería en la Argentina.

No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos.

El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo.

El otro, que se puede llamar la Tradición, tendiendo a seguir el consejo del Apocalipsis: “conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.

B) En particular en la Argentina

(HACIA LA HISPANIDAD – 1944)

La Argentina está en el mundo. La división interna, que va hasta la misma raíz del alma y del espíritu, existe en ella. Querer cubrirla con palabras o paliativos, es miopía o insensatez [o cobardía o traición].

Querer volver atrás, a la segunda etapa, al estado beatífico del católico liberal -cómodo al comerciante -, es querer dar marcha atrás al reloj del tiempo, como una vieja coqueta. Y en esa posición están hoy los que intelectualmente son viejos coquetos.

Lo mejor es tomar posición de una vez tranquilamente donde nos manda la historia. Digo tranquilamente, pero la tranquilidad vendrá después. Una trépida tranquilidad en armas.

La Argentina, en sus relaciones internacionales podrá ser independiente, pero no puede ser sola. El aislamiento no es para ella.

Si se vuelve hacia otra nación, o bien tiene que volverse hacia el Buen Vecino del Norte, por estar en la misma geografía; o bien hacia Europa representada por España, por estar en la misma historia [que es por esencia religiosa], sin dejar de aspirar a estar bien con todas en lo posible.

(EL DERECHO DE GENTES - 1944)

Dos ideas nuevas se han abierto paso entre el follaje ilusorio o amañado del pacifismo liberal.

De una parte, el Super-Estado judaicomasónico que completaría política y militarmente la superestructura económica ya existente del capitalismo internacional.

De otra parte, las alianzas libres pero totales entre grupos de naciones espiritualmente afines, a la manera de la Cristiandad Medieval.

La ficción liberal de los pueblos chicos, desarmados, incompletos, pero al mismo tiempo independientes e iguales a los demás, es triste decirlo, pero no se puede mantener más entre gente seria. A no ser que el pueblo chico, como en la fábula de la Tijereta y en la historia de Polonia o Irlanda, supla con un extraordinario valor espiritual.

La Argentina es actualmente, por imposición el Destino histórico, depositaria en la América del Sur de la idea misionera de España. Es un destino serio, en estos momentos un destino bravo, que no es para reír ni para jactarse, sino para recibirlo de rodillas con las dos manos sobre la cruz de la espada.

El ideal nacional hispánico es el establecimiento del derecho de gentes en el mundo. Frente al ideal del Progreso material indefinido, del comercio y del confort, que inspira los modernos imperialismos, tenemos de herencia el sagrado ideal de la realización en el mundo del derecho de gentes; o sea, ese respeto a la persona humana, que no es un antifaz sino una cosa tan sacra que no necesitamos ni podemos tomarlo cincuenta veces al día en la boca, sino custodiarlo silenciosamente en el corazón.

(¿CÓMO SALIR? - 1944)

¿Cómo vamos a salir de esto? La gente ya quiere salir. A lo mejor Dios quiere que estemos “adentro” un rato largo todavía.

Destrozando las sociedades naturales en favor de la agrupación financiera, el liberalismo ha arrasado políticamente a nuestra nación, convirtiéndola en un Sahara sin oasis.

La salida es reconstruir las sociedades naturales.

La primera sociedad natural es la familia.

Ese es el orden natural; la célula social es la familia.

Uno se pregunta de inmediato si ese mismo es el orden de ejecución política, o sea, el orden de oportunidad.

Es necesario restaurar al plano político la familia, el gremio, la comuna, la corporación, las instituciones paraestatales (Universidad, Ejército, Iglesia) y, por último, al mismo Estado.

En todo proceso de cambio sustancial la totalidad domina las partes. El Estado ha sido debilitado a fondo y desplazado en parte por la llamada “democracia”, instrumento de dominación de las fuerzas económicas.

Es necesario que el Estado recobre cuanto antes su esfera propia y adquiera la absoluta autoridad que le falta; la cual es de orden moral y consiste en el consenso popular y en la confianza y entusiasmo del pueblo.

Todo el panorama del mundo está dominado por el gran hecho de la lucha de clases, y por los dos movimientos modernos que se pretenden soluciones a la injusticia y al caos: el comunismo y el nacionalismo.

El nacionalismo hasta ahora carece de doctrina y se presenta como una serie de reflejos necesarios y nobles, pero que aún no parecen trascender la región del sentimiento y del instinto. Corre el peligro de ilusionarse: de querer sustituir las soluciones específicamente políticas (que no posee) por la apelación a los sentimientos nobles como sacrificio, combatividad juvenil, heroísmo guerrero, aspiraciones al Reino de Dios.

Muchas de las soluciones propuestas son plagiadas del socialismo; y su dirección focal no es el sentido militante de la vida, propio del cristianismo, sino el sentido burgués rebañego, propio del socialismo.

La inteligencia argentina tiene hoy una tarea y un deber sacro, que es pensar la patria. Fuera de eso, todo lo demás es pereza mental, falta de conciencia o esa sutil degeneración intelectual que se llama diletantismo.

(TEORÍA Y
PRÁCTICA - 1944)

Hay que pensar la patria, y no basta hacer muchos discursos, muchos cambios de personal técnico…

Le temo al vicio capital de la mente argentina que es la improvisación.

Les temo a los sabelotodo, a los avivados, a los explosivos, a los facilones, a los practicones, a los suficientes, a los presuntuosos, a los precipitados, a los copistas, a los plagiarios, a los agitados, a los aplebeyados, a los eufóricos y a los fanáticos.

San Juan de la Cruz dijo: “Hay algunos que se arrojan impetuosamente a la acción careciendo de contemplación. Creen que van a salvar al mundo con sus predicaciones y sus obras. ¿Qué hacen ellos en el fondo? Muy poco bien. Algunos nada. Otros positivamente dañan”.

(RECUPERACIÓN ECONOMICA – 1944)

Dígale a la gente la verdad obvia de que estamos encadenados económicamente y enseguida se alborota y quiere oír ruido de rotas cadenas. Pero nadie les hace ver que esas cadenas se las pusieron como a Sansón, porque se dejó cortar la melena. Y quien se la cortó fue una prostituta.

La recuperación económica de la Argentina es imposible sin echar a la prostituta y dejar crecer la melena. Y eso pide luz, energía y tiempo.

La recuperación económica de una nación moderna, o sea la fractura del potente capitalismo internacional, o sea el derribo del Torito de Oro, es empresa superior a las fuerzas de un hombre solo, de un escuadrón de hombres y de un ejército de hombres, si no tienen a Dios con ellos, o sea al Hijo de Dios, cuyo nombre es Verbo o Sabiduría.

Queremos decir que se trata de una empresa de orden moral. Y que su centro de gravedad es la Justicia.

El nuevo orden justo está indisolublemente ligado a la solución de nuestro problema político; y nuestro problema político es un problema total, poliédrico, que abarca incluso facetas religiosas, problemas que mi tío el cura definía diciendo:“Políticamente, la Argentina es un desierto, porque se ha atrofiado en el argentino el sentido de lo sacro”, queriendo aludir a la Justicia, esa palabra tan genuinamente sacra.

La recuperación económica es imposible, a no ser como parte de una gran Restauración. Una gran restauración presupone una gran Renovación espiritual. Una gran renovación espiritual no es dable sin una Resurrección de la Justicia.

La Justicia en la Argentina está enferma, si es que no ha muerto. Por tanto, lo que tiene que pasar aquí por ahora, de acuerdo a las inmutables leyes de la moral, es que seguirá el extranjero llevándose nuestros bienes temporales, en tanto que sigamos mostrándonos incapaces de retener y restaurar nuestros bienes eternos.

Una sociedad no puede existir sin justicia. En la sociedad argentina la justicia ha estado y sigue estando desfalleciente, por lo menos en el Estado.

(ELEGÍA EN UN DESIERTO – 1944)

¡La recuperación económica! Despídanse de ella.

Por una dura misericordia de Dios, el católico no puede conseguir la añadidura si no consigue primero el Reino.

Despidámonos de la recuperación económica hecha por medios económicos. Dicen que el problema económico depende del problema político. ¡Alto! La recuperación económica supone una restauración total. Una restauración total supone el restablecimiento de la justicia. Y el restablecimiento de la justicia supone la adoración de la Verdad y la primacía de la Inteligencia.

(¿QUÉ TENEMOS QUE HACER? - 1945)

Hay mucha gente desanimada por la política. Andan preguntando: “¿qué tenemos que hacer?”. Algunos ni siquiera preguntan, sino que resueltamente dicen: “No hay nada que hacer”.

Para un cristiano, la respuesta es muy sencilla: hay que salvar el alma.

– ¿Y la Patria?

– Salvar la Patria también, de ese modo.

– Primero salvar el alma, y ¿después?

– No. Las dos cosas juntas. A la vez, pero la segunda condicionada a la primera.

– No entiendo, dice el argentino, que le gusta más la política que el alma.

– Es muy sencillo. Ustedes, muchas veces quieren poner orden afuera sin tener primero orden adentro.

En concreto: hacer todo el bien que uno puede alrededor suyo, a corta distancia, lo que está a mano, sin embarazarse de grandes planes, de grandes empresas, de grandes proyectos, de grandes revoluciones.

(PRIMERO POLÍTICA)

En cuanto gran país presentemente,

Como cualquiera lo sabe,

Si el problema moral es el más grave,

El político empero, el más urgente.

Eso quiero decir yo con la fórmula “primero política”. Primero en el tiempo, no en la naturaleza.

Esa fórmula tiene dos sentidos falsos; pero puede tener un sentido sano. Es una fórmula ambigua, como casi todas las que usa este mundo confusionario.

Primer sentido malo: que la política, en el sentido hegeliano, sea la primordial de las humanas operaciones, por arriba de la virtud y de la contemplación. Error pantheo-cesarista de Hegel = estadismo.

Segundo sentido malo (más sutil): que lo político es heterogéneo a lo moral; la política un puro arte y no una ciencia ni una prudencia, y que puede y debe, por ende, ser concebida y cultivada independientemente. Viejo error filosófico. Este es el desliz amoralista de Macchiavello = exitismo.

Sentido sano: dado que por ley necesaria del agir humano los errores teológicos y amorales descienden siempre a encarnarse en realizaciones políticas, puede darse el caso de un Estado de tal suerte invadido por ellos que la operación restauradora del orden sea forzada de empezar por abajo: que una acción política inmediata condicione sinequanón toda otra acción de orden superior.

En sí, según el orden esencial de las cosas, lo político se subordina a lo moral. Subordinación total, fundada sobre la subordinación de los fines: pues el fin de la política no es Dios mismo, por consiguiente, por elevado que sea, está infinitamente por abajo del fin de la moral, que es Dios mismo, soberana beatitud del hombre.

Pero, en el orden de la ejecución, el medio próximo y condicionante de todos los demás, el cual debe presuponerse para asegurar el porvenir de la inteligencia y la restauración del orden, es una redistribución de la autoridad en la polis que no sea contra la naturaleza.

Sin esa condición, todos los esfuerzos individuales de orden social, moral, intelectual, religioso (esfuerzos en sí más nobles, más necesarios y siempre indispensables que la actividad de un afiliado a un grupo político) quedarán impotentes a producir un resultado durable en la vida común de los hombres.

“Primero política”. Si ese “primero” se refiere, no a la naturaleza sino al tiempo, no al fin intentado y al orden de la intención (lo que sería divinizar al Estado), sino a las condiciones que deben suponerse en el orden de la ejecución, es una verdad de simple buen sentido.

Yo no sé si en mi patria esa acción política de que hablamos ha llegado a ser talmente apremiante que condicione cualquier otra obra de orden superior. Pero lo sospecho. Y pongo tres ejemplos:

1º) La escuela: la escuela argentina es laica, que no quiere decir neutral; siendo impía es emponzoñada. Todos los niños pobres argentinos son violentados a comer ese alimento. El orden natural y normal, la regulación racional y justa, se obtendría por larepartición proporcional (gran proyecto del Dr. Juan Cafferata). Ahora bien, eso solamente se puede obtener por medios políticos, así como la actual injusticia y violencia se impuso al país desprevenido y dormido por medios abusivamente políticos.

2º) La prensa: cuando el hijo del pueblo sale de la Primaria-Gratuita-Laica-Obligatoria, ¿su instrucción ha terminado? Recién entonces va a empezar. La escuelita le ha dado únicamente el órgano de la instrucción intelectual, saber leer y escribir. Pues bien, ¿quién se encarga de esa información que comienza al salir el argentino-pueblo de la Primaria? -y conste que no hablo de la educación total sino sólo de la intelectual -. La Prensa, sin género de duda, incluyendo dentro de ese término también las revistas, las novelas, los espectáculos, las diversiones y la popularísima de ellas, el cine. La verdadera escuela de hoy es el diario y el espectáculo: y diarios y espectáculos están hoy “industrializados”, entregados al mercader y sojuzgados a la ley del Lucro. Dime quien te divierte y te diré quien te domina. La Prensa “grande”, que sólo es “gorda”, no educa al país; lo deseduca, lo embrolla, lo desvae, lo hace pensar en lo que le importa, perder el sentido común que le queda. Lo mece en el mundo sideral de la luna de Valencia.

Tampoco ésto tiene arreglo fuera del dominio político; pues su origen está en el político Mito novecentesco de la LIBERTAD DE PRENSA. La Libertad de Prensa, corrupción de una santa verdad que se podría llamar “primacía del pensamiento”, es en la práctica hodierna simplemente “la patente al sofista”, la libertad deaprovecharse el intelectualmente fuerte del débil, la licencia para el muchachón de trompear al pibe. Esclavitud del pensar.

3º) La cuestión social: pongamos la cuestión agraria argentina, que es su aspecto más apremiante.

También aquí una acción política aparece ligada hondamente, si no preliminariamente, a toda vasta acción apostólica.

El orden actual oprime al chacarero y está minado de grandes abusos, unos queridos, otros tolerados o al menos no impedidos por los que rigen.

No basta que los Papas hagan magnas Encíclicas doctrinales en defensa del trabajo y la justicia social; es menester que varones católicos, con el don de la vocación política, las encarnen (a costa de su vida, si es preciso) en hechos institucionales.

(UNA ACTIVIDAD NOBLE: LA VOCACION POLITICA – 1969)

A la Argentina, si algo la salva será la Religión y no la Política. De acuerdo. Pero eso no quita que la Política sea una actividad noble y necesaria.

Eso de “política primero”, en la Argentina se ha vuelto verdad y no solamente verdad, sino urgencia.

Ahora bien, la vocación de político, que hoy tiene algo de cazador furtivo y de mártir, cuando falla en una nación, la nación se va al desbande. Y el que tiene vocación política y, por pereza o lo que sea, no la llena, se condena.

(LOS CUERPOS INTERMEDIOS – 1967)

Los “partidos” no unen realmente. Unen artificialmente. No suman, al revés, restan y dividen, como su mismo nombre lo indica.

Los grandes estamentos sociales de hoy, Capitalismo y Comunismo, unen a una minoría y la dividen contra todas las demás. Ellos a los partidos los instrumentan a eso. Y su tendencia es a destruir todas las otras fuerzas sociales; y convertir al pueblo, ya vuelto masa, en un rebaño, y a sí mismos en sus pastores-mercenarios.

Lo que une naturalmente a los hombres es la familia, la comuna, el gremio, la provincia, la región; y los estamentos particulares (Ejército, grupos religiosos, grupos intelectuales).

Sobre esos “cuerpos intermedios” puede construirse la estructura escalonada de una genuina nación. Sin ellos la resultante necesaria son esclavajes y despotismos.

Es axiomático: para construir realmente una Nación son necesarios los cuerpos políticos intermedios. Deben restaurarse las instancias intermedias.

Que yo no sepa cómo se restaura eso, ni cómo se empieza siquiera, no hace contra la verdad del axioma. Eso compete al político, no al teórico.

Dos ejemplos:

1º)
División de la ciudad en barrios: al frente de cada barrio un Alcalde, elegido por el voto del barrio y asistido por un Concejo de Vecinos; con autoridad omnímoda para todo lo edilicio y con los fondos habidos por los impuestos del barrio. Sobre esta“federación urbana” deberá gobernar un Intendente o Alcalde Mayor, concernido solamente con lo total, o sea la coordinación. La “ordinación” compete a los vecinos. El hombre es diligente sólo respecto a sus intereses, y así hay que hacerlo servir al bien común.

2º)
Redistribución de actividad cívica [previsto en Jauja Nº 6, pero no tratado]:

(A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO o LA RESTAURACIÓN SERÁ RELIGIOSA O NO SERÁ – 1967)

Belloc escribió que la “herejía moderna” (o sea, ese vasto movimiento de apostasía que nos invade) traía a la civilización tres cosas terribles: esclavitud, crueldad y un bajón de la inteligencia.

En la Argentina reina una perfecta falsificación de valores en todos los órdenes: político, eclesiástico, económico, literario, educación, prensa.

Don Leopoldo Lugones decía: “Se puede notar, verificar a cada decenio, el decrecimiento general de la inteligencia media argentina”.

De la inteligencia pende todo. Por eso digo que no hay remedio. No hay remedio hay que decir a los nacionalistas grandilocuentes y efusivos. No hay recetas, no hay soluciones rápidas, no hay política que valga.

No hay remedio, no se aflija; usted fórmese, cíñase tranquilamente a su trabajo y sus estudios; gánese la vida, empezando por la vida eterna.

Lo único que puede usted hacer por la patria ahora, es hacerse un hombre, para dentro de diez años.

El consejo de Santo Tomás en nuestra situación actual es tener paciencia y hacerse mejor cristiano.

“La revolución será moral o no será” -suele citarse este apotegma de Peguy -. Pero hoy, Santo Tomás lo completaría, puesto que es apotegma aristotélico: “La Restauración argentina será religiosa o no será”.

El nacionalismo argentino no puede ahora lo bastante para volcar la situación, aunque puede alguito para preparar el vuelco. El nacionalismo será católico o no será. Y entonces los nacionalistas salvarán al menos su alma.

[Entonces, el nacionalismo será tradicionalista o no será]

(A MODO DE PRÓLOGO – 1945)

Lo cierto es que las grandes marejadas de la tormenta del Occidente han alcanzado a la Argentina y la han encontrado impreparada. La oleada de esta guerra le ha roto el mástil con la bandera, la ha desmantelado a bordo y ha dañado la obra muerta.

Cuando pasa una desgracia así, uno debe acudir a salvar lo que queda y a reparar lo perdido, si es posible. Y en último caso, salvar la vida, si el barco no es posible.

Salvar la vida en el presente caso, significa la salvación en sentido religioso: salvar su conciencia. Porque no os engañéis, la contienda en que actualmente se debate el mundo es, en el fondo, religiosa.

Conozcamos pues la situación de una buena vez: el Estado, que en el mundo moderno tiende a separarse de la Nación (pese a todas sus proclamaciones de democracia) y a convertirse dentro de ella en un organismo parasitario, nido de tiranías, ha dejado en la Argentina de ser católico, aunque cuando le venga en gana haga política clerical, que es la falsificación de una política católica.

Y la prueba de que ha dejado de ser católico es que no se guía ya por los principios elementales de la moral católica en la producción de los actos más solemnes y trascendentales de su función rectora; como es eminentemente una declaración de guerra.

(EL PROBLEMA ARGENTINO – 1967)

El partido que se juega el dominio del mundo ha empezado ya. Se jugará hasta el final entre hombres fuertes. La dúplice revolución mundial está ya en marcha. Desde más de un siglo ha, la revolución blanca y la revolución negra (en rigor, está última es amarilla, pero más negra que la otra).

La revolución blanca es el alzamiento general de los bolches; no escuetamente contra el Capitalismo, sino contra todo lo que en la Cristiandad es autoridad, orden, jerarquía, cultura, tradición; en suma, superioridad. Es el resentimiento de los inferiores: quieren nivelarlo todo, por abajo.

La revolución blanca quiere decir tabla rasa de todo lo existente; y crear de la nada un universo nuevo: siniestra utopía. Hay en ella hasta sacerdotes. Sabiéndolo o no, todos los desjerarquizados trabajan para ella. Hay desjerarquizados incluso en la misma Jerarquía. Hablamos de todos los rebelados o hastiados del Orden Romano, de todos los “democráticos” sinceros o fingidos; de todos los “idiotas útiles”; de todos los que se han salido y quieren salirse de su propio puesto.

Sólo Jesucristo puede salvar a la Argentina; o sea, los que se hagan capaces de hablar y obrar en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo. A éstos no les prometo la felicidad; a no ser la felicidad mía, que es muy real y existente, aunque rara.

Procuremos vivir con serenidad nuestra desesperanza.

CONCLUSIÓN

(HABLA EL VIGÍA)

¿Para qué seguimos? ¿Para qué obstinarse frente a lo imposible? ¿No dice la Escritura que hay tiempo de hablar y de callar? ¿Y no es tiempo de callar cuando una histeria colectiva hace inútil toda argumentación o consejo, cuando las fuerzas ciegas de la materia tienen su hora y están decididas a aprovecharla?

Seguimos hablando para que siga respirando la Patria. Mientras habla una nación, no está muerta; aunque esté con el alma en un hilo.

Lo que decimos no vendrá a ninguna consecuencia ni producirá nada: sea. Pero sola en medio de la oscuridad, nuestra nación necesita hablar alto para no tener miedo.

Para que el día de mañana cuando el historiador diga: “la prepotencia del dinero y la furia de la ambición con el carnerismo de la ignorancia y el miedo hicieron meter la cola entre las piernas o agitarla en innobles zalemas al amo a todos los argentinos…” para que entonces se pueda decir: NO A TODOS, para eso hablamos.

Hubo un año en el cual se profirieron las más capitales mentiras de obra y de palabra, al Año de la Victoria, de las Listas Negras y de la Paz Permanente para todo el género humano: y todos los argentinos enmudecieron. NO TODOS.

Es menester que la Argentina de los próceres, de Garay y Roque González, no muera del todo ni un solo instante. Por eso hablamos. Por eso seguimos.

Mientras nosotros todavía hablemos, no estamos muertos los países del Plata. Ahora, si por la desunión absurda entre los argentinos, la desidia de los magnates y capitostes y la extraordinaria capacidad de nuestra clase dirigente para no poder nada y no dirigir nada, a nosotros nos eliminan del mapa, ya pueden ustedes pegar el grito de los malos actores en los dramas calderonianos: ¡Muerto soy! O por mejor decir, ni siquiera los van a dejar gritar. Con nuestro silencio, la vieja Argentina suena en silencio, SI ESO FUERA POSIBLE.

Quizá porque hemos vivido una vida próspera y un poco muelle, los argentinos somos ineptos para unirnos en sociedad, a no ser para hacer daño; y además estamos muy acostumbrados a ser, en lo material, lo intelectual y lo moral, muy bien servidos gratuitamente. El argentino como el español no ayuda a nadie ni agradece nada, porque se cree ÉL SOLO, sobre todo en cuestiones de cultura, religión o patria.

Pero ahora vienen tiempos de masas, de inmensos movimientos colectivos, de colaboración no solamente entre hombres y entre clases, sino entre naciones y entre continentes. Si no somos capaces de unirnos los argentinos, somos menos que nada, y más valía que siguiéramos siendo una colonia de España.

Si no valemos a superar nuestros míseros prejuicios, odios, injurias, ofensas, rencores, envidias, represalias, puntilloserías, venganzas y egoísmos, estamos listos como nación independiente.

Y concretamente aplicando a nuestro diario: no nos van a aplastar. Pero si por fatalidad llegaran a aplastarnos, para lo cual no se van a parar en villanía más o menos, no piensen que la Argentina va a seguir lo mismo. Con nosotros caería algo esencial a la Patria.

Los bonzos que nos han tratado de locos; los mercaderes que han ignorado cómodamente nuestra existencia ocupados en calcular sus rentas; los talegudos que nos miran como a locos mientras defendemos el orden que ellos parasitan; los acomodados para quienes somos leve distracción matinal indiferente; junto al gran rebaño de los carneros: cuando desaparezca esta trinchera que son nuestras almas, se encontrarán ellos frente al enemigo que menosprecian ciegamente; y ellos, ellos tienen algo que perder.

Lo que nosotros tenemos que perder, ya lo hemos dado hace tiempo por perdido. No nos pueden quitar más que la vida. Y hay maneras de perder la vida que no son sino ganarla, como es perderla por Dios, o perderla por el Bien Común, que es una cosa que se supo de antaño en la Argentina.

Pero los otros, los bonzos, los mercaderes, los talegudos, los acomodados, los carneros, llámense o no se llamen católicos, esos tienen un miedo atroz de perder la vida, y un miedo peor aún de perder el dinero.

Se está formando una nueva religión ante nuestros ojos; y una nueva religión necesita sacrificios de sangre, sea de mártires, sea de animales.

Argentinos, el día que nos veáis desaparecer aplastados por la crueldad y la mentira, poned las barbas en remojo. Hasta ese día habéis tenido patria.

De todos los hombres que viven actualmente en la Argentina, ninguno será feliz; pero a todos se les ofrece la opción de vivir una vida más o menos limpia y morir en su ley; o de vivir y morir como el animal inmundo en la pocilga y para el matadero.

Argentinos: Ninguno de los hombres que viven actualmente podrá escapar a esa opción.

radiocristiandad.wordpress.com

La Mikwah de Besalú

Marzo 16, 2010 |  Tagged , | 1 Comment

Lejarza @ 18:36

Josep Fernàndez Corominas: La Mikwah de Besalú.-No vamos a hacer una descripción de la Mikwah de Besalú (Garrotxa), ya que la prensa nacional e internacional, entre ellas “L’Arche” lo hicieron de una manera que nuestra quedaría muy por debajo.

Hoy vamos a hablar de los hechos que durante un tiempo nos tuvieron preocupados y que, estamos casi seguros, nos han dado la luz sobre la forma en que se hacía el baño ritual con el agua que llegaba a la Mikwah.

El día 2 de Mayo de 1965, de acuerdo con las autoridades de nuestro municipio, recibimos la visita de 115 miembros de la Comunidad Israelita de Perpiñán, Toulouse y Nimes (Francia).Celebramos una recepción en la Casa de la Vila, una visita a Besalú ya la Mikwah ( “Miqvé”) como colofón. Una comida en Palera cerró el encuentro que fue, desde todos los puntos de vista, emocionante.

El 17 de Octubre del mismo año, fuimos invitados, unos 40 miembros de la entidad de Amigos de Besalú, por la Comunidad Israelita en Perpiñán. En la Sinagoga, el Rabí Mordoch, nos remercat de la acogida que habían tenido en Besalú y nos dio la sorpresa de ceder la palabra a un sacerdote Católico en el recinto. La evocación del Padre Nolasco del Molar versó sobre el tema de la unión de todos los creyentes, ya que el Concilio, había anula-lat, esa misma semana, el anatema de deicida que pesaba sobre el pueblo de Israel. Un almuerzo magnifico nos fue ofrecido y volvimos a Besalú altamente impresionados de la acogida.

Ni en la reunión de Besalú, ni en la recíproca de Perpiñán, no pudimos recoger ningún detalle sobre la forma en que se realizaba él baño ritual.

A principios del año 1966, el rabino Mordoch, nos anunció la venida de Monseñor Salzer, gran Rabino de Marsella, con jurisdicción en todo el sur de Francia.

Pusimos en contacto con nuestro querido Presidente Sr.. Vilarrasa (empresario textil), que en paz descanse, y también invita el Padre Nolasco, ya que había contraído una gran amistad con el rabino Mordoch.

Esta visita fue la llave que nos abrió las puertas del que desde tanto tiempo buscábamos. Una comida en Santa María de Besalú, ofrecido por el Sr.. Vilarrasa, nos maravilló por la similitud de ritos Hebraics y Cristianos. En bendecir la mesa, Monseñor Salzer, bendijo eso mismo por el pan, el vino, la sal il’hoste que los acogía.

Después de recorrer la Villa, visitamos la Mikwah quedando, dicho señor impressionadíssim, por las dimensiones de la misma y nos haga entrar a la explicación del rito:

Planta de la Miqvé de Besalú Garrotxa Girona (tomado de Juan G. Atienza en Gu</p>
<div style=

por Alejandro Roque González.

  • “…en Jerusalém, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre”. (1 Reyes 11:36)

Esta promesa profética señala a siglos primeramente, y milenios adelante; es parte de lo ya tratado y analizado abundantemente ( leer articulo en este blog tituladoPromesa eterna dada al rey David y su descendencia), solo que aquí se añade y especifica que éste reinado futuro tendrá su base en la ciudad de Jerusalém.

Jerusalém será la futura Ciudad Santa, y no como ahora que de santa lleva solo el apodo; sino que como predijo el profeta Isaías: “Porque de Jerusalém saldrán las reliquias, y del monte de Sión salvamento: el celo de Yahweh de los ejércitos hará esto” (Is 37:32). Jerusalém, como hemos venido explicando, será asiento de Dios y cabecera de reinos.

Cuando lleguemos al libro del profeta Isaías analizaremos sus palabras proféticas en relación a Israel y el mundo, cuando profetizó: “Y acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Yahweh por cabeza de montes, y será ensalzado sobre los collados, y correrán a él todas las gentes. Y vendrán muchos pueblos…y nos ensenará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalém la palabra de Dios” (Is 2: 1-4). Esto lo analizamos también en el artículo titulado Reino Milenario Primera, Segunda y Tercera partes. En el libro de Apocalipsis, que también encontrará su análisis en este blog, se nos promete una Jerusalém que administrará el mundo, y que posteriormente será reemplazada con una Celestial donde no morará ningún tipo de abominación por los siglos de los siglos (Apoc 21: 1-4, 22-24).

Vemos que muchos ministerios, por estar políticamente correctos con el sistema, y no ahuyentar feligreses de sus enclaves olvidan las profecías bíblicas. Jesucristo tuvo en su ministerio público una constante repetición sobre las profecías bíblicas y el futuro. Para él eran muy importantes, porque en ella vemos la omnisciencia de Dios, las promesas divinas, y se nos hace lógico el plan de Dios y el por qué aparentemente creemos que Dios nos ha olvidado.

No, amigo lector, como ya dije, Dios no se tarda en sus promesas, nosotros somos los que no lo entendemos, y debemos culpar en parte a esos supuestos ministros del Evangelio que no siguen los pasos de Jesús anunciándole al pueblo lo por venir. Usted se preguntará ¿Por qué lo omiten? Porque sencillamente al tener que hablar de la ira venidera, del juicio final, de las calamidades que nos anuncian los antiguos profetas, Jesús, y el Apocalipsis, serían catalogados de ominosos, predicadores de desgracias y sufrimientos, y por tanto perderían feligreses (llamados clientes en el argot corporativo) y entonces muchas de sus arcas (entiéndase dinero) se vaciarían, y ellos mismos perderían prebendas y el sistema cómodo de vida que gozan; pero si eres pastor, y me lees, acuérdate que la biblia también habla de los malos pastores:Mal haya el pastor de nada que deja el ganado. Espada sobre su brazo, y sobre su ojo derecho: del todo se secará su brazo, y enteramente será su ojo derecho oscurecido” (Zac 11:16).

Háblale al pueblo la verdad de lo que se acerca, no temas quedarte solo. ¿Cambiarás una temporada de soledad por una eternidad de regocijo y compañía? No, no sería de sabios. Acuérdate que la verdad es la única que nos puede liberar y ella encierra no solo historias dulces y amorosas, sino el purgante que nos extirpa la maldad que nos agobia, y esta vez para siempre (Jn 8:32).

Hay profecías que se refieren sobre grandes acontecimientos en la historia de la humanidad. No hay religión en el mundo que haya podido comprobar el cumplimiento exacto, detallado e histórico, acompañado de evidencias arqueológicas como los profetas del Antiguo y Nuevo Testamentos que conforman la biblia. El cristianismo ha sido anunciado desde la mismísima Creación.

Otras profecías son tan sencillas como predecir el nombre de un rey que surgiría siglos adelante, y con ello Dios solo ha querido que tu, estimado lector, entendieras que existe un Creador omnisciente, y que la Redención total del hombre, es un hecho activo, que no cesa y que tendrá un acontecimiento decisivo, al final de los tiempos, que cambiará todo de una vez y para siempre. Una de estas profecías que mencionan sencillamente el nombre de un rey, la encontramos en las palabras del profeta de Bethel, en tiempos de Jeroboam, rey de las diez tribus del norte de Israel, cuando profetiza al futuro diciendo: “He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos, que queman sobre ti perfumes, y sobre ti quemarán huesos de hombres” (1 Ry 13:2).

El nombramiento del futuro rey era parte de la mención de una maldición contra los impíos sacerdotes del reino del norte que, violando la palabra de Dios, sacrificaban no en Jerusalém, sino donde quiera que les venía en ganas, siendo ellos incluso no miembros de la tribu de Leví, quienes eran los únicos autorizados para ejercer el sacerdocio de Dios.

El profeta les menciona con detalles, el nombre del pío rey que 300 años adelante, vendría al norte de Israel y quemaría sobre ese falso altar, los huesos de todos los sacerdotes impíos que se atrevieron a pervertir el derecho. ¿Qué religión ha anunciado el nombre de un rey 300 años antes de que venga a este mundo? No es pues cuestión de religión, sino de la omnisciencia de Dios a través de sus profetas, y demostrándonos que 300 años no es nada, y que hay un Plan Eterno de Redención.

El cumplimiento de esta profecía lo podemos ver en 2 Ry 23: 15-16, 25. ¿Qué es entonces lo admirable de las profecías bíblicas como en este caso? El hecho que 300 años antes que este gran hombre y justo rey Josías naciera, ya Dios lo llama por su nombre, usando para ello a este varón—profeta—que fue desde Judá a Beth-el, solo para eso. ¿Puede acaso algún hombre profetizar el nombre de una futura célebre figura pública, que vendría siglos después, a no ser que sea el mismo Dios que hable a través de él? ¿No es esto, como dije, una prueba fehaciente de la omnisciencia divina? ¿No es este simple pasaje algo que nos haría parar mientes y tomar en serio toda la Santa Biblia, Palabra de Dios? ¡Piénselo!

Hay muchos que andan por el mundo hablando de lo que no saben, y publicando libros tratando de denigrar las Santas Escrituras. Son como puercos que un dia caerán por el despeñadero del sufrimiento y la ignorancia eterna. Busca a Dios mientras puede ser hallado, porque un dia, como profetizó el profeta Isaías, podría ser tarde para usted y su familia: “Buscad a Yahweh Dios mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Is 55:6).

ARG, 2010.

http://profeciasyteologia.blogspot.com/2010/03/la-omnisciencia-de-dios.html

Benedicto XVI predica un mensaje de unidad en la Iglesia Luterana de Roma
ABC
Las «campanas de Lutero» en Roma, idénticas a las de la capilla palatina de Wittenberg, sonaron ayer a rebato en homenaje a Benedicto XVI en su visita a la Iglesia luterana de Roma, donde fue recibido con aplausos y predicó un mensaje de unidad de los cristianos. Es la segunda visita de un Papa al templo luterano de Roma después de la realizada por Juan Pablo II en 1983.
El pastor de la Iglesia luterana de Roma, Jens Martin Kruse, considera «una gran alegría que luteranos y católicos podamos rezar juntos». Según Kruse, que ayer se desvivió en gestos de afecto con el Papa, la visita «es un signo de que en Roma el ecumenismo está muy vivo».
Tras el saludo de la presidenta de la comunidad luterana -en su mayoría alemana, por lo que toda la ceremonia se desarrollo en ese idioma- se sucedieron las homilías del pastor Jens Martin Kruse y del Papa. Benedicto XVI consideró «hermoso que podamos rezar juntos, entonar los mismos cantos y escuchar la misma palabra de Dios. Pero no podemos estar satisfechos porque todavía no podemos compartir del mismo altar». Las piezas de Mozart, Bach y Mendelsohn realzaron una ceremonia caracterizada por la cordialidad en los saludos y la convergencia temática en las homilías. El Papa regaló a la comunidad luterana una reproducción del mosaico de Jesucristo que se encuentra bajo el altar de la Confesión en la basílica de San Pedro, justo ante de la tumba del Pescador de Galilea.
Joseph Ratzinger no sólo es un experto en Lutero sino que trabajó directamente en las conversaciones que llevaron a firmar hace diez años en Augsburg (Alemania) el acuerdo de Roma con la Iglesia Luterana Mundial sobre la doctrina de la Justificación, al que se han sumado después otras Iglesias evangélicas. Según el pastor Kruse, «encontraron una formula común para explicar la relación entre la fe y las buenas obras, pues también Lutero decía que no hay verdadera fe sin buenas obras. Si una persona tiene fe, normalmente hace buenas obras».
Al término de la liturgia de la palabra en la espléndida Christuskirche de Vía Sicilia, el pastor Kruse confirmó a la congregación que el ecumenismo estaba dando nuevos pasos y pidió «que Dios bendiga al obispo de Roma y a todos los mensajeros del Evangelio en esta ciudad». El Papa, que había sido recibido con aplausos, fue despedido con una gran ovación.

Cuartodecimanismo

Marzo 12, 2010 |  Tagged , | 1 Comment

Cuartodecimanismo

Se conoce como cuartodecimanismocuartodecimanos a los cristianos que celebran la Pascua el día 14 de Nisán (es decir, coincidiendo con la pésaj judía) sin importar el día de la semana que caiga. Este uso fue al inicio exclusivo de la provincia proconsular de Asia y luego se extendió causando la controversia sobre la fecha de la Pascua. La iglesia de Roma, ya desde tiempos del Papa Sixto I (115-125 aproximadamente) conmemoraba la Pascua el domingo siguiente a la pésaj judía.

LAS DISPUTAS SOBRE LA FECHA DE LA PASCUA

LA FECHA DE LA CELEBRACIÓN ANUAL DE LA PASCUA FUE EL PRIMER TEMA QUE DIVIDIÓ AL ORBE CRISTIANO


Curiosamente, la primera gran cuestión que agitó al mundo cristiano en la antigüedad fue una cuestión litúrgica: la fecha de la celebración anual de la Pascua. Desde el siglo I, toda la Iglesia estaba de acuerdo en celebrar el aniversario de la muerte y resurrección de Cristo, la Pascua cristiana, Pascha nostrum, que sucedió a la Pascua de los judíos; pero en cuanto a la fecha no había completa uniformidad.

Dos eran principalmente los usos en vigor, el asiático y el romano. Las comunidades del Asia Menor, así encontramos en Eusebio, remontándose a la tradición de los apóstoles Felipe y Juan, celebraban la pasión del Señor (Pascha crucifixionis) el 14 de la luna (Nisán), exactamente como la Pascua de los hebreos, cayese en el día de la semana que cayese, y en el mismo día ponían fin al ayuno. No sabemos cuándo festejaron la resurrección (Pascha resurrectionis). Las iglesias occidentales, por el contrario, apoyadas en la costumbre romana, que se hacía remontar hasta San Pedro, tenían en cuenta el 14 de Nisán para conmemorar la pasión, pero celebraban la resurrección siempre en la dominica sucesiva, y antes de este día no terminaban jamás el ayuno. De las dos fases del misterio pascual, Roma daba mayor importancia a la resurrección, las iglesias asiáticas a la pasión.

Se comprende muy bien cómo de esta diversidad de usos naciesen disensiones. Aparecieron los primeros síntomas en tiempo del papa Aniceto (150). Entonces San Policarpo de Esmirna vino a Roma y trató de persuadir al papa de que el uso quartodecímano era el único admisible; pero no lo consiguió. Sin embargo, se separaron en buenas relaciones. Más tarde, hacia el 190, el papa Víctor, para cortar una polémica siempre viva y que amenazaba provocar, como la de Laodicea, serios disgustos, quiso definir la controversia. Los sínodos que por orden suya se reunieron para tal fin en las varias provincias del Imperio decidieron todos a su favor, excepto, naturalmente, el de los obispos de Asia, apoyado por la inmensa mayoría del episcopado; Víctor ya se disponía a tomar medidas enérgicas contra los asiáticos, dispuesto a separarlos de la comunión eclesiástica, cuando intervino San Ireneo de Lyón 3 muchos otros obispos, pidiendo que renunciase a una pena tan grave, la cual alcanzaba a numerosas iglesias venerables fundadas por los apóstoles; el papa Víctor probablemente consintió en no seguir adelante, pero es cierto que también los asiáticos terminaron por adoptar el uso romano.

Eliminado el uso judaizante de los cuartodecímanos la controversia pascual entró en una segunda fase. Admitido que la Pascua de Resurrección se debía celebrar en domingo, quedaba por determinar en cuál. Ahora sobre este punto surgían otras no pequeñas diferencias.

Las iglesias de la provincia de Siria, que tenían por cabeza la antioquena, aceptando el cómputo hebraico, escogían generalmente para la Pascua la dominica que seguía inmediatamente al 14 de Nisán; por lo cual sucedía muchas veces que la Pascua caía antes del equinoccio de primavera (21 de marzo). Este inconveniente se verificaba también en algunos occidentales (protopascuales). En cambio, en Alejandría y Roma, donde una tal dependencia de los hebreos debía parecer humillante, se había comenzado desde el siglo III a calcular la fecha de la Pascua con cómputos propios, independientemente del sistema judío, pero de forma que la fiesta no cayese nunca antes del equinoccio.

Pero aquí, sin embargo, surgían nuevos contrastes; porque mientras los alejandrinos, según el ciclo de diecinueve años, atribuido a Anatolio, fijaban el equinoccio el 21 de marzo, los romanos, siguiendo el ciclo de Hipólito, lo anticipaban al 18 de marzo, de donde surgían disputas y disensiones infinitas, que trascendían hasta los paganos, los cuales las hacían tema de irónicos comentarios.

A allanar estas divergencias vino en buena hora el concilio de Nicea (325). De la discusión habida y de las decisiones tomadas nos quedan en dos cartas: una de los Padres del concilio a la iglesia de Alejandría; la otra, del emperador Constantino a todos los obispos, en la cual, después de haber deplorado las disensiones acerca de una fiesta tan insigne, les exhorta a abrazar el uso seguido en Roma y Alejandría y en la gran mayoría de las iglesias, tanto orientales como occidentales. De estas cartas y de cuanto narra San Atanasio, testimonio ocular. se deduce bastante claramente cuál fue el pensamiento del concilio, es decir: a) que la Pascua debía caer siempre en domingo; b) que no sea celebrada nunca en el mismo día que la Pascua judía; c) que debe fijarse la fecha en la primera dominica después del 14 de Nisán, computado no con el sistema judío, sino de forma que no pueda nunca anticiparse al equinoccio.
No se dice si el concilio aprobó el cómputo romano o el alejandrino. Cierto que éste debió tener la preferencia, porque, como atestiguan Cirilo de Alejandría y San León los Padres comisionaron al obispo de la metrópoli de Egipto el anunciar cada año la fiesta de la Pascua.

Por desgracia, los esfuerzos de los Padres nicenos no dieron prácticamente aquellos resultados que se esperaban. Las divergencias en gran parte continuaron, y ya en el 326, un año apenas después del concilio, los romanos celebraban la Pascua en día diverso de los alejandrinos. Unos y otros habían mantenido su cómputo, que, partiendo de fechas diversas, no podía llevar más que a resultados diversos. Este estado de cosas duró poco más o menos hasta principios del siglo VI, si bien ya San León había en muchos casos corregido la supputatio romana sobre aquella más exacta de Alejandría, y Victorio de Aquitania, en torno al 457, había largamente difundido un sistema suyo, con el cual intentaba, el combinar el tipo griego con el tipo latino. Fue Dionisio el Exiguo el que en el 526 consiguió componer para uso de los latinos un cuadro pascual con el cual, teniendo como base el ciclo de diecinueve años, exactamente correspondiente al alejandrino, consiguió eliminar hasta las pequeñas diferencias que existían con el canon de Victorio.

El cómputo dionisíaco fue en seguida aceptado en Roma y en Italia, y poco después en Inglaterra y en las iglesias de la Heptarquía evangelizadas por los enviados romanos. En cambio, las de los bretones y de los irlandeses, las cuales, a pesar de celebrar la Pascua en domingo, se atenían al antiguo ciclo de ochenta años, no adoptaron el nuevo cómputo hasta el final del siglo VIH. Esta época se puede considerar, finalmente, por la que se hubiese alcanzado la unanimidad sobre la celebración de la Pascua en toda la Iglesia.

Ya que, según las reglas tradicionales expuestas, la Pascua era fijada en la dominica que sigue al plenilunio posterior al equinoccio de primavera (21 de marzo), la fecha puede oscilar entre los términos extremos del 22 de marzo, cuando el plenilunio cae en sábado, y del 25 de abril, cuando cae el 18 de abril.

En estos últimos tiempos ha hecho algo de ruido un movimiento en pro de la fijación de un día determinado para la fiesta de Pascua. La propuesta tuvo ya un principio de actuación en los siglos V-VII cuando varias iglesias especialmente de las Galias, para evitar las dificultades del cómputo, habían escogido a tal fin las fechas del 25 y del 27 de marzo, que en varios escritores antiguos (Tertuliano, Hipólito, Epifanio) eran aceptadas, respectivamente, como el aniversario de la muerte y de la resurrección del Señor. El Martirologio jerosolimitano las anota, en efecto, regularmente. Sabemos por San Gregorio de Tours que en aquella ciudad se festejaba la Pascua el 27 de marzo, como fecha fija, y más tarde, en la fecha que ocurría, movible. Pero tal práctica no tuvo mucha aceptación por las protestas de los obispos. No se puede negar que un proyecto de fijar la Pascua presenta aspectos dignos de consideración aun para los efectos de la vida comercial; pero es preciso reconocer también que su realización, mientras haría desaparecer uno de los más venerados monumentos del pasado, llevaría a tales y tan grandes consecuencias en el campo litúrgico, que es de creer con fundamento que la Iglesia no debe ceder a tales innovaciones.

Historia

El problema de fondo es el motivo de la celebración de la Pascua y si ésta deba ser un día fijo o cambiar de acuerdo con la fecha en que caiga (según el calendario gregoriano que se ha adoptado en Occidente). En las provincias de Asia se celebraba más bien la muerte del Señor que en el Evangelio de Juan hace coincidir la muerte de Jesús con el sacrificio de los corderos la víspera de la pésaj judía1 y por ello, hacían prevalecer el 14 de Nisán. En cambio Roma y con ella el Occidente cristiano daba más importancia a la celebración de la Resurrección que habría caído el «primer día de la semana»,2 entonces hacían coincidir la celebración de la Pascua con un domingo.

Tras la celebración de varios concilios sobre el tema a petición del Papa 

Carta a los Filipenses - San Policarpo de Esmirna

Saludo

Policarpo y los presbíteros que están con él, a la Iglesia de Dios que habita como extranjera en Filipos: que la misericordia y la paz les sean dadas en plenitud por Dios todopoderoso y Jesucristo nuestro Salvador. (Sobre el tema de la “Iglesia de Dios que habita como extranjera” [o peregrina; paroiken], ver Gn 12,10; 17,10; Lc 24,28; Ef 2,19; Hb 11,9-10.13-16; 13,14; 1 P 2,11; Judas 2. Ver asimismo el saludo de la Primera carta de Clemente a los Corintios y la Ep. a Diogneto 5 y 6.)

La fe en Jesucristo

Me alegré mucho con ustedes, en nuestro Señor Jesucristo, cuando recibieron a las imágenes de la verdadera caridad, y acompañaron, como debían hacerlo, a aquellos que estaban encadenados por ataduras dignas de los santos, que son las diademas de quienes han sido verdaderamente elegidos por Dios nuestro Señor. (Las diademas de los santos son las cadenas, sufrimientos y persecuciones que sufren por confesar su fe en Jesucristo. Ver Ignacio de Antioquía, Ep. a los Efesios 11,2.) 2 Y me alegré de que la raíz vigorosa de su fe, de la que se habla desde tiempos antiguos, permanece hasta ahora y da frutos en nuestro Señor Jesucristo, que aceptó por nuestros pecados llegar hasta la muerte; y Dios lo resucitó librándolo de los sufrimientos del infierno. (Hch 2,24. Los pasajes subrayados indican una cita más literal de un texto de la Escritura. Pero el lector no debería centrar su atención solamente en las palabras subrayadas, sino más bien en todo el conjunto dentro del cual se inserta el pasaje, y su resonancia particularmente con las epístolas del NT.) 3 Sin verlo, ustedes creen en él, con un gozo inefable y glorioso (1 P 1,8) al cual muchos desean llegar, y ustedes saben que han sido salvados por gracia, no por sus obras, sino por la voluntad de Dios por Jesucristo (Ef 2,5.8-9).

Por tanto, cíñanse sus cinturas y sirvan a Dios en el temor y la verdad (1 P 1,13; ver Sal 2,11) dejando a un lado las palabras falsas y el error de la multitud, creyendo en Aquel que ha resucitado a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos, y le ha dado la gloria (1 P 1,21), y un trono a su derecha. (Aquí el vocablo multitud se refiere evidentemente a los no cristianos, particularmente a la multitud de los paganos, a los que Policarpo asocia los herejes con sus vanas especulaciones seductoras. (Ver 1 Tm 1,6; Tito 3,9.) A él le está todo sometido, en el cielo y sobre la tierra (ver Flp 2,10; 3,21); a él le obedece todo lo que respira, él vendrá a juzgar a vivos y muertos (Hch 10,42), y Dios pedirá cuenta de su sangre a quienes no aceptan creer en él. 2 Aquel que lo ha resucitado de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros (2 Co 4,14), si hacemos su voluntad y caminamos en sus mandamientos, y si amamos lo que él amó, absteniéndonos de toda injusticia, arrogancia, amor al dinero, murmuración, falso testimonio, no devolviendo mal por mal, injuria por injuria (1 P 3,9), golpe por golpe, maldición por maldición, 3 acordándonos de lo que nos ha enseñado el Señor, que dice: “No juzguen, para no ser juzgados; perdonen y se les perdonará; hagan misericordia para recibir misericordia; la medida con que midan se usará también con ustedes, y bienaventurados los pobres y los que son perseguidos por la justicia, porque de ellos es el reino de Dios. “(Policarpo combina varias reminiscencias evangélicas, si es que se puede hablar así: Mt 7,1; Lc 6,37; Mt 5,7; Lc 6,38; Mt 5,3.10; Lc 6,20.)”

Fe, esperanza y caridad

No es por mí mismo, hermanos, que les escribo esto sobre la justicia, sino porque ustedes primero me invitaron. 2 Porque ni yo, ni otro como yo, podemos acercarnos a la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, que estando entre ustedes, hablándoles cara a cara a los hombres de entonces (sobre el asunto de la predicación de Pablo en Filipos, ver Hch 16,12-40), enseñó con exactitud y con fuerza la palabra de verdad, y luego de su partida les escribió una carta; si la estudian atentamente podrán crecer en la fe que les ha sido dada; 3 ella es la madre de todos nosotros, seguida de la esperanza y precedida del amor por Dios, por Cristo y por el prójimo. El que permanece en estas virtudes ha cumplido los mandamientos de la justicia; pues el que tiene la caridad está lejos de todo pecado. (No debe leerse este pasaje como si Policarpo estableciese una relación teológica entre las virtudes teologales, más bien apunta a poner de relieve su dignidad; ver 1 Co 13,14.)

Que todos lleven una vida digna de la fe que profesan

El principio de todos los males es el amor al dinero. (Ver 1 Tm 6,10. La reacción fuerte de Policarpo contra la avaricia, como un vicio totalmente opuesto al espíritu del Evangelio, es uno de los temas principales de la carta. Puede tomarse como punto de partida para una reflexión sobre la cuestión en la Iglesia de nuestros días.) Sabiendo, por tanto, que nada hemos traído al mundo y que no nos podremos llevar nada (1 Tm 6,7), revistámonos con las armas de la justicia (ver 2 Co 6,7), y aprendamos primero nosotros mismos a caminar en los mandamientos del Señor.

Después, enseñen a sus mujeres a caminar en la fe que les ha sido dada, en la caridad, en la pureza, a amar a sus maridos con toda fidelidad, a amar a todos los otros igualmente con toda castidad y a educar a sus hijos en el conocimiento del temor de Dios. (El párrafo entero parece inspirarse en ciertas exhortaciones paulinas; ver Ef 5,21; 6,4; Col 3,18, entre otras. Ver asimismo la Primera carta de Clemente a los Corintios 1,3; 21,6ss.)

Que las viudas sean sabias en la fe del Señor, que intercedan sin cesar por todos, que estén lejos de toda calumnia, murmuración, falso testimonio, amor al dinero y de todo mal; sabiendo que son el altar de Dios, que al examinará todo y que nada se le oculta de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos, de los secretos de nuestro corazón (ver 1 Co 14,25). (Para el tema de las viudas en la Iglesia primitiva ver 1 Tm 5,13-16; Tito 2,3-4; Tertuliano llegará a decir que ellas son “aram Dei mundam”, Ad uxorem 1,7.)

Sabiendo que de Dios nadie se burla (Ga 6,7), debemos caminar de una forma digna de sus mandamientos y de su gloria.

Igualmente que los diaconos sean irreprochables delante de su justicia, como servidores de Dios y de Cristo, y no de los hombres: ni calumnia, ni doblez, ni amor al dinero; sino castos en todas las cosas, misericordiosos, solícitos, caminando según la verdad del Señor que se ha hecho el servidor de todos. (Para los diaconos, ver 1 Tm 3,8-13. Sobre Cristo servidor de todos, ver Mt 20,28. Ignacio de Antioquía se refiere a menudo a los diaconos en sus cartas [ver Magn. 6,1; Trall. 2,3; Esmir. 10,1].) Si le somos agradables en el tiempo presente, Él nos dara a cambio el tiempo venidero, puesto que nos ha prometido resucitarnos de entre los muertos y que, si nuestra conducta es digna de Él, también reinaremos con Él (2 Tm 2,12), si al menos tenemos fe.

Del mismo modo, que los jóvenes sean irreprochables en todo, velando ante todo por la pureza, refrenando todo mal que esté en ellos. Porque es bueno cortar los deseos de este mundo, pues todos los deseos combaten contra el espíritu (ver 1 P 2,11), y ni los fornicadores, ni los afeminados, ni los sodomitas tendrán parte en el reino de Dios (ver 1 Col 6,9-10), ni aquellos que hacen el mal. Por eso deben abstenerse de todo esto y estar sometidos a los presbíteros y a los diaconos como a Dios y a Cristo. (Sobre el tema de la obediencia a los presbíteros [los ancianos], ver 1 P 5,5; Ignacio de Antioquía, Ep. a los Trall. 3,2.)

Las vírgenes deben caminar con una conciencia irreprensible y pura.

Los presbíteros

También los presbíteros deben ser misericordiosos, compasivos con todos; que devuelvan al recto camino a los descarriados, que visiten a todos los enfermos, sin olvidar a la viuda, al huérfano, al pobre, sino pensando siempre en hacer el bien delante de Dios y de los hombres. (Ver Pr 3,4; Rm 12,17; 2 Co 8,21. La teología pastoral-moral que expone Policarpo tiene mucha similitud con la que hallamos en 1 Tm 3,2-7; Tito 1,6-9, e Ignacio de Antioquía, Ep. a Policarpo 4-5.) Que se abstengan de toda cólera, acepción de personas, juicio injusto; que estén alejados del amor al dinero, que no piensen mal rápidamente de alguien, que no sean duros en sus juicios, sabiendo que todos somos deudores del pecado.

Si pedimos al Señor que nos perdone, también nosotros debemos perdonar, pues estamos ante los ojos de nuestro Señor y Dios, y todos deberemos comparecer ante el tribunal de Cristo, y cada uno deberá dar cuenta de sí mismo (ver Rm 14,10-12).

Por tanto, sirvámosle con temor y mucha circunspección, conforme él nos lo ha mandado, al igual que los apóstoles que nos han predicado el Evangelio y los profetas que nos anunciaron la venida de nuestro Señor. Seamos celosos para lo bueno, evitemos los escándalos, los falsos hermanos y los que llevan con hipocresía el nombre del Señor, haciendo errar a los cabezas huecas [kenoys anthrópoys, literalmente: hombres vacíos].

Advertencia contra el docetismo

Todo, en efecto, el que no confiesa que Jesucristo vino en la carne es un anticristo, y el que no acepta el testimonio de la cruz es del diablo, y el que tergiversa las palabras del Señor según sus propios deseos y niega la resurrección y el juicio, ése es el primogénito de Satanás. (Ver 1 Jn 4,2-3. Los docetistas negaban la realidad de la carne de Cristo; por tanto, no admitían su pasión y resurrección, haciendo así vano el testimonio de la cruz [ver 1 Jn 5,6-8; Jn 19-20; Ignacio de Antioquía, Mag. 11; Trall. 9-11; Esmir. 1-7].)

Por eso, abandonemos los vanos discursos de las multitudes y las falsas doctrinas, y volvamos a la enseñanza que nos ha sido transmitida desde el principio. Permaneciendo sobrios para la oración (ver 1 P 4,7), constantes en los ayunos, suplicando en nuestras oraciones a Dios, que lo ve todo, que no nos introduzca en la tentación (Mt 6,13), pues el Señor ha dicho: El espíritu esta dispuesto, pero la carne es débil (Mt 26,41).

Esperanza y paciencia

Perseveremos constantemente en nuestra esperanza (Cristo nuestra esperanza: ver 1 Tm 1,1; Col 1,27; Ignacio de Antioquía, Ef. 1,2; 21,2; Mag. 11; Flp. 11,2.) y en las primicias de nuestra justicia, que es Jesucristo, que llevó al madero nuestros pecados en su propio cuerpo (ver 1 P 2,24), él, que no había cometido pecado, en quien no se había encontrado falsedad en su boca (1 P 2,22). Pero por nosotros, para que nosotros viviéramos en él, lo soportó todo.

Seamos, pues, los imitadores de su paciencia, y si sufrimos por su nombre, glorifiquémoslo. Porque éste es el ejemplo que él nos ha dado en sí mismo, y esto es lo que nosotros hemos creído (ver 1 P 4,16; 2,21).

Los exhorto a todos a obedecer a la palabra de justicia, y a perseverar con toda paciencia, la que han visto con sus ojos no sólo en los bienaventurados Ignacio, Zósimo y Rufo, sino también en otros de entre ustedes, en Pablo mismo y en los demás apóstoles. 2 Convencidos de que todos éstos no han corrido en vano (Ga 2,2; Flp 2,16), sino en la fe y la justicia, y que están en el lugar que les corresponde junto al Señor con los que han sufrido. Ellos no amaron este siglo presente (ver 2 Tm 4,10), sino a aquel que murió por nosotros y que Dios resucitó por nosotros.

Caridad fraterna

(A partir de este capítulo no tenemos el texto griego de la carta, sino una antigua versión latina)

Permanezcan, por tanto, en estos (sentimientos) e imiten el ejemplo del Señor, firmes e inconmovibles en la fe, amando a los hermanos, amándose unos a otros, unidos en la verdad, teniéndose paciencia unos a otros con la mansedumbre del Señor, no despreciando a nadie. (En este párrafo [X,1] Policarpo combina varios pasajes del NT: Col 1,23; 1 Co 15,58; 1 P 2,17; 3,8; 5,9; Jn 13,34; Rm 13,8.)

Cuando puedan hacer el bien, no lo posterguen, pues la limosna libera de la muerte (Tb. 12,9). Todos ustedes estén sometidos los unos a los otros, teniendo una conducta irreprensible entre los paganos, para que por sus buenas obras (también) reciban la alabanza y el Señor no sea blasfemado por causa de ustedes (ver 1 P 2,12). 3 Pero pobre de aquel por quien sea blasfemado el nombre del Señor (ver Is 52,5). Enseñen, pues, a todos la sobriedad en la que viven ustedes mismos. (Sobriedad [sobrietas, s"phrosynŠ]: comprende también la salud espiritual, el sentido común y la moderación, junto con el control de los sentidos, la templanza y la castidad. Ver Rm 12,3; 1 Tm 2,9.15 [sophrosyne unida a la fe, caridad y santidad]. Ver asimismo Ignacio de Antioquía, Ef. 10,3 [la une a la pureza].)

El caso de Valente

(De este presbítero sólo conocemos aquello que nos dice Policarpo: arrastrado por la avaricia, el amor al dinero, se vio envuelto en una falta grave que le significó la destitución de su ministerio. Sobre la avaricia como una forma de idolatría y una suerte de impureza, ver Ef 5,5; Col 3,5)

Estoy muy apenado por Valente, que fue presbítero por algún tiempo entre ustedes, (al ver) que ignora hasta tal punto el cargo que se le había dado. Por tanto, les advierto que se abstengan de la avaricia y que sean castos y veraces. Absténganse de todo mal. 2 Quien no se puede gobernar a sí mismo en esto, ¿cómo puede enseñarlo a los otros? Si alguno no se abstiene de la avaricia, se dejará manchar por la idolatría y será contado entre los paganos que ignoran el juicio del Señor (ver Jr 5,4). ¿O acaso ignoramos que los santos juzgaran al mundo, como lo enseña Pablo? (ver 1 Co 6,2).

Yo no oí ni vi nada semejante en ustedes, entre quienes trabajó el bienaventurado Pablo, ustedes que están al comienzo de su epístola. (Estas palabras, de las que no tenemos el texto griego, son poco claras, y de difícil explicación. Se han presentado tres soluciones: 1) leer evangelio en vez de epístola: los Filipenses son las primicias de la predicación del evangelio en Grecia [ver Flp 4,15]; 2) a partir de 2 Co 3,2, comprender que los Filipenses fueron, desde el inicio, la carta de recomendación de Pablo; 3) suponer una errónea traducción del griego y leer: “ustedes fueron alabados por Pablo al inicio de la carta que él les escribió” [ver Flp 1,3-9].) De ustedes, en efecto, él se gloría delante de todas las iglesias (ver 2 Ts 1,4), las únicas que entonces conocían a Dios, puesto que nosotros todavía no lo conocíamos. (El evangelio fue predicado en Esmirna después de la conversión de los Filipenses. La primera mención de Esmirna, en campo cristiano, la hallamos en Ap 2,8.)

Así, pues, hermanos, estoy muy triste por él y por su esposa, a ellos les conceda el Señor la penitencia verdadera (ver 2 Tm 2,25). Ustedes sean sobrios, también en esto, y no los consideren como a enemigos (ver 2 Ts 3,15), sino que vuelvan a llamarlos como a miembros sufrientes y extraviados. Haciendo esto se construyen a sí mismos. (Idéntica actitud hacia los pecadores manifiesta Ignacio de Antioquía, Ef. 10,1-3. Sobre la Iglesia como cuerpo viviente que se construye por medio del crecimiento de cada uno de sus miembros, ver Ef 4,15-16; Col 2,19; Ignacio de Antioquía, Esmir. 11.)

Recomendaciones finales

Confío en que están bien ejercitados en las santas Escrituras, y que nada ignoran. Yo, por mi parte, no tengo este don. Ahora (les digo), como esta dicho en las Escrituras: Enójense y no pequen, y que el sol no se ponga sobre su ira (Sal 4,5; Ef 4,26). Feliz quien se acuerda. Creo que sucede así con ustedes.

Que Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y él mismo, el pontífice eterno, el Hijo de Dios, Jesucristo (ver Hb 6,20; 7,13), los edifiquen en la fe y en la verdad, en toda mansedumbre, sin cólera, en paciencia y en magnanimidad, en tolerancia y en castidad. Y les den parte en la herencia de sus santos (ver Col 12,12; Hch 8,21. Los santos son los cristianos. Se trata de un término heredado del AT [ver, por ejemplo, Ex 19,6], y que aparece con bastante frecuencia en el NT [ver 1 Co 6,1; 2 Co 1,1; Ef 2,19; 3,8; Flp 4,22]. Junto con hermanos, creyentes, discípulos, se convertirá en un nombre propio para designar a los cristianos [ver Ignacio de Antioquía, Magn. 4,1].), y a nosotros con ustedes, y a todos los que están bajo el cielo, que creen en nuestro Señor Jesucristo y en su Padre, que lo resucitó de entre los muertos.

Oren por todos los santos. Oren también por los reyes, por las autoridades y los príncipes, por los que los persiguen y los odian, y por los enemigos de la cruz (ver Mt 5,44; 1 Tm 2,2; Jn 15,16; 1 Tm 4,15; St 1,4; Col 2,10; Flp 3,18.); de modo que su fruto sea manifiesto para todos, y ustedes sean perfectos en él.

Un trozo de la primera carta a los Filipenses

(Del capítulo 13 se conserva el texto griego merced a Eusebio de Cesárea, HE III,36,14-15. P. N. Harrison, Polycarp’s two Epistles to the Philippians, Cambridge, 1936, separó todo este capítulo 13, considerándolo una esquela de Policarpo respondiendo a una carta de los Filipenses. El resto de la actual epístola [caps. 1-12.14] sería una carta de consejo y exhortación escrita mas tarde [según Harrison mucho más tarde]. Tendríamos, por tanto, dos epístolas de Policarpo, las cuales habrían sido reunidas en una sola ya antes de Eusebio de Cesárea. En la actualidad los especialistas aceptan la hipótesis de Harrison, pero señalan que la segunda carta [la "larga"] debe colocarse en una fecha muy próxima a la primera [la "breve"]).

Ustedes e Ignacio me han escrito, para que si alguien va a Siria también lleve la carta de ustedes. Lo haré, si encuentro una ocasión favorable, sea yo mismo, sea aquel que enviaré para que nos represente. (Ignacio de Antioquía le había pedido a Policarpo que enviase un mensajero a Antioquía, a fin de llevarles a los cristianos sus felicitaciones y animándolos [ver Ep. a Policarpo 7,2; 8,1]. La comunidad de Filipos, según parece, les había escrito a los Antioquenos con idéntica finalidad. Policarpo responde con esta primera carta.)

Conforme me lo pidieron, les mandamos las cartas de Ignacio, las que él nos envió y todas las demás que tenemos entre nosotros. Ellas van unidas a la presente carta, y ustedes podrán obtener gran provecho; porque ellas contienen fe, paciencia y toda edificación relacionada con nuestro Señor. Hágannos saber lo que sepan con certeza del mismo Ignacio y de sus compañeros. (”Les mandamos las cartas de Ignacio.” Esta frase parece indicar que, con mucha probabilidad, muy pronto se formó un corpus de las cartas de Ignacio. Policarpo no tenía dificultad en reunir todas las epístolas de Ignacio a las iglesias de Asia. Esto permite conjeturar que no formaba parte del corpus la carta a los Romanos, que ha sido transmitida de forma independiente. - Desde “Hágannos saber…” el texto sólo se conserva en latín. “Ignacio y sus compañeros” es la traducción de “qui cum eo sunt”).

Despedida

(A partir de este capítulo se retoma el texto, en su versión latina, de la segunda carta. Crescente no es el secretario de Policarpo, sino el portador de la carta [ver Ignacio de Antioquía, Rom. 10,1; Filad. 11,2; Esmir. 12,1])

Les escribo esto por Crescente, a quien recientemente les recomendé y ahora (de nuevo) les recomiendo. Se ha conducido entre nosotros de forma irreprochable; y creo que lo hará entre ustedes de la misma manera. También les recomiendo su hermana, cuando ella llegue entre ustedes. Sean perfectos en el Señor Jesucristo, y en su gracia con todos los suyos. Amén. (También se podría traducir, esta última frase, por “Compórtense bien en el Señor Jesucristo” [Incolumes estote in domino Iesu Christo]).

La versión electrónica de este documento no puede ser reproducida públicamente sin la debida autorización de los poseedores del Copyright.

http://www.multimedios.org/docs/d000351/

EL SABADO DEL NUEVO TESTAMENTO

Por Tony Warren
The Mountain Retreat!

Cuando Cristo murió en la cruz y se levantó como las primicias el día domingo, este evento vino a ser una señal del Sábado del Nuevo Testamento (nuestra resurrección en Cristo). Cuando su “obra” fue completada, El se levanto de entre los muertos en nuestro Nuevo Sábado de descanso el día Domingo. Este día se convirtió en nuestro día de descanso del Nuevo Testamento, de la misma manera en que Dios termina su trabajo y descansó el Sábado en el principio, el día de descanso del Antiguo Testamento. Ya no tenemos que descansar en el Sábado del Antiguo testamento (lo cual nos pone bajo la ley), sino que en el Sábado del Nuevo Testamento, ilustrando nuestro Sábado (descanso) del trabajo es en la resurrección de Cristo, No bajo ley, más bajo la Gracia! Leemos en:

  • Mateo 28:1 “En el fin de los Sábados, cuando amanecía el primero de los Sábados, vino Maria Magdalena y la otra Maria a ver el Sepulcro”.

Era el fin de los Sábados del Antiguo Testamento, y el amanecer de los Sábados del Nuevo Testamento. En su Biblia debe leer el “primer día de la semana” (una desafortunada traducción) pero la palabra allí es Sábados [sabbaton] de la raíz de la palabra Hebrea [Sabbath].

En ese verso, las dos palabras, una traducida “semana” y la otra traducida “Sábado” son palabras idénticas, el plural [sabbaton], Sábados! Entendemos porque los traductores cometieron este error, por lo que no “parece ” correcto decir “en el último de los Sábados (Plural), cuando amanecía el primero de los Sábados (plural)”.

Pero cuando entendemos que estaba hablando del final de de la era de Sábados del Antiguo Testamento y el comienzo (amanecer) de la era de los Sábados del Nuevo Testamento, entonces tiene sentido perfecto.

Podemos rápidamente entender (aunque no aceptar) porque ellos decidieron traducir un [sabbaton] como semana y el otro idéntico [sabbaton] como Sábado (singular), pero en el griego estas son ambos idénticas palabras plurales “Sábados”. Esto es confirmado por eruditos del idioma griego, y no hay nada en el Griego lo cual promueva que se traduzcan estas dos palabras idénticas para Sábados, de manera diferente aquí.

Desafortunadamente, como todos sabemos, los traductores también cometen errores a veces. Todos tenemos pies de barro, todos somos humanos. Pero maravillosamente, Dios ha preservado el [texto] Griego del cual las traducciones fueron hechas, para que podamos checar cada traducción y cada nueva versión de la Biblia y “probemos” su veracidad. Podemos verificar cualquier traducción con el Griego y el Hebreo de donde es tomado, para asegurarnos que la traducción hecha es correcta.

Notemos el lenguaje utilizado en Mateo, y cuidadosamente consideremos lo que actualmente dice. Esto aquí no es lenguaje incidental. Como el viejo refrán dice, “Dios sabe lo que hace, aun cuando nosotros no sabemos!” Dice, “al finalizar, o al cerrar de los Sábados, cuando comenzaba a amanecer el PRIMERO de los Sábados”… Piensa acerca de esto. Porque tendría Dios que decir el último de los sábados, cuando comenzaba amanecer el PRIMERO de los Sábados? Ha utilizado Dios este tipo de lenguage alguna vez anterior? La respuesta es No! Ha dicho Dios alguna vez el finalizar de una semanas cuando comenzaba a amanecer el principio de otras semanas> … Otra vez, no, nunca! Porque nuca antes había sido Cristo crucificado, completado su trabajo en la cruz, y resucitado el amanecer de un nuevo DIA, donde tenemos nosotros nuestro descanso de nuestro trabajo! Es el Sábado del Nuevo Testamento que es nuestro descanso.

Por eso es que Dios dice al finalizar de los Sábados, cuando comenzaba a amanecer el Principio de los Sábados. Es porque una era de Sabbaths (Séptimo día) representando el Antiguo Testamento estaba terminando, y otro (Octavo día, domingo) es el “PRIMERO” del amanecer de otra era de Sabbaths representando el Nuevo Testamento.

El final de lo Antiguo, y el principio de lo Nuevo.

Cuando Cristo se levantó el octavo día (Domingo), una nueva era de Sabbaths había comenzado en EL! No un Nuevo Sabbath, sino el cumplimiento del simbolismo de lo viejo! La Palabra de Dios no esta hecha de lenguaje incidental o coincidental, es toda inspirada, es aliento de Dios, y Deliberado!

Podemos ver la misma exacta enseñanza acerca del Sabbatyh en la descripción de Maria Magdalena yendo al sepulcro el Domingo por la mañana.

Marcos

  • “Y cuando el Sábado había pasado, Maria Magdalena, y Maria la madre de Jacobo, y Salome, habían traído especias, para ungirle. Y bien temprano en la mañana el Primero de los Sábados ellos vinieron al sepulcro cuando el sol se levantaba”.

Una vez más vemos el lenguaje de un Sabbath siendo pasado (Sábado), y ellas vinieron a la tumba temprano en la mañana en el PRIMERO de los Sabbaths (Domingo). Un lenguaje muy claro de Dios diciéndonos que un Nuevo Día Sábado había comenzado. Otra vez, en su traducción una de las palabras puede leer “semana”, pero ambas palabras son idénticas, Sabbaths [sabbaton]. Dios nos esta alertando que el Sábado del Antiguo Testamento ha pasado, y que con la resurrección de Cristo, es el comienzo del PIRIMERO de los Sabbaths. Lo que algunos Teólogos no entienden, es que Dios sabe lo que El esta haciendo, y ha inspirado que se diga exactamente lo que El queria! El no esta en el negocio de la coincidencia, su palabra es inspirada y cada palabra deliberada, intencional, con propósito, y significado! Cada jota y cada tilde.

Marcos 16:9

“Pero cuando Jesús se levanto temprano en el Primero de los Sabbaths, apareció a Maria Magdalena, de quién había sacado siete demonios.”

Con la resurrección de Cristo tuvo final el trabajo y comenzó el PRIMERO de los sábados del Nuevo Testamento (día de reposo). Y como todas las leyes ceremoniales, con su cumplimiento en Cristo, pasaron. La Pascua terminó, y la Cena del Señor fue el comienzo de lo Nuevo. Tal como la señal de la circuncisión terminaba, y el bautismo era el principio de una nueva señal de Salvación. El tiempo del Sumo Sacerdote terminó, y ahora Cristo, es nuestro mas Perfecto Sumo Sacerdote quién hace intercesión. Dios nos da estos cuadros espirituales para mostrarnos que estas ceremonias y tipos del Antiguo Testamento eran [skia] o sombras de lo que había de venir. I.e., ellos eran tipos que apuntaban hacia Cristo!

De hecho, podemos ver esto claramente cuando Dios deliberadamente Enlaza el Sabbath del séptimo día junto con las leyes ceremoniales que terminaron con la venida de Cristo.

· …El que tiene oídos para oír, oiga!

http://www.vidaeterna.org/esp/ensayos/NTSabbath.htm

Finney, un enemigo o amigo del evangelio?

Posted: 10 Mar 2010 04:13 AM PST

En mi post de la semana pasada, termine con la promesa de hablar sobre Carlos Finney. La razón por querer hablar de el viene a raíz de que es parte del pietismo, y también es criticado en The White Horse Inn y en Issues Etc de una manera desmesurada y verisímil. Pero me impacto que en la revista Apuntes Pastorales, Vol. XXIV-3, pgs. 52-53, se publico su reseña biográfica. Si una revista como esa publica la biografía de un personaje como el, debe de ser de importancia.

Primero, veamos quien es Carlos Finney. Nacido en 1792 y murió en 1875, Finney se le considera el “padre del avivamiento moderno”. Comenzó predicando dentro de círculos Presbiterianos, donde fue donde se formo como cristiano originalmente. Es de notar que su carrera como misionero comenzó en las fronteras del estado de New York, lugar que se consideraría un campo blanco, tanto para el evangelio como también para habitantes. Desde el principio de su ministerio, tanto su estilo de predicación, como también su teología lo diferenciaba de los demás predicadores. Toda la área donde Finney se encontraba predicando se llego a llamar “el área abrasada”, dado a la experiencia espiritual experimentada por los residentes, pero también por el numero de nuevas sectas que pasaban por el alrededor de la ciudad. La zona estaba muy sensible entonces, a oír a cualquiera que trajera un mensaje diferente. Pero fue en este periodo, donde comenzó a atraer la atención de aquellos que fueron sus seguidores, como también la de sus detractores.

En mi estudio del tema, me doy cuenta que no solo los Presbiterianos, antiguos y modernos, se oponen a Finney, sino que también los Unitarios y Universalitas se oponían al mensaje de Finney. Los dos tenían diferentes razones de su oposición. Los Presbiterianos se oponen a Finney porque estos ven que el ha modificado mucho la fe Calvinista. Los Calvinistas Tradicionales creían que solo Dios podía llamar a salvación al hombre. El feligrés oía la predicación, luego se iba a su casa a meditar y esperar que Dios le diera la seguridad de su salvación. Ósea, el creyente no tenia que decidir ni optar ser cristiano. También se oponían que Finney diera mas cabida a expresar sentimientos humanos durante los servicios. Me pregunto, estos creyentes ¿como habrán visto al Salmista con sus expresiones de sentimientos? Entre las otras cosas que ofendían a estos píos calvinistas era que Finney dejaba a las mujeres orar durante el servicio, la adopción de cultos durante la semana, en ves de tener solo los cultos del domingo, su uso de lenguaje normal en ves del lenguaje reverencial, y la admisión de los nuevos creyentes a la membresía de la iglesia. En la ciudad de New Lebanon, New York, hubo una reunión para juzgar si estos nuevos métodos eran aceptables. Aunque hubo mucha oposición a Finney, no obstante, salio absuelto de todo cargo del que se le culpaba.

Los Unitarios y Universalistas, tomaban ofensa de que Finney mencionaba que los que no aceptaran a Cristo, irían al infierno.

Fue en los años 1830-31, en la ciudad de Rochester, New York, en los cuales Finney llego al apogeo de su ministerio. Su estilo de predicación, que fue influido por sus antecedentes como abogado, atraían a mucha gente. El presentaba el caso del cristianismo a los oyentes, y estos tenían que tomar una decisión al respecto. Esto era, y sigue siendo, criticado no solo por los del White Horse Inn y Issues Etc. pero por muchos otros que en su afán de hacer la salvación un acto total de Dios, pareciera que el versículo “el gozo de mi salvación” no existe para ellos. Fue un libro que escribió Finney, Lectures on Revivals of Religion, que lo termino por separar de su denominación, y Charles Hodge llego a condenar la posición de Finney en el libro.

Al terminar su carrera evangelistica, Finney tomo causas sociales, como la abolición de la esclavitud. Su legacia incluye a los evangelistas como Billy Graham, Dwight Moody, y otros. Entre otra cosas que Finney nos dejo, fue el llamado al altar, la testificación personal, y las reuniones de entre semana.

He tratado de apuntar los problemas que en su tiempo, fueron hallados en Finney tanto por Presbiterianos y otros, y que aun los reformados le siguen atribuyendo. Michael Horton ha escrito un articulo al respecto, mientras que otros han respondido a Horton, culpándolo de crear un espanta pájaros para así derribarlo fácilmente. Horton, como muchos otros neo-reformados/calvinistas, confunden la santificación con la justificación, y por lo tanto, ven en Finney, y en todo aquel que cree que debe uno de buscar la santidad, como en un semi, o total pelagista. Esto es un síntoma de los neo-reformados/calvin, que ven que todo aquel que no se apega a su interpretación del calvinismo, no tiene el cristianismo completo, o no es cristiano. Esto no lo solo lo digo yo, sino que Albert Mohler, presidente del Seminario Bautista del Sur, dijo en Time Magazine que “el momento que una persona define a Dios bíblicamente, esa persona esta llegando a la conclusión que tradicionalmente se le conoce como calvinista”. De ser así, todos los que vivieron antes de Calvino, no entendían a Dios!!!

Fue en contra de estas actitud, a la cual Finney, correctamente se opuso. No quisiera dejar la impresión que Finney fue perfecto. Lejos de ellos, creo controversia con su extremada posición sobre la santificación, pero no obstante, por medio de su ministerio se salvaron al menos medio millón de personas. Cuando uno de estos hermanos que tanto lo critican hoy, se entreguen a la obra y salven un numero similar de personas, tendrán algo mas de credibilidad, pero solo criticar por no compartir una línea teológica, sin tener pruebas de amar a las almas que se pierden, me recuerda mucho a lo dicho por Santiago, y con ello, termino estos dos aportes sobre el pietismo.

  • Santiago 2:18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

Dios les bendiga.

Articulos relacionados

Fuente bibliografica

Luis Alberto Jovel,

http://www.luisjovel.net/Luis_A._Jovel/Blog/Entries/2010/3/10_Finney,_un_enemigo_o_amigo_del_evangelio.html

ANTIOQUÍA

Marzo 11, 2010 |  Tagged | Leave a Comment

ANTIOQUÍA

Nombre de ciudades de Siria y Pisidia.
1. Ciudad cosmopolita de Siria, situada sobre el río Orontes a 26 km del Mediterráneo y unos 480 km al norte de Jerusalén. La fundó Seleuco Nicator en 301 a.C. (en honor a su padre Antíoco) en una situación geográfica ideal. Por hallarse entre montañas y casi rodeada de agua, gozaba de un clima muy favorable en contraste con la mayor parte de Siria. Llegó a ser una ciudad próspera y populosa (500.000 habitantes). Su vitalidad comercial se debía en parte al río y en parte a su posición en la encrucijada de importantes rutas de caravanas. Fue sometida a Roma en 64 a.C. y llegó a ser la tercera ciudad de todo el imperio; Roma era la primera y Alejandría la segunda. Casas lujosas adornaban su calle principal (6 km) y los emperadores acostumbraban contribuir a su belleza general. Antioquía se conocía, además, por su devoción sensual a Dafne y su culto orgiástico. (A veces, para distinguir entre Antioquía y las muchas otras ciudades del mismo nombre, se especificaba «Antioquía cerca de Dafne».)
Pero si Antioquía tuvo fama de ciudad pagana, ocupa también un lugar prominente en la historia del cristianismo. Habitada por numerosos judíos inmigrados (a menudo ricos y celosos en su proselitismo, cf. Hch 6.5), Antioquía recibió el impacto del mensaje evangélico poco después de la persecución de Esteban (Hch 11.19s) y fue allí donde por primera vez se predicó el evangelio a los gentiles y a los creyentes se les llamó ® Cristianos (Hch 11.20–26). Aunque algunos opinan que «cristianos» era un apodo que los satíricos antioqueños inventaron, es más aceptable la teoría de que los propios miembros de la joven y entusiasta iglesia, en su afán de identificarse con Cristo, se hayan autodenominado así.
Antioquía también fue la base de las operaciones misioneras de Pablo (Hch 13.1–3; 14.26ss; 15.35s; 18.22s). La iglesia de Antioquía, formada de judíos y gentiles, fue generosa con los hermanos en Judea (Hch 11.27ss; ® Agabo) pero a la vez fue objeto de controversia a los ojos de estos (cf. Gl 2.11ss; ® Concilio de Jerusalén). En tiempos postapostólicos, Crisóstomo y una escuela de interpretación bíblica dieron más fama a la ciudad, la cual se denominó «la reina del Oriente». Excavaciones arqueológicas dan testimonio de la existencia en ella de más de veinte iglesias en distintas épocas.
2. Ciudad de Pisidia (en el corazón de Asia Menor, a unos 240 km al este de Filadelfia), también fundada por Seleuco Nicator. Dominaba las rutas comerciales entre Éfeso y el Oriente. Como sede del procónsul romano, gozaba de muchos privilegios y era una ciudad de mucha importancia en la época de las visitas de Pablo y Bernabé (Hch 13.14; 14.19, 21). El éxito inicial de la predicación de Pablo en la sinagoga (Hch 13.15–41) suscitó mucha oposición (13.50s), de manera que la iglesia se componía sobre todo de gentiles (14.21).
Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

IGLESIA

Marzo 11, 2010 |  Tagged | Leave a Comment

IGLESIA

Etimología
Jesús se refirió solo en dos ocasiones a la iglesia (Mt 16.18; 18.17). En contraste, la expresión ® Reino de Dios aparece un centenar de veces en los Sinópticos. La palabra iglesia se deriva del sustantivo griego ekkleséa (de ek-kaleo que significa llamar fuera), una asamblea pública, generalmente de orden político (de polis que significa ciudad), convocada por un heraldo oficial. Así se traduce en la LXX la palabra hebrea qajal que designa la congregación de Israel, una nueva comunidad teocrática convocada desde el cautiverio para adorar y servir a Jehová y demostrar su señorío en medio de los pueblos (Nm 10.7; Dt 31.30; 1 R 8.14; 1 Cr 13.2, 4; Sal 22.22; cf. Hch 7.38).

Esencia Y Forma
La identidad de la iglesia en el Nuevo Testamento es paradójica. La iglesia es al mismo tiempo un movimiento histórico (realidad particular) y un testimonio a la humanidad (realidad universal). A la vez santa y pecadora, se mantiene en tensión dinámica entre su realidad histórica y la anticipación escatológica, entre experiencia y fe, esperanza y experiencia, forma y esencia, presencia y señal del Reino. Sin embargo, estas tensiones no se pueden divorciar del ámbito más amplio de la misión de Dios en el mundo, ni de los diversos contextos históricos culturales en que la iglesia se desenvuelve en el Nuevo Testamento y a lo largo de su historia. En el Nuevo Testamento, en singular, iglesia se refiere a alguna congregación local y específica (Hch 11.22; 13.1), pero a veces también a varias congregaciones (Gl 1.13; Hch 9.31), aunque hay poca distinción entre el singular y el plural (cf. 1 Co 10.32; 11.16; Gl 1.13, 22), como tampoco se debe separar las varias dimensiones de la iglesia. En situaciones de hostilidad, las iglesias van perdiendo su identidad como asambleas del pueblo en su sentido más amplio. El término iglesia puede referirse a la comunidad o comunidades que se reúnen en un hogar (Ro 16.5; Flm 2), una ciudad (Hch 8.1; 1 Co 1.2) o en una provincia (1 Co 16.19; 1 Ts 2.14). A menudo en las Epístolas de Pablo iglesia designa el cuerpo de Cristo, la totalidad del discipulado, la comunidad universal de los creyentes, a lo largo de la historia. Este es el tema de Efesios, donde Pablo señala el eterno propósito redentor de Dios realizado en la iglesia en la que participan tanto gentiles como judíos. En muchos pasajes hay una nota de finalidad; la iglesia comprende el pueblo escatológico de Dios convocado para participar en la nueva edad que en Cristo inauguró.
Como instrumento de la gloria divina, la iglesia hereda todas las promesas, participa en la guerra contra Satanás y es arras de la vida eterna (Col 1.21–27; Heb 12.22–24; Ap 1.20). A la naturaleza de esta comunidad la condicionan los atributos de Jesucristo que la convoca.

Foto: Servicio fotográfico Levant

En la historia primitiva de la iglesia, los creyentes usaban estas catacumbas subterráneas como lugares de reunión así como de sepulcros.

Vocación
Diversidad en unidad (Ef 4.1–6)
Esta se deriva de su vida común en Cristo, donde media el mismo Espíritu Santo. Se expresa en la coordinación de los diversos ® Dones y servicios de la iglesia cuyo fin es «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio» y la edificación del ® Cuerpo de Cristo (Ef 4.12). Porque está basada en Cristo mismo y en la voluntad soberana de Dios, esta relación es un hecho que ningún miembro del cuerpo por sí solo puede establecer o bien disolver (cf. 1 Co 12.15, 16, 21).

Santidad (Ef 4.17ss; 5.25–27)
Pablo con frecuencia llama ® Santos a los cristianos (Ef 1.1; Flp 1.1, etc.), porque han sido redimidos por Cristo y caminan hacia la plenitud e imagen de Cristo (Ef 4.13).

Autoridad (Mt 16.18, 19)
Al estar sujeta a Cristo y al Espíritu Santo, la iglesia recibe la autoridad para proclamar el evangelio (Mt 28.18–20; Hch 2.14), celebrar los sacramentos u ordenanzas (Hch 2.41s; 1 Co 11.17–34), exponer la verdad (Hch 15.28), denunciar el pecado (Hch 5.1–11), confrontar los poderes malignos, ® Dolencias, ® Demonios, ® Principados, ® Potestades, opresión (Hch 3.1–11; 16.16–18; Gl 4.8–11; Col 2.15–23), levantar a los caídos (Col 3.12; 1 P 3.8) y disciplinar a los errados (Mt 18.15–18; 1 Co 6.16).

Fe
En respuesta a la confesión de fe del apóstol Pedro, Cristo prometió establecer su Iglesia (Mt 16.18), la cual es, ante todo, la congregación de los creyentes o fieles. «Los que creyeron» o «los creyentes» son expresiones sinónimas que se refieren a la comunidad (Hch 2.44; 4.32; 5.14; 1 Ti 4.12). Esta fe se expresa en el bautismo (Hch 2.41; 8.12, 36; Ro 6.4; 1 Co 12.13).

Compañerismo
Si cada creyente está unido vitalmente con Cristo, se sigue que los creyentes se relacionan en forma vital unos con otros (Ro 12.5; 1 Co 12.12). La koinonéa y comunidad de bienes de Hechos (2.44; 4.32) se fue reduciendo al compañerismo del ministerio (2 Co 8.4). La máxima expresión de la koinonéa (compañerismo) era la ® Cena del Señor.
Por lo visto no le plugo ni a Cristo, su fundador, ni al Espíritu Santo, su paracleto, proporcionar a la iglesia alguna forma explícita o rígida de gobierno u organización universal que fuera aplicable a todo caso. En Hechos se distingue entre el ministerio de la palabra y el ministerio de las mesas (2.44; 4.32). Pablo reconoció y explicó esta distinción como la posesión de diversos ® Dones y la ejecución de varios ministerios (profecía, evangelización, enseñanza, servicio, administración, etc.) que aparecen en respuesta a desafíos históricos particulares (Hch 6.2, 4; Ro 12.6–8; 1 Co 12.28; Ef 4.11–13). Sin embargo, ni Pablo ni los demás apóstoles dejaron una pauta clara o rígida para la estructura gubernamental de la iglesia. Se prefirió más bien destacar su carácter dinámico y sobrenatural.
A lo largo de la historia la iglesia ha asumido una gran variedad de formas y prácticas en respuesta a los desafíos de la ® Misión dentro de diversas culturas y contextos sociales. Cuando la iglesia se acomoda a su forma de ser y se cierra dentro de un determinado patrón social o molde cultural, surgen movimientos de renovación eclesial que cuestionan el statu quo y convocan al pueblo de Dios a sumarse otra vez a la misión del Reino.

Misión
La iglesia está en el mundo, por decirlo así, para hacer las veces de Cristo, extendiendo su ® Encarnación y su ministerio en este mundo hasta que Él venga a arrebatarla en su Segunda Venida. La simple presencia de la iglesia, en la cual mora el Espíritu Santo (2 Co 6.16), refrena el mal en el mundo, a la vez que da testimonio de la justicia y el amor de Dios. Su misión es predicar el evangelio de Cristo en toda su plenitud y con todas sus implicaciones personales y sociales (Mt 28.18–20; Hch 1.8), reflejando así la vida de Cristo y el Reino de Dios.

Realidad histórica
Más que una doctrina precisa, el concepto de iglesia es una galería de casi cien figuras retóricas, cada cual con su aporte a la totalidad (por ejemplo, ® Pueblo de Dios, Reino de Dios, cuerpo de Cristo, nueva humanidad, siervos, sacerdotes, familia, hijos de Dios, hermanos, esposa, casa, templo, Jerusalén, éxodo, viña, primicias, rebaño, Adán, etc.). En diferentes contextos históricos, la iglesia ha enfatizado una o más de estas figuras respondiendo creativamente a los desafíos y a las amenazas del peligro de reducir su esencia a formas muy limitadas.

Bibliografía:
Hans Küng, La iglesia. Jürgen Moltmann, La iglesia en el poder del Espíritu. Juan Luis Segundo, La comunidad llamada iglesia.
Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

Cristianismo/cristiano

1. Cristianismo

El cristianismo es una religión monoteísta de orígenes semíticos que se basa en el reconocimiento de Jesús de Nazaret como su fundador y figura central. Sus seguidores creen que Jesús es el hijo de Dios, así como el Mesías (o Cristo) profetizado en el Antiguo Testamento, muriendo en redención de los pecados del género humano, y resucitando después de su muerte.

Dentro de sus textos y escritos sagrados, comparte con el judaísmo el Tanaj, el cual constituye, junto con la Biblia Septuaginta (más antigua que el Tanaj), la base y la fuente para el Antiguo Testamento de las diferentes Biblias cristianas. Por este motivo es considerada una religión abrahámica junto al Judaísmo y al Islam.

Sus inicios datan de la primera mitad del Siglo I de la Era Cristiana. (Ya desde el Siglo XX, los estudiosos no toman más en serio la datación que indica el año 33 d.C. El hecho es que se sabe de un desfase de 4 á 8 años entre el inicio del cómputo de la Era Cristiana y la fecha precisa del nacimiento de Jesús de Nazaret, llamado Cristo.[1] Y en adición a esto, no hay clara certeza ni consenso entre los estudiosos de que éste haya muerto a la edad de 33 años, tal como algunos textos bíblicos parecen sugerir. Confróntese al respecto Juan 2:20, y 8:57.)[2] En sus primeras décadas, era considerado como una doctrina sectaria más entre las tradiciones judías e israelitas, al igual que otros cuerpos de ideas y creencias de esa parte del mundo en esa época.[3] Desde que el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio romano en el siglo IV, ha influido de manera significativa en la cultura occidental y en muchas otras culturas a través del mundo. En la actualidad posee más de 2.100 millones de fieles,[4] o cerca de un tercio de la población mundial, siendo la religión con más seguidores del mundo.

La palabra “cristianismo” proviene del griego χριστιανός, christianós, cristiano, la cual a su vez proviene del nombre propio Χριστός, Christós, Cristo, traducción del hebreo “Mesías” que significa “Ungido”. El origen del término se indica en el libro de Hechos de los Apóstoles:

«Después de esto, Bernabé fue a Tarso a buscar a Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Allí estuvieron con la iglesia un año entero, enseñando a mucha gente. Fue en Antioquía donde por primera vez se les dio a los discípulos el nombre de cristianos» Hechos 11:25-26.[5]

2. Cristiano

Término híbrido que combina el título griego jristos con la terminación latina ianus, y significa «partidario» o «seguidor de Cristo» (cf. «herodiano», partidario de Herodes).

Aparece tres veces en el Nuevo Testamento (Hch 11.26; 26.28; 1 P 4.16). Fue un distintivo inventado por personas extrañas al evangelio, y no por los discípulos mismos. Los adherentes a la fe de Cristo preferían llamarse «hermanos», «discípulos», «santos», «creyentes» o «elegidos», mientras que, para los judíos, eran «galileos» o ® «Nazarenos». Los judíos no admitirían que los nazarenos fuesen cristianos, o sea, «las personas de ® Cristo (Mesías)», ya que para ellos Jesús no era el Mesías.

Una fidedigna tradición que afirma que Lucas era natural de Antioquía, apoya la idea de que allí fue donde se inventó el apodo de «cristiano» (Hch 11.26). Además, el contexto revela que el empleo del nuevo nombre corresponde a la fecha de la formación de la primera iglesia local, predominantemente gentil. Ya no se trataba de una secta más o menos adherida a una sinagoga, sino de una compañía de ciudadanos locales que hablaban insistentemente de Cristo. Lo más probable es que los antioqueños, célebres por sus bromas e ironías, inventasen el apodo para señalar despectivamente a los miembros de la iglesia: «¡secuaces del partido de Cristo!» Más tarde cuando Pedro anima a los creyentes frente a la inminente persecución neroniana, parece que los cristianos ya eran una secta proscrita: «Si alguno padece como cristiano, no se avergüence» (1 P 4.16). Tácito, historiador romano, confirma que Nerón inventó cargos contra la secta «que la gente común llamaba cristiana»

Notas

[1] ASIMOV, Isaac; Asimov’s Guide to the Bible; Páginas 922-934; Random House Value Publishing, Inc.; EUA, 1981; ISBN 0-517-34582-X.
[2] ASIMOV, Isaac; Asimov’s Guide to the Bible; Páginas 982-984; Random House Value Publishing, Inc.; EUA, 1981; ISBN 0-517-34582-X.
[3] Thomas F. Madden. From Jesus To Christianity: A history of the Early Church. The Modern Scholar. 2005. Universidad de Saint Louis. Pág 9. ISBN 1-4193-4772-1
[4] Adherents.com, Religiones por adherentes
[5] Biblia Dios Habla Hoy. 1996. Tercera Edición. Sociedades Bíblicas Unidas
Fuentes bibliograficas

DÍA DEL SEÑOR

Marzo 10, 2010 |  Tagged | Leave a Comment

DÍA DEL SEÑOR

Frase que en su forma griega (KyriakeŒ gemera) aparece únicamente en Ap 1.10, donde no se refiere a un período apocalíptico, sino a un día de veinticuatro horas. «Día del Señor» con sentido escatológico es traducción en el Nuevo Testamento de la frase gemera kyréou (1 Ts 5.2; 2 Ts 2.2; 2 P 3.10). La expresión inicial, en que la primera palabra no es sustantivo sino adjetivo, se podría traducir literalmente «día señorial» o «día dominical» (entendiendo que «dominical» viene del latín dominus que significa «Señor»).

La Vulgata traduce la frase correctamente dominica die. La VM la traduce «día de domingo», que conserva el sentido ya que «domingo» se deriva de dominus. La traducción de RV no es incorrecta, pero no distingue entre el día de Ap 1.10 y el día escatológico.

Para aclarar a qué día se refiere Juan es necesario ver los escritos de los padres apostólicos.

En Hch 20.7, donde leemos que los discípulos se reunieron «el primer día de la semana … para partir el pan».

Así, pues, antes del fin de la época apostólica, se daba importancia al primer día de la semana (cf. también 1 Co 16.2), día cuando, según el testimonio unánime de los cuatro Evangelios, resucitó nuestro Señor e hizo sus primeras apariciones a los creyentes.

Referencias patristicas:

  • La DidajeŒ (ca. 100 d.C.) 14.1 exhorta: «Reunidos todo día del Señor [kyriakeŒn] romped pan».
  • En la Epístola de Ignacio a los magnesios 9.1 (ca. 110 d.C.), se dice: «no guardando ya el sábado sino viviendo según el domingo [kyriakeŒn], día en que amaneció nuestra vida» (Ruiz Bueno, Padres apostólicos, pp. 91,464).
  • Los escritos de los líderes de la iglesia durante los primeros siglos de su existencia apoyan que ella observaba el primer día de la semana: Bernabé (100),
  • Justino Mártir (145-150)
  • Ireneo (155-202).
  • El edicto de Laodicea (Siglo 4) no cambió el día dedicado a la adoración del séptimo al primero, como a veces se alega. Ese edicto aprobó oficialmente lo que ya era la práctica establecida de la iglesia primitiva.

Extr. de:

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

imagen

http://www.aldia.cr/ad_ee/2008/marzo/30/_Img/1947664_0.jpg

SÁBADO

Marzo 10, 2010 | | Leave a Comment

SÁBADO

Fiesta religiosa israelita del séptimo día al parecer íntimamente relacionada con el origen de la semana como período concreto de tiempo. En Gn 8.22; Job 5.12, etc., el verbo cognado, shabat, tiene el sentido de «cesar» o «parar» cualquier actividad, sin ninguna conexión religiosa, en tanto que en Éx 16.23ss; 23.12; y 31.17 significa descansar del trabajo en consagración a Jehová. Parece posible afirmar que la celebración del sábado se remonta entre los israelitas a los tiempos premosaicos; el mandamiento del decálogo de santificar el sábado (Éx 20.8–11) presupone que los israelitas del tiempo de Moisés ya lo conocían.

El Sábado En El Antiguo Testamento

Todos los documentos legales incorporados a la ley prescriben la observancia del sábado, por medio del cese de trabajo realizado en los seis días de la semana. Así lo dicen el libro del pacto (Éx 23.12), el decálogo (Éx 20.8–11), donde se halla el concepto de que el sábado es en memoria de la creación; cf. Dt. 5.12–16), las prescripciones en cuanto al culto (Éx 34.12ss), la ley de santidad (Lv 23.3; 26.2) y el código sacerdotal (Éx 31.12–17; 35.1ss; Nm 28.9s).

La más antigua de estas leyes, Éx 31.12ss, basa la prohibición de trabajar en razones humanitarias: el reposo de todo trabajo cada siete días es bueno tanto para el hombre como para el animal. Encontramos lo mismo en Dt 5.12–14. Y el versículo 15 agrega que los esclavos de los israelitas debían descansar el sábado porque, como los israelitas mismos habían sido esclavos en Egipto y Dios los había liberado, en gratitud debían ser considerados con los esclavos.

En cuanto a la clase de trabajo que no era permitido hacer en sábado, la ley era bastante general (Éx 20.8–10; Dt 5.14; etc.). Era más explícita al referirse a las grandes fiestas como la Pascua (Lv 23.7s; Nm 28.18), el ® Pentecostés (Lv 23.21; Nm 28.26), el año nuevo (Lv 23.25; Nm 29.1), el Día de Expiación (Nm 29.7) y las fiestas de convocación (Lv 23.35; Nm 29.12).

Durante el cautiverio, cuando a los judíos no les era permitida la práctica pública de su fe, la observancia del sábado y la ® Circuncisión fueron la «señal» que los distinguió de los gentiles (Éx 31.13–17; Ez 20.12, 20). Sea cual fuera la razón, el carácter del sábado se transforma, según se ve en los escritos del cautiverio y del poscautiverio. La obligación del descanso se convierte, de un acompañamiento necesario para los actos del culto, en un fin en sí mismo. Se convierte en una forma de autonegación agradable a la Deidad, como acto de obediencia implícita a su mandato positivo. Toda legislación posterior nace de esta idea. En Ezequiel y la ley de santidad, el sábado es señal arbitraria del pacto entre Dios e Israel, y de la fidelidad individual a dicho pacto. El código sacerdotal exalta el sábado, y basa su sanción en el ejemplo del Creador (Gn 2.2ss; Éx 31.17); trata de forzar su observancia con la imposición de la pena de muerte (Éx 31.14; Nm 15.32–36).

Otra modificación después del cautiverio en la observancia del sábado se advierte en la pérdida del carácter alegre y festivo del sábado que existía anterior al cautiverio (Is 1.13; Os 2.11). En aquel entonces no se compraba ni vendía (Am 8.5), el trabajo del campo se suspendía incluso en tiempo de cosecha (Éx 34.21), se visitaba el santuario (cf. Is 1.12s) y se consultaba a los videntes (1 S 9.9), mientras que en las profecías después del cautiverio se alude a la observancia del sábado como supremo deber religioso y como condición para la realización de las esperanzas mesiánicas (Is 56.2ss; 58.13s; 66.23; Jer 17.19ss).

Como un correctivo al excesivo legalismo que está implícito en las prácticas sabáticas, Isaías condena el ayuno ritual y lo reubica en el contexto de la justicia hacia los oprimidos, de compartir lo que se come con los hambrientos (Is 58.3-13s).

El Sábado En El Judaísmo Rabínico

La experiencia de la diáspora incidió profundamente en el pensamiento judío sobre el sábado. Los escritos rabínicos fomentaron una interpretación sumamente estricta del descanso del sábado, y esto condujo a una complicada casuística que convirtió en carga insoportable el «deleite» de la observancia del sábado.

Encontramos abundantes evidencias de este hecho en los Evangelios y en los profetas después del cautiverio (cf. Is 58.13). Los rabinos reconocían que el sábado debía servir de ayuda al hombre en la consecución de la finaliad de la vida. Jesús enunció este principio claramente: el sábado se había establecido para el hombre y no viceversa (Mc 2.27). Pero Jesús fue más lejos al insistir en que el sábado nunca puede ser un fin en sí mismo, otorgando así a los hombres mayor libertad para hacer el bien a los demás y para ocuparse de sus necesidades personales (Mc 2.23ss; 3.4; Lc 13.15; etc.). Jesús declara que como la ley del reposo es para el bien del hombre, como Hijo del Hombre tiene autoridad para cambiar la Ley o abrogarla (Mc 2.28). La iglesia primitiva se sirvió de esta afirmación de Jesús cuando decidió abandonar la observancia del sábado para adorar al Señor resucitado en domingo.

Aunque ningún pasaje del Nuevo Testamento lo diga, se puede deducir de Mt 24.20 que la primera comunidad cristiana de Jerusalén siguió observando el sábado al igual que las demás costumbres religiosas judías (Hch 2.1, 46; 3.1; 10.9). Pero no parece que Pablo obligara a las comunidades cristianas fuera de Palestina a observar el sábado. En Hch 15.29 se ve que en el decreto del concilio de Jerusalén no se impuso el sábado a las iglesias gentiles. Pablo escribe a los colosenses que nadie debía juzgarlos «en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo» (Col 2.16).

La iglesia cristiana primitiva, sin dejar de observar el sistema tradicional de la semana de siete días, hizo del domingo el primer día de la misma, día especial en que los cristianos celebran sus servicios religiosos. Se basaban en la resurrección. El Señor resucitó de entre los muertos el primer día de la semana, y los cristianos comenzaron a reunirse ese día para rendir culto al Cristo resucitado. Para ellos el domingo llegó a llamarse el Día del Señor.

Encontramos algunos versículos con la expresión: “primer día de la semana”, todos diríamos y aseguraríamos que se refiere al domingo, sin embargo cuando vamos al original griego encontramos algo muy diferente, veamos:

  • “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.” Hechos 20:7

La expresión “primer día de la semana” aparece en el griego de la siguiente forma:

MIA TON SABBATON

Vamos por partes . . .

MIA no significa “primer”, significa “uno”. Primer o primero en griego es PROTOS.

La palabra SABBATON, como todos podemos imaginar, es la palabra para Shabat (palabra hebrea) y todos sabemos que Shabat nos habla del Día de Reposo, es decir, del Sábado. Esta palabra aparece en el Brit Jadashah (N.T.) 68 veces: 59 veces se ha traducido correctamente, es decir, por Shabat o Día de Reposo y solamente 9 veces se ha traducido por “semana”.

Teniendo en cuenta lo que acabamos de ver el versículo que citamos anteriormente nos quedaría así:

  • “Uno de los sábados, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.” Hch.20:7

Veamos algunas traducciones que han traducido este versículo correctamente:

  • “Y en el uno de los sábados, congregados nosotros a partir pan . . .”

Septuaginta

  • “Y el sábado por la tarde, nos congregamos para partir el pan . . .”

La Biblia de la Buenas Noticias

Veamos otro versículo donde aparece la expresión “primer día de la semana”:

  • “Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.” I Cor. 16:2

En griego dicha expresión la tenemos de la siguiente forma:

KATA MIAN SABBATON

Una vez más vemos que la traducción no es la más correcta, pero algunas versiones si lo han traducido de forma correcta la palabra “sabbaton”:

  • “Cada primer sábado, cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere; para que cuando yo llegare, no se hagan entonces colectas.”Spanish Sagradas Escrituras

Entonces, ¿cómo se dice “primer día” en griego? . . . Veamos:

PROTE(S) HEMERA(S) = PRIMER DIA

Bibliografía:

IB II, 511–514. EBDM VI, col. 288–295. DBH, col. 1735–1740.

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

La teología latinoamericana frente a lo posmoderno
Wednesday, 24 de February de 2010
Nicolás Panotto, Argentina

El próximo mes de mayo se desarrollará en Buenos Aires una consulta sobre “Eclesiologías y espiritualidades en tiempos posmodernos”, organizada desde los núcleos del Cono Sur de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Esta responde al desafío cada vez más real (que ya es parte de nuestra vivencia hace mucho tiempo pero que en la iglesia se ha comenzado a tratar no hace mucho) de la llamadaposmodernidad. Ésta sigue siendo una mala palabra en algunos espacios. La acusan de todo tipo de delitos: de fomentar el neoliberalismo, de enfatizar sobre la superficialidad de lo cultural sin asumir la profundidad de la materialidad (económica) de lo social, de diluir todo fundamento normativo, de dar importancia a elementos superfluos de la existencia por sobre otros “esenciales” del análisis social, etc.

Hay quienes dicen que lo posmoderno no se aplica a América Latina, al menos como marco predominante. Esto se debe, como se suele decir, a que en este continente convergen lo premoderno, lo moderno y (mínimamente) lo posmoderno. Esto último se lo toma más bien como una moda del Norte y como fenómeno que promueve una ideología legitimante y funcional a la situación de desigualdad imperante. También, que beneficia a los intereses de países centrales y su lógica burguesa promotora de una ética particularista y fragmentada, limitante de todo abordaje comunitario de lo social y sus problemáticas.

A la hora de analizar el fenómeno posmoderno desde lo eclesial, saltan temas como teología de la prosperidad, mega iglesias, crecimiento de estructuras jerárquicas, promoción de una espiritualidad intimista, etc. Últimamente se escucha hablar del “movimiento emergente”, pero no fuertemente aún. Como se puede ver, no existe una mirada positiva en torno a este fenómeno. Lo posmoderno se relaciona con la destrucción de lo comunitario, el crecimiento del poder y la formación de un espacio óptimo para el capitalismo salvaje desde un marco religioso.

Aunque algunas de estas observaciones podría poseer cierto justificativo, ello no implica que lo llamado posmoderno sea negativo per se. Más aún, estos elementos enunciados no tienen estricta relación con ello sino, precisamente, con la profundización de proyectos modernos que mutan para sobrevivir en un espacio complejo y heterogéneo que pretenden pasar por encima sin asimilar. ¿Qué sucedió con las grandes utopías, los grandes proyectos, las grandes intensiones del “hombre moderno” que avanza junto al progreso inevitable de la historia (ya sea dentro de la evolución propuesta por el darwinismo social de Hebert Spencer o la inevitable revolución del proletariado como consecuencia del avance del capitalismo, como sugería Karl Marx)?

La posmodernidad no es la resaca de la modernidad (aunque dicha relación es inevitable en ciertos aspectos) sino un marco de experiencias, teorías, discursos y énfasis que pretende poner sobre la mesa una serie de elementos intrínsecos de la existencia humana y social, dejados de lado por perspectivas pasadas, como la Ilustración, que abogaban por un esencialismo de la historia y de los fenómenos socio-culturales (el hegelianismo en cualquiera de sus vertientes, sea liberal o marxista), y que pasaba por encima la novedad, la inquietud y la sorpresa de la acción de los sujetos y las construcciones cotidianas en el ámbito de lo social.

La posmodernidad, más allá de ser un fenómeno contemporáneo y parte de los transitares históricos vigentes, no solo desenmascara elementos “inéditos” o en respuesta negativa al pasado moderno. La intervención de las subjetividades, las construcciones locales del sentido, las complejidades que frenan la hegemonía de una ideología o proyecto político, como ella lo promueve, siempre existieron en nuestra historia humana. La diferencia reside en que se los tomaba como elementos fortuitos e irrelevantes, mientras ahora se los considera, desde una perspectiva hermenéutica y epistemológica, como espacios y marcos a partir de donde analizar los fenómenos sociales. Discursos, sujetos, símbolos, relatos, gestos, cuerpos, ideas, marcos de sentido, etc., no son solo consecuencia de (sistemas, ideologías, Estados, maquinarias burocráticas, sociedades establecidas, lógicas de clase, etc.) sino puntos de partida, espacialidades complejas y heterogéneas a partir de donde se crea y establecen marcos de sentido, experiencias y universos simbólicos que hacen a lo “real”.

En definitiva, lo que la posmodernidad expone es que la realidad en que vivimos es profundamente compleja y se encuentra lejos de responder sólo a leyes o normas fijas, estáticas y externas, cuyo fluir pasa por encima de cualquier subjetividad o movimiento impredecible. Esto también niega toda posibilidad de encerrar la construcción de lo social o político a unas pocas leyes preestablecidas, sea la mano invisible del mercado o la revolución proletaria. Esto no implica que no existan puntos de partida. Pero ellos no son marcos cerrados o discursos constituidos. Estos se encuentran aún más “atrás”: en los mismos sujetos y su condición relacional, y en la enormidad de posibilidades que existen de movimientos continuos de esta exposición discursiva y corporal que se gesta a cada momento, en una innumerable cantidad de espacios y contextos, muchos de ellos simultáneamente o en distintos puntos de la historia de cada sujeto y de quienes participan de sus redes sociales.

Sabemos que este diagnóstico toca a la teología y a lo religioso en cada una de sus fibras. La construcción de una imagen esencialista de Dios, la presentación de una “historia de la salvación” donde se rastrea el proceso de la acción divina para advertir el futuro, una epistemología teológica apoyada en mediaciones analíticas universalistas o la propuesta de una ética (individual y social) restringida a una serie de normas, son características del ejercicio teológico de los siglos XIX y XX. Lo moderno caló profundo en sus puntos de partida teológicos: la superioridad de la razón por sobre lo corporal, la búsqueda de marcos normativos absolutos para todo tipo de contextualidad, la promoción de una “moral cristiana” objetivante, entre otros aspectos.

El caso de las teologías latinoamericanas (especialmente de la liberación) ha sido paradójico. Estas han denunciado muchos de estos vicios de la teología moderna, tomando como punto de partida axiológico elementos como experiencias de sujetos históricos (el lugar de el/la pobre, del indígena, la mujer, etc.), la explicitación de la determinación socio-política que contiene cualquier discurso teológico (evidenciando, así, su contingencia), la búsqueda de nuevas formas históricas de expresar lo teológico (reivindicando así las particularidades socio-culturales de las comunidades), entre otros elementos. De todas formas, ¡lejos estamos de decir que dichas teologías responden a un marco posmoderno! Creo que uno de los puntos esenciales de esto se debe a un factor más bien epistemológico, y en especial en lo que corresponde a sus mediaciones socio-analíticas (por ejemplo, el uso preponderante de la filosofía y discurso marxistas, que más allá de su radicalidad no deja de ser hija de su momento, la Ilustración, y por ende de sus puntos de partida, como ya mencionamos).

Al analizar el fenómeno difícil de definir como es la posmodernidad y su relación con la teología e iglesia latinoamericanas, tal como haremos en nuestra pronta consulta, tal vez sea útil hacernos algunas preguntas que nos ayuden a encontrar caminos en esta búsqueda: ¿qué implica para la pastoral y la teología el abandono de los “grandes relatos” (sociales, morales, bíblicos, teológicos, filosóficos, etc.) imperantes en nuestro continente? ¿Cómo se construye un quehacer teologal que parta de las pequeñas historias que se tejen y sobreponen en la cotidianeidad? ¿Cómo hacemos teología desde la debilidad de nuestras experiencias, discursos, y militancias y utopías políticas? ¿Cómo influye esto en la pastoral y la búsqueda de modelos? ¿Sigue siendo válido como único o preponderante marco analítico el materialismo dialéctico, la lucha de clases o el marxismo, utilizados por las teologías latinoamericanas? ¿Implica lo posmoderno el abandono de la justicia como marco de construcción de la humanidad y el análisis de la situación de pobreza en nuestro continente? ¿Cuáles son las mediaciones analíticas que la teología requiere para saber indagar en la complejidad de las relaciones corporales de lo social y la relatividad de la construcción de lo político? ¿No debemos acaso reconstruir el discurso teológico latinoamericano, poniendo sobre la mesa la limitación que poseen ciertos términos y lenguajes (como son opresión/oprimido, pobre, liberación, integralidad, lucha, etc.) para lograr una mayor riqueza discursiva?

Estoy convencido de que tomar lo posmoderno, no como causa de los males actuales sino como marco de análisis, no nos hará ingresar en el campo de una laxitud relativista y analítica, como se suele temer en diversos campos del saber y experiencia sociales, dentro de ellos la misma teología. Más bien, nos ayudará a profundizar en la comprensión de los innumerables contextos sociales, políticos y culturales que vemos diariamente dibujados en nuestro contexto latinoamericano y cómo ello repercute en los diversos espacios de exclusión y construcción. Más aún, nos llevará a ampliar los marcos de análisis y los posibles caminos de confrontación y reconstrucción en el contexto de sufrimiento y dolor reales en nuestro continente, como las teologías latinoamericanas han promovido desde sus orígenes.

http://www.lupaprotestante.com/index.php?option=com_content&task=view&id=2084&Itemid=128

La Infiltración de Enseñanzas Extrañas en la Iglesia de Hoy.

“Si Fueren destruidos los fundamentos ¿Qué ha de hacer el justo?”

I. Introducción.

Podemos notar que después de la ascensión del Señor Jesucristo, el evangelio confiado a la iglesia comienza rápidamente a pervertirse. Pablo advierte con qué facilidad los hermanos aceptan como “buenos aportes” las infiltraciones de grupos reaccionarios.

Les habla a los Galatas de un “evangelio diferente” Ga. 1:6-7. que aunque deja de lado la obra de Cristo como único medio redentor y le agrega otros ingredientes humanos, los hermanos lo aceptan gustosamente. Están fascinados con la novedad. Ga. 3:1.

Los falsos enseñadores se mueven con libertad, no solamente como “zorros en el gallinero” como en Efeso Hch. 20:30-31. sino como invitados a los mas íntimos festines de la iglesia Jud. 12. Es verdad, que para algunos son una “perturbaciónGa. 5:4-12. , pero para otros un avance en la revelación I Co. 4:7-8.

Los “buenos depredadores” se convierten en piezas peligrosas porque con facilidad infiltran cualquier doctrina sin hallar rechazo alguno.

Es tiempo de que podamos, no solo saber la Verdad sino también comunicarla con celeridad y prontitud, no nos desanimemos, tomemos las extravagancias como punto de partida para entregar toda la Verdad.

II. El Descuido de la Verdad Bíblica.

Muchos cristianos cambian la verdad escrita (que conocen poco – no es ironía) por la experiencia personal, aunque deban aceptar términos nuevos que tampoco conocen. Y todo esto por causa del infantilismo espiritual y el analfabetismo bíblico.

El concepto evangélico de la verdad es parecido al de la sociedad. Se la ve como “algo que me hace bien a mi” o como “algo que tiene que impactarme”. Con la misma escritura estarán torciendo las escrituras (Lc. 4.)

O sea que le darán la interpretación que mas le convenga y que nada tiene que ver con La Verdad bíblica. La relatividad tiene efectos desastrosos , hoy ya es “difícil ver las cosas”, muy pronto no sabremos si el homosexualismo tiene que ser considerado como pecado o como enfermedad, herencia genética, problemas psicológicos, o un tema de clonación…

Veamos la Biblia: Josue 1:7-9. Jueces 2:7-10. – I Reyes 13:1-32. – II Cro. 29:3-10. – II Cro. 34:8-28. – Is. 40:9-10. Ex. 4:24.

III. Enseñanza a la Deriva.

Hasta mediados del siglo XX todos creían en la existencia de una “verdad absoluta” Hoy ya no. El existencialismo define el tema de otro modo, sostiene que la verdad es subjetiva, es decir tiene su fuente en la mente del individuo, lo que siente y como se siente. No esta fuera de él (objetiva) sino dentro de él.

Hoy todo es relativismo moral… ojo con las “unciones frescas”

Veamos la Biblia: I Reyes 12:25-31. – Jeremías 28:1-17. - Col. 2:8. – II Ped. 2:1, 12-21. – Is. 5:20.

IV. El Gusto por lo Diferente, que sea Contrario a Algo…

Algunos grupos cristianos de hoy, llegaran a ser muy pronto, dado sus enseñanzas, grupos ex–cristianos, o literalmente sectas.

El gusto por lo nuevo, lo diferente, también por lo atractivo, y por ver otras caras, tiene mucho que ver en todo esto de buscar algo que “me llene”, “que me de vuelta la cabeza” aun lo podemos ver en la iglesia de Jerusalén Hch. 15:1. en las iglesias de Galacia Ga. 3:1.; 5:7-10. , en Efeso I Ti. 1:6-7 , 2:18. etc. etc.

Veamos algunos versículos más: II Cro. 18:28-34. Jueces 16:10. Ga. 1:6-7 y 3:1.

V. La Necesidad de tener Respuestas.

Cada vez es mas alarmante la cantidad de gente que busca respuestas. La sociedad, vaciada de contenido ético, empobrecida y engañada, se ha convertido a su vez protagonista del engaño.

Las personas que necesitan creer, tener comunión, sentir compasión, entran en cualquier
tipo de creencia, o forma de protagonismo que los contenga.

Aun los cristianos hoy día están buscando algunas respuestas a sus necesidades y tratan
de encontrarlas en cualquier lugar y de cualquier modo, no importa como… El Fin Justifica los Medios… Hoy es Preferible Pecar que Sufrir.

Observemos la Biblia: II Cro. 26:16-21. – [I Sam. 13:8-15.| I Sam.
13:8-15. ]

VI. La Búsqueda de “Ejemplos” y la “Groga del Placer”

Como hemos señalado, la sociedad piensa en si misma. El “Éxito” personal es una meta inclaudicable. Se alcanza de cualquier manera y sin respetar ningún tipo de norma, todo gira alrededor de las personas.

La televisión e Internet son nuevas fuentes de información, pero también lo son de destrucción. La vanidad y la quiebra de valores realmente asustan.

El mensaje que hay detrás de los “Reality Show” es literalmente diabólico, es muy sutil lo que transmiten, pero cumplen su objetivo final. Enseñan negligencia, inescrupulosidad, desazón, enfrentamiento, y delata la bajeza de una sociedad en crisis terminal, vale mas mirar estas cosas que ponerse a leer la Biblia, orar o a estudiar, pues ahora todo ha llegado a estar hueco, vacio.

A todo esto le sumamos la famosa “droga del placer”. (el Hedonismo = Doctrina filosófica que considera el placer y la alegría como único fin de la vida) todos sabemos que el existencialismo alimenta la experiencia del individuo hasta lo sumo, el es dueño de si mismo puede elegir como quiera sin reparar en los limites o valores.

Si este modo de pensar no se corrige de dentro de la iglesia, cualquiera podrá ingresar a la iglesia “Ideas Frescas”, “Unciones Frescas”, “Nuevas Revelaciones” el clásico “Yo Siento”, “Prosperidad Sin que Prospere el Alma” “Renovación Fresca” “Diseños Proféticos”, etc…

VII. Los Fundamentos Bíblicos y la Fuente de Revelación.

Nosotros afirmamos que las Sagradas Escrituras (la Biblia) son la única fuente de revelación de Dios escrita,II Ti. 3:15-17. No existe otro escrito que podamos equiparar con las Escrituras. El salmista dice: “La ley de Jehová es perfecta que convierte el alma” – Salmo 19:7. Es única y todo suficiente.

Todo esto parece tan claro, pero… no es tan así para algunos que se emocionan con libros de “formulas mágicas”, “testimonio de un plan X”, algunos te “transfieren poder” otros siguen a un “líder” de la orden de Gamaliel o de Mequisedec, o a un “trucho gospel” y lo mas grave es que todos interpretan las escrituras a su manera y la ponen en segundo lugar.

Nosotros decimos categóricamente Jesucristo es el verdadero Dios encarnado, manifestado en carne I Ti. 3:16. que da entendimiento para que nosotros conozcamos al Verdadero. I Jn. 5:20.

Observemos algo mas: He. 13:9. – II Cro. 18:5-26. – Salmo 19:7-8. Salmo 119:33-40. II Pe. 1:19-21. Esdras 7:10. Mt. 22:16. Hch. 10:39-41.

A partir de ahora, este estudio nos tiene que motivar a seguir proclamando las Grandes Verdades de Cristo, el Dios Verdadero. Amén. ¿Lo Hará Usted?

Hector Leites,http://www.amen-amen.net/hectorleites/?p=173

Es necesario que todos los creyentes estén bajo la supervisión de un verdadero pastor en una iglesia local. Y cuando me refiero a una iglesia local, quiero enfatizar que me estoy refiriendo a una iglesia verdadera. No todas las iglesias son de Dios. No todas las iglesias están bendecidas con la presencia del Espíritu Santo. No todas las iglesias son parte del cuerpo de Cristo. Y si esto es así, igualmente no todos los ministros o pastores han sido enviados por Dios. Iniciar con este conocimiento es sumamente importante y vital para nuestras almas.

Ahora, porqué es necesario que los creyentes pertenezcan a una iglesia local y estén bajo la autoridad de un verdadero pastor? Pablo nos brinda una gran razón en su epístola a los Corintios. Esta iglesia estaba siendo engañada por falsos apóstoles, quienes les habían instruído a rechazar la autoridad apostólica de Pablo. Una de las razones por las cuales Pablo no podía ser un apóstol de Cristo era su manera de vivir. Era pobre, sufrido, débil, perseguido. Sencillamente, decían los falsos apóstoles, no podía representar a un verdadero ministro del Señor.

Un apóstol debía ser poderoso, elocuente, carismático, debía ser amado por todos, debía tener una vida próspera. Y definitivamente Pablo no era nada de esto. Nada más lean como se describe Pablo. En la primera epístola a los Corintios el apóstol escribió,

9 Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. 10 Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. 11Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. 12 Nos fatigamos trabajandocon nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. 13 Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.” 1 Corintios 4: 9-13

El razonamiento de los falsos apóstoles es que Cristo nunca permitiría que uno de sus siervos sufriera de esta manera, por lo tanto, siguiendo lo que su mente les decía, habían instigado una revolución en la iglesia en Corinto para desprestigiar a Pablo. Muchos corintios, siguiendo el consejo de estos falsos maestros, inclusive pensaron que ya no necesitaban de la instrucción de Pablo.

Muchos en esta iglesia local se creían auto-suficientes. “Porqué escuchar a Pablo?,” quizás era el pensamiento de muchos,  “él ya no es necesario”. Es por ello que el apóstol les escribió diciendo, “ 7Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? 8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. !!Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” (1 Corintios 4: 7-8). Pablo fue quien había plantado la iglesia. Él había predicado el evangelio y había sido el padre espiritual de muchos allí (versículo 15). Lástimosamente, en su orgullo, creían haber llegado a la plenitud espiritual y para muchos Pablo ya no era necesario.

Preferían irse tras la enseñanza de los falsos apóstoles, quienes no sólo les enseñaban sobre la prosperidad y la bendición material como la manera de vivir del verdadero creyente, sino que ellos mismos, quizás vivían así. No es lo mismo que vemos hoy en día? Muchos que dicen ser creyentes buscan una iglesia a la cual asistir precisamente por las peores razones. Lo mismo que hicieron los corintios. Muchos buscan pertenecer a una iglesia grande. Muchos buscan una iglesia porque el pastor viste elegantemente, y porque tiene un buen automóvil, etc. Y peor aún, buscan una iglesia porque se predica un mensaje atractivo para sus oídos como lo es el evangelio de la prosperidad.

Muchos andan en busca de una iglesia que predique un mensaje “apto” para sus vidas. Todos los hombres desean vivir vidas sin dolor. Todos buscan evadir los sufrimientos. Es por ello que aquellas iglesias que predican un mensaje sobre la prosperidad material, económica, y sobre la salud física que puede obtener una persona con tan sólo hacer un pacto con Dios son tan atractivas para muchos. Porqué es que a muchos que se dicen cristianos no les atrae asistir ni buscar la membresía de la pequeña iglesia local que tienen cerca de sus hogares? Será por las diminutas instalaciones? Será por la pobreza del pastor? Será porque no se predica lo que ellos desean escuchar?

Qué le dijo Pablo a los corintios?Lo que el apóstol argumenta e insta a los corintios a no hacer es juzgar a un verdadero ministro por las cosas equivocadas. No debemos juzgar a los pastores y a las iglesias que lideran por la cantidad de creyentes que tienen a su cargo, ni por lo grande y prósperas de sus vidas. Pablo les dice, “5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” Como creyentes debemos juzgar a los ministros por su fidelidad (versículo 2).

Fidelidad a qué? A la Biblia. Para Pablo lo que debe distinguir a un verdadero apóstol del falso es su fidelidad a Cristo y por lo tanto a lo que Él nos ha dejado revelado en Su Palabra. Cualquiera que enseñe algo que no esté en la Biblia debe ser desechado, pues demuestra no ser un ministro del Señor. En el versículo 6 escribe, “Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito.

La Biblia no enseña que los pastores ni los creyentes tendrán una vida fácil. Por el contrario, la vida cristiana es una vida de dolor y sufrimiento (Filipenses 1:29). Padecemos precisamente porque Cristo padeció! (2 Corintios 4: 8-10; Juan 15: 18-20; 16: 33; 1 Pedro 4: 17).

La necesidad de buscar pertenecer a una verdadera iglesia está en la necesidad de ser enseñados la verdadera doctrina bíblica, “lo que está escrito.” Por supuesto que todos los creyentes deben tener el deseo de estar constantemente meditando y aprendiendo de la revelación de Dios en la Biblia. El verdadero creyente busca aprender cada día más de Dios, y esto lo hace aprendiendo de la Biblia. Pero también Dios en Su misericordia ha enviado ministros a Su iglesia para enseñar las profundidades de Su Palabra y guiar a sus hijos en el verdadero camino. En la epístola a los Efesios vemos esta verdad. En el capítulo 4 leemos,

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

Aquellos que buscan iglesias por las razones equivocadas ponen sus almas en peligro. Lo que nos mantiene en el camino correcto es la pura, clara y fiel exposición de la Palabra de Dios. Sólo si permanecen en nosotros las palabras de Cristo podremos permanecer en Él (Juan 15: 10). Por ello es tan necesario ser miembro de una iglesia verdadera. Si pertenecemos a una verdadera iglesia escucharemos la verdad de Dios, la cual nos edificará y nos fortalecerá para que no seamos engañados fácilmente, dejando de ser niños lleguemos a la madurez espiritual.

Debemos, entonces, mostrarle a todos los creyentes la necesidad de pertenecer a una iglesia local; pero también hacerles ver la necesidad de buscar pertenecer a una iglesia verdadera, la cual no se juzga utilizando la sabiduría de los hombres, sino por su fidelidad al Señor, enseñando fielmente todo el consejo revelado por Dios en la Biblia. Todos los pastores e iglesia que no hagan así, deben ser rechazadas. Nuestras almas están el peligro. No permitamos que nuestro corazón nos engañe como a los corintios, pensando que ya no necesitamos estar bajo la autoridad y el cuidado de un ministro de Dios; ni pensemos que estaremos seguros del engaño perteneciendo a una iglesia que no es fiel al evangelio de Cristo. En el día del Señor sabremos no sólo cuales pastores eran verdaderos ministros de Dios, pero también nos daremos cuenta de nuestra propia fidelidad. No ocurra que seamos expuestos como infieles al Señor!

El pietismo ha influenciado al cristianismo mas alla de lo esperado.

Que es el Pietismo

Entre los programas que mas oigo por podcast, The White Horse Inn y Issues Etc., oigo una y otra ves el ataque al Pietismo.  Los dos programas mencionados, me gustan por su exposición de las Escrituras, como también sus discusiones de cómo los eventos contemporáneos afectan la fe cristiana. Han sido de gran ayuda para mi, pues me mantienen nutrido de buena enseñanza bíblica, pero esto no quita que no pueda ver sus errores y ciertos “espanta pájaros” que crean para demonizar aquellos que no piensan como ellos. Estos programas son parte del movimiento que se le define como “neo-reformados”. Los neo-reformados son aquellos que son descendientes de la Reforma, y que ven cualquier desviación de la Reforma o del Calvinismo como una renuncia total del Cristianismo.  En otro lugarhe hablado extensamente de esto, pero creo que vale la pena la corta definición dada.


Pero también es necesario definir que es el pietismo, y creo que la definición que yo he experimentado (algo subjetivo, por lo tanto sin valor dirían los neo-reformados) es muy lejana de lo que sus oponentes históricos, reformados y luteranos, presentan.


El movimiento Pietista surgió en el siglo 17, por medio de Phillip Jacob Spener (1635-1705).  En si, Spener era luterano, que veía, como Lutero lo hizo un día, que la reforma espiritual era necesaria para los creyentes.  Solo que en este caso, Spener no quería reformar al catolicismo romano, sino que la muerta ortodoxia luterana, que aparentemente no tenia efecto en la vida diaria de sus adherentes. El seguidor principal de Spener, Augusto Hermann Francke (1663-1727) llego a ser profesor en la universidad de Halle, donde adiestraba a los pastores a no solo a aprender proposiciones teológicas, sino que vivir también vidas que fueran ejemplo a sus feligreses y demás personas. Que hubieron grupos radicales dentro del pietismo, no se niega, pero si vamos a juzgar a un grupo solo por los movimientos radicales dentro de este, no estamos haciendo justicia al mismo, y mas bien, demostramos nuestro desprecio a lo que el grupo representa.


Por ejemplo, los oponentes del pietismo lo han criticado siempre por considerarle individualista.  Esto suena algo anacrónico dado que en las ultimas décadas, la Nueva Perspectiva de Pablo ha apuntado al alto individualismo dentro de la teología reformada, que ha quitado todo sentido de salvación corporal, y solo se ha concentrado en la salvación individual.   Siguiendo a esta critica, se les culpa a los pietistas de subjetivismo, por tener la experiencia religiosa personal en gran estima.  Esto, según sus críticos, ensalza al yo sobre Dios, y hace la vida cristiana una gama de leyes a seguir.  Una ultima critica, y sobre todo del campo luterano, es que los pietistas ponían, y ponen aun, mucho énfasis en la mayor participación de los laicos en el culto.  Esto, es otro revés de la posición original de la reforma luterana, que tiene uno de sus pilares como el sacerdocio de todos los creyentes.


Yo, soy por descendencia y convicción bautista.  Doy gracias porque mi tradición protestante tiene ciertos rasgos que pietistas, y estos influyeron en grande manera a los bautistas del siglo 19, y esto acarreo al pietismo a sobrevivir en el siglo 20 y 21 en medio, no solo de los bautistas, sino que también metodistas, y en su mayoría, los Pentecostales.


Ahora, volviendo a la visión de Spener sobre su movimiento, encontramos las principales proposiciones del movimiento, a las cuales me encuentro muy confortable en aceptar.

1.Al dedicado y completo estudio de la Biblia.

2.El sacerdocio cristiano, siendo universal, los laicos deben de compartir el gobierno de la iglesia.

3.El conocimiento que el cristianismo debe de ser atendido por su practica como una señal indispensable y suplementaria.

4.En ves de hacer un ataque didáctico, y a veces fiero a los heterodoxos (herejes) y no creyentes, debemos de tratarlos con amor y humildad.

5.Una reorganización de la educación teológica en las universidades, dándole preeminencia a la vida devocional.

6.Un diferente estilo de predica, en particular, en lugar de una retórica que fuera placentera, el implantamiento del cristianismo en el nuevo hombre o hombre interior, el alma del cual es fe, y sus efectos en el fruto de la vida.


No creo que ningún luterano o reformado se opondría a tales proposiciones. En la objeción en la cual yo me uno a la critica de pietismo, es que mucho son llevados a ser extremadamente ecunemicos, y esto llega, en su mayoría de veces, a una desolación de los distintivos, no tanto entre cristianos, sino entre cristianos y no creyentes. Esto no sucedió en la primera o segunda generación de los pietistas, pero si paso en el siglo 19 y 20.


¿Cuál fue entonces la contribución del pietismo en la iglesia cristiana, en especial, la protestante?  Durante la reforma, los reformadores, envueltos en las polémicas contra los católicos, y entre ellos mismos, no tomaron en cuenta la gran comisión.  Fueron los pietistas, en 1707, bajo el rey de Dinamarca, quien admiraba a los pietistas, mandaron 2 misioneros pietistas a sus colonias en la India.  Este fue el comienzo del movimiento misionero después de la reforma, y mucho después, las demás denominaciones tomaron una iniciativa similar.


La otra contribución del pietismo fue el nacimiento de lo que ahora le llamamos metodismo.  Juan Wesley se encontró con un grupo de cristianos profundamente influenciados por el pietismo, y fue así que Wesley se convirtió al Señor, siendo ya ordenado al ministerio, confirmando el problema que los fundadores del pietismo miraban en el clero protestante de su tiempo.


Si no hubiera tomado los libros de la historia de la iglesia cristiana, como el de Justo L. González, o el Nuevo Diccionario de Teología, me hubiera quedado con la versión tergiversada y partidista del pietismo que he oído una y otra ves en el los programas que mencione al principio. Acepto las criticas que son dadas al pietismo, pero creo que lo que ha hecho es mas bien ofrecer una corrección de lo que ve malo en las iglesias históricas. Tal corrección no cae bien a una iglesia acomodada, o que al poseer una creencia ortodoxa, esta en si se hace en una obra, creyendo que tener conocimiento correcto es suficiente para ser cristiano, cf. Lucas 18:9-14.


Con Santiago, debemos de afirmar que no podemos divorciar nuestra creencia cristiana con nuestro vivir cristiano.  Hacerlo, nos hace como demonios, que saben perfectamente quien es Dios, pero no se comportan de la manera que El espera de sus criaturas.


Santiago 2:18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?


En el siguiente aporte, hablare de una persona también condenada por muchos el día de hoy, Carlos Finney.


Dios les bendiga.


Luis Alberto Jovel

http://www.luisjovel.net/Luis_A._Jovel/Blog/Entries/2010/3/3_El_pietismo_ha_influenciado_al_cristianismo_mas_alla_de_lo_esperado..html

Leamos el pasaje que se encuentra en Juan 7:14-19, luego los espero para reflexionar juntos.

Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.

Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?

Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.

¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley?

Los judíos se maravillaban, ya que Jesús no se inscribió en ningún seminario misionero, ni tenía tampoco credencial de fariseo, ni contaba con el aval de ninguna institución evangélica ni entidad sin fines de lucro de la época.

La respuesta de Jesús es más interesante aún: “Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió”.

En otras palabras, quiso decir: “No estoy inventando nada, ni interpretando las cosas a mi manera, sino que sólo les acerco lo que Dios me ha dicho. El mensaje puro y directo de Dios. Quien lo quiera oir, que lo oiga. Quien desee cerrar sus oídos, libre es de hacerlo. No hay palabras infladas, ni exagerados mensajes motivacionales, ni emocionantes historias novelescas, ni dramatizaciones en el tono de mi voz para enfatizar conceptos o atraer su atención. Dios dijo lo que dijo, y sólo estoy aquí para transmitirlo a oídos humanos y cumplir con una misión que ya estaba planificada por Él desde la fundación del mundo”.

“El que habla por su cuenta, su propia gloria busca”. Quien inventa mensajes que Dios no expresa en la biblia, quien pretende hacer decir a la biblia lo que no está escrito, quien interpreta erróneamente el mensaje de Dios, su propia gloria busca.

¿Quién es el verdadero?

Jesús lo dice: “el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia”.

Finalmente cierra sus palabras con una acusación implícita en su pregunta dirigida a la hipocresía de los religiosos: “¿No les dio Moisés una ley para cumplir y ninguno lo hace?”.

Hay algo en que poco imitamos a nuestro Señor. Él se apartaba a orar. Muchas veces lo hacía durante toda la noche y amanecía orando. ¿Qué hacía? Mantenía una relación íntima con Dios. Quería estar seguro de lo que debía decir o hacer al día siguiente. Quería contar con el apoyo de Dios para cada palabra, pensamiento y hecho que surgiera en su caminar.

Un ejemplo difícil de seguir, pero no imposible !

Que el Señor les bendiga.

La ley de Moisés y la ley de Cristo

Llamamos Ley de Moisés, o Ley Mosaica, al conjunto de preceptos que incluyen la ley moral, la ley ceremonial y la ley civil, dadas con todo detalle a Moisés por Dios mismo, unos 1400 años a. C. La dispensación de la Ley de Moisés, abarca desde el Sinai hasta el Calvario. Su propósito fue convencer a la humanidad de pecado, y exponer la magnitud de éste, al comparar sus vidas torcidas con las altas demandas de Dios. Además, la Ley debía educar a Israel para ser un modelo entre las naciones, instruir a través de él al resto del mundo, y, por medio de sus muchos tipos, ceremonias y alegorías, anunciar proféticamente el evangelio de salvación por gracia en Cristo.

En la ley de Moisés se incluye lo siguiente:

a. La ley moral, cuyo resumen es el Decálogo o Diez Mandamientos, (Éxodo 20:1-17; Deuteronomio 5:6-21).
Los primeros cuatro mandamientos del Decálogo contienen nuestros deberes hacia Dios. Los seis restantes, contienen nuestros deberes hacia nuestro prójimo. Hay muchos otros preceptos morales que son una ampliación del Decálogo, o sus aplicaciones a casos particulares minuciosos. Su propósito era formar un pueblo santo, ejemplo del mundo.
b. La ley religiosa: ritos, sacrificios, ceremonias, lavamientos, purificaciones, preceptos higiénicos y dietéticos, ofrendas, etc., que se detallan desde Éxodo a Deuteronomio. Su propósito era proveer salvación al pueblo, al anunciarle proféticamente a Cristo a través de sus diferentes tipos y alegorías.
c. La ley civil: leyes sociales, prácticas humanitarias, consejos prácticos sobre la agricultura, economía, salubridad, etc. Su propósito era reglamentar todos los aspectos de la vida del pueblo escogido para hacerlo ordenado y próspero.

Recordemos LA TRIPLE DIMENSIÓN DE LA LEY

El Pacto mosaico no sólo tiene una dimensión legal sino otra salvífica.
Rom. 3:31; 1.a Cor. 9:21; Sant. 1:25; 2:8; 2:9; Juan 14:15, 21; 15:10; 1.a Juan 2:3-5, 22-24; 1.a Cor. 7:19

La Ley del Sinaí era para un pueblo redimido. No fue dada como «camino de salvación» (¡en esto consistió la perversión que de la Ley hicieron los fariseos!), sino como una norma santa para un pueblo llamado a ser santo. Aún más, la Ley no solamente contenía preceptos morales que desarrollan lo proclamado en los 10 mandamientos, sino que constaba también de una larga y compleja sección litúrgica.

Ya la Fórmula de Concordia, el año 1576, definió la Ley en su triple dimensión práctica:

La ley de Dios fue dada al hombre por tres razones:

1. Para la disciplina, para que la iniquidad sea contenida con ciertas barreras

2. Para que los hombres sean llevados al conocimiento de sus pecados;

3. Para que los hombres regenerados, en los cuales todavía perdura la carne y la servidumbre, pudieran tener alguna regla segura por la cual pudieran, y debieran, ajustar su vida.»

Es lo que en teología bíblica ha venido llamándose el triple uso de la Ley:

  • Me ha sido necesario escribiros amonestándoos que contendáis eficazmente por la fe que ha sido una vez dada á los santos. Judas 1.3
Se que existe mucha confusión en torno al verdadero sentido bíblico de la Ley y el lugar que ocupa en la economía de la salvación.

En la Biblia hallamos dos leyes, mejor conocidas como los dos testamentos. Sus reglas son distintas; por tanto es imposible guardar las dos. Pero esto no las hace contradecirse, pues el mismo Dios es autor de ambas. Antes bien, fueron escritas para dos épocas distintas. La ley antigua (Torah) sirvió bien para su época particular; la nueva (Gracia) sirve bien ahora. Consideremos las dos en más detalle.

La mayoría de las iglesias hoy en día no hacen una distinción clara entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Ya que es imposible guardar los dos, escogen y aceptan sólo las partes de ellos que les gustan, y rechazan lo demás. Por ejemplo, aunque ninguna iglesia de hoy guarda toda la ley de Moisés, muchos se justifican en su participación en la guerra citando Escrituras y ejemplos del Antiguo Testamento. Así rechazan la enseñanza clara que Cristo y los apóstoles dieron que debemos amar a los enemigos y hacerles bien.

Otro error común pervierte la doctrina de la gracia. Muchos al Antiguo Testamento lo llaman la ley, como si fuera la única ley; y al Nuevo Testamento lo llaman la gracia, como si no hubiera en él nada más que gracia. Algunos reconocen que es necesario tener tanto la ley como la gracia, pero reemplazan la ley de Cristo con la ley de Moisés, así invalidando la gracia. Si por la ley (del Antiguo Testamento) fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo” (Gálatas 2.21). Otros enseñan que ya que estamos bajo la gracia no necesitamos de ninguna ley. Pero amigo, aunque ya no estamos bajo la ley de Moisés, los mandatos de Cristo y sus apóstoles nos son una ley. Son la ley de Cristo.

La gracia es el gran don de Dios para nuestra salvación y el poder del Espíritu para vencer nuestra naturaleza pecaminosa. Pero en el Nuevo Testamento encontramos tanto la ley de Cristo como su gracia. El apóstol Pablo dijo que él no estaba “sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo” (1 Corintios 9.2 I).

La Ley es el conjunto de instrucciones de Dios concernientes al correcto comportamiento moral, social y religioso de Su pueblo, que se encuentra en los primeros cinco libros de la Biblia (la “Ley de Moisés” o Pentateuco).
Es la reflexión misma de la naturaleza de Dios, porque en ella Dios habla de la abundancia de Su corazón. Por tanto, ya que Dios es puro, la Ley lo es; como Dios es santo, la Ley es santa.

Consiste en:

a. los Diez mandamientos (Ex. 20),
b. reglas para la vida social (ej. Ex. 21:1-23:33)
c. y para la adoración a Dios (ej. Ex. 25:1- 31:8).

Por medio de la entrega de la Ley, expresión de la voluntad de Dios, se sancionó un Pacto de obras entre Dios y el hombre. A pesar de su perfección, la Ley era y es- incapaz de salvar y otorgarnos eterna comunión con Dios por la incapacidad del hombre para cumplirla.
La Ley es un amo difícil, pues requiere que mantengamos normas perfectas de conducta moral. Cuando fallamos lo cual es inevitable- la Ley produce condenación.
Para ser reo de esta condena de muerte basta con que no cumplamos uno solo de sus preceptos:

  • “porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos” (Sant. 2:10).

Por esta razón, la Ley no perfeccionó nada (Heb. 7:19). Ha sido sólo un guía para mostrarnos nuestra necesidad de gracia, que hallamos en Jesús y el regalo gratuito de la salvación que recibimos a través de El (Gál. 3:24).

El profesor E. F. Kevan, consciente de la necesidad de clarificar los conceptos de Ley, Evangelio, Obras y Fe —ofuscados por el antinomianismo, el dispensacionalismo extremo y el modernismo—, ha prestado un excelente servicio a la Iglesia de nuestra época al escribir su libro The Evangélical Doctrine of the Law.

El profesor Kevan nos recuerda que la Ley no se opone al Evangelio, sino que es una preparación al mismo y logra demostrar que si bien la perfecta ley es la del amor, este amor presupone necesariamente una ley que sea la expresión eterna del carácter y las exigencias de Dios, de Dios que nos ha dicho que es amor. Y que, asimismo, es soberano.

Las Iglesias de la Reforma consideraron siempre que la Ley y el Evangelio constituían dos partes de la Palabra de Dios que servían, por un igual, como medios de gracia. A diferencia de quienes hoy relegan la Ley al Antiguo Testamento —identificando casi ambas cosas— y sólo disciernen la gracia evangélica en el Nuevo, los mejores exégetas que ha tenido la Iglesia han sabido distinguir siempre estos dos grupos de realidades, no como enfrentados entre sí sino complementados, con fines propios, dentro del único plan redentor de Dios revelado en los dos Testamentos.

Es signo de superficialidad concebir la antigua dispensación como un camino de salvación por obras, opuesto a una economía de gracia y fe, vigente sólo en el nuevo pacto. Igual ignorancia bíblica delata el desechar la Ley como algo que servía para Israel pero que no tiene nada que decir a los cristianos hoy, como si Ley y Evangelio fueran términos opuestos e irreconciliables. Todo ello ha introducido la confusión allí donde debería reinar mayor claridad.

Y, como resultado, mucha de la predicación basada —aunque inconscientemente, muchas veces, justo es reconocerlo— en esta exégesis superficial no acierta a establecer la relación bíblica justa y exacta que existe entre la Ley y el Evangelio, las obras y la fe, y ha perdido de vista la correspondencia que liga a ambos Testamentos y el alcance mesiánico de muchos textos del Antiguo Testamento. Se ha olvidado, en ocasiones, trágicamente, la perspectiva unitaria de la Biblia, que constituye uno de sus mayores atractivos y una de las más poderosas razones apologéticas que el Espíritu puede gravar en el alma de los que escuchan su mensaje.

«Temo que esta grande verdad, esta importante verdad —decía Wesley—, sea poco comprendida, no sólo por el mundo, sino por muchos a quienes Dios ha sacado del mundo, por muchos que son verdaderos hijos de Dios…»

¿No deberíamos hacer nuestro este temor del gran evangelista del siglo XVII? Por haberlo hecho así, encomendamos la presente traducción del que consideramos muy importante trabajo del profesor Kevan a la benevolencia del Señor, para que se sirva utilizarlo, en su gracia, como medio clarificador del confuso y enrarecido ambiente teológico de nuestro siglo.

Desde el monte Sinai Dios entregó una ley al pueblo de Israel y mandó a Moisés a escribida. Por eso esa ley llegó a conocerse como la ley de Moisés. El Nuevo Testamento a veces se refiere a ella como “la ley”, mientras se refiere al nuevo orden que Cristo instituyó como “la gracia”.

Bajo aquella ley antigua Dios declaró principios morales. También instituyó un orden civil y religioso que ayudó al pueblo a guardados. Aquella ley con sus ceremonias religiosas señalaba en figuras hacia Cristo.

Si alguno no obedecía la ley de Moisés, tenía que morir.

La ley de Moisés fue provisional: fue hecha para terminarse. “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan” (Hebreos 10.1). Terminó su obra y encontró su fin en Cristo. “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10.4).

El gran reformador el Dr. Martín Lutero. Artículos de Esmalcalda Art.4, 3ª parte: Sobre La Ley dijo:

1. Aquí consideramos que la Ley ha sido dada por Dios, en primer término, para colocar un freno al pecado con amenazas y por el temor al castigo y con promesas y ofrecimiento de otorgarnos su Gracia y todo bien. Pero, a causa de la maldad que el pecado ha causado en el hombre, todo esto ha quedado malogrado.
2. Algunos han llegado a ser peores y enemigos de la Ley, porque les prohíbe lo que quisieran hacer con gusto y les manda lo que les disgusta hacer. Por eso, en la medida en que el castigo no lo impida, cometen trasgresión de la Ley, más aún que antes. Tales son las personas groseras y malvadas que hacen el mal cuando tiene ocasión y lugar.(Dr. Martín Lutero)

¿Recuerda usted la historia de Sansón? Sansón juzgó a Israel por veinte años. En aquel tiempo hizo muchas maravillas a favor de Israel. Pero al fin, vencido por los filisteos a causa de sus propias debilidades morales, trajo muerte sobre sí. En su muerte mató a más filisteos que había matado en toda su vida.

Vemos en Sansón una semejanza a la ley de Moisés, la cual también por causa de su debilidad fue terminada (Hebreos 7.18-19). En su abrogación hizo más bien que en todo el tiempo de su aplicación (Heb. 7.22). Muriendo aquella ley falible, pudo efectuarse la ley perfecta de Cristo.

Es claro que Dios así lo planeó desde el principio. Se puede ver en la misma ley de Moisés:

  • Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta” (Deuteronomio 18.18-19).

Estas palabras de Dios mismo señalaron al día en que un legislador más grande que Moisés entregaría una ley superior. Así que Moisés, el escritor del primer pacto, aun al escribirlo predijo su anulación. Al venir los profetas, la atención se volvió aun más hacia el futuro. Isaías y Jeremías describieron más en detalle la naturaleza del reino y la ley que habían de venir.

  • “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová…Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31.31-33).
Ya la Fórmula de Concordia, el año 1576, definió la Ley en su triple dimensión práctica: «La ley de Dios fue dada al hombre por tres razones: 1.a, para la disciplina, para que la iniquidad sea contenida con ciertas barreras; 2.a, para que los hombres sean llevados al conocimiento de sus pecados; y 3.a, para que los hombres regenerados, en los cuales todavía perdura la carne y la servidumbre, pudieran tener alguna regla segura por la cual pudieran, y debieran, ajustar su vida.» Es lo que en teología bíblica ha venido llamándose el triple uso de la Ley:

Usus civilis.
Galatas 3:19; 1.a Timoteo 1:9.

La Ley presupone el pecado y sirve para frenarlo. Coadyuva a la obra de la gracia común que Dios realiza en el mundo.

Usus pedagógicas.
Romanos 3:20; 5:20; 5:13; 7:7, 8, 9, 11; Gálatas 2:19; 3:24; 3:21.

Por la ley es el conocimiento del pecado. Sacude la conciencia y lleva a Cristo. En este sentido es un medio de gracia, pues hace consciente al pecador de su incapacidad para cumplir con las exigencias de la santa voluntad de Dios y, cual tutor, conduce a este mismo pecador a los pies de Cristo.

Usus didácticas o normativus.

Romanos 3:31; 1.a Corintios 9:21; Santiago 1:25; 2:8, 9; Juan 14:15, 21; 15:10; 1.a Juan 2:3-5, 22-24; 1.a Corintios 7:19. Este es el llamado «tercer uso de la Ley». La Ley como regla de vida para los cristianos, cuanto que es la expresión de la voluntad del Señor. La Ley como instrumento del Espíritu Santo para llevar a cabo la santificación del creyente. Tanto los antinomianos como los dispensacionalistas extremos (y aun muchos de los que no son tan extremistas) niegan este «tercer uso de la Ley». La lectura serena del cúmulo de textos bíblicos que el profesor Kevan aporta para fundamentar el valor de esta triple división debiera convencer al más ofuscado de los lectores.

Basta recordar estos tres «usos» de la Ley para evitar caer en prejuicios, confusiones o actitudes poco conformes con la Revelación bíblica. Este sencillo esquema del valor triple de la Ley nos liberaría de ciertos disparates homiléticos (hermenéuticos y exegéticos, en el fondo) como aquel que proclama el «fracaso» de Dios en el Sinaí o aquel que habla de la futilidad de la Ley.

Pero para alcanzar esta comprensión bíblica es menester que no sólo entendamos el triple uso de la Ley sino, igualmente, las tres divisiones —o dimensiones— características de la misma. Es aquí donde la falta de discernimiento ha llevado a los más graves malentendidos.

La ley de Cristo

Esta es la ley que Dios pone en el corazón y escribe en la mente (véase Hebreos 10.15-16). En Romanos 8.2 se refiere a ella como la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús”. Otras veces el Nuevo Testamento habla sencillamente de la ley de Cristo”. Esta ley se compone de todas las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles, grabadas en el Nuevo Testamento. Por medio de ella salimos del cautiverio de la ley de Moisés a la libertad de Cristo. La ley de Moisés declaró la justicia de Dios al hombre pecaminoso. La ley de Cristo nos trae el poder de vivir conforme a esa justicia. La ley de Moisés fue instituida con amenazas de muerte para los desobedientes, pero Jesús vino para salvar a su pueblo de sus pecados, así dándole vida.

La ley de Cristo la conocemos también como la dispensación de la gracia. La gracia no nos da libertad para pecar, sino nos da el poder de vivir libres del pecado.

La ley de Cristo es el cumplimiento del plan perfecto de Dios, formado desde antes de la fundación del mundo para salvar a la humanidad. La ley de Moisés fue dada a causa de las transgresiones, mientras Dios preparaba al mundo para la venida de Cristo.

El plan de Dios

Dios hace todo perfectamente y de una manera ordenada. El cambio de pactos no fue un cambio de parte de Dios por causa de algún error suyo, sino fue el cumplimiento glorioso de la primera fase y la institución de la fase principal de su plan de la salvación.

Dios hizo al hombre perfecto y lo puso en el paraíso del Edén. El pecado del hombre entonces corrompió a la raza humana y al mundo en que vivía. Pero Dios tenía listo un plan para salvarlo. Sin embargo, hasta que este plan se llevara a cabo, fue necesario que el hombre se diera cuenta de la gravedad de su pecado. Por tanto: “La ley ha sido nuestro ayo (maestro), para llevamos a Cristo” (Gálatas 3.24). Como el ayo prepara al niño para la madurez por medio de reglas y disciplina, así las normas estrictas y el castigo severo de la ley prepararon a la humanidad para Cristo y su ley.

Las diferencias

La Biblia hace una distinción clara entre la ley vieja y la nueva. Por ejemplo, la ley de Moisés mandó la pena de muerte para ciertos crímenes, y la guerra contra las naciones pecaminosas. En cambio la ley de Cristo nos encarga a amar a nuestros enemigos y a hacer bien a los que nos hacen mal. Eso es porque el nuevo pacto le quita al pueblo de Dios las responsabilidades del estado que le pertenecían bajo el viejo pacto.

Quita también los sacrificios y figuras de la ley, ya que quedan cumplidas en Cristo. En cambio instituye un culto espiritual, dirigido por el Espíritu Santo de modo que sea en espíritu y en verdad. Reemplaza la ley moral, resumida en los diez mandamientos, con la ley más alta de Cristo. Algunos no quieren reconocer este último cambio. Sin embargo, Jesús lo afirmó repetidas veces con sus palabras del Sermón del monte: Oísteis que fue dicho… pero yo os digo”.

Nuestra afirmación

Ya que el mismo Dios estableció primero el viejo pacto, después el nuevo, no es de extrañarse que haya muchas semejanzas entre los dos. Pero podemos afirmar por la autoridad de las Escrituras que la ley de Cristo ha reemplazado completamente la ley de Moisés como nuestra regla de doctrina y conducta. El apóstol escribió hace casi dos mil años que Dios, “al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Hebreos 8.13). Las dos leyes son tan diferentes que no podemos guardar las dos. Es adulterio espiritual procurar servir a ambas (véase Romanos 7.1-6).

La ley de Moisés sirvió bien para su época. Pero si guardamos aquella ley ahora, rechazando la ley de Cristo, traemos sobre nosotros condenación. “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5.4).

Afirmamos, pues, que la Biblia muestra claramente que la única ley válida para hoy día es la ley de Cristo, y sobre ella debemos basar toda nuestra fe y manera de vivir.

Nuestra confesión

Como cristianos del Nuevo Testamento creemos y confesamos que el Nuevo Testamento consta de la voluntad entera de Dios para nosotros. Le invitamos a confesar con la palabra inspirada de Dios y con nosotros, lo siguiente:

  • “Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza” (Hebreos 7.18-19).
  • De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevamos a Cristo… pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo” (Gálatas 3.24-25).
  • “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3.28).
  • “Pero ahora estamos libres de la ley, por. haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7.6).
  • “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa” (Gálatas 3.19).
  • “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6.14).
  • “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5.4).
  • “Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3.11).

Fuentes bibl:

Articulo relacionado

Pbro. Samuel Fernández E.
Profesor de la Facultad de Teología
Pontificia Universidad Católica de Chile

La salvación sin mediaciones según
Marción y la respuesta de Tertuliano

I. PUNTO DE PARTIDA DEL SISTEMA DE MARCION1:
LA EXPERIENCIA DEL MUNDO Y LA BIBLIA

A mediados del siglo II, el período clásico ya había quedado atrás, y si bien el mundo no amenazaba aún con desplomarse, ya se presentía anticipadamente, en la inseguridad intelectual y moral, el quiebre material que se avecinaba2. Las antiguas seguridades comenzaban a ceder junto con los límites del Imperio; multitud de etnias se mezclaban y las certezas tradicionales tendían a desaparecer. Con razón ese período ha sido caracterizado como una época de angustia3. De acuerdo a esto, el hombre del siglo II experimentaba el mundo como una realidad ambigua, amenazante e imperfecta.

1. La revelación del Dios de este mundo

La experiencia del mundo puede inducir a valorar la creación de modo negativo. Marción no es ajeno a este fenómeno. Esta valoración globalmente negativa de la creación, unida al antisemitismo reinante, a causa de las revueltas judías de esos años4, impulsan a Marción a valorar también negativamente al Creador, el Dios de los judíos. En un versículo de Isaías y otro de Lucas, Marción justifica su reflexión. Así relata Tertuliano la génesis de la doctrina marcionita:

Tal como muchos lo hacen, también hoy, en especial entre los herejes, [Marción] se atormentaba acerca del problema del mal: ¿de dónde viene el mal? (unde malum), y con sus sentidos enceguecidos por la grandeza de su curiosidad, encontró al Creador que pronunciaba: “Yo soy el que crea los males”5, suponiendo, también en base a otros argumentos que convencen a cualquier malvado, que Él era el autor del mal, interpretó en referencia al Creador el mal árbol que crea malos frutos6, a saber, los males, y supuso que otro Dios debía estar en la parte del árbol bueno que da buenos frutos7.

La coherencia interna del razonamiento de Marción muestra que el relato de Tertuliano es mucho más que la costrucción retórica de un ácido polemista. La pregunta acerca del origen del mal, que brota de la simple observación del mundo, iluminada por algunos versículos bíblicos, está en la génesis de la doctrina marcionita. De acuerdo al ejemplo evangélico de los dos árboles (Lc 6, 46), este mundo es un fruto deficiente de un mal árbol, que se identifica con el Creador, el Dios de los judíos, que en Isaías declara ser el Creador de los males (Is 45, 7).

Más correcto que decir, como suele hacerse, que Marción rechazó el AT, es afirmar que aceptó todo el AT, pero como revelación de este dios deficiente, dador de leyes y amante de la materia8. En definitiva, según Marción, este mal fruto, que es el mundo, no podía ser obra del Dios Supremo. La lectura literal del AT otorgaba numerosos argumentos para denigrar al máximo al dios de los judíos9.

1.a Esta creación imperfecta revela un Creador imperfecto

Esta percepción negativa del mundo repercute, lógicamente, en una valoración también negativa del Creador. El autor de la Refutatio explicita el principio que mueve a Marción: “Necesariamente lo hecho se asemeja al Hacedor”10. La obra se asemeja a su autor. Esta creación tan imperfecta refleja un Creador también imperfecto. Este Creador, el Dios de este mundo, no es otro que el revelado por las Escrituras de los judíos.

Toda la ambigüedad e imperfección de las creaturas era proyectada sobre el Creador. Así, los marcionitas, refiriéndose a la obra de la creación, afirman en tono irónico: “Claro, es una gran obra y digna del Dios del mundo”11. Por otra parte, haciendo uso de un argumento, que la academia había elaborado contra la doctrina estoica de la providencia, se burlaban de las creaturas más pequeñas, insignificantes y sobre todo molestas. Por su parte, los cínicos insistían en los desastres naturales, tales como cataclismos, terremotos, erupciones, sequías, etc.12. Lactancio nos refiere la polémica: “Pero los académicos, discutiendo contra los estoicos, suelen preguntar: ¿Por qué, si Dios hizo todo por causa del hombre, se encuentran también muchas cosas contrarias, enemigas y venenosas para nosotros?… Pues, ¿qué utilidad puedes encontrar en las ratas, las cucarachas y en las serpientes, que son molestas y perniciosas para el hombre?”13. Tertuliano reconoce esta polémica y apostrofa al marcionita diciendo: “Y puesto que te ríes de los animales más pequeños”14. Estas breves palabras aluden a esta misma acusación que aparece de modo más explícito en las obras de Jerónimo. Sus comentarios bíblicos, en que reelabora material anterior15, dicen que Marción y todos los demás herejes que difaman el Antiguo Testamento, para rechazar la providencia, “acusan al Creador y afirman que él erró en muchas de sus obras y que no creó como debía crear. Pues, ¿qué utilidad prestan a los hombres las serpientes, escorpiones, cocodrilos, pulgas, chinches y mosquitos?”16. Dios creó las pulgas, los mosquitos y los chinches -declara Jerónimo- para mostrar su propia potencia y la fragilidad de los hombres, que son vencidos por animales minúsculos en las plagas de Egipto17. La langosta, animal pequeño, molesto e inútil, pero sobre todo protagonista de la devastación de Egipto, tiene un lugar particular en esta argumentación. Los textos citados muestran que Marción y los demás adversarios del Dios Creador se complacen en destacar lo que, a su juicio, son imperfecciones de la creación.

Detrás de esta pintoresca acusación se esconde una crítica bastante seria y fundada. El carácter ambiguo de la realidad material ofrecía argumentos tanto a la teodicea clásica, que insistía en la belleza y armonía de la creación y, por lo tanto, en la providencia divina y benéfica, como a todos aquellos que buscaban denigrar las realidades creadas, para rebajar así al Creador de este mundo material. La misma realidad, al ser ambigua, ofrece argumentos a las tesis contrarias.

1.b El pecado del hombre revela la imperfección de su Autor

Hay una obra que debe ser considerada con especial atención: el hombre. Marción, leyendo de una manera bastante particular los relatos del Génesis, considera que el alma del hombre es de la misma substancia que el Creador18. Así, el pecado de Adán delata de modo aún más evidente la imperfección del Autor del hombre, aquel que lo plasmó del barro y que le insufló su propio álito vital, es descir, el Dios revelado por el AT. Utilizando la acidez del polemista y la agudeza del teólogo, Tertuliano resume de modo magistral la argumentación marcionita:

Ya me encuentro aquí, frente a todas las dificultades (quaestiones), ¡oh perros a los que el Apóstol expulsa!, que ladran contra el Dios de la verdad. Estos son los huesos de las argumentaciones que mordisquean: “Si Dios es bueno, conocedor del futuro y capaz de evitar el mal; ¿por qué ha soportado que el hombre, siendo en efecto su imagen y semejanza, e incluso su substancia (ciertamente por el origen del alma), cayera de la observancia de la ley a la muerte engañado por el diablo? En efecto, si es bueno el que no debía querer que aquello sucediese, y providente el que no ignoraba lo que sucedería, y poderoso el que era capaz de evitarlo; de ningún modo hubiera sucedido aquello que no podía suceder de acuerdo a estas tres condiciones de la divina majestad. Si esto efectivamente sucedió, es necesario, por el contrario, que ni se deba creer que Dios es bueno, ni providente ni poderoso”19.

El pecado del hombre recién creado no es otra cosa que una comprobación de la imperfección de su Creador: “el hombre no debió haber sido creado así”20. Es la misma substancia del Creador la que peca en Adán. El marcionita afirma que “la substancia del Creador se demuestra capaz de pecar, puesto que en el hombre ha pecado el soplo de Dios, es decir, el alma”21. Luego, el pecado de Adán es culpa del Dios Creador22. El hombre revela la imperfección de su Hacedor.

La evidente imperfección del mundo creado y el pecado del hombre llevan a Marción a la convicción de que el Autor del hombre y del mundo es imperfecto. Este dios imperfecto no puede ser otro que el que se declara creador de los males (Is 45,7), y no puede ser identificado con el Dios revelado en Cristo.

2. La revelación del Dios Supremo

El mundo y el hombre revelan a su propio Autor. En esto Marción no se separa de la teología católica de sus contemporáneos. Pero se distancia radicalmente de ella al identificar el Dios de este mundo con Yahvé, el Dios de los judíos, e introducir otro Dios, el Supremo, revelado por Cristo, un Dios Extranjero y, hasta entonces, desconocido:

Y así, encontrando en Cristo una disposición distinta, de sola y pura bondad, como diversa del Creador, con facilidad dedujo una divinidad nueva y extranjera, revelada en su Cristo, y con un poco de fermento, con la acidez herética, corrompió toda la masa de la fe23.

“Ni el mundo ni el hombre pertenecen al Dios de Marción”24. El verdadero Dios es ajeno a este mundo y este mundo es ajeno a Él. Este rechazo del mundo creado y este hiato metafísico entre la creación y el Dios Optimo tiene como consecuencia la natural incapacidad de la creación para revelar al Dios Supremo. Congruentemente, los marcionitas afirman que su Dios no se ha revelado por la creación ni por el hombre, sino por sí mismo. Tertuliano nos transmite una afirmación muy densa en cuanto a su contenido:

Los marcionitas dicen: “Nuestro Dios no se ha revelado desde el inicio ni por medio de la creación, sino por sí mismo en Cristo Jesús”25.

El motivo es evidente: El Dios Optimo de Marción no tiene nada que ver con la creación y, por lo tanto, las realidades creadas son incapaces de revelar a este Dios Supremo. Ellas, más bien, son reflejo del dios imperfecto revelado en la ley de Moisés y adorado por los judíos.

2.a Non ab initio revelatus est

Marción solo considera válida y propia de su dios la revelación aportada por Cristo. Ni la creación (presente ab initio) ni la historia de la salvación relatada por el AT manifiestan al Dios Supremo. Cristo llega de improviso. El Evangelio, tal como lo leía Marción, comenzaba así: “En el año XV de Tiberio César, en tiempos de Pilato, bajó Cristo Jesús del cielo a Cafarnaún”26. Cristo no llega en tiempos de Augusto sino de Tiberio y bajó en sentido fuerte, es decir desde el cielo a la tierra. Tertuliano anota: “de acuerdo a Marción, todo es de improviso; de acuerdo al Creador, todo tiene un orden sumo y pleno”27. Antes de la venida de Cristo nada absolutamente se sabía del Dios superior. El Dios verdadero permaneció oculto incluso para el Creador. Con un pequeño retoque al texto apostólico, Marción hace decir a Pablo que, desde los siglos, el misterio estuvo oculto “para el” Dios que creó todo, en vez de “en” el Dios que creó todo, del texto auténtico28.

La sorpresa que, según los relatos evangélicos, provoca la predicación de Cristo y el posterior rechazo que culmina en la cruz demuestran, según Marción, que el mensaje evangélico está en total discontinuidad con el discurso judío29. La sorpresa se debe a que se predica en oposición del Antiguo Testamento. Ninguna continuidad se verifica entre las Escrituras judaicas y el Evangelio, por eso, Marción repudia los profetas30.

Se verifica una verdadera ruptura en la historia, Puech habla de un tiempo fracturado31. Los marcionitas se glorían de un nuevo Dios, ignoto e inaudito, en este viejo mundo y en este viejo tiempo y bajo este viejo Dios32. Un Dios que ha sido ignorado por todos los siglos anteriores y solo revelado en Cristo Jesús33. La interpretación marcionita de la transfiguración es testigo de esto. En referencia a la voz del Padre, el marcionita argumenta: “la advertencia de nuestro Dios, proveniente del cielo, ordenó escuchar no a Moisés ni a los profetas, sino a Cristo”34. Cuando el Padre dice “este es mi Hijo, escúchenlo”, Marción subentiende: y no escuchen ni a Moisés ni a los profetas. Debido a esta fractura del tiempo, la historia no revela la Dios Supremo.

2.b Non per conditionem revelatus est

El Dios Supremo no tiene ninguna relación con la creación, es absolutamente extranjero; no en vano A. V. Harnack tituló su célebre monografía: Marción. El Evangelio del Dios extranjero (das Evangelium vom fremden Gott). El carácter extranjero de Dios respecto del mundo y del hombre está al centro del Evangelio de Marción35. Por lo tanto, la creación no posee en absoluto la capacidad de revelarlo. En su crítica al Evangelio de Lucas, Marción omitió aquellos textos que relacionaban el Dios de Cristo con la realidad creada36. Ninguna realidad creada puede hacer de puente entre Dios y los hombres. En el sistema de Marción, el Dios Supremo no acepta ninguna mediación. O mejor, todas las mediaciones creadas revelan a su autor, es decir, al Demiurgo, creador de este mundo.

2.c Per semetipsum revelatus est in Christo Iesu

Dios es naturaliter ignotus y solo se ha revelado por el Evangelio37. El Dios desconocido se revela solo en Cristo Jesús. Esta afirmación invita a considerar la cristología y la teología marcionita.

1. Docetismo. Como era de esperar, Marción profesa una cristología máximamente docetista38. El rechazo de las realidades materiales como obra de un Dios inferior induce al hombre del Ponto a negar cualquier relación entre Cristo y la materia. Cristo es adversario de la materia y toma, según Fil 2, solo la humana, no en su verdad. Tertuliano transmite su fundamentación:

Seguramente, los marcionitas piensan apoyarse también aquí en el Apóstol para lo que se refiere a la substancia de Cristo. Que en Cristo hubo un fantasma de carne, cuando dice que estando en imagen de Dios, no consideró un botín el asemejarse a Dios, sino que se vació a sí mismo habiendo tomado la imagen de siervo -no la verdad.-, y en la semejanza del hombre -no en el hombre- y por la figura fue hallado como hombre -no por la substancia-, es decir, no por la carne39.

Cristo asume solo la figura, no la realidad. El docetismo es extremo y la fundamentación neotestamentaria parece convincente40. Orígenes transmite que según Marción, Cristo “no nació de la Virgen sino que apareció como adulto de 30 años en Judea”41. No tiene infancia ni parientes, ni nada que lo ligue a la creación. Según los marcionitas, Cristo asegura no haber nacido cuando exclama “¿Quién es mi madre y quiénes mis hermanos?”, como si afirmara que no tiene ni madre ni hermanos42. El docetismo evita que la creación juegue un papel en la revelación del Dios Supremo. La creación es enemiga de Cristo. Los fenómenos cósmicos que acompañan a la parusía son interpretados por Marción como demostración de esta enemistad43.

2. Modalismo. Solo en Cristo el Dios Optimo se revela. Pero ¿qué relación hay entre Dios y Cristo? ¿Es posible considerar a Cristo como mediador de la revelación y salvación? La respuesta de estas interrogantes depende de una cuestión hasta ahora debatida por los estudiosos modernos, es decir, el eventual modalismo de Marción. Intérpretes tan autorizados como Harnack y Blackman lo defienden, pero Orbe, otro gran conocedor del siglo II, lo niega44. R. Braun, el editor delAdversus Marcionem en Sources Chrétiennes, opina que esta difícil cuestión permanece abierta45. No se pretende entrar en el debate. El presente estudio se limita a señalar la cuestión: la salvación que trae el Dios de Marción es tan carente de mediaciones, es decir, Dios se revela de modo tan inmediato que incluso sugiere una interpretación modalista de su teología.

Cristo, al ser un personaje solo divino, no es mediador. Pues no es una realidad que pertenezca a los dos mundos: humano y divino. Por otra parte, si es correcta la interpretación modalista de la teología marcionita, no hay alteridad entre Dios y Cristo, y, por tanto, Dios se revela de modo absolutamente directo, sin mediador.

2.d Transmisión de la revelación: el problema eclesial

La misma discontinuidad que se verifica en la revelación, se observa también en la transmisión del mensaje evangélico; y del mismo modo en que Marción destaca lo más despreciable de la creación para rebajarla, así también recalca lo más negativo de la transmisión apostólica del mensaje para rechazarla. Tal como se ha anotado más arriba, según Marción, Dios se revela por sí mismo, y esta revelación se transmite por medio de la predicación. Hasta aquí todo parece correcto. Pero este mensaje no se transmite por medio de una tradición eclesial, como entre los católicos, ni siquiera por una tradición secreta, como entre los gnósticos. Marción trastorna el concepto de tradición hasta el punto de revertirlo.

Con una no despreciable base neotestamentaria, Marción insiste en que los apóstoles no comprendieron el mensaje de Cristo. Son reiterados los reproches del Maestro en el Evangelio contra los discípulos que no comprenden46. Estos episodios debieron ser un buen argumento, pero la tesis marcionita se apoyaba fundamentalmente sobre el incidente de Antioquía, en que Pablo reprocha a Pedro y a las demás columnas de la Iglesia por no seguir la verdad del Evangelio:

En efecto, Marción, habiendo encontrado la carta de Pablo a los gálatas que ataca incluso a los mismos apóstoles de no conducirse con paso recto hacia la verdad del Evangelio, y que al mismo tiempo también acusa a ciertos falsos apóstoles de pervertir el Evangelio de Cristo, hace esfuerzos para destruir elstatus de los evangelios de los apóstoles, que les son propios y que han sido publicados con el nombre de los apóstoles o también de [hombres] apostólicos, ciertamente para conferir a su [evangelio] la fiabilidad que quitó a los otros47.

Así, el concepto de tradición queda trastornado hasta sus raíces: los discípulos no fueron capaces de comprender la novedad del Evangelio y siguieron apegados al judaísmo y, consecuentemente, deformaron su predicación. Por ello mismo la doctrina de las comunidades apostólicas debe ser considerada corrupta. El “otro Evangelio” predicado por los falsos hermanos, adversarios de Pablo (Gal 1, 7; 2,4), sería el de los católicos judaizantes, representados por Pedro48.

Se establece así una verdadera antitradición: las iglesias apostólicas, por depender de los apóstoles, predican un Evangelio deformado: las iglesias apostólicas están aprimordio corruptae49. La incomprensión del mensaje de Cristo por parte de los jefes de la Iglesia tuvo por consecuencia la corrupción del Evangelio escrito, que fue interpolado por los cristianos judaizantes, para hacerlo calzar con sus enseñanzas aún adheridas a la Ley de Moisés y al Creador de este mundo. Ante este fracaso de la revelación evangélica, Cristo se revela directamente a Pablo50, que sí comprendió el mensaje, por ello fue capaz de enrostrar su error a Pedro. Desgraciadamente, los escritos de Pablo fueron también interpolados. Finalmente, ha sido Marción el que ha sabido restaurar la integridad del Evangelio. Por ello, Marción, no se considera a sí mismo un innovador sino un restaurador del Evangelio auténtico. La situación está bien ilustrada en una página de Tertuliano:

Dicen que Marción no innovó la regla de la separación entre la Ley y el Evangelio, sino que más bien restauró nuevamente la que había sido adulterada (Aiunt enim Marcionem non tam innovasse regulam separatione legis et evangelii quam retro adultaratam recurasse). ¡Oh Cristo, Señor lleno de paciencia, que has soportado todos estos años la falsificación de tu predicación, hasta que te viniera a ayudar, precisamente Marción! Alegan que el mismo Pedro y los otros, las columnas de los apóstoles, fueron reprendidos por Pablo por no caminar rectamente en la verdad del Evangelio51.

La predicación auténtica avanza a saltos: Cristo Æ Pablo Æ Marción. De este modo, la revelación verdadera no se conserva establemente por medio de la transmisión continua en la Iglesia apostólica. El carácter apostólico de la predicación eclesial no es un motivo de credibilidad, sino una garantía de falsedad.

3. La salvación del Dios Optimo

Una sola es la obra del Dios Supremo: la liberación del hombre. Cuando los marcionitas se sienten presionados -afirma Tertuliano- vomitan diciendo: “A nuestro Dios le basta esta única obra: que liberó al hombre por su suma y exclusiva bondad, preferible a todas las langostas”52. La obra de la liberación del hombre53, propia del Dios Supremo, es incomparablemente superior tanto a la salvación deficiente que ofrece el Dios de Moisés (la salida de Egipto), como a la obra de la creación, propia del Dios de los judíos, sobre todo si se considera el carácter amenazante e imperfecto de las realidades creadas (las langostas que se vuelven castigo contra el hombre). Nuevamente, aparece la controversia contra los animales minúsculos, mencionada más arriba. En contexto polémico, Marción compara lo mejor de su Dios (la liberación) con lo peor del Dios de los judíos (la creación de las langostas).

3.a. Salvación como obra exclusiva de la bondad divina

La salvación es obra de la bondad suma y exclusiva del Dios Extranjero. Nada en el hombre puede reclamar o exigir la liberación. Nadie puede merecer esta salvación. La gratuidad es suma y exclusiva. La pertenencia del hombre al Dios de este siglo, tiene como consecuencia que el actuar humano es proporcionado para complacer o irritar al Demiurgo creador. Es el Dios del AT el que establece las leyes, las retribuciones, las amenazas y los castigos. Por el contrario, el Dios de Marción no juzga ni amenaza, porque es pura bondad, y ofrece una salvación tan trascendente que ninguna obra humana puede merecer. Tertuliano nos transmite una afirmación que puede considerarse como el núcleo de la predicación marcionita:

Yo niego que la bondad del Dios de Marción sea racional -afirma Tertuliano-, en primer lugar porque ha venido para la salvación de un hombre ajeno (quod in salutem processerit hominis alieni). Pues bien, ya sé que van a decir: la bondad perfecta y por antonomasia es esta, la que se derrama voluntaria y libremente en favor de los extraños, sin ninguna obligación de familiaridad (sine ullo debito familiaritatis in extraneos uoluntaria et libera effunditur). De acuerdo a esta [bondad] se nos pide amar a nuestros enemigos, y bajo este nombre, a los extraños54.

La ausencia total de cualquier vínculo de familiaridad entre el Salvador y el salvado destaca máximamente la absoluta bondad que motiva la salvación. El De carne Christi nos transmite el razonamiento marcionita: “Si Cristo es del Creador, amó su propio mérito; pero si es de otro Dios, amó más, en cuanto redimió al extraño”55.

Cuando el Dios de los católicos salva, socorre a su propia imagen y semejanza; cuando el Dios de Valentín salva, no hace otra cosa que salvarse a sí mismo, puesto que salva aquello que le es consubstancial56; pero cuando el Dios de Marción salva, lo hace movido única y exclusivamente por la bondad. Salva sin motivos, sin razones, con una bondad sin límites, ya que salva lo que no le pertenece. Las buenas obras pertenecen al régimen de la justicia, de la Ley y del Demiurgo, y son totalmente irrelevantes ante el Dios Optimo.

3.b. Irrelevancia del actuar humano para la salvación

La fractura y discontinuidad entre el Creador y el Salvador tiene como consecuencia que el actuar humano se revela absolutamente inadecuado y desproporcionado para complacer o irritar al Dios Supremo. La acción del Dios Optimo no se deja conducir ni medir por estándares humanos. De este modo, la moral del hombre es completamente irrelevante para el Dios Extranjero. Nada creado coopera con la salvación. El hombre aporta solo su fe57.

No se trata de que las acciones del hombre son en absoluto irrelevantes, lo que interesa es insistir que son absolutamentes desproporcionadas (y por eso irrelevantes) para merecer la salvación que ofrece el Dios Superior. Las obras humanas no cuentan para la salvación. Por ello Tertuliano afirmará irónicamente que el Dios de Marción invita a pecar58. Los marcionitas tendrán ciertamente una severa ascesis, pero ella no pretende merecer la salvación sino rechazar y despreciar este mundo material59.

Más aún, el Cristo de Marción se presenta como enemigo de la ley: toca al leproso, ama a los enemigos de la ley (el publicano), viola el sábado, beneficia a la mujer pecadora, sanó a la hemorroísa precisamente porque violó la ley, salva precisamente a Zaqueo, un enemigo de la ley, se salta los preceptos alimenticios, e incluso reprocha la observancia de la ley60 . Pero Marción va más allá. No solo asegura que la justicia humana no es capaz de merecer la salvación ofrecida por el Dios Supremo, llega incluso a afirmar que la justicia humana predispone negativamente a la recepción de la verdadera salvación. Esta vez es Ireneo el que nos informa:

Afirma [Marción] que se salvarán únicamente los que habrán aceptado la doctrina marcionita (…). Dice que Caín y los que se le asemejan, los sodomitas, los egipcios y similares, y, en general, todos los paganos que se han dado a la más inicua conducta, fueron salvados por el Señor cuando descendió a los infiernos y salieron a su encuentro; entonces los aceptó en su reino. En cambio, Abel, Enoc y Noé con el resto de los justos, los patriarcas que proceden de Abraham, todos los profetas, y en general los que agradaron al Dios [Creador], no participan en la salvación; tal es la proclama de la serpiente que está en Marción. La razón aducida es que sabían que su Dios les estaba tentando continuamente; creyeron que su Dios les estaba tentando de nuevo, y por esto no salieron al encuentro de Jesús ni creyeron en su predicación. En consecuencia, sus almas permanecieron en los infiernos61.

La dialéctica paulina entre obras y gracia pasa a ser antítesis en la doctrina marcionita62. Los que agradaron al Dios justiciero del AT no están bien predispuestos a recibir una salvación gratuita. Al contrario, los injustos ante el Dios de la Ley están mucho mejor preparados para abandonarse con fe a un mensaje de salvación.

3.c. Salvación sine tactu… sola voluntate

Como es sabido, Marción redactó una pequeña obra llamada las antítesis que contrastaba textos del Antiguo y del Nuevo Testamento para mostrar la incompatibilidad de estos mensajes. Una de las antítesis oponía a Eliseo contra Cristo. El profeta del Creador había sanado solo un leproso y esto mediante siete baños, mientras Cristo sanó muchos leprosos de modo mucho más simple:

Eliseo tuvo necesidad de la materia, se valió del agua, y de ella siete veces; Cristo, por el contrario, con su sola palabra, y esta pronunciada una sola vez, realizó inmediatamente la curación63.

La antítesis muestra la simplicidad de la salvación ofrecida por Cristo y, lo que es más relevante para nuestro tema, la familiaridad del profeta respecto de la materia confrontada a la aversión de Cristo: la materia es amiga de Eliseo y adversaria de Cristo. Mientras el régimen del Creador obra mediante las creaturas, el Cristo de Marción no se vale de la materia para sanar. Es una salvación sin mediaciones. Actúa con su sola palabra.

Más radical que el caso anterior es la interpretación marcionita de la sanación de los diez leprosos. La complicada ley de la lepra del Levítico, texto problemático en su lectura literal64, fue opuesta por Marción a la simplicidad del Evangelio:

A nosotros nos corresponde saber cuál sea la interpretación de la ley de la lepra respecto de los distintos tipos de este corrupción y de los exámenes realizados por el sumo sacerdote; a Marción le toca oponer la complicación de la ley, para que afirme también aquí que Cristo es enemigo de ella, puesto que no observa los ritos de la ley también en la curación de los diez leprosos, a los que solo ordenó ir a presentarse a los sacerdotes y los limpió [de la lepra] en el camino, sin tocarlos y sin palabras, con su silencioso poder y su sola voluntad65.

Esta vez, la salvación de Cristo no se vale ni siquiera de la mediación de la palabra. Mientras la ley ofrece un complicado y fatigoso ritual (morositas legis)66, el Cristo de Marción sana sine tactu et sine verbo con su silencioso poder y su sola voluntad (tacita potestate et sola uoluntate). Nada más ajeno a la mentalidad de Marción que el carácter sacramental de la economía divina. Las mediaciones no tienen cabida en este sistema. Tertuliano reprocha a los marcionitas porque no son coherentes con esta doctrina. El polemista latino se burla de Marción al recordarle que debe mendigar al Creador el agua, el aceite, la miel, la leche y el pan, para sus ritos67.

3.d Contenido de la salvación del Dios Extranjero

Coherente con el rechazo de las realidades materiales, Marción asegura que el Dios Optimo salva solo el alma. Según Tertuliano es imperfecta la bondad del Dios Supremo, porque no solo reserva la salvación a unos pocos, sino porque la salvación no alcanza a todo el hombres, sino solo a su alma, puesto que la carne no resucita68. El polemista católico además reprocha a Marción porque bautiza la carne que no será salvada69.

La salvación ofrecida por el Dios de Marción es puramente espiritual. Por su parte, el Creador retribuye con las promesas terrenas. En base a este contraste, se estructura una de las antítesis. Hablando del contenido de su esperanza, el marcionita declara:

Por cierto, espero de Él aquello mismo que dé testimonio de la diversidad: el reino de posesión eterna y celestial. Por el contrario, vuestro Cristo promete el antiguo estado de los judíos por la restitución de la tierra y después del transcurso de la vida, el refrigerio en el seno de Abraham, en los infiernos70.

La diversidad entre el Creador y el Salvador se manifiesta en sus respectivas promesas: uno promete un reino eterno y celestial, y el otro uno terrenal y temporal. Esta antítesis marcionita se comprende en el contexto del florecimiento de la esperanza materialista que aspiraba a una retribución corporal para los salvados71. Marción extrema la oposición para fundamentar su diteísmo: la retribución del Creador se ubica en el infierno (seno de Abraham), al paso que la del Cristo de Marción está en el cielo. En reacción contra este milenarismo, Marción insiste en que el Dios Supremo retribuye con bienes celestiales y no terrenales como el Dios de la Ley72. El rechazo de una retribución material es tal que lleva a Marción a interpretar alegóricamente (contra sus propios principios bíblicos) el banquete de Lc 14, 16: afirma que se trata de saciedad y alegría espiritual73. El Creador promete larga vida, el Salvador, vida eterna74.

La salvación que ofrece el Dios de Marción consiste en la liberación respecto del Creador y de su ley. Tertuliano dice irónicamente que el Dios Optimo roba siervos ajenos. Asimismo, el pagano Celso ataca al Dios marcionita y también lo llama “ladrón de esclavos”75. El Dios de Marción viene a arrebatarle los esclavos al Señor de este mundo:

¿Qué hay, en efecto, más injusto, inicuo y perverso -se pregunta Tertuliano- que beneficiar de tal modo al siervo ajeno hasta arrebatarlo respecto de su Señor, hasta reivindicarlo para otro, hasta sobornarlo contra la autoridad de su Señor, y sobre todo, lo que es más indigno, incluso en la misma casa del Señor, viviendo todavía de su granero y aun temblando bajo sus golpes?76.

En definitiva, Cristo viene a liberar del Creador. La dependencia de Yahvé, el Señor de este mundo, es concebida, por tanto, como una verdadera escalvitud. Afirma Harnack: “A la pregunta de qué ha salvado Cristo -de los demonios, de la muerte, del pecado, de la deuda, de la carne (todas estas respuestas figuran ya en época muy temprana)-, responde Marción de modo radical: nos ha redimido de la creación (también de nosotros mismos), y de su Dios, para hacernos hijos de un nuevo y extraño Dios”77.

4. Conclusión: la salvación sin mediaciones

Según Marción, Dios no se vale de mediaciones ni para la revelación ni para la salvación. La ausencia total de cualquier vínculo de familiaridad entre el Dios Supremo y el mundo tiene como consecuencia la absoluta incapacidad de las realidades creadas (incluido el hombre) para revelar o para cooperar con la salvación. Esta afirmación de carácter general se verifica en diversos ámbitos.

1) La creación, notoriamente imperfecta, no revela al Dios de Jesucristo, sino al Demiurgo creador de este mundo.

2) El hombre por su pecado manifiesta un Dios Creador imperfecto, incapaz de conducir a su propia creatura: el último responsable del pecado del hombre es el Creador.

3) La imperfección del hombre junto a la trascendencia de la salvación ofrecida por el Dios Superior tienen como resultado la absoluta irrelevancia del actuar humano en vistas de la salvación. La obras humanas solo son capaces de complacer o irritar al Dios de la Ley. Cristo, por el contrario, ofrece por pura bondad, gratuitamente, una salvación que es imposible de alcanzar mediante las propias obras.

4) De acuerdo a la enseñanza de Marción, es posible afirmar que Cristo no es mediador. Por una parte, Cristo es solo Dios (es hombre en apariencia). Este docetismo niega que Cristo pertenezca a ambos mundos (divino y humano) y lo hace incapaz de mediar. Por otra parte, el eventual modalismo marcionita presenta a Cristo como Dios mismo que se revela directamente: una vez más, sin mediador. Finalmente, la acción de Cristo no se vale de las realidades creadas: salva sine tactu, sola voluntate.

5) La Iglesia tampoco cumple el papel de garantizar la transmisión fiel de la revelación. Por el contrario, el carácter apostólico de una doctrina se vuelve garantía de su falsedad: la tradición está corrompida desde el principio.

Nada creado puede cooperar con esta salvación verdadera y trascendente. No hay mediaciones en el sistema de marcionita. Las realidades creadas no pueden aportar nada a la obra del Dios Extranjero porque, en definitiva, la salvación consiste en una liberación de la creación, del Creador y de su ley. La propuesta de Marción es radical: el mundo es imperfecto y amenazante, y así también debe ser el Creador del mundo y la salvación que este ofrece; por lo tanto la única verdadera salvación es la liberación de este mundo y de su Autor. La creación es adversaria de la salvación. Difícilmente las realidades creadas o la obsevancia de la ley podían cooperar a la salvación en un sistema que afirma que el Dios Supremo viene a salvarnos precisamente del yugo de la creación, del Creador y de la ley.“Lo que Marción vio en el Evangelio -afirma Harnack- no fue la explicación del mundo, sino la liberación del mundo”78.

II. REACCION DE TERTULIANO

La influencia de Marción fue enorme. Tertuliano nos dice que la tradición marcionita “ha llenado el mundo entero”79. Y la prueba más elocuente de esta gran difusión y de la necesidad de la Iglesia de reaccionar contra Marción son las numerosas obras polémicas que, en diversos lugares del Imperio, se compusieron contra él. Justino escribió un Contra Marción, en Roma, por el año 160; Dionisio de Corinto, por el 170, redactó una carta contra Marción para los de Nicomedia; alrededor del mismo año, Teófilo de Antioquía compuso su Contra Marción; a fines del s. II escribieron contra Marción: Felipe de Gortina, en Creta; Bardesanes en Mesopotamia; Ireneo en las Galias, y Rodón e Hipólito en Roma80; por el año 210 Tertuliano en Cartago terminó la tercera redacción del tratado que nos ocupa; encontramos abundante material antimarcionita en obras de los ss. III y IV, tales como los escritos de Clemente y Orígenes en Alejandría y Cesarea; losDiálogos sobre la recta fe del Adamancio; las obras de Efrén el Sirio y el Panarion de Epifanio de Salamina; finalmente, del s. V se conserva el Contra las sectas, del armeno Eznik de Kolb.

1. Autonomía relativa del mundo y del hombre respecto del Creador

Estudiar la reacción de Tertuliano ante cada una de las dificultades propuestas por Marción requeriría una monografía y nos llevaría lejos del tema específico del Seminario. En el presente estudio intentaremos descubrir el núcleo de la respuesta de Tertuliano que sí está en estrecha relación con el tema de las mediaciones de la salvación.

La dificultad central que desvió a Marción del Evangelio auténtico parece ser la incapacidad de concebir una autonomía relativa para el hombre y el mundo respecto del Creador. No supo cómo armonizar trascendencia e inmanencia. La imnanencia fue adjudicada para el Dios Creador, adorado por los judíos; mientras la trascencencia fue otorgada al Dios desconocido, extranjero a este mundo.

2. Autonomía relativa del mundo

Tertuliano contesta las críticas marcionitas a la creación, afirmando que “si crear algo, lo que sea, es indigno de Dios, cuánto más indigno de Dios es no haber hecho nada81 destaca la bondad de la creación y, por consiguiente, del Creador82, y recuerda que el mundo, entre los griegos es llamado kósmos, es decir, belleza, ornamento, orden y no “fealdad”. La belleza misma de las cosas proclama la magnanimidad del Creador:

¿Debo descender a los ejemplos más bajos? Una sola florcita de los campos, no digo de los prados, una conchita de cualquier mar, no digo del Mar Rojo, una sola plumita de un gallo, no me refiero al pavo real, ¿acaso te hablan del Creador como un sucio artesano?83.

El texto transparenta no solo habilidad retórica, sino una viva y sincera conmoción ante la belleza de las creaturas. Siguiendo a Pablo, Tertuliano declara que Dios debe ser conocido a partir de sus obras84. Por el contrario, acusa de irracional la fe en un Dios sin obras85. Mientras Marción destaca lo más negativo de la creación (las pulgas, las langostas y el pecado), Tertuliano, siguiendo la teodisea de la filosofía clásica, insiste en la belleza de la creación. Pero las imperfecciones del mundo creado son también evidentes. Tertuliano las reconoce y da razón del carácter limitado del mundo:

El mundo no es indigno de Dios. En efecto, Dios no habría hecho nada indigno de sí. Si bien hizo el mundo para el hombre y no para sí. Y toda obra es inferior a su artífice86.

El mundo no es indigno de Dios, pero no es divino. El mundo es inferior a Dios, pero no es negativo, porque guarda una cierta relación. Y precisamente por esta familiaridad que hay entre Dios y el mundo, Dios se ha podido revelar en este mundo y por medio de las creaturas. Por el contrario, precisamente por el hiato metafísico que establece Marción entre el mundo y su Dios, este no ha podido revelarse por medio de las realidades creadas87.

2.1. La relación entre la creación y el Dios revelado en Cristo

Ya Cicerón distinguía el conocimiento natural del que se adquiere por la enseñanza88. Tertuliano aplica esta distinción al ámbito teológico y define dos modos de conocer a Dios:

Nosotros definimos que Dios primero debe ser conocido por naturaleza, y luego reconocido por la doctrina; por naturaleza a partir de las obras, y por la doctrina a partir de la predicación89.

Estos dos modos de conocer a Dios son diversos pero están íntimamente relacionados. En varias obras, Tertuliano declara la prioridad del conocimiento natural respecto del revelado. En el Adversus Marcionem afirma: “El alma es anterior a la profecía”90. En el De Resurrectione mortuorum se insiste en esta prioridad: primero hay que ser discípulo de la naturaleza (discipulus ante naturae) para creer con mayor facilidad en la predicación91. El conocimiento revelado es, sin duda, más perfecto, así lo afirma en el Apologéticum92, pero es posterior al conocimiento natural de Dios.

Este conocimiento primario, que es anterior a la predicación, es evidente y por lo tanto el que lo niega comete un delito: “Este es precisamente el máximo delito de los que no quieren reconocer al que no pueden ignorar”93. La ascendencia paulina de esta afirmación está a la vista (Rom 1, 18-32). “Dios tiene testigos: todo lo que somos y en lo que nosotros existimos”94,  es decir el hombre y la creación. Tal como Justino, Tertuliano profesa la doctrina del conocimiento natural de Dios. Estos dos testigos introducen a dos aspectos del modo de conocer de Dios. Por una parte, la capacidad de la creación para revelar a su Creador; y, por otra, la capacidad innata del alma para conocer a Dios. El camino a seguir está sugerido por el autor latino: “Al iniciar el examen del Dios conocido, si se pregunta bajo qué condiciones él sea conocido, será necesario comenzar por sus obras, que son anteriores al hombre”95.

2.b. El testimonio de la creación

En un hermoso texto, el autor africano declara que el propósito de la creación es precisamente dar a conocer a Dios, y, por ello, Dios es conocido desde el principio, sin necesidad de revelación profética alguna:

Puesto que desde el principio de las cosas su Creador fue conocido junto con ellas, que con este propósito ellas fueron producidas: para dar a conocer a Dios. Aun si Moisés, que es un poco posterior a la creación del mundo, parece haber sido el primero a establecer a Dios en el templo de sus escritos, no por esto se calculará el inicio del conocimiento desde el Pentateuco, desde el momento que toda la obra de Moisés no da inicio al conocimiento del Creador, sino que narra este conocimiento desde sus inicios. Este conocimiento surgió desde el paraíso terrenal y desde Adán, no desde los acontecimientos de Egipto y desde Moisés96.

En innumerables textos, Tertuliano afirma el conocimiento divino por medio de las craturas. Todo el universo es testigo de la existencia de su Creador97. Por ello, para él, la existencia y la bondad de Dios son evidentes a partir de las realidades creadas98. La creación ha sellado el testimonio de la existencia del Creador.

3. Autonomía relativa del hombre

Marción afirma que en Adán peca la substancia divina (el soplo que el Creador infunde en el hombre). La primera tarea será la de distinguir entre el hombre y Dios:

Pues también por esto el hombre es imagen de Dios, es decir, del espíritu, pues Dios es espíritu. El soplo es imagen del espíritu. Por otra parte, la imagen no se adecua en todos sus aspectos a la verdad. Una cosa es ser según la verdad, otra es ser la verdad misma99.

El alma es semejante a Dios, pero no se identifica con él. “En caso contrario, no sería alma, sino espíritu; y el que recibió el alma no sería hombre, sino Dios”100. El hombre es, entonces, imagen de Dios, pero no es divino, porque es necesario que la obra sea algo diverso respecto del artífice, y sea inferior inferior al artífice101. Tertuliano considera estúpidos a los que a partir las cosas humanas juzgan inmediatamente las divinas. Es necesario distinguir entre la substancia divina y la humana102. En este último caso, Tertuliano insiste en la diversidad entre el hombre y Dios.

3.1. Autonomía relativa del hombre: el libre albedrío

Un motivo central en la génesis y desarrollo de la doctrina marcionita es el pecado de Adán, cuyo último responsable, según Marción, es el Creador del hombre, puesto que en el hombre peca la substancia divina (el alma). Se impone una reflexión sobre el libre albedrío para declarar inocente al Dios Creador.

Toda una sección del Adversus Marcionem está consagrada a este tema (II, 4-8). El libre albedrío cumple un papel fundamental en la estructuración de esta autonomía relativa. Por una parte, Tertuliano afirma que la imagen y semejanza consiste en la libertad y el poder sobre el propio arbitrio. Por otra parte, el libre albedrío hace del hombre un ser autónomo y responsable de sus actos. De este modo, la misma facultad del libre albedrío otorga al hombre la semejanza y la distancia respecto de su Creador.

Los marcionitas objetan que el hombre no debió ser creado así, puesto que la libertad posibilitó el pecado. Tertuliano responde que no hay verdadero bien por necesidad103. Es necesaria la libertad para aceptar el bien voluntariamente104. Por otra parte, el libre albedrío será la facultad que permitirá al hombre lograr la victoria final sobre el diablo105.

3.2. El anima naturaliter christiana

En estrecha dependencia con la revelación divina en la creación, está el conocimiento natural de Dios del que goza el alma. Se trata del característico tema del animanaturaliter christiana profesado por Tertuliano, que se encuentra formulado en el Apologeticum donde exclama: “¡Oh testimonio del alma, cristiana por naturaleza!”106, y desarrollado en su tratado De testimonio animae, en donde declara “Estos testimonios del alma son tan verdaderos como simples, tan simples como usuales, tan usuales como comunes, tan comunes como naturales y tan naturales como divinos”107. De este modo, aun los que no han escuchado ni el nombre de Moisés conocen al Dios verdadero en su alma:

La mayor parte de los pueblos del género humano, que no conocen ni siquiera el nombre de Moisés, y mucho menos sus escritos, conoce, en todo caso, al Dios de Moisés; aun cuando tanta idolatría espande su dominio como una sombra, de todos modos, lo llaman casi con su nombre propio: “Dios”, y “Dios de los dioses”, y “si Dios lo concede”, y “aquello que complace a Dios”, y “lo confío a Dios”. Fíjate un poco si acaso no conocen al que declaran omnipotente. Esto no se lo deben a ningún libro de Moisés. El alma es anterior a la profecía. El conocimiento de Dios es, en efecto, un don del alma desde su origen: es la misma alma, y no otra, en Egipto, en Siria y en el Ponto. Las almas llaman “Dios” al “Dios de los judíos”108.

El alma es la misma en todos los hombres. El autor africano asegura que la condición humana puede definir a Dios como Summum Magnum, es decir, como Grandeza Suprema, con esta definición estará de acuerdo la conciencia universal. En cada conciencia humana se lee el testimonio de que Dios es el Creador del mundo109.

La existencia del testimonio del alma nos habla de la afinidad que reconoce Tertuliano entre el hombre y su Autor, el carácter imperfecto de este testimonio, que debe ser plenificado por la revelación, nos refiere la distancia que concibe Tertuliano entre el ser humano y su Hacedor. Esta afinidad y esta distancia definen la autonomía relativa del hombre frente al Dios Creador.

4. Conclusión para Tertuliano

Tertuliano ensaya una justa valoración de las realidades creadas y, particularmente, del hombre. Aquí se encuentra la clave para fundamentar la función de las mediaciones para la salvación. De un lado, una cierta familiaridad entre Dios y el mundo es necesaria para que la salvación pueda llegar hasta nosotros. Del otro, una cierta distancia declara inocente al Creador del pecado del hombre y del mal que se experimenta en el mundo. En este contexto, sí se puede hablar de mediaciones. Las realidades creadas cooperan a la salvación. Las creaturas, el alma, la razón y las acciones humanas, la humanidad de Cristo, la Iglesia, la tradición, etc., son capaces de mediar entre Dios y los hombres con vistas a la salvación. Porque las realidades creadas ni son divinas ni son enemigas de Dios.

III. CONCLUSION GENERAL

El problema de la valoración de la creación está al centro de la doctrina marcionita. Si nos atenemos al relato de Tertuliano que nos narra la génesis de la doctrina de Marción -único relato de este tipo-, comprobamos que Marción era atormentado por el problema del origen del mal: Unde malum? Tal como el joven Agustín, Marción se preguntaba por el origen del mal. La dificultad no fue superada, porque Marción no fue capaz de otorgar una autonomía relativa al mundo creado y al hombre respecto del Creador. Ante esta incapacidad, a Marción no le quedó más remedio que acusar al Creador de las imperfecciones de la creación y, lo que es más grave, culpar al Creador del pecado del hombre. Si el mundo y el hombre reflejan inmediatamente a su Autor, entonces el Creador es inmperfecto y culpable. De aquí surje la necesidad de introducir otro Dios, perfecto e inocente, que no tenga ningún vínculo de familiaridad con el mundo y el hombre.

Marción plantea grandes dificultades a la teología católica de sus contemporáneos. La radicalidad de esta propuesta obliga a los doctores católicos a pensar con profundidad algunos aspectos de la fe cristiana que hasta entonces se profesaban vagamente y de modo pacífico. En esto radica el valor del sistema marcionita: en proponer muy tempranamente, en el año 144, y de modo extremadamente agudo y radical, una solución racionalmente consistente para temas centrales de la doctrina cristiana. Esta solución rescata algunos elementos genuinamente cristianos, como la centralidad de la gracia y la novedad de la revelación cristiana110, pero incluye muchísimos puntos inaceptables. La propuesta de Marción se revela como un desafío a la teología católica. Temas tan trascendentales como el valor del Antiguo Testamento y la novedad del Nuevo, la relevancia del actuar humano para la salvación, es decir, el problema del mérito, el valor de la razón, la relación entre creación y salvación, el significado de la tradición y de la Iglesia, etc., serán reflexionados en polémica contra Marción. El desconocimiento de este contexto impide una comprensión profunda de la teología católica de los primeros siglos.

Así se comprende el valor del debate en torno a Marción, que no me parece desproporcionado calificar como una de las polémicas más fecundas e instructivas que se han producido en la historia de la teología cristiana.

RESUMEN

Marción profesa un severo pesimismo cosmológico y antropológico, que tiene su punto de partida en la pregunta acerca del origen del mal y en una comprensión literal de algunos versículos bíblicos. Esta valoración repercute en una valoración también negativa del Creador (confirmada por la imperfección del mundo y el pecado del hombre). El Dios Verdadero, por su parte es totalmente extranjero respecto del hombre y del mundo. Este carácter extranjero, propio del Dios Supremo, impide que este se valga de las realidades creadas para revelarse. El mundo es adversario del Dios Bueno. Por lo tanto, ninguna realidad creada puede servir de mediación entre el alma del hombre y el Verdadero Dios: se plantea una salvación sin mediaciones. La última parte del artículo estudia sumariamente la reacción de Tertuliano, que insiste en una justa valoración de las realidades creadas: hay que admitir, a la vez, una cierta distancia y una cierta familiaridad entre Dios y el mundo.

ABSTRACT

Marcion confesses a deep cosmological and anthropological pessimis, derived from the question about the origin of evil and form a literal understanding of the some biblical verses. Such valorisation also has repercussions on a negative valorisation of the Creator (confirmed by the imperfection of the world and the sin of man). The real God, is an entire stranger to man and the world. Such foreign character, characteristic of the Supreme God, prevents Him from revealing Himself through the created realities. The world is the good Gods adversary, so no created reality may serve as mediation between the human soul and the True God: He advocates a salvation without mediations. The final part of article presents a summary of Tertulians reaction, who stresses the just valorisation of the created realities: the acceptance of both a certain distance and familiarity between God and the World.

_______________

(1) Marción nació hacia el año 85, natural de Sínope, el Ponto. En torno al 139, fue a Roma. Según los heresiólogos habría sido discípulo de Cerdón. En el 144 no logró hacer aceptar su doctrina diteísta y su interpretación de Pablo. Expulsado de la comunidad romana, fundó su iglesia y se dedicó al proselitismo en Oriente, con gran éxito. Murió alrededor del año 160. Lo conocemos solo por sus adversarios: la fuente principal es el Adversus Marcionem de Tertuliano (año 207-212, la 3ª redacción);         [ Links ] además, Justino mártir (I Apol 26 y 58), Ireneo (Adv. haer I,27,2-4; III,12,12; IV,33,2; IV,27-32), Ps. Hipólito (Ref., VII,29-31), Epifanio (Panar., 42); Adamancio (Diálogos de la recta fe); Efrén el Sirio, Eznik (s. V, Contra las sectasDe Deo). Otros autores como Clemente y Orígenes lo refutan aquí y allá. Marción vio en la oposición paulina entre la Ley y la gracia, el núcleo del Evangelio. Extremó esta tensión entre la Ley y el Evangelio, hasta concluir que las Escrituras (AT) eran incompatibles con el Evangelio de Jesús. Dios, el Padre de Cristo, era uno distinto respecto del Dios Creador que inspiró la Ley de Moisés. Así introdujo la distinción entre el Creador, Dios de los judíos, Autor de la Ley y del mundo, y el Dios Supremo, Padre de Cristo. Marción no podía desconocer que tanto los evangelios escritos como algunos textos paulinos niegan la oposición entre el Dios de la Ley y el Padre de Cristo. Concluyó de esta observación que ya los primeros discípulos no comprendieron “la verdad del Evangelio”, entre ellos, naturalmente, Pedro junto con los falsos hermanos de la Carta a los Gálatas (Gál 2, 11-14, incidente de Antioquía). Los discípulos, apegados a la Ley, habrían predicado a Cristo como Hijo del Creador y habrían enseñado la observancia de la Ley, en circunstancias que Cristo habría venido a liberar del Creador y de la Ley. Posteriormente, las cartas habrían sido interpoladas por los judaizantes. Por este fracaso en la predicación, Cristo habría revelado directamente a Pablo el verdadero Evangelio. Marción se dedicó a restaurar “la verdad del Evangelio” expurgando las cartas de Pablo y el Evangelio de Lucas (identificado con el Evangelio de Pablo). La exégesis marcionita es puramente literal, puesto que es precisamente la interpretación alegórica o espiritual la que atenúa la oposición entre el AT y el NT. De este modo, Marción estableció el primer Canon: reunió las cartas de Pablo y el Evangelio de Lucas en un solo códice, el que contraponía a las escrituras de los judíos. Marción sería el primero en ensayar un canon neotestamentario; en reacción a este, la Iglesia Católica habría tomado conciencia del suyo propio. Marción precedió este Instrumentum (su NT) con otra obra: las Antítesis, es decir, una serie de textos bíblicos que mostraban que el AT y el NT eran irreconciliables. Tertuliano menciona además una carta de Marción, de la que no tenemos más noticias. Para hacerse una idea de la gran difusión del marcionismo, basta recordar las múltiples obras polémicas, escritas en diversas partes del Imperio. De la mayoría conocemos solo el nombre, pero no el texto. En el s. II, escribieron contra Marción Justino en Roma, Dionisio en Corinto, Teófilo de Antioquía, Felipe de Gortina, Bardesanes en Mesopotamia, Ireneo en las Galias, y Rodón e Hipólito en Roma; del s. III conservamos el Contra Marción de Tertuliano         [ Links ] en Cartago; en el s. IV hay material antimarcionita en los Diálogos sobre la recta fe del Adamancio, en las obras de Efrén el Sirio, en elPanarion de Epifanio de Salamina         [ Links ]y en el Contra las sectas, de Eznik de Kolb         [ Links ](s. V) en Armenia.

(2) E.R. DODDS, Pagan and Christian in an Age of Anxiety, New York 1965         [ Links ](trad. Española, Paganos y cristianos en una época de angustia, Madrid 1975, pp. 22-23). Propone como ejemplo de esta actitud trágica ante el mundo los escritos de Epicteto, Plutarco, Longino, Valentín y Marción.

(3) Se trata del título del mismo libro de Dodds.

(4) La primera mitad del s. II está marcada por una sucesión de revueltas judías, cuyos desastrosos resultados, tanto para los romanos como para los judíos, alimentaron un fuerte antisemitismo en el ambiente romano y cristiano.

(5) Is 45,7: Ego sum qui condo mala, en el texto latino de Tertuliano;         [ Links ] según la LXX:

(6) Cf. Lc 6,46. La comparación evangélica de los dos árboles fue muy utilizada por los marcionitas. Cf. A. v. HARNACK, Marcion. Das Evangelium vom fremden Gott (TU, 45), Leipzig 1924, p. 260*-261*.        [ Links ]

(7) Tertuliano, Adv. Marc., I,2,2-3.

(8) Cf. “Marcione accettava per intero lAntico Testamento. Si trattava delle Scrittura di Iahvè, del demiurgo del mondo”: A. ORBE, Il Cristo. Testi teologici e spirituali dal I al IV secolo. Fondazione Lorenzo Valla, Milano 1990, p. XV-XVI.         [ Links ] Cf. Orígenes, De principiis, IV,2,1;         [ Links ] A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, Wipf and Stock Publishers 1997, p. 271.        [ Links ]

(9) Sobre el carácter literal de la lectura marcionita de la Escritura, cf. Orígenes, Rom.Com II,13: “Marcion sane, cui per allegoriam nihil placet intellegi, quomodo exponat quod dicit Apostolus, circumcisionem prodesse”, PG XIV,910A. Cf. A. v. Harnack, Marcion…, pp. 259*-260*.

(10) Ps.-Hipólito, Refutatio, X,19: (Links ]GCS 26, p. 280).

(11) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,13,2.        [ Links ]

(12) Cf. G. SOURY, Le problème de la providence et le “De sera numinis vindicta” de Plutarque, Revue des Études Greques, 58 (1945) p. 165.        [ Links ]

(13) Lactancio, De ira, 13,9.12;         [ Links ] cf. Lactancio, Instituciones divinas, VII,4,11         [ Links ](ver el comentario ad loc. en SCh 289, p. 305). La objeción se encuentra ya en Cicierón. Cf. R. BRAUN, Tertullien. Contre Marcion, p, 162, n. 2.        [ Links ]

(14) Tertuliano, Adv. Marc., I,14,1.

(15) En los comentarios de Jerónimo a los profetas y a las cartas de Pablo, se encuentran algunas declaraciones explícitas de su dependencia de la obra de Orígenes. Así lo afirma respecto al comentario de la carta a los Efesios: “Illud quoque in Præfatione commoneo, ut sciatis Origenem tria volumina in hanc Epistolam conscripsisse, quem et nos ex parte secuti sumus. Apollinarium etiam et Didymum quosdam commentariolos edidisse, e quibus licet pauca decerpsimus”: Eph.Com, prol. (PL, XXVI 472b); “Ego enim in Commentariis ad Ephesios sic Origenem et Didymum et Apollinarium secutus sum”: Jerónimo,Contra Rufinum, I,16 (Links ]SCh, 303,44; PL, XXIII 409c), cf. I,22; y respecto al comentario a los Gálatas: “Origenis Commentarios sum secutus. scripsit enim ille uir in Epistolam Pauli ad Galatas, quinque proprie uolumina …”: Gal.Com, prol. (PL, XXVI 333a); cf. Jerónimo, Epist., 112,4-6. Para el parecer de la crítica moderna, cf. A. v. HARNACK, Der kirchengeschichtliche Ertrag der exegetischen Arbeiten des Origenes (TU, 42/4), Leipzig 1919, pp. 141-168;         [ Links ] A. ORBE, La excelencia de los profetas, según Orígenes, Estudios Bíblicos 14 (1955) pp. 196-199;         [ Links ] M.A. Schatkin, The Influence of Origen upon St. Jeromes Commentary on GalatiansVChr 24 (1970) pp. 49-58;         [ Links ] F. DENIAU, Le commentaire de Jérôme sur Ephésiens nous permet-il de connaître celui dOrigène?, en Origeniana, H. CROUZEL-J. RIUS-CAMPS (Eds.), Bari 1975, pp. 163-179.        [ Links ]

(16) “Comparatione huius sceleratior Marcion, et omnes haeretici, qui Vetus lacerant Testamentum. Cum enim recipiant prouidentiam, accusant Creatorem et asserunt eum in plerisque operibus errasse, et non ita fecisse, ut facere debuerat. Ad quam enim utilitatem hominum, serpentes, scorpios, crocodilos et pulices, cimicesque et culices pertinere?” Jerónimo, In Isaiam 7,18 (CCL 73, p. 274). Cf. “Quod si non putant eorum esse parua quorum et magna sunt, alterum mihi conditorem, iuxta Valentinum, Marcionem et Apellen, formicae, uermium, culicum, locustarum: alterum caeli, terrae, maris, et angelorum debent introducere. An potius eiusdem potentiae est, ingenium quod in maioribus exercueris, etiam in minoribus non negare? Jerónimo, Ad Philemonem, prol. (PL 26, col. 638).

(17) “Quomodo potentia Dei in aegyptiis plagis ostensa est per parua animalia, et praecipue ciniphes, qui tam parui sunt culices, ut uix cernantur oculis, sic et nunc in paruo tardo que uermiculo, qui uix moueri potest, et leui tactu conteritur, Dei potentia et humana fragilitas demonstratur. non quo Deus ad nutum suum et potentiae maiestatem nequeat terras subuertere, et operire cuncta diluuio, uel fulmine concremare, sed per parua et, ut ita dicam, puncta corporum, ostendit humanam fragilitatem. unde et illud solemus Marcioni et ceteris respondere haereticis qui Vetus laniant Testamentum, quod et pulices et culices et cimices, et huiuscemodi animantia idcirco fecerit Deus, ut fragilitatem et imbecillitatem nostrae carnis ostenderet, quae intantum nihil est, ut ab his quae parua sunt uulneretur”. Jerónimo, In Ioelem, II (CCL 76, p. 190).

(18) Probablemente se trate de una interpretación del soplo divino que da origen al alma, según Gn 2,7, cf. Adv. Marc., II,5,1; II,9,1. Aquí se ve que Marción tomaba en serio el AT, pero siempre como revelación del Dios de los judíos.

(19) Tertuliano, Adv. Marc., II,5,1-2.

(20) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,6,1.

(21) “Quoquo tamen, inquis, modo substantia creatoris delicti capax inuenitur, cum adflatus dei, id est anima, in homine deliquit nec potest non ad originalem summam referri corruptio portionis”, Tertuliano, Adversus Marcionem II,9,1. Cf. II,10,1.

(22) Tertuliano, Adv. Marc., II,6,8.

(23) Tertuliano, Adv. Marc., I,2,3.

(24) Tertuliano, Adv. Marc., IV,30,2.

(25) “Immo, inquiunt marcionitae, Deus noster, etsi non ab initio, etsi non per conditionem, sed per semetipsum reuelatus est in Christo Iesu”, Adv. Marc., I,19,1.

(26) Se trata de una combinación de Lc 3,1 y 4,31. La expresión “desde el cielo” pertenecía con seguridad a la interpretación marcionita del Evangelio, pero no es seguro que apareciera explícitamente en el texto de Marción. Cf. Adv. Marc., IV,7; A. v. HARNACK, Marcion, pp. 183*-184*.

(27) “Vnde autem et Iohannes uenit in medium? subito Christus, subito Iohannes. Sic sunt omnia apud Marcionem, quae suum et plenum habent ordinem apud creatorem”, Tertuliano, Adv. Marc., IV,11,4. Cf. “Subito filius et subito missus et subito Christus”, Tertuliano, Adv. Marc., III,2,3. Cf. IV,31,3.

(28) A propósito de Ef 3,9: .
Cf. Tertuliano, Adversus Marcionem V,18,1: “No me sorprendo de las manos del hereje (que deben ser cortadas), me admiro cuando roba unas sílabas, en circunstancias que muchas veces ha arrancado páginas completas. Dice el Apóstol que a él, último entre todos, le ha sido dada la gracia de iluminar a todos cuál es la economía del misterio oculto desde los siglos en Dios, que creó todo. El hereje extirpó la preposición “en” y así hace que se lea: oculto desde los siglos, al Dios, que creó todo (Rapuit haereticus in praepositionem et ita legi facit: occulti ab aeuis deo, qui omnia condidit)”. La intervención marcionita tuvo una amplia difusión, tal como lo registra la tradición manuscrita de la carta a los Efesios. La preposición es omitida nada menos que por el Códice Sinaítico en su lectura original (posteriormente corregida) y por el ms. 614, cf. Aparato de la ed. 27 del Nestle-Aland.

(29) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., III,6,1-10; III,3,4; IV,13,1; IV,18,4; IV,43,5; V,5,9.

(30) La expresión es de Jerónimo: “Interrogemus ergo hoc loco Marcionem, qui prophetas repudiat, quomodo interpretetur id quod sequitur”, Ad Galatas, I (PL, 373). Cf. R. Polanco, El concepto de profecía en la teología de san Ireneo, BAC, Madrid 1999, pp. 7-9 Links ]et passim.

(31) Efectivamente, la doctrina marcionita conoce un hiato radical entre AT y NT. Ningún tipo de continuidad los une; según Marción, Cristo llega de modo imprevisto, puesto que no ha sido anunciado (Adversus Marcionem, III,1,2; III,2,3; III,6,1). El Cristo de Marción llega de improviso en el mundo. H.-Ch. Puech habla de “un temps incohérent et brisé par la brusque intervention dun Dieu étranger à lhistoire comme à la creation”, La Gnose et le Temps, Eranos Jahrbuch, 20 (1951), P. 87.         [ Links ] Así lo reconoce H.-I. Marrou, puesto que se ve obligado a omitir a Marción, antes de criticar la tesis de Puech, cf.La Théologie de lhistoire dans la gnose valentinienne, p. 221.        [ Links ]

(32) Tertuliano, Adv. Marc., I,9,1-2.

(33) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,8-9; I,11.

(34) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,34,15. A. ORBE, Cristología gnóstica II, (BAC) Madrid 1976, pp. 98-99.        [ Links ]

(35) “In der “Fremdheit”, die zwischen der Gottheit, die es allein in Wahrheit ist, und der Welt besteht (also auch zwischen der Religion und allem menschlichen Sein und Tun), kombiniert mit der Gutheit, liegt die Eigenart der Religions- und Weltanschauung Marcions”, A. v. Harnack, Marcion, p. 120.

(36) Marción fue lejos en su intento por independizar el mensaje de Cristo de cualquier relación con las realidades creadas: con el propósito de recuperar el mensaje evangélico auténtico, quitó de su texto evangélico aquellos versículos que mostraban la unidad entre Cristo y el Creador. Tal es así, que quita de su Evangelio la alusión a la lluvia y al sol, para independizar totalmente al Dios Bueno del Dios Creador. Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,17,1; IV,17,6, A. v. HARNACK, 194*.

(37) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,16,3: “Porro de ethnicis exigere poenas, qui euangelium forte non norint, non est dei eius, qui naturaliter sit ignotus nec usquam nisi in euangelio sit reuelatus, non omnibus scibilis”.

(38) Cf. A. v. HARNACK, Marcion-, p. 124ss. E.C. BLACKMAN, Mancion and his Influence, London 1948, pp. 98-101;         [ Links ] R. CANTALAMESSA, La Cristologia di Tertulliano, pp. 59-62.        [ Links ]

(39) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,20,3. “Plane de substantia Christi putant et hic marcionitae suffragari sibi apostolum, quod phantasma carnis fuerit in Christo, cum dicit quod in effigie dei constitutus non rapinam existimauit pariari Deo, sed exhausit semetipsum accepta effigie serui, non ueritate, et in similitudine hominis, non in homine, et figura inuentus homo, non substantia, id est non carne”. Marción interpreta la “forma” de siervo en sentido débil. Cf.Adv. Marc., III,10,2.

(40) El texto de Filipenses, aislado del resto del NT, no solo acepta una interpretación docetista, sino que la sugiere. La triple utilización de términos tales como , avalan una lectura en clave docetista del cántico de los filipenses.

(41) Orígenes, Com. In Titum, PG 14, 1304c.

(42) Cf. Lc 8,21. “Venimus ad constantissimum argumentum omnium, qui Domini natiuitatem in controuersiam deferunt. Ipse, inquiunt, contestatur se non esse natum dicendo: quae mihi mater [pater: M] et qui mihi fratres? Ita semper haeretici aut nudas et simplices uoces coniecturis quo uolunt rapiunt aut rursus condicionales et rationales simplicitatis condicione dissoluunt, ut hoc in loco” Tertuliano, Adv. Marc., IV,19,6. Cf. III,11,3; III,15,5; IV,26,13; Jerónimo,Com. Mt., 9,28-29; 12,49; A. v. HARNACK, Marcion…, p. 198*; A. Orbe, Estudios sobre la teología cristiana primitiva, Madrid 1994, pp. 685s         [ Links ]s.

(43) Tertuliano, Adv. Marc., IV,39,9.

(44) Cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 123; E.C. BLACKMAN, Marcion and his Influence, pp. 98-99. A. ORBE, En torno al modalismo de Marción, Gregorianum 71 (1990) pp. 43-65.        [ Links ]

(45) Cf. R. BRAUN, Tertullien. Contre Marcion. Tome III (SCh 399) Paris 1994, p. 7.

(46) La exclamación de Lc 9, 41: ¡Oh generación incrédula, hasta cuándo tendré que soportarte!, es interpretada por Marción como destinada a los discípulos, cf. Adv. Marc., IV,23,1-2.

(47) Tertuliano, Adv. Marc., IV,3,2: “Sed enim marcion nactus epistolam pauli ad galatas, etiam ipsos apostolos suggillantis ut non recto pede incedentes ad ueritatem euangelii, simul et accusantis pseudoapostolos quosdam peruertentes euangelium christi, conititur ad destruendum statum eorum euangeliorum, quae propria et sub apostolorum nomine eduntur uel etiam apostolicorum, ut scilicet fidem, quam illis adimit, suo conferat”. Marción otorgó un gran valor a la carta de Pablo a los Gálatas y la ubicó al inicio de su Apostolikón.

(48) Adv. Marc., V,2,4; I,20,4.

(49) “Aut si hae [ecclesiae apostolici] erunt a primordio corruptae, quae erunt integrae? Adv. Marc., I,21,4. Cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 259*.

(50) Solus Paulus veritatem cognovit, cui per revelationem manifestatum est mysterium”: Ireneo, Adv. Haer., III,13,1. Más testimonios en A. v. HARNACK,Marcion…, p. 257*.

(51) Tertuliano, Adv. Marc., I,20,1.

(52) “His compressi erumpunt dicere: sufficit unicum hoc opus deo nostro, quod hominem liberauit summa et praecipua bonitate sua et omnibus locustis anteponenda” Tertuliano, Adv. Marc., I,17,1.

(53) Cf. R. BRAUN, Deus christianorum, pp. 501-504.        [ Links ]

(54) Tertuliano, Adv. Marc., I,23,2-3. Cf. IV,16,10.

(55) Tertuliano, De carne Christi, 4: “Si Christus Creatoris est, suum merito amauit; si ab alio Deo est, magis amauit, quando alienum redemit”.

(56) La Carta de Ptolomeo a Flora nos informa que, entre los valentinianos, los espirituales se consideraban consubstanciales al Dios Supremo. La salvación valentiniana, en definitiva, es autosalvación: Dios se salva a sí mismo, cf. A. v. HARNACK, Marcion…, p. 4.

(57) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,12,2; I,24,7.

(58) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,27,2.

(59) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,14,5; I,27,7; Clemente, Stromata, III,12,3; A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 278, n. 1.        [ Links ]

(60) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV, 9,3-5; 11,1; 12,3; 18,9; 20,9-10; 27,4-6; 37,1-2; V,7,14.

(61) Ireneo, Adversus haereses, I,27,3. Cf. Celso, apud Orígenes, C. Celso, VI,53. A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 272.

(62) “Ce dualisme abrupt était un paulinisme sans dialectique,..” A. v. Harnack, Histoire des dogmes, Paris 1893 (reimpresión 1993), p. 30.         [ Links ]Cf. H. Jonas, Lo gnosticismo, Torino 1993, p. 158;         [ Links ] E. NORELLI, La funzione di Paolo nel pensiero di Marcione, pp. 565. 596.        [ Links ]

(63) Tertuliano, Adv. Marc., IV,9,7: “Nam et hoc opponit Marcion: heliseum quidem materia eguisse, aquam adhibuisse, et eam septies, christum uero uerbo solo, et hoc semel functo, curationem statim repraesentasse” (p. 560).

(64) Orígenes propone la ley de la lepra como un ejemplo de un texto que no puede ser observado según la letra: “Secundum hoc autem consilium, quod nos afferimus ad legem; possunt omnia spiritaliter fieri, possunt et sacrificia spiritaliter offerri, quae modo carnaliter non possunt; potest et lex leprae spiritaliter servari, quae secundum litteram non potest”: In Ex. hom., XI,6 (GCS, VI 260,23-26).

(65) Tertuliano, Adv. Marc., IV,35,4: “Lex leprosorum quantae sit interpretationis erga species ipsius uitii et inspectationis summi sacerdotis, nostrum erit scire, marcionis, morositatem legis opponere, ut et hic christum aemulum eius adfirmet, praeuenientem sollemnia legis etiam in curatione decem leprosorum, quos tantummodo ire iussos, ut se ostenderent sacerdotibus, in itinere purgauit, sine tactu iam et sine uerbo, tacita potestate et sola uoluntate” (p. 640).

(66) Sobre la complicación del la ley de Moisés, cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,18,3; II,19,1.

(67) Tertuliano, Adv. Marc., I,14,3: “Sed ille quidem usque nunc nec aquam reprobauit creatoris, qua suos abluit, nec oleum, quo suos ungit, nec mellis et lactis societatem, qua suos infantat, nec panem, quo ipsum corpus suum repraesentat, etiam in sacramentis propriis egens mendicitatibus creatoris” (p. 455). Cf. Ireneo, Adversus haereses, IV,51,1.

(68) Tertuliano, Adv. Marc., I,24,3: “Sed nolo iam de parte maiore pereuntium imperfectae bonitatis arguere Deum Marcionis: sufficit ipsos, quos saluos facit, imperfectae salutis inuentos imperfectam bonitatem eius ostendere, scilicet anima tenus saluos, carne deperditos, quae apud illum non resurgit”. Cf. V,11,15; V,12,5.

(69) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,28,3.

(70) Tertuliano, Adv. Marc., IV,24,1.

(71) En las obras exegéticas de Orígenes aparecen varias alusiones a los que interpretaban literalmente las promesas, tanto para los castigos como para los premios. Cf. In Mt. Com., XVII,35: “Tal como se extravían los que, por no tropologizar las profecías, presumen tener la idea de que nosotros, después de la resurrección comeremos y beberemos alimentos corporales, puesto que los textos de las escrituras contienen esto. Así también, acerca de lo escrito de los matrimonios de varones y mujeres, se atienen a la palabra y creen que, también entonces, realizaremos vida en común” (GCS X/2, pp. 698-699). No traduzco las integraciones del editor Klostermann, puesto que las considero superfluas. In Ct. Com., prol, II,14: “De ahí resultó que algunos más simples, por no saber distinguir y discernir en las divinas Escrituras qué cosas deben atribuirse al hombre interior y cuáles al hombre exterior, engañados por la semejanza de los vocablos, se refugiaron en estúpidas fábulas y en vanas invenciones, hasta el punto de creer que incluso después de la resurrección nos serviremos de manjares corporales y que beberemos no solo de la vid verdadera (Jn 15, 1) y que vive por los siglos, sino también de estas vides y frutos de los árboles de acá”. Cf. A. MONACI CASTAGNO, Origene e Dionigi di Alessandria sulle promesse: continuità e differenze, ASE 15 (1998) pp. 101-123.        [ Links ]

(72) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,14,8, III,24,12.

(73) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,31,8: “Interea qui cenae istius uocationem in caeleste conuiuium interpretaris spiritalis saturitatis et iocunditatis, memento et terrenas promissiones uini et olei et frumenti et ipsius ciuitatis aeque in spiritalia figurari a Creatore”.

(74) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., IV,25,7.

(75) Cf. Celso, apud Orígenes, C. Celso, VI,53. El hecho que Celso, sin distinguir bien las cosas, al atacar el cristianismo ataque conceptos marcionitas, habla de la amplia difusión de las ideas de Marción.

(76) Tertuliano, Adv. Marc., I,23,8: “Quid enim iniustius, quid iniquius et improbius quam ita alieno benefacere seruo, ut domino eripiatur, ut alii uindicetur, ut aduersus caput domini subornetur, et quidem, quod indignius, in ipsa adhuc domo domini, de ipsius adhuc horreis uiuens, sub ipsius adhuc plagis tremens?”. Cf. II,28,2; V,4,5-9; V,4,9; V,11,3.

(77) A. v. HARNACK, Marcion…, p. 33, n. 1.

(78) A. v. HARNACK, History of Dogma, vol. I, p. 270.

(79) Tertuliano, Adv. Marc., V,19,2; cf. Justino, Apología I, 26. 58; A. v. HARNACK, Marcion…, pp. 27-30.

(80) Cf. Eusebio, Hist. Ecl., 4.11.8 y Hist. Ecl., 4.18.9 (Justino); Hist. Ecl., 4.23.4 (Dionisio de Corinto); Hist. Ecl., 4.24.1 (Teófilo); Hist. Ecl., 4.25.1 (Felipe de Gortina); Hist. Ecl., 4.30.1 (Bardesanes); Hist. Ecl., 5.8.9 (Ireneo); Hist. Ecl., 5.13.1 (Rodón); Hist. Ecl., 6.22.1 (Hipólito).

(81) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,3.

(82) Tertuliano, Adv. Marc., II,4,2-3.

(83) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,5.

(84) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., V,16,3; Rm 1,18-20.

(85) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,12,3.

(86) Tertuliano, Adv. Marc., I,13,2. Cf. II,9,7.

(87) Tertuliano, Adv. Marc., I,15,2.

(88) Cf. Cicerón, Fin., V,15,43. Según el autor latino, los niños, por naturaleza, poseen los primeros principios del conocimiento, luego la doctrina los lleva a la perfección. Cf. C. TIBILETTI, Tertulliano. La Testimonianza dellanima, Firenze 1984, p. 33.        [ Links ]

(89) Tertuliano, Adv. Marc., I,18,2. Cf. C. MORESCHINI, Tertuliano. Opere scelte, p. 324, n. 2;         [ Links ] Spanneut, pp. 286-287.

(90) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,3.

(91) “Praemisit tibi naturam magistram, summissurus et prophetiam, quo facilius credas prophetiae discipulus ante naturae, quo statim admittas, cum audieris quod ubique iam uideris, nec dubites deum carnis etiam resuscitatorem, quem omnium noueris restitutorem” Res. XII,8.

(92) “Sed quo plenius et impressius tam ipsum quam dispositiones eius et uoluntates adiremus, adiecit instrumentum litteraturae, si qui uelit de deo inquirere, et inquisito inuenire, et inuento credere, et credito deseruire” Tertuliano, Apol., XVIII,1.

(93) Tertuliano, Apol., XVII,3.

(94) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,4.

(95) Tertuliano, Adv. Marc., II,3,1

(96) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,1.

(97) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,11,6.

(98) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,2,1; II,3,1-4.

(99) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,3.

(100) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,5.

(101) Tertuliano, Adv. Marc., II,9,7. Cf. I,13,2.

(102) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,16,4.

(103) Destacar la función original del libre albedrío como posibilidad de apropiarse del bien por sí mismo, jugó un papel importante en la defensa de la bondad del Creador. Cf. “Voluntarios enim et liberos motus a se conditis mentibus creator indulsit, quo scilicet bonum in eis proprium fieret, cum id uoluntate propria seruaretur;..”: Orígenes, De princ. II, 9,2 (SC 252, 354,41-43), cf. De Orat. XIX,15 (GCS II, 390,23ss). También el Ps.-Clemente se oponen a una bondad por necesidad, cf. Hom.Clem. XI,8 (GCS 42, 157,4ss).

(104) Tertuliano, Adv. Marc., II,6,5.

(105) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., II,8,3.

(106) Tertuliano, Apol., XVII.

(107) “Haec testimonia animae quanto uera tanto simplicia, quanto simplicia tanto uulgaria, quanto uulgaria tanto communia, quanto communia tanto naturalia, quanto naturalia tanto diuina” Tertuliano, De Testimonium animae, V.        [ Links ]

(108) Tertuliano, Adv. Marc., I,10,2-3

(109) Cf. Tertuliano, Adv. Marc., I,3,2; II,17,1.

(110) Como es sabido, Marción fue el primero, según la documentación disponible, en establecer un canon del Nuevo Testamento.